Vísperas – San Hilario

VÍSPERAS

SAN HILARIO, Obispo y doctor de la Iglesia

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en su tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

SALMO 111:

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos,
su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor,
su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, progresar cada día en el conocimiento de la divinidad de tu Hijo y proclamarla con firmeza, como lo hizo, con celo infatigable, tu obispo y doctor san Hilario. Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves I de Tiempo Ordinario

«Quiero; queda limpio»

1.- Oración introductoria.

Señor, me gustaría que esta meditación la convirtieras en un cambio de actitud contigo. No quiero presentarme delante de Ti como una persona buena, sana, suficiente. Vengo ante Ti como el leproso, necesito de tu gracia. Tócame y sáname de todas mis limitaciones: de mi egoísmo, de mi soberbia, de mi vanidad, de mi indiferencia.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 1, 40-45

Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Las leyes del judaísmo, para evitar el contagio de los leprosos, los excluían y los enviaban “fuera del pueblo” Pero Jesús obra de otra manera. Se acerca al leproso, le toca, le cura, y lo reinserta en la sociedad. De este modo, este hombre que era un “hombre que no era hombre”, adquiere sus derechos y su dignidad. Actualmente en Europa estamos asistiendo a casos sangrantes. Miles de hermanos nuestros, sin estar enfermos ni contagiados, sino que vienen huyendo de guerras horribles o de persecuciones atroces, llaman a nuestras puertas pidiendo asilo. Y, muchas veces, no se lo damos. Y consentimos que se mueran por el camino. Y así estamos convirtiendo nuestro Mar-Mediterráneo en un Mar-Muerto.  Ya sé que esto no es fácil resolverlo,  pero esto no puede seguir así. ¡Dios no lo quiere! También me llama la atención en este evangelio, que el  mismo Jesús no podía entrar abiertamente en ningún pueblo y se “quedaba fuera, en descampado”. La sociedad no sólo rechaza a los que pueden contagiar una enfermedad, o el mal. Rechaza también a los que “hacen el bien”. Las personas buenas como Jesús, las que quieren “normalizar” las vidas deshechas de tantas personas y devolverles su dignidad, también son rechazadas. Lo mejor, para ellos,  es tapar la boca de los que hablan en contra de las injusticias de la humanidad.  Podrán tapar la boca a los hombres, pero no a Dios.

Palabra del Papa

“Señor, si quieres, puedes limpiarme…” Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. Qué hermosa la compasión de Jesús. Ese  “padecer con”  que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente. Jesús tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión. “No podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado”. Esto significa que, además de curar al leproso, Jesús ha tomado sobre sí la marginación que la ley de Moisés imponía. Jesús no tiene miedo del riesgo que supone asumir el sufrimiento de otro, pero paga el precio con todas las consecuencias.

La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado. Y éstos son los  conceptos claves que la Iglesia nos propone hoy en la liturgia de la palabra: la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración. (Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito. Hoy me comprometo a realizar un milagro que está en mi mano: curar de la terrible enfermedad de la soledad a algún enfermo que se encuentra solo.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar esta oración quiero darte gracias porque me has ayudado a comprender los tipos de marginación que puede haber en las personas sin que yo caiga en la cuenta. Yo quiero liberar a la gente que sufre en el cuerpo, en la soledad de su alma y en la soledad del corazón al creer que Dios está lejos. Y quiero gritar con fuerza  que Dios nunca está lejos de nosotros, que siempre nos quiere, nos perdona, nos comprende y nos abraza, “aunque estemos leprosos”.

Comentario – Jueves I de Tiempo Ordinario

Mc 1, 40-45

Un día un leproso se acercó a Jesús y le dijo: «Si Tú quieres, puedes limpiarme.»

El leproso estaba excluido de la comunidad religiosa (Levítico, 13-45). En las sociedades pre-científicas la mayor parte de las enfermedades contagiosas eran consideradas en cierto modo como un castigo del cielo… y las gentes se defendían como podían poniendo al apestado al margen de la sociedad, con interdicción de entrar en contacto con él.

