Comentario – 8 de enero

Mc 6, 34-44

Continuamos recibiendo los «signos» que Jesús nos da. 

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre, y se compadeció de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. 

Se compadeció. 

Me detengo a contemplar esto en tu corazón, Señor. Tú te dejas emocionar, conmover. Estás impresionado. Los fenómenos de las muchedumbres no te dejan indiferente. Uno no escapa al gentío. Una masa humana estacionada en algún lugar significa algo… una espera. 

Y se puso a enseñarles pausadamente. 

Instruir. Educar. Promocionar. Aportar nuevos valores. 

Despacio, sin prisas. Despacio porque la instrucción es importante, requiere tiempo. Es la llave para otras muchas cosas. La cultura profana, la cultura religiosa. Saber un oficio, ser competente en las cosas humanas. Y saber las cosas de Dios: tarea capital de la catequesis. Jesús fue primero un catequista: el que enseña, el que «abre los oídos a las cosas de Dios. 

«Dadles, vosotros, de comer». 

El primer lugar lo ocupa el alimento del espíritu y del corazón. 

Y la Palabra de Dios es «alimento». 

Pero el alimento del cuerpo es condición de toda actividad espiritual. Cuidar el cuerpo: la humilde ocupación de tantas gentes sobre la superficie de la tierra. Tantos oficios manuales ordenados al bienestar temporal de los hombres. Trabajo del campesino. Trabajo del ama de casa. Trabajo de los innumerables oficios que directa o indirectamente «dan de comer», permiten «ganar el pan» de una familia. 

Esta inmensa colmena humana que trabaja sobre nuestro planeta para poder comer, Dios la bendice, Dios quiere que logre lo que espera, que viva. Jesús nos pide que participemos en esta tarea: «Dadles de comer». 

Bendito eres Dios del universo, Tú que nos das el pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Yo te ofrezco mi trabajo y el de todos los hombres. 

Les mandó que les hicieran recostarse por grupos sobre la hierba verde. Se recostaron formando un círculo por grupos de ciento y de cincuenta. 

Jesús toma de la mano un «rebaño sin pastor» una masa informe que inspira piedad. Esta multitud ha pasado a ser ahora «un pueblo ordenado», un grupo organizado, una comunidad. 

Marcos de modo manifiesto insiste sobre esta organización de la comunidad. Esta es hoy todavía una de las tareas de los ministros de la Iglesia. 

Te ruego, Señor, por los ministros de Tu Iglesia. Te ruego para que los cristianos comprendan más y más que no deben quedarse en el anonimato informe de la masa demasiado pasiva, sino que han de llegar a ser participantes activos de un pueblo vivo donde se establezcan relaciones de hombre a hombre. 

Todavía hoy, es este el esquema esencial de la reunión eucarística: liturgia de la palabra: Jesús les instruye detenidamente ; y liturgia del pan… alrededor del único Pastor. 

Sí, este milagro es un signo, un símbolo de la Iglesia que continúa hoy lo que hizo Jesús. 

Jesús, tomando los cinco panes… alzando los ojos al cielo pronunció la bendición, partió los panes y se los dio. 

La alusión a la eucaristía es evidente. Es casi la misma serie de gestos que Jesús hizo en la Cena. 

«Pronunciar la bendición» («eulogein» en griego = «decir bien»). «Bendito sea Dios que nos da este pan». Era el rito judío de la santificación de la comida en la mesa: como buen judío, Jesús santifica cada uno de sus gestos con una bendición, una plegaria. 

Mi vida toda ¿es también para mí ocasión de alabar y bendecir a Dios?

Noel Quesson
Evangelios 1