Los dones del Espíritu Santo

1.- Voy a referirme hoy, principalmente, en este comentario homilético a la segunda lectura. Pero ello no es óbice para pasar por alto uno de los relatos más significativos y más bellos de los Evangelios. Naturalmente, me refiero a la historia de las Bodas de Caná. Y tiene muchos matices que son dignos de estudiarse y meditarse. Por un lado habrá que decir que Jesús adelanta el “debut” de su vida pública por indicación de su Madre, Maria. La Virgen hace eso con una frase que es toda una gran catequesis para todos: “Haced lo que Él os diga”. Nosotros, en todas las etapas de nuestra vida, hemos de seguir los consejos de María y hace que lo que nos dice Jesús. Parece claro, ¿no? Por otro que ese comienzo de la vida pública se hace en una boda y por un asunto aparentemente fútil, como puede parecer la falta de vino en una boda. Aunque no es así. La especial sensibilidad femenina de la Virgen entiende que sin vino el día más feliz de dos esposos puede convertirse en un gran problema y quedar negativamente en la memoria histórica de los desposados. Y es más que oportuno evitar ese fiasco, si podía evitarse.

Pero, a mi juicio, el hecho más notable es que dicho debut llegue en una fiesta de alegría y concordia como es una boda. Jesús no abre su vida pública mediante un solemnísimo discurso ante los doctores del templo. No lo hace en medio de un ambiente festivo y aporta, gracias a su fuerza y poder, una enorme cantidad de vino de muy buena cantidad. No podemos negar pues que siempre Jesús tuvo esa cercanía a la alegría y a la cordialidad, como lo demuestran las numerosas comidas a las que asistía y que fueron falazmente criticadas por los permanentes aguafiestas de los fariseos. Y en fin, el resumen bien puede ser: Actúa porque su Madre se lo pide, lo cual demuestra la importancia –simbólica y real—del papel de María en obra de Jesús, en la Redención. Inicia esa obra, de manera pública, en un ambiente de fiesta y de felicidad, lo que, asimismo, nos demuestra ese aprecio de Jesús por los momentos felices, basados, en este caso, en el amor de dos esposos. Sinceramente creo que son buenos argumentos sobre los que debemos reflexionar.

2. -. Y, como decía al principio, la lectura de la Primera Carta a los Corintios que hemos proclamado hoy hace Pablo una enumeración de lo que el Espíritu de Dios puede hacer con nosotros y así llegar incluso a acometer milagros. En los primeros tiempos del cristianismo la presencia del Espíritu Santo era visible en quienes lo recibían. La imposición de las manos cambiaba el talante de los fieles. ¿Está hoy el Espíritu más lejano de nosotros? Sinceramente, no. Lo que ocurre es que tenemos que aprender a mirar lo que hacemos con ojos espirituales. Tal vez, hagamos algún milagrito sin saberlo y, asimismo, sean signos que sirven a los demás, sin que nosotros lo apreciemos.

En muchas de nuestras crisis espirituales, en momentos un tanto oscuros, cuando parece que las cosas han cambiado o van a cambiar hasta lo desastroso, aparece, de pronto, una idea clara, inequívoca, plena de contenido sobre lo que tenemos que hacer. Es obvio que por ahí ha pasado el Espíritu. Y si la homilía de un cura cualquiera en no importa que lugar conduce directamente a un «pecador de larga duración» al confesionario, ¿no es eso un milagro? Lo que si debemos de tener claro es que cada uno tiene una misión dentro del Cuerpo Místico y que tales misiones solo llegan por el influjo del Espíritu Santo.

Tendemos a «desespiritualizar» todo y así podemos ver a un colaborador de Cáritas que se entrega a los pobres de su parroquia, como un hombre de mucha bondad personal y de una gran capacidad organizativa. También, a una catequista que educa maravillosamente los niños de su entorno como una mujer abnegada y de gran capacidad como enseñante. Pero sin más. Sin la trascendencia divina de su propio trabajo. Y se nos olvida el influjo del Espíritu que es quien está haciendo posible esos «milagritos» cotidianos. Deberíamos leer hoy el pasaje de la Primera Carta a los Corintios con una mayor literalidad, buscando más su significado concreto y abandonando una cierta tendencia al simbolismo. El Espíritu nos manda su Fuerza y con ella podemos hacer muchas cosas que nosotros solos no podríamos acometer.

3. -Y es bueno recordar al Espíritu Santo de Dios en este domingo segundo del tiempo ordinario, en el comienzo de tanta actividad “normal”, tras las Fiestas de la Navidad, para que Él nos ayude. Os propongo que recitemos juntos el Himno del Espíritu. Tal vez, podría sustituir a las preces de la Oración de los Fieles. Este precioso texto se lee en secuencia en la Misa de Pentecostés. Es, también, himno repetido en la Liturgia de las Horas. Además, es interesante meditar sobre él, tras la lectura del fragmento de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. No es muy fácil hacer más comentarios al respecto, pero emociona eso de «dulce huésped del alma». En fin, que no se nos olvide invocar al Espíritu todos los días de este año y dedicarle un tiempo de nuestras oraciones. Ahora lo que le estamos pidiendo es apoyo y conocimiento para ser mejores en este “año ordinario” que hoy iniciamos. Tiempo de trabajo habitual y cotidiano, que ha de servir para dar gloria a Dios y amor para nuestros hermanos ¡Qué Él nos ayude!

Ángel Gómez Escorial