Comentario – Lunes II de Tiempo Ordinario

Mc 2, 18-22

Siguiendo la «lectura continua» del evangelio, según san Marcos, no olvidemos que estamos ante la predicación de san Pedro, de quien Marcos es como el secretario. Es importante leer este evangelio por sí mismo; olvidando momentáneamente los otros tres evangelios… Como conocemos mejor el evangelio según san Mateo, nos sentimos tentados de «proyectar» sobre una página de Marcos, otros detalles de la misma escena, que Mateo nos ha relatado.

La pasada semana vimos el comienzo de la predicación y de la acción de Jesús. Vimos que había escogido ya cinco discípulos y que impone silencio a los que le reconocen como Hijo de Dios.

Esta semana, en cada página, encontraremos a «Jesús y sus discípulos» que forman un grupo absolutamente solidario, frente a sus adversarios…

En lo que Pedro nos aporta, es capital recordar esto: Jesús como diríamos hoy contesta y es contestado…

Los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban; vienen pues a Jesús y le dicen: ¿Por qué tus discípulos no ayunan, como los discípulos de Juan y los fariseos?» 

La solidaridad es pues total.

Hemos visto, viernes último, que se hacía a los discípulos una pregunta sobre el comportamiento de Jesús: «¿Por qué habla así este hombre? ¡Blasfema!» Hoy vemos a los mismos adversarios hacer a Jesús una pregunta sobre el comportamiento de sus discípulos: «¿Por qué tus discípulos no ayunan?» Todo el evangelio de san Pedro presentará este conflicto: sólo estamos en el segundo capítulo, pero ya se está preparando el «complot» que conducirá a la Pasión.

«Jesús y sus discípulos»… también es la Iglesia que se prepara.

Jesús y sus discípulos forman un grupo que nos interpela… por su comportamiento no habitual. ¿Es esto verdad hoy?

Jesús contesta: «¿Acaso pueden los invitados a la boda ayunar mientras está con ellos el esposo?» 

El segundo conflicto que provoca el grupo -siendo el primero la «remisión de los pecados»- es pues una especie de alegría inusitada: gentes que no «ayunan», gentes que «comen y beben» normalmente en lugar de ayunar, ¡gentes con aire de fiesta! Hasta aquí, los piadosos, los espirituales, se distinguían siempre por su austeridad, sus sacrificios.

¡Pues, sí! Es realmente la fiesta, responde Jesús. Mis discípulos son «los invitados a una boda»… tienen al «esposo» con ellos… son gentes felices, alegres. Si estos adversarios hubieran estado disponibles, habrían comprendido la alusión: toda la Biblia, que ellos creían conocer tan bien habla de Dios como de un Esposo que había hecho Alianza con la humanidad. He aquí llegado el tiempo de la nueva Alianza, he aquí llegado el tiempo de la Boda de Dios con el hombre, es pues el tiempo de la alegría. ¿Tengo yo el mismo espíritu? ¿Soy un discípulo de este hombre?

Nadie remienda un vestido viejo con una pieza de tela nueva… Nadie echa vino nuevo en odres viejos… A vino «nuevo», odres «nuevos». 

¡Pues, sí! Será preciso escoger.

O bien se queda uno con lo «viejo», los viejos usos, las viejas costumbres.

O bien uno entra en la «novedad», en la renovación, en la juventud. Jesús no teme afirmar, desde el comienzo, la novedad radical de su mensaje. El evangelio no es un «remiendo», ¡es «algo nuevo»! ¿Tengo yo este espíritu? ¿Soy un discípulo de este hombre?

Noel Quesson
Evangelios 1