Comentario – Sagrada Familia

(Lc 2, 41-52)

La familia de Jesús era ciertamente una familia piadosa, eran símbolo de los pobres de Yavé, ese resto fiel que Dios usa como instrumento para hacer llegar la salvación a su pueblo. Ellos iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Pero este texto nos presenta una situación conflictiva.

Después de un día de camino de regreso se dan cuenta de que Jesús no estaba en la caravana, entre los parientes y conocidos. Este detalle nos muestra a una familia plenamente integrada, en la cual el niño podía pasarse un día entero entre la multitud de la caravana, paseando entre los parientes y conocidos. Así se nos invita a preguntarnos si nuestra vida en familia está abierta a la sociedad, o es sólo una pequeña isla que nos aleja y nos separa del mundo.

Pero después de un día sin verlo, sus padres comienzan a buscarlo, y a los tres días lo encuentran en el templo, dialogando con los maestro judíos. De esta manera se manifiesta la sabiduría que Jesús recibía de su Padre celestial.

María dirige a Jesús su reproche y le expresa su angustia, donde se revela como una mujer completamente normal, lo cual no contradice el profundo espíritu de fe que se manifiesta en 1, 39-55. Ella no necesita reprimir sus preguntas para ser una mujer de fe, de adoración y de obediencia.

La respuesta de Jesús: “yo debía estar en la casa de mi Padre”, muestra que Jesús debe cumplir una misión del Padre, con el cual tiene una relación única, aunque María todavía no pueda comprender todo lo que implica esa misión. Por eso mismo” una espada atravesará su corazón” (2, 35). Sin embargo, hecha esta aclaración, Jesús no reniega de sus deberes de hijo, de miembro de una familia, de manera que “volvió a Nazaret y vivía sujeto a ellos” (2, 51).

Y su madre, lejos de vivir superficialmente todo lo que iba sucediendo, “conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”.

Oración:

“Enséñame, Jesús a vivir en profundidad mi vida familiar, a guardar cuidadosamente en el corazón los acontecimientos de mi familia como lo hacía María. Ayúdame a darles un significado y un valor trascendente a las cosas que nos sucedan”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día