Comentario – Martes I de Tiempo Ordinario

Mc 1, 21-28

Jesús. acompañado de sus discípulos, llega a Cafarnaúm. 

Jesús no espera. En cuanto tiene cuatro discípulos, entra en acción y desde la primera jornada, veremos una especie de resumen de toda esta acción, es la famosa «primera jornada de Cafarnaúm»:

Jesús enseña… Jesús expulsa a los demonios y sana a los enfermos…

Jesús reza… Todo esto por delante y con cuatro discípulos.

Enseguida, el día de sábado, entrando en la sinagoga, enseñaba. 

He aquí su primer acto: Va al lugar público de reunión y de plegaria el día en que todo el mundo está allí, y hace la homilía. Jesús se inserta primero en la vida religiosa clásica de su tiempo. Pero no se encerrará en ella: se le verá predicar preferentemente en la vida profana. Incluso lo hará, con mayor frecuencia. Marcos sólo tres veces nos muestra a Jesús hablando en el cuadro de una sinagoga: la tercera y última en Nazaret, de donde se le expulsa bruscamente (Mc 6, 2).

Se maravillaban de su doctrina pues hablaba como hombre que tiene autoridad y no como los escribas… 

Los escribas no hacían sino repetir las lecciones aprendidas.

Jesús se distingue por su autoridad soberana, que viene del interior de sí mismo. He aquí otra observación indirecta sobre su «misteriosa persona»‘ que un día se descubrirá como «divina». Por el momento se quedan asombrados.

Si tengo ocasión de hablar de Dios, o de Cristo, a mis hijos, a los amigos, ¿cómo lo hago? ¿Cómo un «escriba» preocupado sólo de repetir exactamente fórmulas escolares? o como un testigo que ha sabido interiorizar personalmente el evangelio y que se compromete con lo que dice? Pero ¿cómo un testigo servidor de la Palabra divina, que desaparece ante aquél del cual está hablando?…

Entre los asistentes en la Sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro empezó a gritar diciendo: «¿Qué hay entre Tú y nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Te conozco, tú eres el Santo, el Santo de Dios.»

Son los demonios los primeros en descubrir «quién» es Jesús. Por su naturaleza espiritual ¿serían ellos más sutiles que los hombres? Mientras los hombres se preguntan y se asombran solamente… los demonios saben.

Jesús les mandó: «Cállate y sal de este hombre.»

Será un tema esencial de todo el evangelio según san Marcos: el secreto mesiánico. Jesús hace callar a los que se apresuran a afirmar que El es el «Hijo de Dios»; quiere revelar este misterio progresivamente, a fin de evitar un entusiasmo popular que falsearía el sentido de su misión. Una revelación demasiado rápida hubiera sido el mejor medio de hacer desviar esta misión: «si tú eres el Hijo de Dios, haz esto…haz aquello…» ¿Qué hubiéramos hecho en su lugar? «¡Ved, hermanos, los mismos demonios reconocen quién soy yo!» ¡No!, Dios es desconcertante, no le interesa esta publicidad ruidosa. Quizá una razón por la que Dios no se ha encarnado en la época de los «periodistas» y de la «televisión».

¿Acepto yo francamente la discreción de Dios?

¿LIego hasta pedir a Dios que manifieste su poder? ¿Me escandalizo de las debilidades de la Iglesia? Todos se preguntaban: «¿Qué significa todo esto? ¡He aquí una enseñanza nueva, proclamada con autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus impuros y le obedecen!» Una pregunta. Todo el evangelio según san Marcos no bastará para contestarla; No estamos más que en la primera página, en el primer día de predicación.

Noel Quesson
Evangelios 1