Comentario – Jueves III de Adviento

Lucas 7, 24-30

Así que hubieron partido los enviados de Juan, Jesús se dirigió a la muchedumbre y les habló de Juan.

El punto de partida de los sermones de Jesús solía ser algo actual.

Vamos a tener aquí un ejemplo típico de su estilo.

«¿Qué salisteis a ver en el desierto?»

¿Siempre esta manera interrogativa, provocadora?

Jesús va directamente a las motivaciones profundas, como decimos hoy. Quiere que las gentes tomen conciencia del sentido de sus gestiones.

¿Por qué haces esto? ¿Cuál es el sentido que tú das a tal actitud?

Trato de oír a Jesús, que, hoy y a mí, me hace esta clase de preguntas.

¿Una caña sacudida por el viento?

Lenguaje a base de imágenes, enigmático que corresponde al modo de pensar de los pueblos de Oriente.

Lenguaje que, más que afirmar, sugiere. Juan Bautista ¿una caña que se dobla según el viento? ¡Vaya por Dios! ¿Un hombre que cambia de parecer y se pliega a todas las modas del día? Si está en la cárcel precisamente por su firmeza inflexible y por su valentía.

Jesús no aparenta estimar mucho la debilidad de carácter, Señor, ayúdanos a ser flexibles y firmes, acogedores y exigentes a la vez.

O ¿algún hombre vestido con ropas delicadas?

Esto tampoco parece ser muy del gusto de Jesús.

A través de ese tono, algo polémico y mordaz oigo y entiendo el juicio de Jesús sobre la riqueza y el lujo.

Pero, ya sabéis que los que visten ropas preciosas y viven entre deudas, están en los palacios de los reyes.

¡Esto es duro! Y a la vez refleja bien el juicio habitual de las gentes sencillas, sobre ciertos modos de malgastar el dinero, Juan Bautista, por lo contrario, vestía una simple piel de camello y no comía sino langostas y miel silvestre, alimentos pobres del desierto (Mateo 3-4).

Manifiestamente Jesús admira a ese tipo de hombre, capaz de vivir muy sobriamente como un asceta. ¿Me lleva esto a reconsiderar tal o cual aspecto de mi vida?

En fin, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, ciertamente yo os lo aseguro, y aún más que un profeta: pues él es de quién está escrito: «Mira que yo envío delante de ti a mi mensajero, para que vaya preparándote el camino.»

Ser «el que prepara un camino» para otro. (Malaquias 3-1) Tarea eminente de los padres y de las madres, respecto a sus hijos.

Tarea de los apóstoles.

Tarea de todos aquellos que quieren que algo o alguien progrese.

Entre los hombres, ningún profeta es mayor que Juan Bautista, sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios, es mayor que él.

Jesús es verdaderamente consciente de la novedad absoluta que El aporta. Una nueva era comienza. El tiempo del Antiguo Testamento ha terminado.

Jesús, a la vez que rinde testimonio al valer de Juan Bautista, pone de relieve que se ha quedado en el umbral del Nuevo Testamento: ¿comprendió Juan que Jesús sobrepasaba todas las esperas y todas las profecías? No nos vanagloriemos de ser más lúcidos que Juan: ya que muy a menudo reducimos a Jesús a nuestras cortas esperanzas.

Noel Quesson
Evangelios 1