Lectio Divina – 17 de diciembre

“Generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”

1.- Oración introductoria.

Dios mío, yo te agradezco que te hayas encarnado en nuestra historia humana. Una historia con sus grandezas y miserias; con su santidad y su pecado. Tú no te asustas del barro del que estamos hechos; más bien te sirves de él para comprender mejor nuestra fragilidad y perdonarnos. Te metes en nuestro fango para sacarnos de él. Tu eres realmente nuestro Salvador y Redentor. ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 1, 1-17

Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engrendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

A todos nos interesa conocer nuestras raíces. Bueno, a todos menos a Europa que no quiere reconocer sus hondas raíces cristianas.  A los cristianos de los primeros siglos también les interesaba conocer el origen humano de Jesús. El no ha venido del cielo en un paracaídas. Se ha unido con el ser humano “como uno más, como uno de tantos” (Fil. 2,7). Y lo hace  con una familia que entre sus antepasados tiene no sólo personajes famosos e ilustres, sino también criminales y pecadores de toda laya. Aun las mujeres nombradas -cosa extraordinaria pues la mujer casi nunca aparece mencionada en las genealogías- ostentan un título no muy recomendable. Entre ellas hay incestuosas como Tamar, prostitutas como Rahab, adúlteras como Betsabé; la única que no tiene nada reprensible es Rut, pero pertenecía a un pueblo muy  odiado por los israelitas, Moab. Jesús no teme asumir esta genealogía porque Él  ha venido a salvar a todos hombres y mujeres, en la situación concreta en que se encuentran.

«Engendrar», en el lenguaje bíblico, significa transmitir no sólo el propio ser, sino la propia manera de ser y de comportarse. El hijo es imagen de su padre. Por eso, la genealogía se interrumpe bruscamente al final. José no es padre natural de Jesús, sino solamente legal. Es decir, a Jesús pertenece toda la tradición anterior, pero él no es imagen de José; no está condicionado por una herencia histórica; su único Padre será Dios, su ser y su actividad reflejarán los de Dios mismo. El Mesías no es un producto de la historia, sino una novedad en ella.

Palabra autorizada del Papa

“Una vez oí que alguien decía: ‘¡Esta cita del Evangelio parece la lista telefónica!’ Y no, es otra cosa: esta cita del Evangelio es historia y tiene un argumento importante… Después del primer pecado en el paraíso Él tuvo esta idea: hacer el camino con nosotros. Ha llamado a Abraham, el primer nombrado en esa lista y lo invitó a caminar. Y Abraham comenzó ese camino. Después Isaac, Jacob, Judá. Así va este camino en la historia. Dios camina con su pueblo. Dios no ha querido venir a salvarnos sin historia. Él ha querido hacerse historia con nosotros. Una historia que va de la santidad al pecado. En esta lista hay santos, pero también hay pecadores”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 17 de diciembre 2013, en Santa Marta).

4.- Qué me dice este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.-Propósito. Hoy intentaré hacer vida esta palabra de Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, Tú viniste al mundo, creciste y te preparaste para tu misión en una familia. Concédeme tu gracia para saber sembrar armonía, comprensión, perdón, apoyo mutuo, generosidad, alegría y paz en mi propia familia, y en la gran familia que es la Iglesia. Haz que siempre siga el ejemplo de María y de José.

Comentario – 17 de diciembre

Mateo 1, 1-17

La fiesta de Navidad está ya muy próxima.

Para que nos preparemos de un modo más inmediato a ella la Iglesia la hace preceder de una octava: ocho días que paso a paso nos conducirán al 25 de Diciembre.

La preparación comienza por la primera página del evangelio según San Mateo.

Tabla de los orígenes de Jesucristo, Hijo de David, Hijo de Abraham…

El texto griego literalmente, debería traducirse: «Libro de la genealogía de Jesucristo…»

Es como el comienzo de una nueva creación… una nueva Biblia que se abre sobre una primera página.

San Pablo dirá explícitamente que Jesús es el «nuevo Adán»; es verdad, por El una nueva humanidad entra en génesis, es engendrada.

