Lectio Divina – Jueves II de Adviento

“Os aseguro que no ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el Bautista”

1.-Introducción

Señor, hoy quiero que me ayudes a meditar en la gran figura de tu primo Juan. Cuando se abrazaron las dos madres embarazadas, María e Isabel, el niño Juan dio un salto en el vientre de su madre. Es el salto de júbilo del pueblo judío y de la humanidad entera ante la venida de Jesús. San Juan recogía los deseos, las nostalgias, las ilusiones del pueblo judío y también de toda la humanidad que salta de júbilo ante la llegada de Dios a nuestro mundo. 

2.- Lectura sosegada de la Palabra de Dios. Mateo 11,11-15

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él. Desde que apareció Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos pretenden apoderarse de él. Pues todos los profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan. Y es que, lo acepten o no, él es Elías, el que tenía que venir. El que tenga oídos, que oiga».

3.- Qué dice este evangelio.

Meditación-Reflexión.

Jesús tiene para Juan Bautista el más grande de los elogios: “No ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan”. ¿Por qué será? Su gran humildad. Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres? sacamos todos nuestros títulos…soy doctor, soy licenciado, soy Obispo, soy párroco, soy maestro etc. En cambio, San Juan dice Yo no soy…No soy el Mesías, no soy profeta…No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referente a Otro. Dar paso al que viene detrás de mí y es más que yo. Lo importante para Juan es señalar con el dedo a Jesús y decir: Ése es el Mesías, ése es el importante. Nos cuesta dar paso a otro. Nos cuesta aceptar que no somos importantes, imprescindibles…que hay otro que viene detrás y hace las cosas como nosotros y mejor que nosotros. Nos cuesta decir como Juan: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”.  Pero ahí está precisamente la grandeza de este hombre. Otro aspecto es la valentía como profeta. Herodes se ha separado de su legitima mujer y se ha unido con su cuñada. Es un escándalo para el pueblo. Y Juan tiene la valentía de decírselo. Por eso es encarcelado. Él sí que está en la cárcel, pero a la verdad no se le puede encarcelar. En la cárcel le cortarán la cabeza, pero esa cabeza en la bandeja seguirá hablando por los siglos.

Palabra autorizada del Papa.

“Con excepción de la Virgen María, Juan el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento, y lo hace porque está estrechamente relacionado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como un profeta que termina el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, el Ungido del Señor. De hecho, será Jesús mismo el que hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: He aquí, que yo envío mi mensajero delante de ti / que preparará tu camino por delante de ti. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él»» (Benedicto XVI, 24 de junio de 2012)

4.- Qué me dice hoy a mí esta Palabra. (Silencio)

5.- Propósito: Diré siempre la verdad, aunque ésta me comprometa.

6.- Dios me ha hablado con su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, me ha impresionado la figura de Juan Bautista. Cuando queremos afirmar algo con rotundidad solemos decir: “Y esto será así hasta que San Juan abaje el dedo”. San Juan nunca bajará el dedo porque siempre está señalando a Jesús como la persona que más necesitamos, la que nos salva, la que nos libera, la que nos da la verdadera felicidad. Ojalá que mi dedo, mi mirada, y mi corazón estén siempre orientados a Jesús.

Comentario – Jueves II de Adviento

Mateo 11, 11-15

Una de las grandes figuras del Adviento, es Juan Bautista, el que preparo la venida del Mesías. Durante varios días todos los evangelios nos hablarán de este precursor.

Jesús declaraba a las multitudes: «En verdad os digo: entre os hijos de los hombres no ha habido otro mayor que Juan Bautista.»

La fórmula es solemne en boca de Jesús: «Sí, en verdad os digo.» La fórmula bíblica es aún mas contundente: «entre los nacidos de mujer.» No se habla pues de un elogio restringido, como si la comparación sólo se refiriera a los contemporáneos de Juan. Jesús lo eleva por encima de todos los hombres, a través de toda la historia.

Y sin embargo el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.

¡He aquí algo casi inverosímil!

El menor de los cristianos, el menor de los bautizados es «mayor» que Juan.

