Matrícula condicionada

1.- “En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y entonces se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo en forma de paloma y se oyó una voz de lo alto: “Este es mi Hijo, el predilecto”. San Lucas, Cáp. 3. “Entonces, queridos hermanos, estos niños que hoy alegran el hogar de unos padres creyentes, comienzan desde ahora por el sacramento del Bautismo, a ser hijos de Dios”… Así se expresó el párroco, ante un nutrido grupo de fieles que colmaban el templo. Hemos de anotar sin embargo, que esta teología, reflejada además en los libros litúrgicos, ha sido enriquecida en los últimos tiempos con valiosos aportes. Al colocar en el centro de toda nuestra reflexión religiosa la imagen de un Dios Abbá, revelada por Jesús de Nazaret, cabe preguntarnos: ¿Y quienes no han recibido el bautismo, aunque creados a imagen y semejanza del Señor, de quién serán hijos? ¿Serán herencia de Luzbel o de Belial, como aquel lobo fiero del poema de Rubén Darío?

2.- Cuenta san Lucas que Jesús bajó de Nazaret hasta el lugar donde Juan bautizaba. Y entre un numeroso grupo quiso realizar ese rito, con el cual los discípulos del Precursor iniciaban un cambio de vida. Unía entonces su próxima tarea con la predicación del Bautista, quien había motivado a muchos a entender la cercanía del Salvador. El evangelista cuenta que, en aquella ocasión, varios signos expresaron una presencia especial de Dios: Se abrió el cielo. Una paloma apareció sobre Jesús y una voz de lo alto señaló: “Este es mi hijo predilecto”. Todas ellas formas bíblicas para señalar que el Señor estaba de manera especial, en aquel hijo del carpintero de Nazaret.

Las primeras comunidades cristianas acostumbraron repetir este signo del agua, sobre la cabeza de quienes deseaban vivir al estilo del Resucitado. Sin embargo, durante la historia de la Iglesia, aun manteniendo el sentido central del sacramento, como purificación del pecado e inicio de una vida nueva, se ha hecho énfasis según la época en sus varios efectos.

3.- Hoy se nos enseña que todo el universo refleja el poder y la bondad del Creador. Con más razón quienes estamos dotados de entendimiento. Pero siendo Dios amor sustancial y providencia, los humanos podemos llamarnos y los somos, sus hijos, aunque no en igual categoría que Jesús, a quien san Pablo presenta como el Primogénito. Y al recibir el bautismo ingresamos a la comunidad donde se aprende cómo viven los hijos de Dios. Un aprendizaje que incluye conceptos y se expresa en ritos, pero que consiste ante todo en asimilar los criterios y las costumbres de Jesús.

En consecuencia, descubrimos a muchos bautizados que andan por ahí con matrícula condicionada. Luego del rito del agua, nada de cristianismo se advierte en su comportamiento.

4.- “Mis queridos hermanos, podría entonces decir algún párroco más avisado. Todos estos niños que ya son hijos de Dios, comienzan hoy un maravilloso aprendizaje sobre la vida y la persona de Jesús, cuyos rasgos irán copiando poco a poco, ayudados de sus padres y padrinos”. Y alguien entre los asistentes, que dotado de unos lentes maravillosos, pudiera mirar lo invisible, contemplaría cómo el cielo se abre sobre aquel templo, y la bondad de Dios desciende hasta nosotros. Mientras el Señor se alegra al repetir: Estos son mis hijos predilectos.

Gustavo Vélez, mxy