Lectio Divina – 22 de diciembre

“Proclama mi alma la grandeza del Señor”…

1.- Oración introductoria.

         Señor, como María, quiero alabarte y glorificarte por todo lo que me has dado a lo largo de mi vida. También quiero alabarte por tantos que no saben, o no quieren alabarte. Y lo quiero hacer con el espíritu que lo hizo María: desde la humildad, desde la pobreza, desde su gran amor. En mi edad ya muy avanzada, quiero ofrecerte, Señor, “el incienso de la tarde”. 

2.- Lectura reposada del evangelio Lucas 1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia para siempre. María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión

Todos los comentaristas se ponen de acuerdo en decir que este canto de alabanza es como un “bonito mosaico” compuesto con piedrecitas de himnos anteriores, en especial de Ana. Por otra parte sabemos que existían himnos en la comunidad de Qumrán, y también himnos de los salmos de Salomón.  Pero nos llama la atención que temas que eran frecuentes en estos himnos, desaparezcan en el Magníficat. “No aparecen el tema de los enemigos, ni del pecado, ni del juicio de Dios, etc.” (F. Bovon). Dios es bueno para todos. Dios es Poderoso, pero no para aplastar a nadie sino para practicar la misericordia con todos. Diríamos que estos himnos han recibido  letra del A.T. pero la Virgen los ha cantado “con la música del Nuevo Testamento”. En este himno de María se insiste mucho en la “humildad”. Es todo lo que Dios ha visto en Ella. La humildad cristiana no consiste en considerarse poca cosa, lo último, lo peor, sino en saber que nuestra pequeñez unida a la grandeza de Dios lo puede todo, y que todo lo grande que somos y tenemos es don de Dios. Por este motivo, siendo María humilde, dijo que todas las generaciones le llamarán bienaventurada.

Palabra autorizada del Papa

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». María, por la misma actitud interior de escucha, es capaz de leer su propia historia, reconociendo con humildad que es el Señor el que actúa. En la visita a su pariente Isabel, prorrumpe en una oración de alabanza y de alegría, de celebración de la gracia divina que ha llenado su corazón y su vida, haciéndola la Madre del Señor. Alabanza, acción de gracias, alegría: en el cántico del Magnificat, María no ve solo lo que Dios ha hecho en ella, sino también a lo que hizo y hace continuamente en la historia. San Ambrosio, en un famoso comentario sobre el Magnificat, invita a tener el mismo espíritu en la oración y dice: «Que en cada uno esté el espíritu de María para alabar al Señor, y esté en cada uno el espíritu individual de María para exultar a Dios». Benedicto XVI, 14 de marzo de 2012.

4.- Qué me dice a mí hoy este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Hoy me puede hablar Dios a mí con el mismo espíritu que habló a María. Estoy atento a su escucha,

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Jesús, siguiendo el ejemplo de María, quiero aprender a ver con el corazón lo que los ojos y la mente por sí solos no logran percibir. Tu encarnación es un don tan grande que sólo con la fe puedo acogerlo, aun sin comprenderlo. Gracias por salir a mi encuentro en esta oración, fortaleciendo así mi fe en el inmenso e inmerecido amor que me tienes.

Recursos – Ofertorio Misa de Navidad

PRESENTACIÓN Y PROCESIÓN DE LAS CANDELAS

(Cada uno/una de los/as presentes encenderá en este momento una pequeña candela o sencillamente una lamparilla, que previamente ha preparado en su casa. Al ofrecerla a quien presida, si no es muy numerosa la asistencia, puede decir libremente la razón de su ofrenda. Concluida esta procesión, quien preside, hace un resumen de las justificaciones manifestadas o bien puede decir:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy hemos querido prender nuestro templo de luz, como señal de la Luz que Tú encendiste en nuestro mundo con el nacimiento de tu Hijo Jesucristo. Detrás de todas estas candelas se esconde nuestro compromiso de ser luz en el mundo, para que cuantos y cuantas nos vean recuerden que nosotros y nosotras no somos más que testigos de Jesucristo y manifestación del amor que Tú nos has tenido.