Estamos pues ante una de las mayores miserias humanas: este hombre sufre doblemente… su cuerpo está duramente afectado… y es repudiado por todos…

Enternecido ante este hombre, Jesús extiende la mano y le toca…

Marcos subraya el gesto de compasión. Jesús se emociona ante este infortunio. Delicadeza. Participación en el dolor de los demás.

Nuestro Dios no es insensible y lejano. Se enternece. Permanezco el mayor tiempo posible en la contemplación de este sentimiento del corazón de Jesús.

Por este acto, Jesús infringe deliberadamente la Ley. Ha tocado al leproso, desprecia, por así decirlo la «prohibición» que tanto le había afectado.

Y al instante desapareció la lepra y quedó limpio.

¡Eres bueno, Señor!

¡Líbranos de todo mal!

¿Cuál será el día en que todo mal habrá desaparecido? Señor, desde ahora, quiero trabajar en ello, contigo. Cada vez que puedo ayudar a alguien a salir de la desgracia o del pecado… Tú estás allí en mí para continuar tu obra de salvación.

Enseguida, Jesús le despide con esta severa advertencia: «Mira de no decir nada a nadie…»

Siempre la misma consigna del «secreto mesiánico».

En los catecismos se decía: Jesús probó que era Dios, haciendo milagros. La fórmula, en cierto sentido, es verdadera. Pero podría inducir a pensar que Jesús buscaba más «manifestar su Poder» que probar quién era Él». Ahora bien, es precisamente todo lo contrario, si nos fijamos bien. Jesús deliberadamente «ha escondido» su dignidad y ha pedido que no se hablara de sus milagros.
Y esta consigna «severa» del secreto, Jesús la mantendrá hasta la hora de su Pasión. La recordará a san Pedro el día de su profesión de Fe en Cesaría: «Les mandó severamente que no hablasen de Él a nadie» (Marcos, 8-29.30). Es una prueba suplementaria de la autenticidad del evangelio: si este libro hubiera sido inventado por algunos admiradores, y escrito con una intención apologética se hubiera insistido sobre la gloria, el poder, las proezas divinas.

Ahora bien, es un hecho que se impuso a Marco —portavoz de Pedro—: el verdadero Dios desecha la imagen estruendosa que se ha hecho de Él. Y es característico que Jesús no hubiera revindicado su título de «Hijo de Dios’ más que en el contexto de su Pasión, ante el tribunal que le condenaba a muerte, en el momento en que no había ya ningún inconveniente en afirmar el misterio divino de su persona… en el momento en que todos los sueños de grandeza humana y política resultaban completamente vanos.

Hoy, Señor, Tú eres siempre ese mismo Dios «escondido».

Pero, habiendo partido Jesús, ese hombre comenzó a pregonar a voces y a divulgar el suceso, de manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en una ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares desiertos; pero allí iban a El de todas partes.

Sí; está claro que Jesús rehusa la popularidad; que huye de los entusiasmos.

Noel Quesson
Evangelios 1

El vino bueno

1.- Aunque hemos terminado ya el Tiempo de Navidad y ha comenzado el nuevo tiempo litúrgico que es el Tiempo Ordinario, el evangelio de Juan nos presenta una nueva «manifestación» de Dios ante los hombres. En los evangelios de la infancia de Mateo y Lucas podemos observar cómo Jesús colma las esperanzas del pueblo de Israel. Hoy se hace realidad la revelación que el Padre hace en el momento del Bautismo: «Este es mi Hijo predilecto». Ahora podemos corroborar esta afirmación por medio de los «signos» que el propio Jesús realiza. Juan presenta sólo siete actuaciones extraordinarias de Jesús –milagros–. Todos ellos son signos de la salvación que Jesús nos regala.