¿Se puede llegar a decir que es una nueva especie humana que comienza?

Abraham, Isaac, Jacob, Judá… Jesé, David, Salomón, Roboam… José, María, Jesús…

Una larga lista de nombres.

Muchos son conocidos. Han tenido un lugar en la historia de Israel. Es una especie de resumen de toda esta historia.

Jesús no es el fruto de un azar caído, así, sin saber desde dónde. El se enraíza en un linaje de antepasados concretos: de este modo es un verdadero’ hijo del hombre», que participa totalmente de la condición humana, con sus límites y sus particularidades.

Millares de hombres y de mujeres, de padres y de madres, que fueron progenitores han sido necesarios para que un día madurase el fruto último de la humanidad.

Una humanidad nueva nace en Jesús. Y, sin embargo, está en continuidad con todo el resto de la humanidad.

En cuanto a mí, ¿cuál es mi enraizamiento?

¿Qué es lo que debo continuar? ¿Qué es lo que debe nacer de nuevo en mí?

Tamar, Rahab, Ruth, la mujer de Urías…

Resulta raro encontrar cuatro nombres de mujer en esta lista exclusivamente masculina, y ciertamente choca cuando se sabe quiénes son. No son mujeres ilustres por su santidad, sino más bien una especie de anomalías.

Tamar, que por trampa, tiene un hijo de su propio suegro (Génesis 38, 1-30).

¡Qué historia más sombría! Rahab, prostituta (Josué 2-6). Ruth, una pagana de tierra extranjera (Ruth 4-12). Finalmente Betsabé, la mujer adúltera de David y madre de Salomón (II Samuel 11).

¡Claro está que Mateo tenía una idea en la cabeza al hacer tal selección!

Jesús viene a salvar a la humanidad, por gracia.

Y todos los hombres están llamados a esta salvación universal. ¿Estoy convencido de este inverosímil amor gratuito y salvífico que Dios nos tiene?

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual fue engendrado Jesús, llamado Cristo o Mesías.

Tal es la finalidad real de esta genealogía. Afirmar de buenas a primeras que Jesús es el «mesías», el esperado por toda la historia de Israel, el «hijo de David». Más que afirmar fuertemente la concepción virginal de Jesús (Mateo 1, 23-25), Mateo ha preferido poner en evidencia como José había acogido a Jesús en su linaje, haciéndole así legal y jurídicamente, un hijo de David . Estas dos afirmaciones que parecen una contradicción para nosotros occidentales, corresponden completamente a todo lo que sabemos sobre las genealogías entre los semitas.

Noel Quesson
Evangelios 1

La misa del domingo

El pasaje evangélico narra el episodio de la visita de Santa María a Isabel. ¿Qué motivó a María a realizar este viaje imprevisto? Gabriel, el arcángel, le había manifestado que Isabel había concebido un hijo en su vejez, estando ya en el sexto mes de su embarazo «aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios» (Lc 1, 36-37).

Enterada del embarazo de Isabel y en estado de buena esperanza ella misma, María se pone inmediatamente en camino y recorre «aprisa» los más de cien kilómetros de distancia que separaban Nazaret de la ciudad de Ain Carim, al noroeste de Jerusalén, donde vivían Isabel y Zacarías, su marido.

No mueve a María la incredulidad, es decir, el deseo de cerciorarse del milagro ocurrido a Isabel, sino la fe en el anuncio del arcángel, la certeza de que Isabel está ya en el sexto mes de su embarazo. Asimismo la impulsa en su marcha celera el natural deseo de querer compartir su desbordante alegría con quien sabe que podrá comprenderla. La impulsa también, y sobre todo, su deseo de servirla con un doble servicio: el servicio solidario de la atención solícita a quien necesita de su ayuda, y el servicio evangelizador, el deseo de anunciarle y transmitirle la Buena Nueva de la que Ella es portadora.

