Comentario – Viernes I de Adviento

Mateo 9, 27-31

Jesús iba de camino…

Dos ciegos le salieron al encuentro gritando….

Me paro un instante a imaginar esta escena concreta como si yo asistiera también. ¿Que tipo de plegaria me sugiere esta escena? Me pone de nuevo en el tema de la espera, del adviento. Hombres, mujeres, jóvenes, niños… a mi alrededor esperan algo de mí. Todos no gritan, pero su grito es quizá interno.

El «grito» es un signo. Signo de una necesidad muy fuerte, de un sufrimiento muy intenso, signo de una sensibilidad afectada a lo vivo.

Una necesidad fuertemente sentida, ni que sea sólo de tipo humano, (sufrimiento físico o moral, ansia de pan o de amistad, aspiración a una vida mejor), puede ser el punto de partida, el inicio, de una búsqueda de Dios.

«¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!»

Su plegaria es muy simple: es su grito, grito que brota de su sufrimiento. Mi plegaria, también debería ser a veces simplemente esto: la expresión sincera de que algo no marcha bien en mí, alrededor de mí… mi sufrimiento… los sufrimientos de los que yo soy el testigo…

Ten compasión de nosotros, Señor. Kyrie eleison.» En cada misa, se nos sugiere a menudo este tipo de plegaria. Sabemos darle un contenido concreto: plegaria de intercesión. Al decir «Hijo de David», los dos ciegos reconocen a Jesús un título mesiánico. Tú eres aquel que ha de venir, aquel que ha sido prometido por los profetas.

Luego que llegó a su casa, se le presentaron los ciegos.

Jesús parece haber querido poner a prueba su plegaria: de momento no les contesta. A menudo, Señor, nos da la impresión de que Tú no nos oyes.

Imagino la escena que se prolonga: los dos ciegos que se apegan a El, que continúan siguiendo a Jesús por la calle, que continúan gritando, rogando… hasta la casa, y entran con El.

Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacer eso que me pedís?»— «Si, Señor».

Jesús interroga. Quiere asegurarse de la autenticidad de su Fe. Desea purificar esta Fe. La necesidad humana que está en el origen de su plegaria podría no ser sino el deseo de un milagro… para sí mismos, para ellos dos. Y esto tiene ya su importancia, lo hemos visto. Y Dios lo escucha. Es un punto de partida, ambiguo, pero tan natural… Jesús, con su pregunta, trata de hacerles progresar hacia una fe más pura: ellos pensaban en «sí mismos»… Jesús les orienta hacia su propia persona, hacia El. «¿Creéis que yo puedo hacer esto?»

Jesús les pregunta si tienen Fe. Don de Dios; el milagro que se dispone a nacer no es una cosa automática ni mágica. Los sacramentos no son actos mágicos: los sacramentos requieren Fe.
Lo que me llama la atención Señor, es el respeto que tienes a la libertad del hombre: Suscitas en ellos la espera, el deseo, la fe… No quieres forzar., hace falta una cierta correspondencia, en el nombre, para que Tú le colmes.

Entonces les tocó los ojos diciendo: Según vuestra fe, así os sea hecho.

Sí, Tú no has obligado. Has esperado y has suscitado su Fe. «Así se haga, según vuestra Fe.» Señor, aumenta en nosotros la Fe.

Se les abrieron los ojos, mas Jesús les conminó diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Ellos, sin embargo, al salir de allí, lo publicaron por toda la comarca.

Ese secreto que Jesús les pide pone de manifiesto que no desea levantar un entusiasmo superficial. No es lo sensacional ni lo prodigioso lo que cuenta.

Noel Quesson
Evangelios 1