2.- Jesús aparece en una boda de unos amigos en la que también está invitada su madre. El comparte la alegría de unos novios y de los invitados a la boda. Asumió nuestra condición también y sobre todo en esto: compartir nuestras alegrías y los pequeños detalles de cada día. A veces nos imaginamos un Jesús totalmente diferente a nosotros, «galáctico», como si no fuera de este mundo. Pero el se encarnó con todas las consecuencias….Posiblemente el evangelista utiliza el recurso de la boda para explicar la relación que quiere Dios con la humanidad: una manifestación de amor parecido al de los esposos entre sí. En el Antiguo Testamento encontramos varios textos proféticos que expresan este mismo amor. Entre ellos destaca Oseas y el tercer Isaías de la época postexílica que hoy leemos. En Oseas, Dios se lamenta de la falta de respuesta de la esposa –el pueblo de Israel– ante su amor sin límites. A pesar de la infidelidad del pueblo, Dios sigue mostrando su amor. Nuevamente en el texto litúrgico de este domingo Dios renueva su deseo de proteger a su pueblo, pues su tierra tendrá marido y será su «favorita». La misma alegría que experimenta el esposo con la esposa la encontrará Dios con su pueblo. Es un mensaje lleno de esperanza ante las maravillas del Señor.

3.- El texto tiene un gran contenido simbólico: las 6 tinajas –número imperfecto– de piedra representan la antigua ley imperfecta –escrita en tablas de piedra–. Jesús representa la novedad. El es el vino nuevo que trae la alegría y la felicidad. En casi todas las culturas el vino representa la alegría de vivir. Pero la clave está en escuchar lo que Jesús nos dice como nos recomienda María. El sabe que no ha llegado su hora, pues su revelación definitiva será en la cruz para el evangelio de Juan. Pero hace caso a su madre María, que una vez más aparece como mediadora nuestra como lo fue también ante la cruz, y ordena a los sirvientes: «Llenad las tinajas de agua». Jesús cuenta con nuestra colaboración, no somos marionetas, quiere que nosotros también intervengamos en su obra salvadora, no nos lo da todo hecho. La diferencia entre el vino del principio y el que ofrece Jesús es abismal. El vino nuevo es El mismo, que nos invita a su fiesta y quiere entrar dentro de nosotros. Así nos ama Jesucristo y este es el significado de su primer signo: viene a llenar de sentido y de radiante felicidad nuestra vida insulsa y perdida. El está ahí, acudamos a El para llenarnos completamente de El, fuente de alegría y de amor.

José María Martín OSA

No tenemos vino

Para nuestras reuniones más queridas
donde festejamos lo que Tú nos das;
para los encuentros fraternos
en los que haces crecer nuestros amores,
no tenemos vino.

Para las manifestaciones de protesta
pidiendo paz, trabajo y justicia;
para la fiesta del compromiso humano
donde celebramos triunfos y fracasos,
no tenemos vino.

Para los espacios sacramentales
que reviven y actualizan tu presencia;
para vivir con alegría, cualquier día,
la invitación a tu Cena y Eucaristía,
no tenemos vino.

Para el anuncio de tu Buena Noticia
con nuestras torpes palabras humanas;
para testimoniar tu Reino fraterno
soñado como un banquete
de puertas abiertas,
no tenemos vino.

Para la alianza de todas las civilizaciones,
del mundo rico con el mundo pobre;
para las bodas de tus hijos e hijas
que recrean tu proyecto de gozo y vida,
no tenemos vino.

Para el abrazo solidario con los inmigrantes
que reclaman los derechos más elementales;
para nuestras celebraciones de cada día
sencillas, íntimas, queridas,
no tenemos vino.

Y por eso andamos tristes y apocados,
sin gracia y con la ilusión apagada.
Nos falta la alegría compartida
aunque abunden jarras y tinajas.
¡No tenemos vino!
¡Haced lo que Él os diga!

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Con Jesús, Dios ha cumplido la Alianza, simbolizada en un casamiento (1), entre Él y su pueblo.

• Jesús “invitado” (2) a las bodas, es Dios que participa de la realidad humana –quien es la Palabra se ha hecho hombre y ha habitado entre nosotros… (Jn 1,14)– El pueblo, finalmente, se ha abierto a Dios, y de esto se hace fiesta: a todos quienes le han recibido, a quienes creen en su nombre, les ha concedido de ser hijos de Dios (Jn 1,12).