Isabel es extraordinariamente sensible a lo que ha sucedido. Tan pronto ve a María percibe que ella es Portadora de un Hijo excepcional, percibe que es «la Madre de mi Señor». En esta humilde Virgen de Nazaret se cumple así la antigua profecía de Miqueas, recogida en la primera lectura: ha llegado el tiempo en que «la madre dé a luz». Es su Hijo quien «en pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios». Más aún, el profeta anuncia que «Él mismo será nuestra paz», una Paz que procede de la cuádruple reconciliación que ha venido a obrar: la reconciliación del ser humano con Dios, consigo mismo, con los otros hermanos humanos y con la creación toda.

«¡Dichosa tú, que has creído!», exclama Isabel en una de las múltiples alabanzas que brotan espontáneamente de sus labios. Dichosa y feliz porque verdaderamente cree en Dios. María, plena de dicha y felicidad, es modelo de una fe madura, una fe que es asentimiento de la mente a lo que Dios revela, una fe que es adhesión cordial a Dios mismo, una fe que se transforma en acción decidida, según los designios manifestados por Dios. La fe de la Madre se expresa en la obras, en un “Sí” comprometido y sin reservas dado a Dios al servicio de sus designios reconciliadores.

En la segunda lectura la carta a los Hebreos nos habla de otro “Sí”, el “Sí” de la plena disponibilidad que pronuncia el Hijo, el “Sí” del Verbo divino que precede a su encarnación para cumplir el Plan salvífico y reconciliador del Padre. El Señor Jesús, el Verbo divino encarnado de María Virgen por obra del Espíritu Santo, el Hijo de Santa María, ha venido a este mundo para llevar a cabo una misión reconciliadora. El modo como «entró en el mundo» fue encarnándose, asumiendo plenamente nuestra naturaleza humana, haciéndose uno como nosotros, en todo semejante a nosotros menos en el pecado. De este modo Dios le “preparó un cuerpo” para poder ofrecerse a sí mismo como sacrificio expiatorio en el Altar de la Cruz.

El “Sí” del Hijo encontró en el “Sí” libre de la Madre la necesaria correspondencia y cooperación, haciendo posible la “entrada” del Hijo de Dios en el mundo.

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Hay diversos tipos de “prisa”. Por un lado está la prisa de María quien apenas tiene conocimiento del embarazo de su pariente Isabel se pone en marcha presurosa. La mueve el amor, el deseo de servir, y también el deseo de compartir con alguien que sabrá comprender muy bien su inmensa y desbordante alegría, el gozo exultante que experimenta por la Presencia encarnada del Verbo divino en su seno virginal. La prisa de María está llena del Señor y tiene presente lo esencial.

Miremos ahora a nuestro alrededor: vivimos en un mundo sumamente agitado, cada vez más “estresado”. Nosotros mismos participamos de esa vorágine que no se detiene, vivimos “aprisa”, con miles de cosas que hacer, con muchos “pendientes”, pero que a diferencia de la prisa de María nos despojan de lo esencial y nos arrojan a una vida superficial, epidérmica. Cada uno lleva su prisa, su propia premura. Más aún estos días, faltando ya poco para la celebración de la Navidad, parece que falta el tiempo para todo lo que hay que preparar: los regalos que hay que comprar, la cena que hay que preparar, las actividades en las que hay que participar, incluso las campañas de solidaridad, etc. Toda esta agitación puede arrebatarnos el espacio necesario para reflexionar, para meditar, para rezar, para no perder de vista lo esencial. No podemos olvidar que lo esencial es acoger al Señor que viene y llevarlo muy dentro, no podemos olvidar que la NAVIDAD ES JESÚS, no los regalos, la cena, ni siquiera la reunión familiar. ¿Puede haber Navidad si Cristo no nace en nosotros, si no hacemos silencio en el interior para acogerlo en el pesebre de nuestras mentes y corazones?

En lo que queda de este tiempo de Adviento procuremos acercarnos más a María, procuremos hacerlo con la misma sensibilidad de Isabel, para acompañarla en su espera y para aprender de las enormes lecciones que Ella nos da. Imitemos su prisa, esa que está llena del Señor y que se expresa en el deseo de servir a los demás con la misma caridad de Cristo, así como de anunciar al Señor Jesús y su Evangelio con una vida cristiana coherente, que irradia la luz de Cristo con sus buenas obras. ¿Cómo no vivir la misma prisa de María día a día, la prisa por anunciar a Cristo y difundir su Luz en medio de nuestros familiares, en medio de los hombres y mujeres de nuestra sociedad? Hagamos nuestra la prisa de saber que tenemos a Cristo y que necesitamos comunicarlo a cuantos más podamos, para que también, como Juan en el seno de su madre, muchos salten de gozo en el encuentro con el Hijo de Santa María.

