No hagáis lo que él os diga

Recientemente he sido testigo de varios ejemplos de mala educación y faltas de respeto por parte de personas de edad avanzada. Me sorprendió porque, en teoría, esas personas han recibido una educación y han vivido la mayor parte de su vida en una época en la que valores como la educación y el respeto eran algo básico, que todos aceptábamos como algo lógico y necesario para la convivencia. Sin embargo, la sociedad actual, y especialmente tras el confinamiento, aunque los sigue proclamando de palabra, en la práctica los está desterrando para dar lugar al “yo he de hacer lo que me dé la gana”.

Tras el tiempo litúrgico de Navidad y sus grandes celebraciones, hoy iniciamos el “tiempo ordinario”, ese periodo durante el cual, en lo “ordinario” de nuestra vida, se nos invita a asimilar y a profundizar en esos grandes misterios de la fe en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que hemos celebrado.

Y en este domingo hemos escuchado el pasaje de las bodas de Caná, donde Jesús convirtió el agua en vino, el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea. Y hemos escuchado también unas de las pocas palabras de la Virgen María que nos han transmitido los Evangelios: Haced lo que Él os diga.

En este comienzo del tiempo ordinario, este imperativo que María nos dirige cobra un especial significado. Porque, para quienes participamos habitualmente de la Eucaristía, lo que Jesús nos dice no nos es desconocido, pero hemos de reconocer que nos cuesta mucho hacerlo. Es como si nos dijéramos a nosotros mismos: “No hagáis lo que Él os diga”. Pero ese “no hacer lo que Él nos dice” tiene unas consecuencias, para nosotros, para la Iglesia y para toda la sociedad. Podemos tomar algunos ejemplos del evangelista san Lucas, que es el propio de este ciclo litúrgico:

“No nos portemos con la gente como queramos que se porten con nosotros” (cfr. Lc 6, 31). No seamos educados ni respetuosos, vayamos pisoteando a quien haga falta para salirnos con la nuestra.

“No amemos a nuestros enemigos” (cfr. Lc 6, 35). Que el rencor y la venganza sean nuestro lema.

“No hagamos el bien y prestemos sin esperar nada a cambio” (cfr. Lc 6, 35). Que nos mueva sólo el interés, actuemos pensando sólo en lo que vamos a poder sacar y beneficiarnos.

“No seamos misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso” (cfr. Lc 6, 36). El que me la hace, me la paga, no voy a tolerar que se rían de mí o me tomen por tonto. Ojo por ojo.

“No nos neguemos a nosotros mismos ni tomemos nuestra cruz cada día” (cfr. L. 9, 23). Tenemos derecho a hacer lo que queramos y nos apetezca. Que sean otros los que se comprometan y responsabilicen, los que hagan el trabajo aunque les suponga esfuerzo. Nosotros, ¡a disfrutar!

“No hagamos lo que el buen samaritano” (cfr. Lc 10, 30ss). El que tenga problemas, que se busque la vida, nosotros no vamos a cambiar nuestros planes ni a perder tiempo en ayudar a otros.

“No nos convirtamos” (cfr. Lc 13, 3.5), “busquemos los puestos principales” (cfr. Lc 14, 8ss). Que el egocentrismo sea lo que guíe nuestro actuar aunque perjudique a otros.

“No oremos como Jesús nos enseñó” (cfr. Lc 11, 1ss), no hablemos con Dios, no le llamemos Padre nuestro ni nos sintamos hijos suyos. Vivamos “como si Dios no existiera”, para sentirnos libres como el hijo pródigo de la parábola (Lc 15, 11ss).

No participemos en la Eucaristía, “no hagamos esto en memoria suya” (cfr. Lc. 22, 19). Eso es cosa de crédulos y viejos. ¿Por qué perder el tiempo un domingo, pudiendo hacer otras cosas más divertidas.

Si somos sinceros, todos hemos buscado excusas para “no hacer lo que Él nos dice”, pero eso tiene consecuencias nefastas. A los sirvientes les debió parecer una tontería y una pérdida de trabajo y de tiempo la petición de Jesús: Llenad las tinajas de agua. ¿Para qué echar seiscientos litros de agua? Más extraño debió resultarles la siguiente petición: Sacad ahora y llevadlo al mayordomo. Seguramente pensarían que Jesús quería gastar una broma pesada al mayordomo, o burlarse luego de ellos y de su credulidad… Pero se produjo el signo: el agua quedó convertida en vino. Y no simplemente vino común: tú has guardado el vino bueno hasta ahora. Y Jesús así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él.

María hoy nos dice: Haced lo que Él os diga. Hagámoslo, aunque nos cueste, o no entendamos o nos parezca inútil, porque sólo así podremos creer en Jesús y gustar el “vino bueno” que Él nos ofrece.