Les falta vino

1. – Un signo, una señal puede ser una flecha en la cuneta del camino que señala una dirección. Puede ser una acción humana. Por la ancha acera de la madrileña calle de Serrano dos hombres se ven, se reconocen, se abalanzan y se palmotean estruendosamente la espalda. Esa acción es signo de la gran amistad que une a los dos hombres. Pero para un hombre, como puede ser un japonés, que no conozca el signo, resulta una extraña manera de lucha amistosa en plena calle.

San Juan nos dice que el milagro del vino de Caná de Galilea fue un signo:

* Qué pensaron los novios, no lo sabemos. Tal vez se quedaron en un gran agradecimiento a un hombre que les evitaba la gran vergüenza de no haber sabido prever el número de invitados.

* Tal vez, algún comerciante judío vio en ello el gran negocio que sería convertir el agua en vino bueno.

* Sí sabemos que los discípulos sintieron crecer su Fe en Jesús no por los seiscientos litros de vino, sino porque el banquete de bodas, el novio y la novia, la abundancia de vino y la alegría de los hombres, eran signos, flechas que señalaban desde los antiguos Profetas, la cercanía del Mesías que ya estaba entre ellos, en su Maestro Jesús.

2. – Jesús bendice con su presencia y su signo el comienzo de un nuevo hogar y nos dice que en la vida familiar es muy importante lo superfluo, lo pequeño y lo insignificante. Jesús no trae al banquete de bodas el pan o los corderos. Trae un buen vino, y eso que al parecer, ya estaban todos bastante bebidos.

+ Al ver tantas muestras de familias, malhumoradas, crispadas o malavenidas, se le viene a uno a los labios, la frase: “les falta el vino”.

+ Han pasado los años y la rutina ha entrado en el hogar. Falta la fantasía, la imaginación de la atención, del regalo, de acordarse de la fecha, de atender los gustos… “les falta el vino”.

+ Ya no se espera nada nuevo, ni se da nada nuevo. Todos se tienen que contentar con comer la harina, el azúcar y los huevos del pastel, sin que nadie se ocupe de cocinarlo… “les falta el vino”.

+ Los que fuera de sus casas son educados, amables, encantadores, siendo en casa ariscos como cardos, con espinas, y eso aunque guarden las formas del mutuo respeto… “les falta el vino”.

3. – Y es muy importante en la convivencia el amor que lleva a la creatividad, a la sorpresa, a las muestras del mutuo cariño. A todo eso que en nuestra adustez celtíbera, nos parece superfluo, pero que si falta, se agota la alegría de vivir y el hogar se convierte en pensión, en un mal hotel.

El adusto San Pablo nos dice: “sed cariñosos como buenos hermanos”, y en otra parte, “revestíos de bondad entrañable, de humildad, de dulzura, de comprensión”. No abandonemos esos signos, esos detalles que muestran que existe ese amor, que disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, el amor que no pasa nunca.

José María Maruri SJ

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