Comentario – Viernes II de Adviento

Mateo 11, 16-19

Jesús declaraba a las gentes: «¿a quién compararé esta raza de hombres? es semejante a los muchachos sentados en la plaza que interpelando a otros…»

Escena llena de vivacidad, observada por Jesús y hoy también observable por nosotros. Seguramente Jesús alguna vez debió pararse a mirar.

Grupos de muchachos jugando en la calle.

Os hemos entonado cantares alegres y no habéis bailado; cantares lúgubres y no habéis llorado.

Sí, he ahí como ve Jesús a las gentes de su tiempo. Esta «generación caprichosa e inestable que no sabe lo que quiere: son niños que juegan a «la boda’… y luego al entierro». Una de las bandas debuta con un canto alegre, pero a los otros no les hace gracia. Entonces comienza un canto triste, ¡pero la cosa tampoco marcha! Entre los niños, esto suele ser sólo un capricho pasajero, que no tiene consecuencias. Pero para los adultos del tiempo de Jesús —¿y del nuestro?—, no se trata ya de un juego… sino de su vida eterna!

«Esto no es serio» parece decir Jesús.

¿No somos quizá también nosotros gente caprichosa? ¿Tenemos el sentido de nuestras responsabilidades? ¿Somos adultos? ¿capaces de perseverar? En este tiempo de Adviento ¿»mantenemos’ las resoluciones tomadas? O bien ¿nos dejamos llevar por deseos caprichosos del momento? ¿Hemos conseguido una cierta firmeza en nuestras decisiones? O bien ¿capitulamos dando paso a posturas infantiles, pasajeras?

Porque vino Juan que casi no come, ni bebe, y dicen: Es un loco. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen » ¡Es un glotón y un bebedor, amigo de publícanos y de pecadores!

Sí, los contemporáneos de Jesús no han sabido leer los signos de los tiempos. Juan Bautista vivía como un asceta, llevando una vida rigurosa y penitente, con ayuno y abstención de alcohol: predicaba así la conversión: «haced penitencia»… En general, no se le escuchó. Su actitud no gustaba. Jesús en cambio, vive como un hombre corriente; come normalmente, bebe vino; predica el «festín mesiánico»… la era nueva del gozo con Dios… ¡y se le acusa de ser «un glotón y un bebedor»!

¡Se le acusa de ser «un amigo de los pecadores»!

Gracias, Señor Jesús, por permitir que te hicieran esta acusación. Gracias de haber venido a inaugurar el tiempo de la alegría, de habernos venido a ofrecer tu amistad a nosotros, que somos pecadores. Amigo de los pecadores… Amigo de los pecadores… Gracias.

Juan Bautista es un hombre de penitencia y se lo reprochan. Jesús es hombre de apertura, se lo reprochan también. ¡Cuan hábil es la humanidad para rehusar las llamadas de Dios! Encontramos siempre buenas razones para quedarnos con nuestra testarudez infantil. Sánanos, Señor, de nuestras ligerezas. Haz que tomemos en serio lo que Tú nos propones.

Pero, la sabiduría de Dios se revela «justa» a través de lo que hace.

Señor, enséñanos a juzgar «justo», juzgando «según tu sabiduría divina». Finalmente, Juan Bautista y Jesús eran ambos igualmente necesarios a la humanidad: a uno encargó Dios el invitar a la austeridad y a la penitencia… al otro encargó Dios el aportarnos la alegría del Reino… El tiempo de Adviento y de Navidad comporta esos dos aspectos.

Noel Quesson
Evangelios 1