Comienza un nuevo tiempo. Una nueva era para la humanidad.

La venida de Jesús divide la humanidad en dos: antes… y después…

Uno no se atrevería a decir semejantes cosas, Señor, si no las hubieras dicho antes Tú mismo. ¡Qué dignidad la nuestra! Juan Bautista ha sido el hombre «bisagra’ que ha hecho dar el gran giro a la humanidad: ha mostrado a Jesús y ha desaparecido ante El. Le ha dado todos los discípulos que primero fueron suyos. Fue el mayor del «Antiguo Testamento»; pero, el más pequeño del «Nuevo Testamento» es mayor que él.

¿Puede decirse esto de «mí”? ¡Cómo debería yo respetar mi dignidad de bautizado, lleno de la gracia de Dios! Ésto vale para todos los bautizados. ¿Qué conclusión debería yo sacar?

Desde el tiempo de Juan Bautista hasta el presente, el reino de los cielos se alcanza con violencia, y son los violentos, los que se esfuerzan por conquistarlo.

Misteriosa palabra que prueba, por lo menos una cosa: que el Reino de Dios no se instaura fácilmente. Resistencias muy fuertes se oponen a que Dios reine verdaderamente. ¿Se trata solamente de Satán que quiere detener el trabajo mesiánico de Cristo? —El relato de la tentación sería una prueba—. ¿Se trata también de los Zelotes, quienes, en tiempo de Jesús, querían imponer el Reino de Dios por las armas y por la violencia? —Siendo así que Jesús se presenta como el mesías de los pobres, que rehúsa valerse de la fuerza. De todos modos, lo cierto es que las potencias del mal están activas hasta el final de los tiempos. Y que Juan Bautista ha invitado a sus discípulos al combate, dándoles ejemplo de una vida dura y asceta. No se construye el Reino en la facilidad, la molicie, o el dejar-hacer.

Señor, despiértanos de nuestras indolencias.

El tiempo de Adviento es un tiempo de vigilancia y de esfuerzo.

¿Qué evoca en mí la palabra «ascesis»? ¿Sobre qué punto de mi vida el Señor me pide que me haga violencia?

Antes de buscarla, en prácticas excepcionales ¿no debo primero descubrir la «ascesis» que está ahí, presente en mi vida, y que tan a menudo rehúso? El combate para «amar mejor». El combate para «rezar mejor». El combate para «servir mejor y comprometerme más».  

Noel Quesson
Evangelios 1

¡Alegría, alegría!

1.- Una doble fila de cipreses unen el pueblo y el cementerio en lo alto de la colina. Mujeres enlutadas con pañuelos negros en la cabeza acompañan el ataúd, que llevan, a hombros, hombres también vestidos de negro. A la cabeza del entierro la cruz y el cura murmurando latines. Y envolviendo todo en tristes lamentos llega desde el lejano campanario el doblar de las campanas.

Cuantas veces se ha ridiculizado así al catolicismo español en películas o en la televisión. Un catolicismo triste, de lutos y de muerte. Y la Iglesia una filial de Pompas Fúnebres.

¿No hemos dado motivo de ello? ¿No hay católicos que cuentan las misas asistidas por el número de funerales que asisten? ¿No somos muchas veces aguafiestas entre la bullanga de los jóvenes porque no son como éramos nosotros en nuestros tiempos?

2.- La liturgia de hoy tiene sonido de pandereta y castañuelas y nos exige dejar nuestras caras largas, no admite tristones y cabizbajos… porque el Señor está cerca. El Señor está a la puerta y llama, ¿lo recibiremos con cara del Greco? Cuando un amigo muy íntimo llega a casa se nos abre el corazón en sonrisas, ¿será menos el Señor para nosotros?

3.- ¡Estad siempre alegres! ¡Otra vez os lo digo: estad alegres!

En la misma raíz de la alegría está Dios, porque la alegría es el resplandor de la Fe. Si la llama de la Fe arde en nuestro corazón, el resplandor de esa llama es la alegría de nuestros rostros. ¡Muéstranos, Señor, la alegría de tu Rostro!