• “La mujer ” (4), “la madre de Jesús” (3), representa Israel: el pueblo del cual nace el Mesias. En María vemos una cara de este pueblo: un pueblo atento a la intervención de Dios en la vida, en los acontecimientos, en las necesidades. La “mujer” asume esta representatividad del pueblo.

• El “no tienen vino” (3) que la madre de Jesús le dice, expresa una necesidad que tiene Israel: la necesidad que Dios actúe de una manera nueva. O de descubrir la novedad con la que Dios actúa continuamente. Necesidad de hacer Nueva Alianza.

• La respuesta de Jesús –“¿A ti y a mí qué, mujer?” (4)– da más fuerza a esta necesidad. Es una expresión bíblica para decir que alguien tiene una visión muy diferente de un problema o de una situación. Podemos decir, por lo tanto, que Jesús irrumpe dónde se está celebrando la Antigua Alianza e invita a hacer y celebrar una de Nueva.

• Dentro de esta respuesta de Jesús destaca la cuestión de la “hora” (4). Jesús actúa en todo momento como si ya hubiera estado glorificado, como sí la hora ya hubiera llegado (Jn 17,1). Por lo tanto, todo el Evangelio se mueve entre la hora de Jesús que todavía ha de llegar (Jn 7,30; 8,20) y la llegada de esta hora (Jn 12,23; 13,1; 17,1). En todo caso, quien lee el Evangelio es la persona por la cual la hora ya es aquí (Jn 4,23; 5,25; 16,2.32).

• El vino en qué se ha convertido el agua (9) es signo del Nuevo Testamento que no ha sustituido al Antiguo sino que lo ha renovado. Por la presencia (2) y la palabra de Jesús (7-8), la antigua alianza –“el agua de la purificación” (6)– se convierte en la nueva alianza –el “vino mejor” (11)–. La novedad es encontrarse con Cristo, el encontrarse con Dios en la vida. Una novedad que posi- bilita dar el sí a la Alianza –“boda”– que Él ofrece.

• Las tinajas de piedra (vacías y ancladas, de agua para purificar –no curan, no valen nada-lavar-), hace referencia a que las tablas de la ley también son de piedra… ¿el milagro? creer, no en la Ley, la piedra, lo anclado en el pasado… sino, en lo nuevo, en la alegría, en la aventura…. El milagro es creer.

• La Nueva Alianza es con todos los pueblos. Se cumplen las profecías. Todos los hombres y mujeres son invitados a participar plenamente de la vida de Dios. “En esta montaña, el Señor del universo ofrecerá a todos los pueblos un banquete de platos gustosos y de vinos selectos: de platos gustosos y suculentos, de vinos selectas y clarificados” (Is 25,6).

• “Así manifestó su gloria” (11): Jesús viene para manifestar su gloria, para revelar quién es Dios y quien es Él. Pero su manifestación tiene que ser acogida (Jn 1,10-12).

• “Creer en él” (11): “Creer” sale casi cien veces en el Evangelio de Juan. Y tiene un sentido bien preciso: acoger Jesús, su palabra, su estilo de vida (Jn 1,12; 8,31-32.37; 10,10). No es una cuestión intelectual, sino de experiencia, de cómo se nos cruzan en el camino los pobres (Jn 9, 1-41).

• La fe de los “discípulos” (11) que nace de este casamiento nos hace dar cuenta del valor que tiene la fiesta eclesial, la Iglesia reunida, para nacer y crecer en la fe.

No hagáis lo que él os diga

Recientemente he sido testigo de varios ejemplos de mala educación y faltas de respeto por parte de personas de edad avanzada. Me sorprendió porque, en teoría, esas personas han recibido una educación y han vivido la mayor parte de su vida en una época en la que valores como la educación y el respeto eran algo básico, que todos aceptábamos como algo lógico y necesario para la convivencia. Sin embargo, la sociedad actual, y especialmente tras el confinamiento, aunque los sigue proclamando de palabra, en la práctica los está desterrando para dar lugar al “yo he de hacer lo que me dé la gana”.