PRESENTACIÓN DE LOS ALIMENTOS

(Cada familia ofrece en este momento lo que ha elaborado o quiere aportar para, una vez concluida la celebración, hacer una fiesta de la comunidad. La comida puede haber sido situada en el lugar donde se vaya a celebrar la fiesta, para que no se pierda mucho tiempo en los preparativos. Por eso, como ofrenda sería suficiente el mencionar lo que cada uno/a ha aportado, siempre que esto no se convierta en ningún tipo de alarde. Si hubiera este peligro o la posibilidad de poner en evidencia a las familias más pobres, sería suficiente con que el que preside ofreciera todo en general)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros y nosotras celebramos todo tipo de fiestas por los acontecimientos más señalados en las familias. Hoy queremos, juntos, festejar la alegría que nos produce el Nacimiento de tu Hijo y, por eso, hemos preparado la Navidad de nuestra comunidad. Así, queremos ofrecerte, hoy y como compromiso cara al futuro, la fraternidad.

PRESENTACIÓN DE LA COLECTA

(Este es el momento de realizar la colecta de este día, para que no decaiga el ritmo que toda celebración ha de tener, se puede entonar el canto del ofertorio que, otros días, aconsejamos se haga al finalizar las ofrendas. El resultado de la colecta será enviado a Cáritas o a un organismo similar)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Dios y Padre bueno, si queremos compartir entre nosotros y nosotras, en una fiesta de fraternidad, también lo queremos hacer con otras personas necesitadas que no conocemos, pues la Encarnación de tu Hijo Jesucristo nos abre a la fraternidad universal; de ahí que te ofrezcamos, de nuestra pobreza, esta pequeña muestra de solidaridad.

PRESENTACIÓN DE UNA MULTIOFRENDA

(Proponemos que todas las ofrendas hoy sean hechas por una familia: un hijo, una hija, el padre y la madre)

PRESENTACIÓN DE UNAS LLAVES

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco, en mi nombre y en el de toda la comunidad, estas llaves, y con ellas te queremos expresar nuestra disponibilidad a abrir los corazones, para que Tú entres dentro de ellos.

PRESENTACIÓN DE UNA ESCOBA

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo hoy una cosa tan sencilla como es esta escoba. Con ella te quiero expresar mis deseos, y los de toda la comunidad, de limpiar a fondo nuestros corazones, para que Tú puedas nacer en todos y cada uno de ellos.

PRESENTACIÓN DE UN BRASERO ENCENDIDO

(Previamente se ha preparado un brasero con unos pocos papeles, sobre los que quien va a hacer la ofrenda echa unas gotas de alcohol y prende la pequeña hoguera)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Con esta hoguera encendida, Señor, queremos simbolizar la situación de nuestros corazones, tras el nacimiento en ellos de tu Hijo: ardientes como ella, Señor, y dispuestos y dispuestas a calentar con nuestro amor a cuantas personas nos rodean.

PRESENTACIÓN DE UNA HOGAZA DE PAN Y UNA JARRA DE VINO

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo los símbolos de la Eucaristía, pero con el compromiso de plantar la mesa de la fraternidad en medio del mundo y de todos los hombres.

Comentario – 22 de diciembre

Lucas 1, 39-45

Espontáneamente también, María para expresar su oración utiliza fórmulas de «salmos» que sabe de memoria. Todas las frases del «Magníficat» están sacadas del Antiguo Testamento. Vemos aquí el clima habitual de la oración de María. Es una plegaria que hay que repetir la víspera de Navidad. 

Mi alma exalta al Señor, Mi espíritu exalta en Dios mi Salvador, (1 Samuel 2, 1) 

Gozo. Exultación. 

Un gozo teologal que viene de Dios. 

El se inclinó sobre su humilde sirvienta. (1 Samuel 1, 11) 

Pequeñez. Pobreza. Humildad. 

Cuando la madre de Dios vivía en la tierra, era una humilde sirvienta. No habitaba en Roma, la triunfante, ni en Atenas, la sabia, ni en Babilonia, la soberbia, ni aun en Jerusalén, la santa… sino en el rinconcito de un villorrio desconocido. 

