Notas para fijarnos en el Evangelio

• Estamos al final de los dos capítulos–prólogo de Lucas. En el capítulo 2 hemos visto el nacimiento y manifestación –a los pastores y al templo– de Jesús. Ahora Lucas nos ofrece una escena que no tiene ninguna relación con las anteriores. Y es la única de todos los Evangelios que nos habla de Jesús en esta edad (42).

• Como en todos los Evangelios denominados de la infancia, hace falta leer esta escena como preludio de lo que vendrá después en el grueso de la obra. En este caso, la relación de Jesús con la fe de su pueblo, simbolizada en “los maestros de la ley” (46) y el “templo” (46), y su relación con “el Padre” (49). Sobre esta relación con el Padre, por ejemplo, démonos cuenta que Lucas, en su Evangelio, hace que Jesús diga este nombre, Padre, la primera y la última vez que abre la boca: Lc 2, 49 y Lc 23, 46.

• La escena tiene lugar al templo, “casa de mi Padre” (49): se nos anticipa simbólicamente el objetivo de la misión de Jesús: conducir a los discípulos, a todo el mundo que lo quiera seguir, ver al Padre. Todo el Evangelio de Lucas expresa esta misión con el simbolismo de Jerusalén y del templo y del camino que trae (Lc 9, 51; 9, 57ss; 24, 53).

• “Se maravillan de… sus respuestas” (47): el evangelista nos anticipa que la enseñanza marcará el ministerio de Jesús (Lc 4,22.32.36; 19,47). En el Magníficat (Lc 1,46-54) ya se anticipaba que la acción de Dios que se realiza en Jesús provoca esta reacción, “se maravillan”. Así el evangelista invita a sus lectores – también a nosotros– a escuchar Jesús y a maravillarse de su enseñanza.

• Jesús es el Hijo de Dios (49). El Padre es su prioridad (Lc 14,26). Todo el resto, la misma relación de familia, es enriquecida por este misterio (Lc 8,19-21).

• José y María, “sus padres” (41), que no comprenden el misterio de Jesús (50), aparecen como discípulos. Los discípulos, a lo largo del camino, no se dan cuenta de cuál es realmente el designio de Dios; se les abrirán los ojos al final, cuando Jesús resucitado los instruirá (Lc 24,45-46). Durante el camino reaccionan a menudo con la incomprensión y, a veces, incluso con el miedo (Lc 9,45; 18,34; 24,25-26).

• Todos los discípulos estamos llamados a hacer procesos, a hacer camino: sólo la luz de la Pascua (Lc 24,31) nos ayudará a comprender este misterio. Mientras tanto nos hace falta hacer como Maria, “su madre”, que “conservaba todo esto en su corazón” (51), como la tierra buena que acoge la Palabra con corazón bueno y generoso y llega a dar fruto (Lc 8,15).

• “Bajó con ellos a Nazaret y les era obediente” (51): el Hijo de Dios vive la vida humana del todo, es un más entre los chicos de su pueblo.