Tras el tiempo litúrgico de Navidad y sus grandes celebraciones, hoy iniciamos el “tiempo ordinario”, ese periodo durante el cual, en lo “ordinario” de nuestra vida, se nos invita a asimilar y a profundizar en esos grandes misterios de la fe en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que hemos celebrado.

Y en este domingo hemos escuchado el pasaje de las bodas de Caná, donde Jesús convirtió el agua en vino, el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea. Y hemos escuchado también unas de las pocas palabras de la Virgen María que nos han transmitido los Evangelios: Haced lo que Él os diga.

En este comienzo del tiempo ordinario, este imperativo que María nos dirige cobra un especial significado. Porque, para quienes participamos habitualmente de la Eucaristía, lo que Jesús nos dice no nos es desconocido, pero hemos de reconocer que nos cuesta mucho hacerlo. Es como si nos dijéramos a nosotros mismos: “No hagáis lo que Él os diga”. Pero ese “no hacer lo que Él nos dice” tiene unas consecuencias, para nosotros, para la Iglesia y para toda la sociedad. Podemos tomar algunos ejemplos del evangelista san Lucas, que es el propio de este ciclo litúrgico:

“No nos portemos con la gente como queramos que se porten con nosotros” (cfr. Lc 6, 31). No seamos educados ni respetuosos, vayamos pisoteando a quien haga falta para salirnos con la nuestra.

“No amemos a nuestros enemigos” (cfr. Lc 6, 35). Que el rencor y la venganza sean nuestro lema.

“No hagamos el bien y prestemos sin esperar nada a cambio” (cfr. Lc 6, 35). Que nos mueva sólo el interés, actuemos pensando sólo en lo que vamos a poder sacar y beneficiarnos.

“No seamos misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso” (cfr. Lc 6, 36). El que me la hace, me la paga, no voy a tolerar que se rían de mí o me tomen por tonto. Ojo por ojo.

“No nos neguemos a nosotros mismos ni tomemos nuestra cruz cada día” (cfr. L. 9, 23). Tenemos derecho a hacer lo que queramos y nos apetezca. Que sean otros los que se comprometan y responsabilicen, los que hagan el trabajo aunque les suponga esfuerzo. Nosotros, ¡a disfrutar!

“No hagamos lo que el buen samaritano” (cfr. Lc 10, 30ss). El que tenga problemas, que se busque la vida, nosotros no vamos a cambiar nuestros planes ni a perder tiempo en ayudar a otros.

“No nos convirtamos” (cfr. Lc 13, 3.5), “busquemos los puestos principales” (cfr. Lc 14, 8ss). Que el egocentrismo sea lo que guíe nuestro actuar aunque perjudique a otros.

“No oremos como Jesús nos enseñó” (cfr. Lc 11, 1ss), no hablemos con Dios, no le llamemos Padre nuestro ni nos sintamos hijos suyos. Vivamos “como si Dios no existiera”, para sentirnos libres como el hijo pródigo de la parábola (Lc 15, 11ss).

No participemos en la Eucaristía, “no hagamos esto en memoria suya” (cfr. Lc. 22, 19). Eso es cosa de crédulos y viejos. ¿Por qué perder el tiempo un domingo, pudiendo hacer otras cosas más divertidas.

Si somos sinceros, todos hemos buscado excusas para “no hacer lo que Él nos dice”, pero eso tiene consecuencias nefastas. A los sirvientes les debió parecer una tontería y una pérdida de trabajo y de tiempo la petición de Jesús: Llenad las tinajas de agua. ¿Para qué echar seiscientos litros de agua? Más extraño debió resultarles la siguiente petición: Sacad ahora y llevadlo al mayordomo. Seguramente pensarían que Jesús quería gastar una broma pesada al mayordomo, o burlarse luego de ellos y de su credulidad… Pero se produjo el signo: el agua quedó convertida en vino. Y no simplemente vino común: tú has guardado el vino bueno hasta ahora. Y Jesús así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él.