Habéis oído decir: «a mí, me gusta la ciudad». Pues bien, María pasó toda su vida «en un pueblo». En los pueblos están los notables, las personas de primer rango, luego las gentes de mediana condición y los humildes, aquellos de los cuales nadie habla. ¡María era de éstos! Y Dios se inclino sobre ella. 

Desde ahora todas las generaciones me dirán bienaventurada (Génesis 30, 13) 

Se sabe pequeña y humilde, pero, no por ello tiene estrechez de espíritu. Lejos de ello. 

La mirada de María es amplia y lejana. Esta mujercita insignificante piensa en la humanidad entera. 

Las colinas que rodean su aldea no pueden cerrar su horizonte. 

¿Cuál es mi horizonte? 

El Poderoso hizo en mí maravillas. Santo es su nombre. 

Las maravillas de Dios. 

Continúan también hoy; a menudo encubiertas. Hay que detectarlas en lo profundo de lo cotidiano, de lo banal. 

Su amor se propaga de generación en generación sobre aquellos que le temen. (Salmo 103, 17) 

Dios es amor. 

Hay que abrirse a ese amor. Dios no lo impone.

Dispersa a los soberbios,
Derriba a los poderosos,
Despide a los ricos,    Enaltece a los humildes,

                                      Colma a los hambrientos,
Acoge a Israel. (Salmo 107, 9)
(Salmo 89, 11)
(Salmo 113, 7) 

Esta es la acción de Dios: humillar a los orgullosos, mostrarles su vacío… enaltecer a los pequeños, mostrarles su grandeza… 

Es la finalidad de un tema esencial del Antiguo Testamento: los «anawim», los pobres, son los preferidos por Dios. La «pobreza» es una disposición esencial del alma. Una copa ya llena no puede llenarse. Hay que estar vacío de sí mismo para acoger a Dios. El hombre muy seguro de sí, el hombre satisfecho, el que se las da de listo… no tiene nada que esperar.

Bienaventurados los pobres, dirá Jesús. Bienaventurados los pobres, nos dice ya su madre. Dios puede colmarlos, porque están a la espera, porque desean ser colmados. 

¿Soy un pobre? 

Se acuerda de su amor, de la promesa hecha a nuestros padres…(Salmo l8, 5). 

María sabe que con ella se va a colmar la espera de su pueblo. 

Dios no olvida. Tiene buena memoria. Es fiel. Mantiene su palabra.

Noel Quesson
Evangelios 1

¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?

Elementos que dinamizan la realidad de la familia cristiana

Dios presente

Para que la familia cristiana responda a su función, ha de ser el lugar donde se fomenta el cariño y respeto hacia todos; donde la comunicación, abierta y sincera, encamina a los hombres hacia la libertad; donde la presencia de Dios, se vive no en momentos puntuales y extraños, sino como alguien cuya cercanía se destaca en miles de detalles que lo hacen parte de la misma familia y, por eso, está presente en todos los acontecimientos y circunstancias.

Ámbito de misterio

Contexto donde el misterio de cada persona es apreciado y valorado tal como es, con la seguridad de que cada vida es una historia sagrada en la que hay que admitir, a veces, el desconcierto y la incertidumbre –“¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”-, pero sabiendo que se suavizan cuando en ella se favorece la comprensión y la escucha.

Sobre la base del amor

Valorar hoy la familia en cristiano no es estar en contra de nada ni de nadie. Es vivir desde un convencimiento: el amor, que viene de Dios, es la raíz de un proyecto humano-cristiano que da origen a esa minisociedad de donde surgen vínculos fuertes que enlazan a sus miembros para siempre y los inicia en una convivencia fructífera. Tiene como base el amor de unos progenitores cuyo objetivo es seguir fortaleciendo ese amor primero, de donde fluye un ambiente generador de confianza, cariño y seguridad. Equivale a responsabilizarse, también, de un proyecto que atraviesa el tiempo para dar sentido a una opción de fe hecha desde la libertad, la responsabilidad y la fidelidad. Frente a la cultura del individualismo, la soledad y la inestabilidad, la gran afirmación cristiana es que Dios es amor, que a la vida le da sentido el amor y que Dios nos ha pensado para nacer, crecer, vivir y morir en este nido de amor que es la familia.  Por eso, es preciso valorarlo y cuidarlo por encima de todo, ayudándole a madurar con el pasar de los días.