¿Creemos en el Evangelio, en la Buena Nueva, la Buena Noticia, el gran notición de que Dios está entre nosotros? Sí, pues no podemos por menos que estar alegres.

El mismo Juan el Bautista, austero, mal vestido y mal comido, lo que anuncia es la Buena Nueva. Juan es la mecha retorcida y renegrida pero que arde resplandeciente con la Buena Noticia de que Dios está ahí al alcance de la mano.

Qué sensato es el pueblo sencillo que oye al Bautista predicar la alegría de la Buena Nueva. No pregunta que tenemos que creer, sino “que tenemos que hacer”, porque la alegría que es una con la Fe, se alimenta como ella de obras. Fe sin obras es una fe muerta. Alegría sin obras es carcajada de corazón vacío:

–alegría de dar lo que uno tiene y otro necesita
–alegría de dar lo que une tiene y otro necesita
–alegría de una amistad hasta dar la vida por el amigo
–alegría de pasar como Jesús haciendo el bien
–la alegría de ser libre sin ataduras de las propias pasiones o de qué dirán los demás.
–la alegría de tener un corazón tan grande que se pueda amar hasta los enemigos.
–y con esto, la alegría de sentirse en paz con Dios, consigo mismo y con los demás.

Acabamos con las palabras de San Pablo. Estad siempre alegres. Y os lo vuelvo a decir, estad alegres porque el Señor está cerca.

José María Maruri, SJ

Oración familiar ante la Corona de Adviento

TERCER DOMINGO

 

Se reúnen todos en familia, se coloca la corona al centro hace la señal de la cruz.

JEFE DE FAMILIA: Señor Dios en este tercer domingo encendemos la vela rosa, la vela de la Esperanza que no se apaga jamás ayúdanos a mantenerla encendida siempre en nuestra familia.

NIÑO O NIÑA MÁS PEQUEÑO: Enciendo la Vela de la ESPERANZA.

JEFE DE FAMILIA: Cerremos los ojos. Pensemos qué tenemos que hacer para mantener viva la llama de la esperanza en nuestra familia.

TODOS: amén

Invocación al Espíritu Santo Espíritu santo Fuente de Luz Ilumíname (3 veces) …
Con la vela encendida, se ponen de pie y alguien lee el Evangelio, y en familia hacen brevemente la Lectio Divina, si es posible cada uno lee un número de la reflexión.

EVANGELIO Lucas 3, 10-18

10La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»11Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.»12Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»13El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.»14Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.»15Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;16respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.17En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»18Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

MEDITACIÓN: Hoy es el domingo de la esperanza y coincide con la fiesta de la Virgen de Guadalupe, María una mujer de Esperanza que da esperanza al mundo con su sí, María que se aparece al Indio Juan Diego y le dice “Mira que es nada lo que te asusta y aflige … no estas bajo mi sombre no estas por ventura en mi regazo”. Estar en regazo de María es dejarse guiar por Dios, pero también comportarnos como hijos rechazando lo malo y cumpliendo la voluntad de Dios pensemos ¿nuestra familia es signo de esperanza para los demás? ¿Qué tenemos que hacer para ser signos de esperanza?

ORACIÓN: Señor ayúdanos en familia a tener esperanza y ser esperanza para los demás. Amén.

CONTEMPLACIÓN: Cierra los ojos y contempla lo que Dios ha hecho en tu vida a pesar de los momentos difíciles Dios no nos deja solos.

https://www.youtube.com/watch?v=KXQ9RCkDB3o (Canto de Adviento)

Padre nuestro.

Dios te salve.

APAGAR LA VELITA

¿Qué tenemos que hacer?

La vida es…
una oportunidad, aprovéchala;
un sueño, hazlo realidad;
una aventura, sumérgete en ella;
un reto, afróntalo;
una promesa, créela;
un misterio, contémplalo;
una empresa, realízala;
un himno, cántalo;
una oferta, merécela.
La vida es la vida, ámala.

La vida es…
belleza, admírala;
riqueza, compártela;
lucha, acéptala;
semilla, siémbrala;
tragedia, domínala;
felicidad, saboréala;
sorpresa, ábrela;
gracia, acógela;
llamada, respóndela.
La vida es la vida, vívela.

