Lectio Divina – Día V dentro de la Octava de Navidad

UNA ESPADA TE ATRAVESARÁ EL ALMA

1.-Oración introductoria.

Hoy quiero hacer mi oración muy cerca de María. Me impresionan mucho las palabras que le dijo Simeón: “Una espada atravesará tu alma”. María vivió siempre con el “alma atravesada”. Es la espada cruel de la “sospecha”. Sabe que su Hijo no va a terminar bien y sospecha que la muerte le puede venir en cualquier momento. Señor, hoy te pido por tantas madres que sufren en silencio los fines de semana, cuando los hijos están por la noche fuera de casa. Siempre sospechan lo peor. ¿Vendrá o no vendrá?  Acuértate, Señor, del sufrimiento de tantas madres.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Lucas 2, 22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, y una espada te atravesará el alma a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.

3.- Lo que dice la Palabra.

Meditación-reflexión.

Una de las mejores alabanzas que le dice la Biblia a Simeón es que “En él estaba el Espíritu Santo”. Como estaba también en María, la madre de Jesús. Al Espíritu Santo se le compara con el viento.  Y  el viento es “aire en movimiento”. El Espíritu no está parado, está siempre moviéndose, inspirando, sugiriendo, elevándonos hacia lo alto, lo bello, lo auténtico, lo maravilloso. Me imagino que el Niño Jesús pasaría por las manos de los sacerdotes y encargados del templo “como un niño más”. Pero al llegar a las manos de Simeón, este ancianito se estremece, se llena de gozo y hasta llega a perder el miedo a morir. “Ahora ya puedo morir tranquilo”. Todos los días Jesús en la Eucaristía pasa por nuestras manos, por nuestra garganta, y llega a nuestro corazón. ¡Y no pasa nada!…  Situviéramos la fe de Simeón nos llenaríamos de asombro, caeríamos de bruces ante esa “enormidad”. Y nos quedaríamos un buen rato “adorando” “amando” “alabando” “agradeciendo”.

Palabra autorizada del Papa Francisco

“El Pueblo de Dios es invitado en cada época histórica a contemplar esta luz. Luz que quiere iluminar a las naciones. Así, lleno de júbilo, lo expresaba el anciano Simeón. Luz que quiere llegar a cada rincón de esta ciudad, a nuestros conciudadanos, a cada espacio de nuestra vida. “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”. Una de las particularidades del pueblo creyente pasa por su capacidad de ver, de contemplar en medio de sus “oscuridades” la luz que Cristo viene a traer. Ese pueblo creyente que sabe mirar, que sabe discernir, que sabe contemplar la presencia viva de Dios en medio de su vida, en medio de su ciudad. Con el profeta hoy podemos decir: el pueblo que camina, respira, vive entre el “smog”, ha visto una gran luz, ha experimentado un aire de vida. […]¿Cómo es esta luz que transita nuestras calles? ¿Cómo encontrar a Dios que vive con nosotros en medio del “smog” de nuestras ciudades? ¿Cómo encontrarnos con Jesús vivo y actuante en el hoy de nuestras ciudades pluriculturales?” (Homilía de S.S. Francisco, 26 de septiembre de 2015).

4.- Qué me dice a mí este texto. (Silencio).

5.-Propósito. Celebrar hoy  la Eucaristía como si fuera la última de mi vida.

 6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, Simeón y Ana esperaron toda la vida para verte y yo tengo la suerte de tenerte presente cada día por la gracia y de una manera especial en la celebración de la Eucaristía.  Ayúdame a valorar esta presencia tuya de modo que cada mañana mi corazón quede estremecido y esta  presencia tuya me acompañe a lo largo de todo el día.

Comentario – Día V dentro de la Octava de Navidad

Lc 2, 22-35

Cumplido el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés… 

Aun siendo Dios, Jesús sigue las leyes humanas.

Me entretengo contemplando largamente esta humildad profunda, de la que San Pablo dirá que es un «anonadamiento», una «kenosis». (Filipenses, 2, 7) No ponerse en la excepción. No querer privilegios. Aceptar en profundidad los contratiempos banales, las servidumbres sin gloria. 

Los padres de Jesús llevaron al niño a Jerusalén, para presentarlo al Señor. 

No creemos lo que vemos ni lo que oímos. 

Veamos, Lucas, ¿qué estás diciendo? Para «presentarlo al Señor», Pero, El mismo, ¿no es el Señor? Sí, «El que era de condición divina, no mantuvo ávidamente su igualdad con Dios, sino que se anonadó tomando la condición humana, viniendo a ser semejante a los hombres, y, reconocido como un hombre por su aspecto, se humilló». De momento no hay nada que indique su divinidad. Es un niño pequeño como todos los niñitos judíos, ¡cuyos padres van a «presentarlo» a Dios! 

