Comentario – 22 de diciembre

Lucas 1, 39-45

Espontáneamente también, María para expresar su oración utiliza fórmulas de «salmos» que sabe de memoria. Todas las frases del «Magníficat» están sacadas del Antiguo Testamento. Vemos aquí el clima habitual de la oración de María. Es una plegaria que hay que repetir la víspera de Navidad. 

Mi alma exalta al Señor, Mi espíritu exalta en Dios mi Salvador, (1 Samuel 2, 1) 

Gozo. Exultación. 

Un gozo teologal que viene de Dios. 

El se inclinó sobre su humilde sirvienta. (1 Samuel 1, 11) 

Pequeñez. Pobreza. Humildad. 

Cuando la madre de Dios vivía en la tierra, era una humilde sirvienta. No habitaba en Roma, la triunfante, ni en Atenas, la sabia, ni en Babilonia, la soberbia, ni aun en Jerusalén, la santa… sino en el rinconcito de un villorrio desconocido. 

Habéis oído decir: «a mí, me gusta la ciudad». Pues bien, María pasó toda su vida «en un pueblo». En los pueblos están los notables, las personas de primer rango, luego las gentes de mediana condición y los humildes, aquellos de los cuales nadie habla. ¡María era de éstos! Y Dios se inclino sobre ella. 

Desde ahora todas las generaciones me dirán bienaventurada (Génesis 30, 13) 

Se sabe pequeña y humilde, pero, no por ello tiene estrechez de espíritu. Lejos de ello. 

La mirada de María es amplia y lejana. Esta mujercita insignificante piensa en la humanidad entera. 

Las colinas que rodean su aldea no pueden cerrar su horizonte. 

¿Cuál es mi horizonte? 

El Poderoso hizo en mí maravillas. Santo es su nombre. 

Las maravillas de Dios. 

Continúan también hoy; a menudo encubiertas. Hay que detectarlas en lo profundo de lo cotidiano, de lo banal. 

Su amor se propaga de generación en generación sobre aquellos que le temen. (Salmo 103, 17) 

Dios es amor. 

Hay que abrirse a ese amor. Dios no lo impone.

Dispersa a los soberbios,
Derriba a los poderosos,
Despide a los ricos,    Enaltece a los humildes,

                                      Colma a los hambrientos,
Acoge a Israel. (Salmo 107, 9)
(Salmo 89, 11)
(Salmo 113, 7) 

Esta es la acción de Dios: humillar a los orgullosos, mostrarles su vacío… enaltecer a los pequeños, mostrarles su grandeza… 

Es la finalidad de un tema esencial del Antiguo Testamento: los «anawim», los pobres, son los preferidos por Dios. La «pobreza» es una disposición esencial del alma. Una copa ya llena no puede llenarse. Hay que estar vacío de sí mismo para acoger a Dios. El hombre muy seguro de sí, el hombre satisfecho, el que se las da de listo… no tiene nada que esperar.

Bienaventurados los pobres, dirá Jesús. Bienaventurados los pobres, nos dice ya su madre. Dios puede colmarlos, porque están a la espera, porque desean ser colmados. 

¿Soy un pobre? 

Se acuerda de su amor, de la promesa hecha a nuestros padres…(Salmo l8, 5). 

María sabe que con ella se va a colmar la espera de su pueblo. 

Dios no olvida. Tiene buena memoria. Es fiel. Mantiene su palabra.

Noel Quesson
Evangelios 1