Meditación – Sábado I de Tiempo Ordinario

Hoy es sábado I de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 2, 13-17):

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían. Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

La palabra que resuena nuevamente en nuestro corazón es un imperativo… Jesús nos dice «Sigueme». Ya lo hemos escuchado en este año. Jesús desea que seamos mejores cristianos, mejores creyentes… «cristiano» significa seguidor de Cristo. En este evangelio se nos habla de un aspecto del seguimiento que consiste en no considerarnos justos ni sanos, porque nuestra realidad es pecadora. Eso no significa tirarnos a la lona, ni decir «que pobres somos», sino que habla de la realidad. Pertenecemos al género humano, y como género le hemo dado la espalda ya con Adán y Eva cuando el pecado ingresó. Dios encerró a todos en el pecado, para poder tener de todo misericordia. En este año estamos invitados a darnos cuenta de nuestra condición, porque ahí está el lugar de nuestra salvación. Lo dice muy bellamente Pedro Crisólogo, un gran santo doctor de la iglesia: «“¡Come con los publicanos y pecadores!” Pero, ¿quién es pecador sino el que rechaza verse como tal? Dejar de reconocerse pecador ¿no es hundirse más en su propio pecado y, para decir verdad, identificarse con Él? Y ¿quién es el injusto sino aquel que se cree justo?…» y continúa el Santo, animando al que se cree justo: » Vamos, fariseo, confiesa tu pecado y podrás venir a la mesa de Cristo». ¡Qué belleza! «Feliz culpa que nos mereció tan grande Redentor». Solamente quienes se hacen como niños y reconocen que son pecadores, sólo estos pueden sentarse en la mesa de Jesús porque Él no vino para los justos sino para los pecadores, por ende para todos porque todos somos pecadores. Que podamos vivir este año con la conciencia clara de que necesitamos de Dios, que no nos autojustificamos, sino que precisamos de nuestro redentor para vivir en plenitud y abundancia como Él ha querido para todos nosotros.

P. Fernando Goicochea SDB

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