La vida es…
saludo de Dios, recíbelo;
tesoro, cuídalo;
compromiso, cúmplelo;
amor, disfrútalo;
desafío, encáralo;
regalo, gózalo;
combate, gánalo;
camino, recórrelo;
encuentro, hazlo realidad.
La vida es la vida, entrégala.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el evangelio de hoy

El texto de hoy, está centrado en una pregunta – “¿qué tenemos que hacer?” (10.12.14)– y en las respuestas que Juan Bautista da adaptándose a cada caso y situación. La pregunta es la propia de la persona que se ha dado cuenta que hace falta cambiar, que quiere cambiar su propia vida y que quiere transformar el mundo en el que vive, el medio, su ambiente.

Fijémonos en Juan:

• Esta situación de búsqueda del cambio ha estado provocada por la acción profética de Juan (Lc 3,1-9). Ahora el mismo Juan da pistas bien concretas para cambiar (11.13.14). Y las da –dice el Evangelio (18)– sobre todo con el testigo de vida. Las respuestas que hace parten de la realidad del entorno: hay gente en su entorno que no tiene vestido ni comida.

• “Juan anunciaba al pueblo la buena nueva” (18) a partir de esta acción profética. El Evangelio es Palabra eficaz (Hch 4,12) cuándo se encarna (Jn 1,14). Es la misma experiencia que hacemos en las Comunidades Parroquiales, en las Asociaciones y Movimientos evangelizadores: “encarnados” en el medio podemos transmitir la fe que vivimos cuando trabajamos por transformar lo que es injusto.

• Aunque el tono de Juan es muy imperativo, lo que dice son pistas, propuestas. Seguir los caminos que muestran los profetas, los caminos que muestra Jesús con su vida y su Palabra, sólo se puede hacer en libertad. No se puede hacer por imposición, ni de modo voluntarista.

Fijémonos en el pueblo:

• El texto habla del «pueblo», que «vivía en la expectación” (15). También Juan tiene esta actitud: “viene…” (16-17). El pueblo manifiesta la expectación buscando algo de Dios en aquel que ven activo, transformador. Y Juan la manifiesta con su acción y su palabra profética.

Fijémonos en Jesús:

• También se nos dicen cosas de Jesús: Juan, por aclarar que él no es “el Mesías” (15), nos anuncia su venida. Dice que quien “viene” es quien “bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (16). Jesús es quien hace soplar su viento porque distinguimos entre el “grano” y la “paja” (17), entre una manera de vivir que vale la pena y otra que no vale la pena (16-17).

• Es por el don de este “Espíritu Santo” (16) que podremos seguir a Jesús, que podremos compartir vestido, comida (11), que podremos ser honrados y no abusar de los demás (13.14). Es por este don que podremos hacer todo esto, que podremos ser militantes porqué estimamos como él nos ha estimado (Jn 13,34-35; o todos los capítulos 13-17 de Jn).

Comentario al evangelio – Jueves II de Adviento

De pocas figuras (bíblicas) celebramos el nacimiento. De muchos hacemos memorias a la hora de su muerte. Del Bautista, el nacimiento. Es que el Señor es clemente y misericordioso, como dice el salmo, lento a la cólera y rico en piedad. Precisamente por eso, a pesar de todo, a lo largo de la historia fue enviando profetas, para ver si se nos ablandaba el corazón, siempre, siempre, siempre.

El final de los profetas no fue nunca pacífico. Es que decir la verdad, cuesta. A veces, cuesta la vida. En el mundo siguen muriendo muchas personas, por decir la verdad, como el Bautista.