María hoy nos dice: Haced lo que Él os diga. Hagámoslo, aunque nos cueste, o no entendamos o nos parezca inútil, porque sólo así podremos creer en Jesús y gustar el “vino bueno” que Él nos ofrece.

Comentario al evangelio – Jueves I de Tiempo Ordinario

El cuerpo humano es una maravilla. Células, tejidos, órganos… conexiones, movimientos, respuestas. Si no existiera, costaría trabajo siquiera pensarlo. ¿Y qué decir del alma humana? Más increíble todavía: percepciones, memoria, lenguaje… capacidad de amar y ser amado, libertad, apertura a lo Absoluto. De la complejidad y maravilla de ambos se entiende su fragilidad. Algo puede fallar.

Al vivir en sociedad, también formamos parte de un “cuerpo social” y un “alma social”. Y lo que recibimos de los demás influye poderosamente en nuestra vida, para bien o para mal.

Hoy el evangelio nos habla de enfermedad. Una de las comunes en el tiempo de Jesús: la lepra. En el antiguo Israel, los que tenían esta enfermedad eran apartados de la sociedad, siendo considerados malditos. Puede representar a cualquier dolencia, en el cuerpo o en el alma, que afecta al ser humano y le disminuye en su actividad y en sus relaciones con los demás, hasta llegar a oscurecer la vida recibida.

Jesús aparece como el que se acerca a toda enfermedad y dolencia, y atreviéndose a tocar a la persona, puede aliviarla y reconfortarla de una manera impensable. Porque es el Hijo del Dios que rompe las barreras y quiere traer vida, y vida para todos.

Hoy puede ser un buen día para, desde tus enfermedades y dolencias, presentarte humilde al Señor: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y déjate confortar por Él. Para seguir caminando. Porque la tierra prometida está más cerca que cuando empezaste a caminar. Aunque a veces no te lo parezca.

Ciudad Redonda

Meditación – Jueves I de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves I de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 1, 40-45):

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

El evangelio de hoy nos narra el encuentro de Jesús con un leproso. De él no se dice más nada. Sólo eso. Marcos se refiere a él según su condición: un leproso. Y una de las cosas que más llama la atención, es que no se dice que Jesús lo cura, sino que lo purifica. Esto es porque en época de Jesús se llamaba lepra a cualquier enfermedad o marca de la piel. Por eso no se la considera una enfermedad, sino algo mucho más profundo: una condición de vida. El leproso vivía fuera de las ciudades, marginado y excluido, generalmente en cuevas, y tenía que colgarse una campana al cuello y gritar: “leproso soy”. El leproso del evangelio de hoy es tomado como alguien absolutamente anónimo. Y su lepra le viene dada no por una enfermedad, sino como consecuencia del pecado. “Algo habrá hecho”; “alguno de sus padres o antepasados habrá pecado”. Y esto lo define terminantemente: es un leproso, es un pecador. Jesús no pasa de largo, sino que ante el pedido del leproso lo purifica. No lo cura, porque no hay enfermedad. Lo purifica. Y esta purificación es mucho más honda y profunda de lo que uno puede pensar. Jesús al purificarlo, lo sana internamente y le cambia la mirada, tanto a él como a los demás: a partir de ahora su vida no será el mero anonimato de una impureza social, sino el protagonismo de una vida vivida con nombre y apellido; una vida no más marginal sino una vida integrada; un vida vivida desde lo autenticidad de lo que se es y no desde el prejuicio que se toma. Nosotros podemos pensar en nuestra propia vida. ¡Cuántas veces nos hemos sentido anónimos! Sin embargo, hacemos experiencia de un Dios Amor que en Jesús nos saca de ese anonimato: para Dios, nosotros tenemos nombre. Y algo mucho más profundo: ¡somos dignos! Nos basta sabernos hijos e hijas de Dios para saber que nuestra vida vale y que estamos llamados a descubrir y desarrollar la grandeza de mi propia originalidad y vocación, del verdadero manantial que habita lo profundo de mi ser, desde la pasión viva y verdadera que motoriza mi vida y la lleva a soñar a lo grande. Muchas veces corremos el riesgo de pensar que Dios lo primero que mira del hombre es su pecado, su error, su impureza, su situación de irregularidad canónica, si va a misa los domingos o si cumple con reglas o mandamientos. Nada de eso tiene que ver con el Dios que anuncia Jesús: lo primero que brilla a los ojos de Dios es que nosotros somos sus benditos hijos. Todos. Y no solamente algunos. Todos los seres humanos somos dignos por proceder de un mismo Padre Dios. Vivamos así entonces, con total libertad. Hagámonos cada vez más libres para poder amar y amarnos los unos a los otros. Y salgamos al encuentro de esa multitud de hermanos y hermanas que por uno y otro motivo no se sienten dignos, se sienten “cristianos de segunda”, se sienten alejados, excluidos, marginados. ¡Anunciémosles a Jesús! Y dejémonos encontrar por su dolor, su sufrimiento, su exclusión, su marginalidad existencial. Seamos Iglesia. Esa, que Jesús sueña, caminando en la historia, apurando la llegada del Reino. (….)

