Los motivos de un viaje

1.- “Entonces unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. San Mateo, Cáp. 2. Ni brujos ni adivinos. Este nombre de Magos que el Evangelio aplica a los viajeros que visitaron Jerusalén, apenas nacido el Niño Dios, significa más bien personas importantes. Como cuando decimos Constantino el Grande, o Carlomagno. Sin descartar que ellos profesaran alguna religión oriental, muy dada al culto de los astros. Por otra parte, Oriente significaba entonces aquellos pueblos situados a la otra orilla del Jordán: Arabia, Babilonia, Caldea, y más lejos la India. Sin mucho rigor geográfico, también Egipto y Etiopía. Los comerciantes de esas tierras llegaban con frecuencia a Palestina, en viaje de negocios.

2.- En el relato de san Mateo podemos descubrir tres elementos: En primer lugar el hecho histórico, aunque muchos detalles se escapen a la pluma del autor. Luego los recursos que la leyenda añade a todo acontecimiento importante. De allí nacieron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Tres personajes en razón de los dones que ofrecieron al Niño. Representantes además de las tres razas conocidas entonces. Finalmente, el mensaje que el evangelista desea transmitirnos: Cristo es el Salvador de todos los hombres, de todas las culturas. San Mateo además, acostumbra contraponer la fe de los paganos que se convertían al cristianismo, a la infidelidad de los judíos.

El texto nos presenta al Viejo Zorro, como llamó a Herodes un escritor latino, inquieto por el nacimiento de un niño, a quien estos forasteros llaman rey. No porque un pequeño pudiera destronarlo, pero sí podría convertirse en un símbolo que atizara la rebelión del pueblo. Entre tanto, los consejeros de palacio consultados por el rey, señalaron a Belén como la patria del Mesías, según la profecía de Miqueas. Y nuestra imaginación de niños – y de adultos – mira desfilar la vistosa caravana de criados y camellos, por las angostas calles de la capital, de camino a un pequeño pueblo, que apiñaba sus casas sobre un cerro entre cultivos y rebaños. Arriba seguía brillando la estrella, que luego “se detuvo sobre la casa donde estaba el Niño”, según dice el Evangelio.

3.- Varios científicos, superando problemas cronológicos respecto al nacimiento de Jesús, han querido averiguar qué astro nuevo apareció por tales fechas. Pero es preferible entender esa estrella como un signo, que invita a descubrir que Dios se nos revela en nuestra historia. A Ignacio de Loyola, convaleciente de una grave herida, el Señor se le mostró entre las páginas de la “Vida de Cristo”. A Margarita de Cortona, que luego sería santa, cuando fue asesinado su amante. A Paul Claudel en la hermosa liturgia de Nôtre Dame de París.

Cada historia humana se inscribe, igual que aquella de los magos, en una prolongada travesía, colmada a veces de frecuentes desatinos. Otros vamos de huída a todas horas, procurando escapar de tantas cosas, aún de nosotros mismos. Pero aquellos ilustres viajeros nos enseñan a caminar con un claro propósito: “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. El motivo más noble y constructivo para seguir peregrinando por la tierra, no es otro que encontrarnos cara a cara con un Dios hecho hombre.

Gustavo Vélez, mxy