Ain Karem

Ain Karem, Señor,
aunque sea pequeño
y con poca historia,
es uno de esos lugares
tatuados en las entrañas
y presente, siempre,
en el corazón
y en la memoria.

Lugar fértil, Señor,
con jardines y viñas;
aldea escondida
del ruido y de las intrigas
de la gran ciudad
que era y es toda Jerusalén
que tiene sueños de grandeza
y mata a los profetas.

Ain Karem, Señor,
es para nosotros
la fuente de la viña,
fuente generosa
que mana paz y alegría,
que descansa y da vida,
que plenifica y ennoblece
a todo el que se acerca a ella.

Y es también, Señor,
desde aquel día de primavera
que narran y cantan
las crónicas evangélicas,
lugar de gozo y fiesta,
por aquella visita de María
y aquel encuentro
entre dos visitadas tuyas.

Ain Karem, Señor,
es ese lugar apropiado
para todos los que soñamos
con embarazos de vida
y no queremos encerrarnos
en nuestras miserias
aunque seamos personas estériles,
ancianas o muy niñas.

Ain Karem, Señor, es tu regalo
para que tengamos vida
y aprendamos a cuidarla
cantándote a ti, Dios de vida,
presente en nuestra historia y tierra.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – 17 de diciembre

Genealogía de Jesús

Comienza hoy la semana de la O. De manera inmediata preparamos la inminente Navidad. Y, no por casualidad, nos topamos con el pasaje tal vez más aburrido de todo el evangelio: La genealogía de Jesús. Esa interminable lista de nombres extraños, además de fatigosa, parece inútil. Cuesta encontrar en ese cansino catálogo rigor histórico y contenido teológico. ¿Por qué la propone la liturgia en esta semana que corona el Adviento? ¿Por qué la recogió Mateo en su evangelio? ¿Tiene algún sentido ese dechado superfluo de erudición inútil?

Pues, ¡lo tiene!… Basta detenerse un poco y mirar entre líneas para comprender que Mateo persigue un objetivo sencillo y sublime: Mantener viva en la fe de los cristianos la condición humana de Jesús y fijar así su origen, misión y destino. Y eso afecta decisivamente a la misma fe.

  • Jesús no fue un ángel de caramelo, ni un sutil espíritu etéreo, sino hombre de carne y hueso, con sus raíces genéticas hundidas en la historia de carne y sangre. Su nombre se hilvana en el largo lienzo de personajes que abarcan a toda la humanidad. No fue un meteorito, ni un bello sueño, ni una invención… Nació en una familia como hombre y le vieron crecer y madurar. Tuvo nombre y apellidos. Lo vieron y trataron sus contemporáneos. Y esto, que hoy ya nadie duda, debía quedar muy clarito desde el principio y para siempre. Moraleja: Ser persona humana es cosa grande porque es una manera de ser de Dios.
  • Jesús se hizo vecino de todos. Repasando esa larga lista genealógica, los estudiosos reconocen entre sus predecesores no solo honorables personajes de noble cuna, sino además otros nombres, -¡también mujeres y… paganas!- de más que dudosa reputación. ¿Empaña eso la limpieza de su linaje? En absoluto. La dignifica y engrandece, al asumirla. Dios quiso a Jesús inserto en el claroscuro de la historia del pueblo que no siempre fue ejemplar. Jamás despreció nada humano por deformado que estuviera. Moraleja: Despreciar a una persona, a cualquiera de ellas, es despreciar a Dios que se ha hecho familia de los hombres.
  • También entronca Jesús con lo más santo de Israel. Fue hijo de Abraham e hijo de David. Su nombre queda vinculado a personajes que ocupan la cúspide del Pueblo elegido. El listado teologiza así la historia, sin importarle mucho jugar con nombres y fechas. La compone y organiza de tal manera que entiende que, con Jesús, la humanidad ha alcanzado su cota más alta. El la preside. Ante el nombre de Jesús sólo vale descubrirse, doblar la rodilla y adorar. Moraleja: Ser persona es una manera deficiente de ser Jesús.