P. Sebastián García

Liturgia – San Hilario

SAN HILARIO, obispo y mártir, memoria libre

Misa de la memoria (blanco)

Misal: 1ª oración propia y el resto de común de pastores (para un obispo) o de doctores; Prefacio de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Sam 4, 1b-11. Israel fue derrotado y el Arca de Dios fue apresada.
  • Sal 43. Redímenos, Señor, por tu misericordia.
  • Mc 1, 40-45.La lepra se le quitó, y quedó limpio.

O bien: cf. vol IV.


Antífona de entrada          Ez 34, 11. 23-24
Buscaré a mis ovejas, dice el Señor, y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy es la memoria de san Hilario, que fue obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia, a quien veneramos por su celo pastoral y sus escritos: los comentarios a los Evangelios y a los salmos, y el tratado sobre la Trinidad de Dios. Por su oposición a las doctrinas de Arrio -que decía: «Jesús no es verdadero Dios ni hombre como nosotros»-, fue exiliado a Frigia, en Oriente, durante cuatro años por orden del emperador Constancio. Allí entró en contacto con pastores y fieles de aquellas Iglesias, entablando diálogo con los herejes arrianos. Murió el año 367.

Yo confieso…

Oración colecta

CONCÉDENOS, Dios todopoderoso,
conocer y confesar adecuada y fielmente
la divinidad de tu Hijo,
que el obispo san Hilario defendió con celo infatigable.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Reunidos en la unidad, hermanos, para recordar los beneficios de nuestro Dios, pidámosle que inspire nuestras plegarias, para que merezcan ser atendidas.

1.- Por el papa, por nuestro obispo, por todo el clero y el pueblo de ellos encomendado. Roguemos al Señor.

2.- Por todos los gobernantes y sus ministros, encargados de velar por el bien común. Roguemos al Señor.

3.- Por los navegantes, por los que están de viaje, por los cautivos y por los encarcelados. Roguemos al Señor.

4.- Por todos nosotros, reunidos en este lugar santo en la fe, devoción, amor y temor de Dios. Roguemos al Señor.

Que te sean gratos, Señor, los deseos de tu Iglesia suplicante, para que tu misericordia nos conceda lo que no podemos esperar por nuestros méritos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA con bondad, Señor,
las ofrendas que presentamos en este santo altar
en la fiesta de san Hilario,
para que glorifiquen tu nombre y nos obtengan el perdón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión         Jn 15, 16
No sois vosotros los que me habéis elegido, dice el Señor, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca.

Oración después de la comunión
REANIMADOS por estos sacramentos
te rogamos, Señor,
humildemente que, a ejemplo de san Hilario,
nos esforcemos en dar testimonio
de aquella misma fe que él profesó en su vida
y en llevar a la práctica todas sus enseñanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.