Aproximarnos al Modelo

En un famoso concurso culinario de televisión, una de las pruebas consiste en reproducir un plato de algún chef conocido. Se ofrece a los concursantes una imagen de dicho plato, como modelo, y se les indican los ingredientes y los pasos a seguir para reproducirlo. Esto no es nada fácil, hay que adquirir los ingredientes necesarios y a veces falta alguno, hay que saber combinarlos, respetar los tiempos de cocinado… por lo que a menudo no se consigue reproducir fielmente el modelo propuesto, y gana aquél concursante que más se haya aproximado al mismo.

Hoy estamos celebrando la fiesta de la Sagrada Familia, el Modelo de la familia cristiana, y se nos pide a quienes somos y formamos la Iglesia que lo reproduzcamos, como en el concurso culinario.

Los “ingredientes” sabemos cuáles son: Jesús, María y José. Pero tenemos prefijada una imagen de la Sagrada Familia, transmitida en cuadros y estampas: María y José, pulcramente vestidos con el Niño de pelo rizado y rubio y con ojos azules, en un ambiente hogareño y apacible, en una carpintería en la que no hay serrín por el suelo ni virutas de madera sueltas…

Y a menudo, como en el concurso culinario, nos resulta muy difícil, imposible, reproducir ese modelo: unas veces porque nos falta alguno de los “ingredientes humanos”, por circunstancias de la vida; otras veces porque, aunque estemos todos los “ingredientes humanos”, no sabemos combinarnos bien; otras veces porque la realidad de nuestro día a día dista mucho de esa imagen de sosiego y armonía que vemos en las imágenes… Y pensamos que nunca lo podremos reproducir.

Pero es que esas imágenes que tenemos prefija- das no se ajustan al Modelo que es la Sagrada Familia. Por eso, la fiesta de hoy es una llamada a fijarnos en lo que sabemos con certeza de la Sagrada Familia por el Evangelio, para descubrir el verdadero Modelo que debemos reproducir.

José era un trabajador manual, un carpintero, por lo que era pobre, iba vestido como un trabajador cualquiera, tenía las manos callosas, sudaba y se cansaba trabajando, su vivienda era muy corriente, el serrín y virutas estaban por todas partes, y se preocupaba por cómo sacar adelante a su familia.

María era un ama de casa, que cocinaba y limpiaba y hacía la colada, por lo que se cansaba y sus manos no eran tersas y suaves, y también iba vestida con la sencillez de una mujer del pueblo llano.

Jesús era un niño como cualquier otro de su entorno humilde, tendría los rasgos propios de su raza en cuanto a tez y color del pelo, y también hizo sus trastadas, como hemos escuchado en el Evangelio: se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres.

Por eso, la Sagrada Familia vivió tensiones y conflictos entre sus miembros, también lo hemos escuchado: ¿Por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados. ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Si nos fijamos bien, todo esto dista bastante de esa imagen idealizada de las estampas y cuadros, y ya nos acerca bastante al Modelo real que debemos procurar reproducir; pero aun así, nos sigue costando hacerlo: unas veces porque nos falta alguno de los “ingredientes humanos”, por diferentes razones; otras veces porque no sabemos cómo afrontar las tensiones y conflictos.

Por eso, esta fiesta nos recuerda lo que es el “Ingrediente” básico que distinguía a la Sagrada Familia y por el cual es nuestro Modelo a reproducir: y ese Ingrediente es Dios. Por la presencia de Dios en su familia, Jesús, tras su escapada, bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Por la presencia de Dios, María conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. La presencia de Dios es lo que hace que, con el tiempo y respetando los procesos humanos, se “cocine” el Modelo que es la Sagrada Familia para nosotros.

Estamos llamados a reproducir este Modelo, pero desde la realidad, la de la Sagrada Familia y la nuestra. Quizá nos falten algunos “ingredientes humanos”, quizá no sepamos cómo solventar algunos conflictos… pero la fiesta de hoy nos recuerda que el Ingrediente que no debe faltarnos es Dios. Él hace que nuestras familias, aunque no reproduzcan a la perfección el Modelo de Jesús, María y José, se aproximen a Ellos y ofrezcan a todos la riqueza que es la familia cristiana.