Señor, que me hagas niño

1. – Hoy es el día de los niños, de la infantil ilusión de los juguetes, de las estrellas que vuelan por el cielo hacia Belén, de unos señores muy serios que ponen ante el Niño Dios juguetes incomprensibles…

Todos guardamos en un rincón del corazón entre la barba blanca de Melchor y el negro tizón del rostro de Baltasar la luz radiante de aquella ilusión con que descubríamos los juguetes de los Reyes.

Todo ha nacido de ese trozo de evangelio de San Mateo donde se mezcla la historia real con el cuento de niños. Mateo no hace historia, hace teología y la teología, desde que nuestro Dios se hizo niño, es lo que el Niño Dios tiene que decirnos a los que reconociendo nuestra pequeñez infantil nos hagamos compañeros de sus juegos.

Tan cuento de hadas es el prólogo de San Juan y “el Verbo se hizo carne y puso su tienda de campaña entre nosotros” y “que la estrella vino a pararse encima de donde estaba el Niño”. Cuento de hadas para el que no cree. Emocionante e incomprensible cercanía de Dios para quien cree.

Mateo viene a decirnos con ropaje oriental y soñador lo que Juan con lenguaje teológico: “Qué Dios se ha hecho hombre, que vino a los suyos y no le recibieron, y que solo lo encuentran los que le buscan” Son los sabios y entendidos de este mundo los que no entienden nada y son los que hacen como niños a los que el Niño Dios les revela el Reino de los Cielos.

2. – Día de estrellas que nos hablan de su lejanía de las maravillas de un Dios creador de todas ellas, nacido niño en Belén.

–Día de la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

–Día de la luz tenue y amiga de estrellas a las que podemos mirar cara a cara, que nos conducen a un Dios escondido en brazos de María, un Dios al que no podríamos mirar fijamente sin quemarnos la retina.

3. – San Ignacio de Loyola es un arrebato místico pone en esta escena un personaje que Mateo ha olvidado y es el esclavito indigno del que habla en sus Ejercicios Espirituales. Cualquiera de nosotros puede desempeñar ese papel y hablar con el Niño Dios mientras los Magos desempaquetan sus complicados regalos. Y podemos decir al Niño:

— Señor, también yo vengo caminando a través del desierto de la vida, tratando de seguir la estrella vacilante de la Fe, que tantas veces pierdo de vista.

— Señor, creo que Tú eres mi Dios, y no me da vergüenza creerlo aunque otros lo nieguen o se rían.

— Señor, yo no soy generoso como estos Magos que han dejado su patria por seguir la estrella. Yo me aferro a mi juguete preferido y ese amor egoísta no me deja verte con claridad. Yo sé que amas a los niños, pero a mí me gusta ser hombrecito y con dificultad admito lo que Tú me dices.

— Señor, hoy los niños del mundo entero han escrito su carta a los Reyes Magos. Yo la tengo aquí en mi bolsillo y a Ti te la entrego. Y como eres Niño y no sabes leer te diré que en ella te pido una sola cosa: que me hagas niño.

Niño que se confíe totalmente a su Padre Dios
Niño que crea y espere en Ti sin límites.
Niño que pase por el mundo dando cariño y sonrisas
Niño que confíe en que hay mucha bondad en los hombres de buena voluntad.

José María Maruri, SJ