Iban para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos como está ordenado en la ley del Señor. 

Seamos curiosos de vez en cuando. Vamos pues a leer ese texto de la Ley en el libro del Levítico, 12, 8. En él leemos: «Si la madre no puede encontrar la suma necesaria, coste de una pequeña res, ofrecerá dos tórtolas o dos palominos». Así pues, se trataba de la ofrenda de los pobres.

María no pudo ofrecer nada más valioso. 

Esto es pues lo que puede entenderse si uno sabe leer entre líneas el evangelio. ¡Y ella es la «madre de Dios»! Gracias, Señor, por todos los pobres que pueden verdaderamente reconocerte como su hermano.

Simeón, hombre justo y religioso, esperaba la «consolación de Israel». El Espíritu le había revelado que no había de morir antes de ver el Mesías. Inspirado por el Espíritu Simeón vino al Templo. 

Me imagino a este anciano. 

Camina hacia la muerte. Piensa en su muerte. No parece estar triste. Es un varón justo y religioso. Es espiritual; está investido por el Espíritu de Dios. Se deja guiar. Dios le conduce, como de la mano, hacia el Templo. 

Señor, quisiera cerrar mis ojos, y tomar tu mano, como el niño que juega a dejarse conducir por su padre. 

Bendijo a Dios. 

A lo largo del día, los judíos tenían la costumbre de pronunciar varias bendiciones. Los más piadosos, diestros en este hábito ritual, debían sin cesar elevar hacia Dios breves plegarias: «Bendito seas, Señor». 

¿Tengo yo también esta costumbre? 

Y dijo a María, su madre: «Este Niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel; y para ser el blanco de las contradicciones. Una espada traspasará tu corazón, para que se descubran los pensamientos secretos en los corazones de muchos…» 

La salvación, será fruto del sufrimiento. 

Y María participa en el. 

¿Cómo participo en ese mismo misterio de la redención por la cruz? 

Mis ojos han visto a su Salvador: luz para alumbrar las naciones paganas y gloria de su pueblo Israel. 

Salvación universal que desborda las fronteras del pueblo elegido.

Noel Quesson
Evangelios 1

Oración II Domingo después de Navidad

ORACIÓN EN FAMILIA
II DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD

 Monición

Dios quiere acercarse a cada uno de nosotros, quiere unirse a cada hombre a través de su hijo, para comunicarnos su vida y su alegría. Es un Dios con nosotros, que nos ama, que camina con nosotros y nos dona el espíritu de la verdad para que podamos encontrarnos con Él, ahora, y al final de nuestro camino terreno.

Hoy, en los primeros días de este nuevo año, los que estamos celebrando en cristiano la Encarnación de Dios en nuestra historia, tenemos motivos para llenarnos de alegría y empezar el año en la confianza. El Dios-con-nosotros, sigue siendo la base de nuestra fiesta.

Lectura del Evangelio según san Juan (Jn 1, 1-18)

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra de Dios

Reflexión

Celebrar la Navidad quiere decir que no estamos viviendo en la tiniebla, porque Dios nos ha iluminado con su Palabra, con su Sabiduría, con su Verdad, con el nacimiento del hijo. Tengamos siempre presente a la Virgen María, ella respondió al anuncio del ángel con unas palabras que son todo un programa para nosotros: «hágase en mí según tu Palabra». Y la Palabra de Dios, Cristo Jesús, la llenó con su gracia. También nosotros somos invitados, en esta Navidad, a dejarnos llenar de esa misma Palabra: Jesús encarnado. Si le aceptamos en verdad también sucederá para nosotros lo que el evangelio de hoy nos anunciaba: viviremos en la luz.

Canto https://youtu.be/NbaglVidK5Y

Dime Niño,
¿de quién eres, todo vestido de blanco?
“Soy de la Virgen María y del Espíritu Santo”.
“Soy de la Virgen María y del Espíritu Santo”.

RESUENEN CON ALEGRÍA
LOS CÁNTICOS DE MI TIERRA
Y VIVA EL NIÑO DE DIOS
QUE HA NACIDO EN NOCHEBUENA (BIS).
LA NOCHEBUENA SE VIENE, TURURU,
LA NOCHEBUENA SE VA,
Y NOSOTROS NOS IREMOS, TURURU,
Y NO VOLVEREMOS MAS.

Dime, Niño,
¿de quién eres y si te llamas, Jesús?
“Soy amor en el pesebre y sufrimiento en la cruz”.
“Soy amor en el pesebre y sufrimiento en la cruz”.