También nosotros estamos llamados a preparar el camino, ser Bautistas para la gente que nos rodea. Se trata de anunciar una buena noticia, un Dios rico en piedad, justo a su manera, como dice un cuentecillo de Anthony de Mello:

El Reino de los cielos es semejante a dos hermanos que vivían felices y contentos, hasta que recibieron la llamada de Dios para hacerse discípulos suyos.
El de más edad respondió con generosidad a la llamada, aunque tuvo que sentir cómo se desgarraba su corazón al separarse de su familia y de la muchacha a la que amaba y con la que soñaba casarse. Pero, al fin, se marchó a un país lejano, donde gastó su propia vida al servicio de los más pobres. Se desató en aquel país una persecución, a resultas de la cual fue detenido, falsamente acusado, torturado y condenado a muerte.
Y el Señor le dijo:
«Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido por el valor de mil talentos. Voy a recompensarte con mil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!»
La generosidad del más joven fue menor. Decidió ignorar la llamada, seguir su camino y casarse con la muchacha a la que amaba. Disfrutó de un feliz matrimonio, le fueron bien los negocios y llegó a ser rico y próspero. De vez en cuando daba una limosna a algún mendigo o se mostraba bondadoso con su mujer y sus hijos. También de vez en cuando mandaba alguna pequeña suma de dinero a su hermano mayor que se encontraba en un remoto país, adjuntándole una nota que decía: «Tal vez con esto puedas ayudar mejor a aquellos pobres diablos».
Cuando le llegó la hora, el Señor le dijo:
– «Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido con valor de diez talentos. Voy a recompensarte con mil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!»
El hermano mayor se sorprendió al oír que su hermano iba a recibir la misma recompensa que él. Pero le agradó sobremanera. Y dijo:
«Señor, aun sabiendo esto, si tuviera que nacer de nuevo y volver a vivir, haría por Ti exactamente lo mismo que he hecho».

Ciudad Redonda

Meditación – Jueves II de Adviento

Hoy es jueves II de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 11, 11-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos, que oiga».

Jesús dialoga con los discípulos de Juan el Bautista que habían ido a verlo para tratar de dilucidar un poco más acerca de la persona de Jesús, acerca de su mesianismo. Pero en el medio aprovecha también para narrar algo que fundamental para que podamos entender en definitiva completamente el sentido del mensaje de la salvación de Jesús.

Jesús dice que el Reino de Dios es combatido, que sufre violencia y que es combatido justamente también por los violentos. Uno podría pensar en cierta medida quiénes son estos violentos ¿no…?

Si eso lo miramos y analizamos, la realidad nos cuenta que el violento que persigue el Reino de Dios es aquel que tiene el corazón enquistado, encerrado; aquel que perdió la capacidad de amar o solamente desarrolló la capacidad de amarse en exceso a sí mismo. Entonces nosotros los podemos conocer: esto se ve a diario. Son aquellas personas que no pueden entender la misericordia de Dios, son aquellos que no la quieren vivir tampoco para su vida. Es el mercader de la muerte; ese que piensa que la vida se compra y se vende. Son los narcotraficantes. Son los que venden droga en los baños de los colegios, en la esquina de los barrios, en las plazas. Son los que tienen que transnacionales y que al precio de cualquier precio son capaces de dejar familias enteras en la calle. Son aquellos que están pensando solamente en su propia seguridad, cuidando su propio metro cuadrado, mirándose permanentemente el ombligo pensando que ahí está la única salvación.

Explotación del hombre por el hombre, la cultura del egoísmo del “sálvese quien pueda”, de hecho solo me basto y no preciso nadie más. Los hay dentro de la Iglesia y también los allá fuera. Sin embargo también hay otra parte importante del Evangelio.

Otro rasgo que hace pensar que los violentos también somos un poco nosotros. ¿En qué sentido? En el sentido de que hay una parte de nuestro corazón que muchas veces no termina de adaptarse plenamente al mensaje de salvación y de conversión que nos predica Jesucristo en el Evangelio. Si uno mira su vida, analiza, hace un lindo examen de conciencia no en el sentido de ver qué pecado cometió sino como están andando en definitiva nuestra capacidad de amar y dejarnos tocar por la misericordia y brindar misericordia nuestros hermanos.

