La fe de María

1.- Este es el Sacramento de nuestra Fe, decimos cuando Cristo se hace presente en la Eucaristía. Sacramento de Fe, Misterio de Fe.

La presencia del Hijo de Dios hecho cercanía humana en la Navidad es misterio de Fe.

Y es la fe sencilla e inconmovible de María la que ha hecho posible este misterio. “Bendita Tú que has creído”. Lo que alaba Isabel en María no es que sea “la Madre de su Señor”, sino la Fe que ha hecho posible en ella “lo que Dios le ha dicho”.

2.- Y esa Fe con que Maria palpa a ciegas, en penumbras, el Misterio, no la inmoviliza en el saboreo personal de lo que Dios le ha revelado:

–no considera como propiedad privada la posesión de Dios y su Misterio.

–no la convierte en una de esas imágenes de María (tan conmovedoras por otra parte) en la Madre oculta al Niño contra su pecho, como protegiéndole, sino que la hace salir de su casa con prisa a los caminos, en que María, tomando al Niño debajo de sus bracitos infantiles lo ofrece a la adoración de los que quieran creer en Él.

La Fe de María no es una Fe posesiva, es Fe comunicativa. Es Fe hecha Luz para todo el que quiera creer.

Es Fe no para ocultarla bajo el celemín, sino para poner en lo alto del candelabro para que ilumine a todos los hombres y mujeres.

No es Fe de cenáculo para un grupito de elegidos, es Fe para ser llevada por caminos de montaña, entre piedras y barro para que los pobres hombres que transitan por ellos con pies doloridos y sucios de barro puedan creer y llenarse de esperanza. Por eso María se lanza deprisa al camino.

3.- En nuestra Navidad no hagamos mentirosa nuestra Fe.

Navidad, tiempo de felicitaciones, nos señala el camino por el que hay que ir deprisa para dar alegría y paz al hermano.

**Navidad tiempo de regalos, que lleven calor humano y no sean de cumplido. Regalos que alcancen a los que malviven en la cuneta del camino.

**Navidad tiempo de paz que nos empuja a salir a los caminos a buscar con prisa a aquellos con los que no convivimos en paz.

**Navidad de villancicos y alegría, de zambomba y pandereta, no pueden ser alegres mientras nos crucemos por el camino con hombres y mujeres a los que pudimos consolar en su tristeza y no lo hicimos.

Pidamos a la Virgen del Camino, la que va deprisa a comunicar la Buena Nueva, que sepamos estos días y siempre comunicar la gran noticia de que Dios está con todos los hombres.

José María Maruri, SJ