Oración

Señor Dios, Padre nuestro, estamos rodeados de ruidos y voces. Estamos cansados de escuchar palabras sin verdad, sin el calor de la intimidad personal, sin la eficacia del amor comprometido. Tú, Señor, nos hablas con una Palabra nueva. Por eso queremos escucharte. Porque tu Palabra nos muestra la verdad, nos revela la eficacia de tu amor, nos ofrece la participación de tu misma vida. Dios Padre nuestro, que tu Palabra se haga carne en nuestras vidas. Te ofrecemos un corazón pobre y abierto. Siembra en nosotros tu Palabra, que tu Espíritu Santo la haga fecunda, como en el seno de María, la Virgen y Madre de Jesús. Y seremos en el mundo el eco de tu voz, la proclamación de tu Evangelio. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Prólogo de Juan – Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Paalabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad….

Explicación

Por medio de Jesús, Dios no ha hablado de un modo especial, y por eso decimos que Jesús es la mejor Palabra de Dios. Esa palabra se hizo humanidad en el niño nacido de María de Nazaret. Unos le acogieron y otros le rechazaron. Y a cuantos le recibieron les ha descubierto que son hijos amados de Dios y que tienen un Padre estupendo. Quienes rechazaron a Jesús, no lo podrán saber, pero con todo, también ellos son hijos queridos de Dios. Lo cierto es que Dios vino a vivir con nosotros, a través de Jesús. Eso quiere decir que puso su tienda entre nosotros. Se hizo muy cercano. Cada año en la Navidad lo recordamos de modo especial y con alegría hacemos una fiesta grande.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Día V dentro de la Octava de Navidad

La Palabra de hoy nos presenta lo que podríamos llamar un “personaje secundario” de los Evangelios, que sin embargo puede ser un icono de una vida lograda. Se trata del anciano Simeón.

Simeón era un “hombre justo y piadoso”. Desde ese dato podemos imaginar que, como tantos hombres y mujeres de aquél tiempo –y de todos los tiempos-, había vivido una vida más o menos sencilla, con sus luces y sombras, con sus certezas y dudas, en acogida de Dios y en servicio humilde hacia los demás. “Una buena persona”, “un hombre de Dios”, podrían comentar de él sus vecinos. Seguro que algunos simpatizaban más con él que otros, que ya se sabe que siempre pasa. Pero no tenía grandes enemigos declarados. Porque en su corazón había siempre un lugar para el perdón y la reconciliación. Quizá porque él también necesitó ser reconciliado y perdonado en más de una ocasión. Y era de los que, en medio de la confusión del mundo -en su época y en todas las épocas- no había perdido la esperanza. Y “aguardaba el consuelo de Israel”. Con una profunda confianza en el Dios en cuyas manos vivimos, nos movemos y existimos. Este es Simeón. Con toda su historia. “El Espíritu Santo moraba en él”.

Este es quien, en el relato de Lucas, toma al niño en brazos y bendice a Dios. Sus palabras son toda una muestra de confianza y de lucidez. Le dice a Dios que ya, cuando quiera, entiende que su vida ha llegado a su meta, porque se ha encontrado con el Dios-con-nosotros. Y a la vez que dice eso, anuncia ese futuro nuevo: ha llegado la “luz para alumbrar a las naciones”… y orienta a María con unas palabras que quieren fortalecerla para lo que pueda venir.

Simeón personifica la historia de Israel. Con todas sus historias, ahí está un pequeño resto manteniendo la confianza en el futuro nuevo que Dios les había prometido. 

Simeón personifica la historia de cualquier persona. En búsqueda, con posibilidad de acoger al Dios-con-nosotros y de anunciar la novedad de su Reino.

Necesitamos más ancianos como Simeón. También jóvenes y personas de mediana edad. Que desde la experiencia de una vida vivida en confianza, no busquen aferrarse a nada, sino transmitir esa confianza a los que vienen por detrás. Tú también puedes ser Simeón.

Ciudad Redonda

Meditación – Día V dentro de la Octava de Navidad

Hoy es 29 de diciembre, día V dentro de la Octava de Navidad.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 2, 22-35):

Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

Hoy, 29 de diciembre, festejamos al santo Rey David. Pero es a toda la familia de David que la Iglesia quiere honrar, y sobre todo al más ilustre de todos ellos: ¡a Jesús, el Hijo de Dios, Hijo de David! Hoy, en ese eterno “hoy” del Hijo de Dios, la Antigua Alianza del tiempo del Rey David se realiza y se cumple en toda su plenitud. Pues, como relata el Evangelio de hoy, el Niño Jesús es presentado al Templo por sus padres para cumplir con la antigua Ley: «Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor» (Lc 2,22-23).

