Comentario – Sábado I de Adviento

Mateo 9, 35-10, 8

Jesús recorría todas las ciudades y villas, enseñando en sus sinagogas.

Jesús gustaba de hablar al aire libre, según las circunstancias, Pero se acomodaba también a los usos tradicionales de su país. El modo oficial de enseñar consistía en tomar la palabra y hacer una exposición del tema en el interior de una Sinagoga, en el cuadro de una asamblea litúrgica del sábado.

Predicando la «buena» nueva del reino de Dios y curando toda dolencia.

Jesús «enseña»… Algo que es… ¡»bueno»! Una “buena” nueva. Jesús «cura»… ¡Es una cosa «buena»!

Una «buena» acción. El Reino de Dios es a la vez una liberación del error, un progreso del hombre a la luz de la verdad que le libera… Pero es también una liberación del mal y de todo lo que oprime al

hombre, es una progresión de felicidad. Venga a nosotros Tu reino. Prolongo esta oración, aplicándola a casos concretos que conozco a mi alrededor.

Y al ver aquellas gentes, se apiadó entrañablemente de ellas, porque estaban malparadas, y decaídas como ovejas sin pastor.

Así ve Jesús la humanidad: una muchedumbre desencantada, desfallecida… sin verdaderos guías ni buenos pastores que la conduzcan a verdes pastos. El profeta Ezequiel había acusado a los pastores oficiales, a todos los que desempeñan cargos de responsabilidad, de no apacentar el pueblo, sino a sí mismos… de no ejercer su cargo en beneficio de los demás, sino para su propia conveniencia…

La humanidad, en todos los tiempos y en todos los países está siempre esperando. ¿Quién se levantará para servir a lo demás? ¿Quién llegará a ser un buen guía, un buen responsable?

La mies es abundante, mas los obreros pocos.

Jesús ve la humanidad como un campo de trigo en sazón ondulante al soplo del viento. La cosecha está ahí, a punto. La alegría de una buena cosecha.

Pero los obreros son pocos, Jesús constata con dolor la inmensidad del trabajo, ¡su trabajo! Él quisiera colaboradores. ¿Quién se ofrecerá?

Rogad, pues, al dueño de la mies… ¿Por qué Cristo nos pide rezar? ¿Por qué pides esto? Esto prueba que, para Jesús, la «vocación» no es solamente una cosa humana… Dios mismo es su origen, es Él quien llama. ¿Hago yo esta plegaria?

A los doce apóstoles, que Jesús había convocado, les dijo: «Id en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel…

Hay aquí una especie de limitación. Esto debió ser un sufrimiento para Jesús. No puede hacerse todo a la vez… Pero hay que empezar. Y para Dios es importante que la salvación sea primero ofrecida a los judíos, a la «casa de Israel». Entre nuestros numerosos quehaceres, es importante no olvidar esto. Lo que cuenta no es la cantidad de nuestros trabajos… sino el nacer lo que el Padre tiene previsto para nosotros… según los límites que nos sean impuestos, incluso si esta limitación es molesta.

Te ofrezco, Señor, todas mis ansias misioneras, todo lo que quisiera hacer por tu Reino, y que no llego a realizar.

Proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios.

Es necesario que los apóstoles hagan lo mismo que hizo el Señor.

Noel Quesson
Evangelios 1