Comentario – Martes II de Adviento

(Mt 18, 12-14)

Esta parábola de la oveja perdida aparece aquí y en el evangelio de Lucas. En Lucas se la encuentra entre las parábolas de la misericordia, y nos habla en primer lugar de la misericordia del Padre Dios que se refleja en la actitud de Jesús ante los pecadores. En el evangelio de Mateo, en cambio, está ubicada dentro del discurso comunitario, e invita a los cristianos a estar particularmente atentos ante el hermano descarriado.

Por eso inmediatamente después de esta parábola se habla de la corrección fraterna. Porque corregir con amor al hermano que se desvía del buen camino es una forma de buscar la oveja perdida.

Se destaca en esta parábola el aspecto personal del amor, que no se deposita genéricamente en la humanidad, sino en cada individuo, particularmente en el descarriado, en el que más necesita redención.

Esa misma dedicación personal es la que se espera de los discípulos ante los hermanos que se alejan del buen camino; y también se espera de ellos un corazón capaz de alegrarse sinceramente por el hermano que retorna al rebaño del Señor.

Este mensaje apunta contra la cómoda indiferencia de algunos cristianos, que miran impasibles cómo otros se hunden en la miseria.

Pero también quiere hacernos ver que no bastan los lamentos y los buenos deseos. Se trata de abandonar la propia comodidad y de ponerse en camino hasta llegar a la oveja perdida para rescatarla.

Oración:

“Dame tu gracia Señor, para no despreciar al hermano que se desvía del camino; ayúdame a dedicarle mi tiempo, mi delicadeza, mi ayuda fraterna para que vuelva al buen camino; y lléname del gozo celestial de ver al hermano en tus brazos”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día