Hoy, se eclipsa la vieja profecía para dejar paso a la nueva: Aquel, a quien el Rey David había anunciado al entonar sus salmos mesiánicos, ¡ha entrado por fin en el Templo de Dios! Hoy es el gran día en que aquel que San Lucas llama Simeón pronto abandonará este mundo de oscuridad para entrar en la visión de la Luz eterna: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos» (Lc 2,29-32).

También nosotros, que somos el Santuario de Dios en el que su Espíritu habita (cf. 1Cor 3,16), debemos estar atentos a recibir a Jesús en nuestro interior. Si hoy tenemos la dicha de comulgar, pidamos a María, la Madre de Dios, que interceda por nosotros ante su Hijo: que muera el hombre viejo y que el nuevo hombre (cf. Col 3,10) nazca en todo nuestro ser, a fin de convertirnos en los nuevos profetas, los que anuncien al mundo entero la presencia de Dios tres veces santo, ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Como Simeón, seamos profetas por la muerte del “hombre viejo”! Tal como dijo el Papa San Juan Pablo II, «la plenitud del Espíritu de Dios viene acompañada (…) antes que nada por la disponibilidad interior que proviene de la fe. De ello, el anciano Simeón, ‘hombre justo y piadoso’, tuvo la intuición en el momento de la presentación de Jesús en el Templo».

Chanoine Dr. Daniel MEYNEN

Liturgia – Día V dentro de la Octava de Navidad

DÍA V DENTRO DE LA OCTAVA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Misa del día V dentro de la Octava (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio de Navidad, embolismos propios de la Octava en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. II

  • 1Jn 2, 3-11. Quien ama a su hermano permanece en la luz.
  • Sal 95.Alégrese el cielo, goce la tierra.
  • Lc 2, 22-35.Luz para alumbrar a las naciones.

Antífona de entrada          Jn 3, 16
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tanga vida eterna.

Monición de entrada y acto penitencial
La liturgia de hoy nos muestra a la familia de Jesús, cumplidora de la ley, presentándolo al templo y haciendo la ofrenda de los pobres. Para nosotros, la prueba de nuestra verdadera fe consiste en cumplir los mandamientos.

Estamos dispuestos a pedir perdón a Dios antes de comenzar nuestra celebración.

• Rey de la paz y Santo de Dios: Señor, ten piedad.
• Luz que brillas en las tinieblas: Cristo, ten piedad.
• Imagen del hombre nuevo: Señor, ten piedad.

Se dice Gloria

Oración colecta
DIOS invisible y todopoderoso,
que has disipado las tinieblas del mundo
con la llegada de tu luz,
míranos complacido, para que podamos cantar dignamente
la gloria del nacimiento de tu Unigénito.
Él, que vive y reina contigo.

Oración de los fieles
Unámonos todos en oración.

1.- Para que la Iglesia nos siga transmitiendo los preceptos del Señor y nos enseñe cómo cumplirlos. Roguemos al Señor.

2.- Para que los gobernantes de nuestras naciones sean dóciles a la voz de Dios y comprendan que la ley divina prevalece sobre la ley de los hombres. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los que sufren violaciones a sus derechos, especialmente aquellos que tienen que ver con la familia. Roguemos al Señor.

4.- Para que esta comunidad, abierta a la escucha de la Palabra, sea también fiel cumplidora del mensaje que hoy hemos escuchado. Roguemos al Señor.

Dios y Señor nuestro, que manifestaste tu salvación a Simeón antes de que conociera la muerte; escucha nuestras súplicas y concédenos la gracia de recibir a tu Hijo como luz que envías para alumbrar a las naciones y dar testimonio de Él ante el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas

ACEPTA, Señor, nuestras ofrendas
en las que vas a realizar un admirable intercambio,
para que, al ofrecerte lo que tú nos diste,
merezcamos recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad

Antífona de comunión          Cf. Lc 1, 78
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos ha visitado el Sol que nace de lo alto.

Oración después de la comunión

CONCÉDENOS, Dios todopoderoso,
que, por la eficacia de estos santos misterios,
se fortalezca constantemente nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
• Dios, bondad infinita, que disipó las tinieblas del mundo con la encarnación de su Hijo y con su nacimiento glorioso iluminó este día santo aleje de vosotros las tinieblas del pecado y alumbre vuestros corazones con la luz de la gracia.

• Quien encomendó al ángel anunciar a los pastores la gran alegría del nacimiento del Salvador os llene de gozo y os haga también a vosotros mensajeros del Evangelio.

• Quien por la encarnación de su Hijo reconcilió lo humano y lo divino os conceda la paz a vosotros, amados de Dios, y un día os admita entre los miembros de la Iglesia del cielo.

• Y la bendición de Dios todopoderoso…

Despedida
Llevemos a todos la Buena Noticia: “Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Podéis ir en paz.