Postura cristiana ante las distintas realidades que hoy se viven en el ámbito familiar

Desde la familia hacerse persona

Creer en la familia es vivir la seguridad de que en ella es posible dar a las personas “raíces para crecer y alas para volar”. Así lo quiso Dios al hacernos como nos hizo.

Hoy miramos a la familia de Nazaret porque sigue siendo un referente para cuantos  seguimos creyendo en la familia como realidad querida por Dios, seguros de que es para todos bastión contra la soledad, el miedo y la desesperanza.

La familia, un gran proyecto que se construye en la fragilidad

Es conveniente en este día proclamar que, frente a las desafecciones, son muchas las familias que celebran con alegría el recuerdo de Nazaret, reflejando, dentro de los límites de la fragilidad humana, los valores que definieron a aquélla y manteniendo vivo el deseo de imitarla. A ellas hay que agradecerles su testimonio. Otras se sienten frágiles y desanimadas ante el ambiente que nos rodea y viven con temor ante el futuro. A ellas hay que acompañarlas y estimularlas. Otras viven la tristeza de un proyecto familiar roto. Junto a ellas hay que estar desde la comprensión y la amistad. Los fracasos nunca son definidores de una vida. Por eso, es necesario seguir alentando la esperanza de que un proyecto roto no es la última palabra a pronunciar desde una perspectiva cristiana.

Por eso es necesario mirar a la familia de Nazaret

La familia de Nazaret nos habla de una vida que se hace en medio de alegrías, también de dificultades. Éstas no impiden llevar a cabo el proyecto de Dios; al contrario, lo purifican y fortalecen, fomentando el crecimiento de quienes la integran. Renovar esos principios este día, es la forma de proclamar la actualidad entre nosotros de aquella Familia, que conocemos como ‘Sagrada’, y cuyo ejemplo sigue nutriendo un estilo de vida que quiere  dar continuidad a sus valores en este mundo nuestro. Como cristianos hemos de procurar que todas nuestras familias sean también ‘sagradas’.  Lo serán cuando dejemos que la presencia de Dios vaya definiendo nuestras relaciones, dejándonos llevar por la fuerza del Espíritu que Él ha garantizado a través del sacramento del matrimonio.

 Coda

En el día de la familia puede resultar interesante tener presente a los movimientos que, dentro de la Iglesia, intentan ayudar, apoyar, alentar la vida familiar en perspectiva cristiana. Un recuerdo para todos y una invitación a quienes deseen incorporarse a ellos: Encuentro Matrimonial, Equipos de Nuestra Señora y Movimiento Familiar Cristiano.

 Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.

Lc 2, 41-52 (Evangelio Sagrada Familia)

«Las cosas de mi Padre»

Esta escena del evangelio, “el niño perdido”, ha dado mucho que hablar en la interpretación exegética. Para los que hacen una lectura piadosa, como se puede hacer hoy, sería solamente el ejemplo de cómo Jesús es “obediente”. Pero la verdad es que sería una lectura poco audaz y significativa. El relato tiene mucho que enseñar, muchas miga, como diría algún castizo. Es la última escena de evangelio de la Infancia de Lucas y no puede ser simplemente un añadido “piadoso” como alguno se imagina. Desde el punto de vista narrativo, la escena de mucho que pensar. Lo primero que debemos decir que es hasta ahora Jesús no ha podido hablar en estos capítulos (Lc 1-2). Siempre han hablado por él o de él. Es la primera palabra que Jesús va a pronunciar en el evangelio de Lucas.