Este árido relato, leído en la fe de la Iglesia, nos dispone a vivir bien la Navidad: Cuando miramos a Dios vemos al hombre y cuando miramos a los hombres vemos a Dios. Se ha superado la separación Dios-hombre.

Ciudad Redonda

Meditación – 17 de diciembre

Hoy es 17 de diciembre, feria mayor de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 1, 1-17):

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia. Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

Nos puede parecer raro, intrascendente e incluso innecesario la cantidad de nombres que aparecen hoy en esta lista que constituye la genealogía de Jesucristo. El sentido más profundo, más hondo de esa cantidad de nombres, de ese elenco de varones y mujeres, es la de poner a Jesús en orden a su origen. Es decir, estamos ya a cercanos al misterio de la Navidad; pronto en una semana si Dios quiere lo estaremos celebrando, y lo que va buscar el evangelista es decir: “bueno… este Jesús no apareció de la nada, este Jesús no apareció así por generación espontánea” Sino que lo mete bien adentro y bien históricamente en la historia de su pueblo. Jesús nace como aquel que está enraizado en la historia de la casa de David y en definitiva del pueblo de Israel. Lo que también nos puede llamar la atención es que si uno se tiene que estudiar los nombres y a ver su relevancia en el Antiguo Testamento, va a percibir que muchos han hecho cosas muy buenas y otros cosas no tan buenas. Entonces esto lo que significa y con lo que nos tenemos que quedar nosotros ¿no?, con ese sentido profundo: es el decir: Jesucristo viene a encarnarse a una casa que era de David pero fundamentalmente a una historia que está hecha por hombres que son santos y pecadores incluso al mismo tiempo. Es decir, la historia en la que Jesús viene a encarnarse no es sólo una historia de santidad. No es una historia sólo de buenas personas. No es sólo una historia de personas que han hecho solamente a lo largo de su vida el bien. Mostrar la genealogía de Jesús es mostrar su origen, es mostrar también de donde Él viene.

Pero el sentido también que nosotros le podemos dar en estos días es decir: Jesús se hace hombre. Toma parte en esta historia del pueblo de Israel, en definitiva se enraíza en todas las historias. El nacimiento de Jesús tiene que ver con en nacimiento de un niño en el seno de una familia. Jesús no nace de un repollo; a Jesús no lo trae un plato volador de otro planeta. Jesús no aparece espontáneamente los 30 años predicando el evangelio invitando a la conversión. Jesús es un niñito que va formándose poco a poco en el vientre virginal de la Virgen María, custodiado por la figura de otro gran hombre que es San José. Es decir para Jesús la familia es importante. Para Jesús el origen de uno es importante. De alguna manera también nosotros podemos emparentar con nuestra historia: si Jesús de alguna manera por compartir este origen humano se ha unido a todos nosotros. ¡Mi historia tiene que ver con la historia de Jesús! A tal punto que Jesús es el punto inflexión y es el que convierte esa historia de bien y de mal, de buenos y de santos pero también de no tan buenos y de pecadores, en historia de salvación. Jesús se vale dice historia. Jesús agarra esa historia y por el poder de su Pascua y pues el poder del Espíritu Santo la convierten en Historia de Salvación. Yo creo que es lindo poder meditar esta Palabra a la luz de mi vida: mi vida es también Historia fecunda de Salvación. Porque si hay un lugar donde Jesús se va hacer presente es en mi vida cotidiana de todos los días; es en mi historia; es en mi origen; de dónde vengo pero fundamentalmente también hacia donde voy yo. Si uno quiere encontrarse con Dios como suelo decir, que no se escape del mundo, que no quiera irse a otro planeta, que no quiera escaparse de la realidad… El único modo que nosotros tenemos encontrarnos con Dios es meditar acerca de la realidad: abrir los ojos para contemplar cómo Dios está pasando por nuestra vida y por nuestra historia. De la misma de la que Jesús pertenece a una familia humana también Jesús, nuestro Salvador pertenece a nuestra historia y a nuestra Historia de Salvación. Dejémonos salvar por Él. Dejémonos misericordiar por Él en este Año de la Misericordia. Hermano y hermana ansiando ya la Navidad te dejo un abrazo muy profundo en el Corazón de Jesús y será hasta la próxima semana en el próximo evangelio.

