Meditación – Viernes I de Tiempo Ordinario

Hoy es viernes I de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 2, 1-12):

Cuando a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra. Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios?». Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -dice al paralítico-: “Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”». Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual». 

¡Qué bien nos viene el Evangelio de hoy para rezar durante estas vacaciones! Les invito, a la luz de la Palabra de Dios a dar gracias por lo vivido y proyectar con ánimo el año que estamos comenzando. Lo haremos meditando los tres elementos centrales de la lectura de hoy.

  1. Jesús perdona los pecados.
  2. Jesús sana las parálisis.
  3. Jesús nos envía a casa.

Lo primero, entonces, es que Jesús “perdona pecados” y tiene, por tanto, el poder de ayudarnos a dar vuelta las páginas más oscuras de nuestro pasado. Muchas veces nuestras mayores parálisis tienen relación directa con esto de no haber dado vuelta la página de nuestro pecado, con no habernos dejado misericordiar por Dios. Una imagen es más que elocuente en este sentido. En el capítulo 19 del Génesis, se cuenta cómo la mujer de Lot, invitada junto como su esposo y Abraham a salir de Sodomo y Gomorra (lugar de pecado), miró hacia atrás y se convirtió en una estatua. Notable la escena bíblica, porque acierta con una gran verdad: cuando nos pasamos mirando nuestro pecado, cuando una y otra vez volvemos la vista atrás, sin dejarnos misericordiar, acabamos convertidos en estatuas, esto es, acabamos paralizados, petrificados, sin poder avanzar. Cristo, en este tiempo de comienzo de año, con su perdón, con su misericordia, viene entonces a llamarnos a mirar hacia adelante, viene entonces a regalarnos un tiempo nuevo, viene entonces a librarnos de la parálisis que supone quedarnos mirando siempre hacia atrás, siempre hacia el pecado del pasado. La segunda Buena Nueva del Evangelio de hoy, que va justamente en la línea de lo que venimos diciendo, es que Jesús no sólo perdona pecados sino que también sana parálisis. Les invito, entonces, a poner delante del Señor todas aquellas parálisis que llevamos arrastrando por años en nuestras vidas, todas aquellas cosas que nos hemos convencido que no podemos, todas aquellas situaciones en las que nos sentimos petrificados y estáticos. Pidamos la Gracia de que este año nos encuentre sacudiéndonos de nuestras viejas ataduras, saliendo de nuestros esclavizadores “no puedo”. Como el Ángel le recordó a María en la Anunciación, para Dios “nada hay imposible”, pues bien, al despuntar este 2015, Cristo renueva esa apuesta y nos invita a salirnos de nuestras parálisis, a encarar incluso esas situaciones donde creemos que ya nada puede cambiar… Porque, repito: “para Dios nada hay imposible”. Finalmente, el Evangelio de hoy nos desafía, nos lanza en Misión, nos recuerda que una vez perdonados y sanados, se trata entonces de “levantarnos y tomar nuestra camilla” para ir con ella a ser “camilleros de nuestros hermanos”. Cuando Jesús invita al paralítico de hoy a que se lleve con él su camilla, lo que está haciendo realmente es comenzar con este hombre lo que podríamos una “cadena de favores”. Cristo le recuerda al paralítico, con este gesto, que su curación fue posible porque otros se hicieron cargo de él, de su camilla y de su parálisis; pues bien, ahora su Misión será ir y hacer con otros paralíticos lo mismo. También nosotros somos llamados por Dios hoy a sumarnos a esta “cadena de favores”, también nosotros que hemos sido sanados tantas veces estamos invitados a sanar a nuestros hermanos. También nosotros tantas veces perdonados, estamos ahora llamados a ir por el mundo misericordiando a quienes nos rodean. La camilla, entonces, recordará al paralítico que su Misión es ahora sanar y perdonar a otros; quiera Dios que tampoco nosotros olvidemos que hemos sido sanados y perdonados por Dios, por ese Dios que ahora nos invita a vivir en consecuencia, sanando y perdonando a nuestros hermanos. ¡Que así sea!

P. Germán Lechini SJ