El marco de referencia: la Pascua, en Jerusalén, como la escena anterior del texto lucano, la purificación (Lc 2,22-40), dan mucho que pensar. Por eso no podemos aceptar la tesis de algunos autores de prestigio que se han aventurado a considerar la escena como un añadido posterior. Reducirla simplemente a una escena anecdótica para mostrar la “obediencia” de Jesús a sus padres, sería desvalorizar su contenido dinámico. Es verdad que estamos ante una escena familiar, y en ese sentido viene bien en la liturgia de hoy. El que se apunte a la edad de los doce años, en realidad según el texto podríamos interpretarlo “después de los doce”, es decir, los treces años, que es el momento en que los niños reciben su Bar Mitzvá (que significa=hijo del mandamiento) y se les considera ya capaces de cumplirlos. A partir de su Bar Mitzvá es ya adulto y responsable de sus actos y de cumplir con los preceptos (las mitzvot). No todos consideran que este simbolismo esté en el trasfondo de la narración, pero sí considero que se debe tener en cuenta. De ahí que se nos muestre discutiendo con los “los maestros” en el Templo, al “tercer día”. Sus padres –habla su madre-, estaban buscándolo angustiados (odynômenoi). En todo caso, las referencias a los acontecimientos de la resurrección no deben dejar ninguna duda. Este relato, en principio, debe más a su simbología de la pascua que a la anécdota histórica de la infancia de Jesús. Por eso mismo, la narración es toda una prefiguración de la vida de Jesús que termina, tras pasar por la muerte, en la resurrección. Esa sería una exégesis ajustada del pasaje, sin que por ello se cierren las posibilidades de otras lecturas originales. Si toda la infancia, mejor, Lc 1-2, viene a ser una introducción teológica a su evangelio, esta escena es el culmen de todo ello.

Las palabras de Jesús a su madre se han convertido en la clave del relato: “¿no sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Yo no estaría por la traducción “¿no sabíais que debo estar en la casa de mi padre?”, como han hecho muchos. El sentido cristológico del relato apoya la primera traducción. Jesús está entre los doctores porque debe discutir con ellos las cosas que se refieren a los preceptos que ellos interpretan y que sin duda son los que, al final, le llevarán a la muerte y de la muerte a la resurrección. Es verdad que con ello el texto quiere decir que es el Hijo de Dios,  de una forma sesgada y enigmática, pero así es. Como hemos insinuado antes, es la primera vez que Lucas hace hablar al “niño” y lo hace para revelar qué hace y quién es.  Por eso debemos concluir que ni se ha perdido, ni se ha escapado de casa, sino que se ha entregado a una causa que ni siquiera “sus padres” pueden comprender totalmente. Y no se diga que María lo sabía todo (por el relato de la anunciación), ya que el mismo relato nos dirá al final que María: “guardaba todas estas cosas en su corazón” (2,51). Porque María en Lc 1-2, no es solamente María de Nazaret la muchacha de fe incondicional en Dios, sino que también representa a una comunidad que confía en Dios y debe seguir los pasos de Jesús.

Y como la narración de Lc 2,41-52 da mucho de sí, no podemos menos de sacar otras enseñanzas posibles. Si hoy se ha escogido para la fiesta de la Sagrada Familia, deberíamos tener muy en cuenta que la alta cristología que aquí se respira invita, sin embargo, a considerar que el Hijo de Dios se ha revelado y se ha hecho “persona” humana en el seno de una familia,  viviendo las relaciones afectivas de unos padres, causando angustia, no solamente alegría, por su manera de ser y de vivir en momentos determinados. Es la humanización de lo divino lo que se respira en este relato, como en el del nacimiento. El Hijo de Dios no hubiera sido nada para la humanidad si no hubiera nacido y crecido en familia, por muy Hijo de Dios que sea confesado (cosa que solamente sucede a partir de la resurrección). Aunque se deja claro todo con “las cosas de mi Padre”, esto no sucedió sin que haya pasado por nacer, vivir en una casa, respetar y venerar a sus padres y decidir un día romper con ellos para dedicarse a lo que Dios, el Padre, le pedía: anunciar y hacer presente el reinado de Dios. Es esto lo que se preanuncia en esta narración, antes de comenzar su vida pública, en que fue necesario salir de Nazaret, dejar su casa y su trabajo… Así es como se ocupaba de las cosas del Padre.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Col 3, 12-21 (2ª lectura Sagrada Familia)