Uno va a hacer esta experiencia: hay una parte de mi propia vida una parte de mi yo que sigue reclamando como derecho de autor, derechos personales y como esa parte de mí que le dice a Dios: “Esto te lo entrego todo, pero esta es mío …. “Todo, sí; todo-todo, no…” Es esa parte muchas veces que tiene que ver con la sombra, con aquello que muchas veces no nos animamos a ver. Tiene que ver también con esa parte del corazón que sigue aferrada a viejas tradiciones, viejas costumbres y que le cuesta dar ese paso final de encuentro definitivo y redentor, salvador por parte de Jesús. Es ese instante de nuestra vida en que nosotros decimos: “Señor: te confío todo. Pero esto me lo guardo para mí…”

Entonces queriendo poder aprovechar este tiempo de Adviento de la mano de un personaje como Juan el Bautista y de la mano de Jesús, Nuestro Rey, Nuestro Salvador, para también seguir haciendo este camino de conversión y decir: “Señor: en mi vida todo es tuyo y te entrego todo lo que soy, todo lo que siento, todo lo que me pasa, todo lo que vivo en mi vida; incluso aquellas zonas, aquellas sombras, o aquella parte de mi vida, de mi corazón o de mi historia que tantas veces me cuesta reconocer que en definitiva es tuya.

Señor curame. Señor purificame. Señor lavame de todas mis culpas, de todos los pecados. Dame siempre un corazón semejante el tuyo para poder amar a todos mis hermanos sin excluir nunca a nadie…”

Padre Sebastián García

Liturgia – Jueves II de Adviento

JUEVES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Is 41, 13-20. Yo soy tu libertador, el Santo de Israel.
  • Sal 144.El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
  • Mt 11, 11-15.No ha nacido uno más grande que Juan el Bautista.

Antífona de entrada Cf. Sal 118, 151-152
Tú, Señor, estás cerca y todos tus caminos son verdaderos; hace tiempo comprendí tus preceptos, porque tú eres eterno.

Monición de entrada y acto penitencial
Es alentador oír, en estos días de Adviento, un fuerte y repetido mensaje de ánimo y aliento. En esto es precisamente en lo que creemos, si confiamos en la cercanía de Dios en la persona de su Hijo Jesucristo. Cuando la gente es pobre y vive afligida, Dios está cerca como su Salvador, es decir, Dios es alguien que está vinculado a ellos con lazos íntimos de afecto, y que con toda seguridad vendrá a asistirles. Los pobres son los que confían en él. Él les promete un nuevo paraíso. Aun los más pequeños en su reino son más grandes que el mayor y último de los profetas, Juan el Bautista.

Yo confieso…

Oración colecta
SEÑOR, aviva nuestros corazones
para que preparemos los caminos a tu Unigénito,
y, por su venida,
merezcamos servirte con un corazón puro.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos al Padre, por mediación de Jesucristo, nuestro Sacerdote y Salvador.

1.- Por los timoratos que piensan que son demasiado pequeños y despreciables como para que Dios se preocupe de ellos, para que se percaten de que el Dios cristiano, como un buen padre y una buena madre, siente inmenso cariño por ellos. Roguemos al Señor.

2.- Por los ricos y poderosos, para que sean sensibles a los derechos y a las necesidades de sus hermanos más pobres y desposeídos. Roguemos al Señor.

3.- Por los profetas que viven aquí entre nosotros, para que en nombre de Dios nos recuerden que tenemos que hablar claro y alzarnos a favor de los sin-voz y de los oprimidos. Roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro, que eres cariñoso con todas tus criaturas, escucha la oración del nuevo pueblo de tus promesas, para que estando abiertos a la voz de tu palabra y confiando en Ti, nos esforcemos por establecer en este mundo tu reino de justicia y amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor,
los dones que te ofrecemos,
escogidos de los bienes que hemos recibido de ti,
y lo que nos concedes celebrar con devoción
durante nuestra vida mortal,
sea para nosotros premio de tu redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión Tit 2, 12-13
Llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios.

Oración después de la comunión
FRUCTIFIQUE en nosotros, Señor,
la celebración de estos sacramentos,
con los que tú nos enseñas, ya en este mundo que pasa,
a descubrir el valor de los bienes del cielo
y a poner en ellos nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.