Comentario – Inmaculada Concepción de María

Lucas 1, 26-38

El relato de la «anunciación» de Jesús es paralelo al de ayer que anunciaba el nacimiento de Juan Bautista. Este relato está lleno de reminiscencias bíblicas. Todas no podrán citarse aquí, pero pueden encontrarse en las «notas» de las buenas biblias recientes. Por otra parte es conveniente dejarse llevar a la vez, por el encanto concreto de los detalles, y la contemplación del misterio de Fe que se esconde en ellos.

Nazaret, en Galilea

Poblado insignificante, desconocido del Antiguo Testamento, Galilea, provincia despreciada por su mezcolanza de Judíos y paganos. La simplicidad de la casa de María contrasta con la solemnidad de la anunciación a Zacarías, en el marco sagrado del Templo, en Jerusalén, la capital.

Se perfila la modestia de la Encarnación de Dios: «Se anonadó, dirá San Pablo, tomando la condición de esclavo».

Una joven desposada, cuyo nombre era María…

Me imagino este nombre «María» pronunciado en Nazaret por las amigas, las vecinas. Es una muchacha del pueblo, muy sencilla, que nada la distingue de sus compañeras.

Desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José…

Todos los textos insisten en esta ascendencia davídica de José. Este desposado con María es pues de raza real, pero a la sazón, está desposeído de toda grandeza: es un artesano,

un carpintero… ¡sin ninguna pretensión de ocupar un trono! Sin embargo a través de él se cumplirá la promesa hecha a David.

«Alégrate, objeto del favor divino, el Señor es contigo».

Es la traducción exacta, según el texto griego, de esta salutación angélica que todos los cristianos conocen.

«Dios te salve María» = Alégrate
«llena de gracia» = objeto del favor divino
«el Señor es contigo» = el Señor es contigo

Es el «buenos días» que Dios dirige a esta joven. ¡Con cuánto respeto y amor le habla!

Considero la formula, casi litúrgica que oímos en la misa: «El Señor esté con vosotros»… Emmanuel… «Dios con nosotros» ¿Me uno yo profundamente a este deseo?

Al oír tales palabras, la Virgen se turbó, y púsose a considerar qué significaría una tal salutación.
Las vocaciones excepcionales no son nunca fáciles de aceptar. De momento, Dios aparece como desconcertante.

Le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David.

Esta era la célebre profecía de Natán a David (l Samuel 7-11), que hemos leído en la primera lectura de ese día. No será un reino triunfal. Reinará en los corazones que de verdad querrán amarle.

¿Cómo ha de ser esto? Pues yo no conozco varón.

Es una fórmula griega muy conocida. Quiere decir que María no ha tenido relaciones conyugales. Y éste no es el único texto que afirma este misterio. María ha escogido deliberadamente permanecer virgen. Esta cuestión nos permite penetrar en el pensamiento y el corazón de María. Se había entregado a Dios en un cierto amor místico, absoluto, exclusivo.

El Espíritu Santo descenderá sobre tí. El niño será «Santo». Será llamado «Hijo de Dios». Porque para Dios nada es imposible.

Es una afirmación del misterio de la personalidad de Jesús: es Dios.

Noel Quesson
Evangelios 1