Los valores de una familia cristiana

La lectura de este domingo es de Colosenses y está identificada en gran parte como un “código ético y doméstico”, porque nos habla del comportamiento de los cristianos entre sí, en la comunidad. Lo que se pide para la comunidad cristiana -misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia-, para los que forman el “Cuerpo de Cristo”, son valores que, sin mayor trascendencia, deben ser la constante de los que han sido llamados a ser cristianos. Son valores de una ética que tampoco se pueda decir que se quede en lo humano. No es eso lo que se puede pedir a nivel social. Aquí hay algo más que los cristianos deben saber aportar desde esa vocación radical de su vida. La misericordia no es propio de la ética humana, sino religiosa. Es posible que en algunas escuelas filosóficas se hayan pedido cosas como estas, pero el autor de Colosenses está hablando a cristianos y trata de modificar o radicalizar lo que los cristianos deben vivir entre sí; de ello se deben “revestir”.

El segundo momento es, propiamente hablando, el “código doméstico” que hoy nos resulta estrecho de miras, ya que las mujeres no pueden estar “sometidas” a sus maridos. Sus imágenes son propias de una época que actualmente se quedan muy cortas y no siempre son significativas. Todos somos iguales ante el Señor y ante todo el mundo, de esto no puede caber la menor duda. El código familiar cristiano no puede estar contra la liberación o emancipación de la mujer o de los hijos. Por ser cristianos,  no podemos construir una ética familiar que esté en contra de la dignidad humana. Pero es verdad que el código familiar cristiano debe tener un perfil que asuma los valores que se han pedido para “revestirse” y construir el  “cuerpo de Cristo”, la Iglesia. Por tanto, la misericordia, la bondad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia, que son necesarias para toda familia, lo deben ser más para una familia que se sienta cristiana. Si los hijos deben obedecer a sus padres, tampoco es por razones irracionales, sino porque sin unos padres que amen y protejan, la vida sería muy dura para ellos.

Fray Miguel de Burgos Núñez

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

El Niño perdido y hallado en el templo – Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando trerminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jersusalén , sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: – Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. El les contestó: -¿Por qué me buscábais ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. El bajó con ellos a Nazaret y siguó bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres

Explicación

Jesús y sus padres iban a Jerusalén cada año, en peregrinación. Y el año que Jesús cumplió doce, ocurrió algo singular. Después de pasar los días previstos en Jerusalén, y comenzado el regreso a Nazaret, a Jesús le echaron en falta en la caravana con la que volvían a casa sus familiares y amigos. María y José seguros de que el niño no iba con ellos, dieron la vuelta a Jerusalén, y después de bastante tiempo le encontraron en el Templo, hablando con personas mayores, muy entendidas en asuntos de La ley y la religión de los judíos. Estaban admirados de sus palabras. María le dijo : Hijo, ¿por qué nos tratas así? Y Jesús le contestó : ¿No sabéis que debo estar pendiente de las cosas de mi Padre? No le entendieron muy bien lo que quiso decirles. Pero Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió a su lado, creciendo en edad, saber y bondad.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Eclo 3, 3-7; 14-17 (1ª lectura Sagrada Familia)

El misterio creador de ser padres

La primera lectura de este domingo está tomada del Ben Sirá  o Eclesiástico. Tener un padre y una madre es como un tesoro, decía la sabiduría antigua, porque sin padre y sin madre no se puede ser persona. Por eso Dios, a pesar de que lo confesamos como Omnipotente y Poderoso, no se encarnó, no se acercó a nosotros  sin ser hijo de una madre. Y también aprendió a tener un padre. La familia está formada por unos padres y unos hijos y nadie está en el mundo sin ese proceso que no puede reducirse a lo biológico. No tenemos otra manera de venir al mundo, de crecer, de madurar y ello forma parte del misterio de la creación de Dios. Por eso el misterio de ser padres no puede quedar reducido solamente a lo biológico. Eso es lo más fácil, y a veces irracional, del mundo. Ser padres, porque se tienen hijos, es un misterio de vida que los creyentes sabemos que está en las manos de Dios.

