Comentario al evangelio – 21 de diciembre

Cómo me interpela este relato de la Visitación. En primer lugar, la velocidad con la que María se pone en camino. “De prisa”, dice el texto. Acaba de tener una experiencia única, ha aceptado ser la madre de Dios, y, en vez de estar preocupada por sí misma, se marcha a ayudar a su prima.

A nosotros nos cuesta, muchas veces, pensar en lo que le pasa a la vecina de al lado, o a ese pariente al que hace mucho que no visitamos, o nos da pereza responder a las peticiones de ayuda que oímos en la parroquia. No queremos comprometernos, aunque la cosa sea al lado de nuestra casa. Y María se pone en marcha, sin mucha seguridad en los caminos, para echar una mano a Isabel. 

María es “la llena de gracia”, y los que están llenos de gracia no pueden guardársela para sí mismos. Deben repartirla, transmitirla por donde quiera que vayan. Isabel se llena del Espíritu y su hijo, en su vientre, también. La cadena no se detiene. Sabemos que Juan el Bautista no paró de hablar del Mesías, llevado de ese mismo Espíritu que su madre sintió. La gracia no se puede esconder. La luz no se oculta, brilla en la oscuridad, y se ve de lejos. Nosotros también somos “llenos de gracia”. Me pregunto si somos capaces de difundir esa gracia recibida como María. Si, después del contacto con Jesús, brillamos en la oscuridad, difundimos ese calor que nosotros sentimos.

“Bienaventurada la que ha creído”. De María se puede decir, porque de verdad ha creído en todo lo que el Señor, a través de su ángel, le ha dicho. En nuestra vida, en muchas ocasiones, Dios nos habla, porque se preocupa por todos y cada uno de nosotros. Nos toca creer en ello, y aplicarlo en nuestra vida. Eso supone, por supuesto, actitud de escucha, oración y disponibilidad. Revisemos cómo andamos en esas facetas, justo cuando se va acabando el Adviento. Creer que Dios nos busca, nos habla, y nos presenta un plan de vida que nos puede hacer felices. A pesar de las dificultades. Ponernos en camino, y confiar. Es muy dulce su voz, y fascinante su figura.

Alejandro Carbajo, cmf