P. Sebastián García

Liturgia – 17 de diciembre

17 de DICIEMBRE, feria

Las ferias del 17 al 24 de diciembre, inclusive, tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad.

Misa de feria – 17 de diciembre (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio II o IV de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Gén 49, 1-2. 8-10. No se apartará de Judá el cetro.
  • Sal 71. En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
  • Mt 1, 1-17. Genealogía de Jesucristo, hijo de David.
  • A partir de hoy se omiten las lecturas y los formularios de misa de la III semana de Adviento y se toman las del día correspondiente del mes.

Antífona de entrada          Cf. Is 49, 13
Exulta, cielo; alégrate, tierra, porque viene nuestro Señor y tendrá misericordia de sus pobres.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy entramos en la recta final del Adviento, por eso debemos estar a la expectativa, o, mejor dicho, en vigilante espera. La voz de los profetas, que mantuvo en vilo las esperanzas del pueblo de Israel castigado tantas veces en su historia, suena para nosotros, castigados o fustigados por un mundo que nos sofoca. La voz de los profetas es la voz de Dios que nos alerta. Algo grande está a punto de ocurrir. Por ello, nosotros pedimos ahora, al comenzar la celebración, que el Señor se compadezca de nosotros y perdone nuestros pecados.

• Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo. Señor, ten piedad.
• Tú que abarcas del uno al otro confín y ordenas todo con firmeza y suavidad. Cristo, ten piedad.
• Ven, y muéstranos el camino de la salvación. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, creador y redentor de la naturaleza humana,
que has querido que tu Verbo
se encarnase en el seno de María, siempre virgen,
escucha complacido nuestras súplicas,
para que tu Unigénito, hecho hombre,
nos haga partícipes de su divinidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para salvarnos y digámosle: Venga tu Reino, Señor

1.- Para que el Señor se digne mirar y visitar a la Iglesia, viña que su diestra plantó. Oremos.

2.- Para que conceda al rey y a todos los gobernantes trabajar por la paz y la justicia. Oremos.

3.- Para que se acuerde de los hijos de Abrahán y cumpla en su favor las promesas que hizo a nuestros padres. Oremos.

4.- Para que restaure en nosotros la imagen de su Hijo, y así podamos agradarle en todo. Oremos.

Padre, creador y restaurador del hombre, escucha benigno las súplicas que te presentamos en nombre de Jesucristo, nuestro Señor, a quien todos los pueblos rinden homenaje y es Dios por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
SANTIFICA, Señor, las ofrendas de tu Iglesia
y haz que, por estos sagrados misterios,
merezcamos recibir el pan del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio II o IV de Adviento

Antífona de comunión          Cf. Ag 2, 7
Vendrá el deseado de todos los pueblos y se llenará de gloria la casa del Señor.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso, que nos has alimentado con el don divino,
te pedimos que, inflamados por el fuego de tu Espíritu,
resplandezcamos delante de Cristo que se acerca,
como luminarias de su gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

  • Dios todopoderoso y rico en misericordia,
    por su Hijo Jesucristo,
    cuya venida en carne creéis y cuyo retorno glorioso esperáis,
    en la celebración de los misterios del Adviento,
    os ilumine y os llene de sus bendiciones.
  • Dios os mantenga durante esta vida firmes en la fe,
    alegres por la esperanza
    y diligentes en el amor.
  • Y así,
    los que ahora os alegráis por el próximo nacimiento de nuestro Redentor,
    cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria
    recibáis el premio de la vida eterna.
  •  Y la bendición de Dios todopoderoso…