Como el relato de Lucas estará centrado en la respuesta de Jesús a “las cosas de mi Padre”, se ha tenido en cuenta el elogio del padre humano de Jesús, que no es otro que José, tal como se le conocía perfectamente en Nazaret. Aunque Jesús, o Lucas más bien, ha querido decir que el “Padre” de Jesús es otro, no se quiere pasar por alto el papel del “padre humano” que tuvo Jesús en Nazaret. Incluso la arqueología nos muestra esa casa de José dónde se llevó a María; donde Jesús vivió con ellos hasta que, contando como con unos treinta años, abandonó su hogar para dedicarse a la predicación del Reino de Dios; donde posteriormente se reúne una comunidad judeo-cristiana para vivir sus experiencia religiosas.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Comentario al evangelio – 22 de diciembre

El canto del “Magnificat”, otra vez. Lo hemos escuchado muchísimas veces. Pero, esta vez, en Adviento, y a las puertas de la Navidad, debería sonar de otro modo. Porque la Palabra de Dios es siempre viva y eficaz. Y tiene su propia forma de llamar a nuestra puerta, a la puerta de nuestro corazón.

A mí me suena a anticipo de lo que, en algún momento, espero poder disfrutar plenamente. La promesa de un mundo mejor, donde reinará la justicia que, por ahora, no vemos en el tiempo en que vivimos. María se siente privilegiada, porque ha sentido en su carne lo que significa sentirse querida, mimada por Dios.

Pero eso no la convierte en una privilegiada, en alguien separada de nosotros, los pobres mortales. Al revés, es un espejo, donde todos podemos mirarnos. Es la primera de los discípulos, pero no la única discípula. Todos somos discípulos, y todos estamos llamados a sentir que Dios ha hecho cosas grandes por cada uno de nosotros.

Puede ser un buen día para revisar esos momentos en los que hemos visto a Dios caminando a nuestro lado. Recordar (volver a pasar por el corazón, con agradecimiento) y darle gracias por su presencia en nuestra vida. Quizá hayan sido momentos duros, pero en los que Dios ha ido sufriendo y compadeciéndose de nosotros. O momentos buenos, felices, en los que Él se encontraba cerca. Cada uno sabrá. Podría ser bonito, en nuestra oración, componer nuestro propio “Magnificat”, nuestro propio canto de acción de gracias. Rezar con experiencias de nuestra vida, por las que se puede – y también se debe – dar gracias a Dios. Y prepararse para lo que viene, con un calorcito agradecido en el corazón.

En la primera lectura, hemos visto cómo Ana entregó a su hijo al Señor, agradecida por haberlo podido concebir. Puedes pensar también qué ofrecer a Dios para agradecerle todo lo que ha hecho por ti.

“María se quedó tres meses”. Estuvo ayudando a su prima, hasta que le llegó la hora de dar a luz. Tú, quizá no puedas estar tres meses en un mismo sitio ayudando, pero quizá sí puedas ayudar a alguien un poco. No dejes de pensarlo.

Hoy en España se celebra un sorteo de lotería que, de alguna forma, inaugura la Navidad. Se esperan los resultados del sorteo con mucha ilusión, a ver si toca algo. Ojalá esperemos con más ilusión todavía al Niño Jesús. Porque a nosotros nos ha tocado ya seguro.

Alejandro Carbajo, cmf

Meditación – 22 de diciembre

Hoy es 22 de diciembre, feria mayor de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 46-56):

En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

Hoy, todavía en casa de Isabel y Zacarías, escuchamos el «Magnificat», este gran poema que nos llega de los labios, mejor dicho, del corazón de María, inspirado por el Espíritu Santo. «Mi alma engrandece —»magníficat»— al Señor»; ahí se expresa todo el programa de su vida: no ponerse Ella en el centro, sino dar espacio a Dios. María es grande precisamente porque no quiso hacerse grande a sí misma. Ella sabe que sólo si Dios es grande también el hombre es grande.

El «Magnificat» es del todo original, pero, al mismo tiempo, es un «tejido» bordado con «hilos» del Antiguo Testamento, hecho de la Palabra de Dios. Entonces captamos que María estaba como «en su casa»: vivía de la Palabra de Dios y estaba impregnada de ella. La penetraba la sabia luz divina, y por eso era tan noble, tan bondadosa, tan radiante de amor.

—»Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones»: ¡bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús!

REDACCIÓN evangeli.net