Comentario – San Juan Evangelista

Jn 20, 2-8

Todo es coherente en los misterios de Cristo. Anteayer festejábamos la Encarnación. 

Ayer evocamos la Redención y la cruz a través del martirio de San Esteban. Hoy meditaremos sobre la Resurrección, a través del testimonio de San Juan. 

Efectivamente, la Iglesia insiste en que no nos quedemos en el «Jesusito». La fiesta misma de Navidad no es un infantilismo: sólo la FE nos permitirá interpretar y superar los «signos» materiales para acceder al «misterio» que se esconde detrás de este niño recostado en un pesebre. 

El día de Pascua, por la mañana, María Magdalena echó a correr en busca de Simón Pedro y el otro discípulo, aquel que Jesús amaba… 

De modo que Juan se caracteriza a sí mismo como: «el discípulo amado». ¡Qué audacia! Probablemente esto se traslucía, hasta llegar a provocar algún sentimiento de envidia, en el grupo de los doce (Juan 21, 22-23) Pedro se extrañaba de esta preferencia de Jesús respecto a Juan.

Los designios de Dios son misteriosos e incomprensibles: 

cada uno de los hombres recibe una vocación única… 

— Pedro ha recibido la vocación del «Primado» en el colegio de los Doce. 

— Juan ha recibido la vocación de ser «aquel que Jesús amaba ¿No encontraríamos en estos dos papeles, dos aspectos siempre necesarios en la Iglesia?: 

— funciones de responsabilidad en las estructuras de Iglesia… 

  • funciones de animación interior en la Iglesia.

¡Señor! que todos sepamos aceptar los «papeles» que Tú quieras asignarnos. Ayúdanos a no hacer comparaciones y a saber valorar toda vocación. La más «vistosa», la más «escondida»… ambas son necesarias.

Pedro y Juan corrían juntos hacia el sepulcro. Juan corrió más aprisa y llegó primero, pero no entró. Llegó tras el Simón Pedro y entró en el sepulcro. 

Hay ciertamente en estos detalles una intención del evangelista. 

Quiere poner a Pedro en primer término. 

Evidentemente, Juan quiere respetar el papel de Simón Pedro, aquel que Jesús le ha conferido. «Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia.» Juan se esfuma. 

En la Iglesia no se escogen los papeles. Se reciben de Dios. 

Hay aquí un acto de fe. 

¿Considero así los ministerios en la Iglesia?

Y fue entonces cuando entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó. 

¿Qué es lo que vio? ¿Qué signo lo llevó a creer? «Vio el sudario allí y el lienzo que había cubierto la cabeza no estaba junto al sudario sino plegado aparte en su lugar.» ¡Pobres signos! Signos humildes y modestos. 

Al ver la piedra del sepulcro corrida, pensó sin duda en la posibilidad de un robo. Pero viendo los lienzos mortuorios bien plegados y colocados en su sitio, empezó a «creer» en la resurrección. ¡Cuán bueno es para nosotros leer estos humildes detalles que los testigos directos nos dan! En nuestras vidas, también para nosotros existen «signos» que Dios nos presenta. 

Ayúdanos, Señor, a interpretarlos. ¿Cuáles son los humildes signos que Dios presenta actualmente en mi vida, a fin de que crezca mi fe?

Noel Quesson
Evangelios 1