Lectio Divina – Miércoles II de Tiempo Ordinario

«Levántate ahí en medio»

1.- Oración introductoria.

Señor, te pido que me llenes de tu Santo Espíritu, abierto y generoso, para liberarme de un espíritu ruin y cicatero; un espíritu que pone el cumplimiento de la ley por encima de la persona. Dame el Espíritu de Pentecostés, abierto a todos los pueblos y culturas. Que todos hablemos el mismo lenguaje que entiende todo el mundo: el lenguaje del amor.

2.- Lectura reposada del evangelio: Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús en una sinagoga y había un hombre que tenía la mano paralizada. Los fariseos estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.

3.- Lo que dice el texto.

Meditación-Reflexión.

Dos preguntas bien distintas: Una la de los fariseos: ¿Se puede curar en sábado? A los fariseos sólo les interesa el sábado, el cumplimiento de la ley, la observancia.  El hombre, la persona humana, no les interesa. La otra pregunta es la de Jesús: ¿Se puede hacer el bien y salvar una vida en sábado? A Jesús le interesa la persona que sufre, la persona que no puede vivir la vida en plenitud. Es como si dijera: las cosas no son buenas por estar mandadas ni malas por estar prohibidas; al contrario, están mandadas porque son buenas y están prohibidas porque son malas. Por eso dice al hombre de la mano seca: “Extiende tu mano”. No andes con la mano encogida, paralizada. Estás reduciendo tus posibilidades. Recobra la libertad de tu mano. A Jesús la postura de los fariseos le produce tristeza porque recortan la vida, no dejan que la gente sea libre, no les dejan gozar de la libertad que Dios les ha concedido.

Palabra del Papa.

En este paso del evangelio encontramos también otro pecado, cuando vemos que Jesús es criticado porque realizó una curación siendo día sábado. Es el pecado del formalismo. Cristianos que no dejan lugar a la gracia de Dios. Y a la vida cristiana, la vida de esta gente, es tener todos los documentos en regla, todos los certificados. Los cristianos hipócritas, como éstos, solo se interesan por las formalidades. ¿Era sábado? Entonces no se pueden hacer milagros, la gracia de Dios no puede operar el sábado. Entonces le cierran la puerta a la gracia de Dios. Para ellos cuentan solamente las formalidades. No se puede, es la palabra que tienen más a mano. A gente así la encontramos también nosotros. Tantas veces tuvimos apatía o fuimos hipócritas como los fariseos. Son tentaciones que vienen y que debemos conocerlas para defendernos. (Cf. S.S. Francisco, 1 de abril de 2014, homilía en Santa Marta).

4.- Qué me dice a mí este texto una vez que lo he meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: En este día voy a fijarme en las personas con las que me voy a encontrar. Son lo más importante para mí.  Son hijos e hijas de Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Padre mío, ¡que nunca me canse de hacer el bien! No he venido a este mundo para cumplir normas ni preceptos que vayan en detrimento de las personas. Dame la gracia de amarlas. Que llegue a esta conclusión: Hacer daño a las personas es la mejor manera de saber que estaba equivocado.

Comentario – Miércoles II de Tiempo Ordinario

Mc 3, 1-6

Un sábado entró de nuevo Jesús en la sinagoga, donde había un hombre con una mano paralizada.

Le observaban a ver si Jesús le curaba en sábado para poder acusarle.

En primer lugar hay que imaginarse la escena. Es muy concreta.

Es el día consagrado al Señor (hoy diríamos el domingo). Jesús va a la sinagoga para participar en el oficio, (la misa, hoy). La asistencia está allí, en torno a Jesús. Los adversarios habituales forman también parte de la asistencia: están ahí, nerviosos, esperando un paso en falso del joven rabí, una palabra contraria a la ortodoxia farisea, un gesto desacostumbrado prohibido por la Ley. Clima de sospecha: se quiere acusar… se espía.

Jesús dice al hombre de la mano paralizada: «Levántate y ponte delante.» Y a los otros les dice: «¿Es lícito el hacer bien en sábado… o el hacer mal…?»

Para ti, no es la Ley, ni aún la Ley del Sabbat, lo que tiene la primacía. Es este pobre hombre paralizado… lo primero. Las leyes están hechas para bien de las personas. Nunca la Ley por la Ley, el reglamento por el reglamento. ¿Cuáles son las obediencias a las que he de someterme según mi estado de vida? Ayúdame, Señor, a descubrir sus razones profundas, para someterme a ellas desde mi interior y libremente… y no a la fuerza, o mecánicamente, formalmente.

«¿El salvar una vida… o el matar…?»

Sí, Dios está en favor de la vida, de la salvación, de la felicidad. Jesús afirma el primado de la «conciencia» humana sobre la regla.

De hecho, Jesús no destruye el sábado: incluso pone de manifiesto en profundidad su sentido profético… debería ser el día de la «alegría», el día de la “vida” el día de la «fiesta»… ¡el día de Dios! ¡el día en que se «hace el bien», el día en que se «salva una vida»!

Pero, aparentemente, Jesús trasforma enteramente la concepción mezquina que de la Ley se habían hecho sus responsables.

¿Qué concepción tengo yo del domingo?

Y ellos callaban… Entonces, dirigiéndoles una mirada airada, entristecido por la dureza de su corazón…
No quieren contestar a «su pregunta». Están seguros de sí mismos. Son ellos los que poseen la verdad. Ni siquiera inician el diálogo. Se callan. Ni siquiera quieren disentir. Quizá se verían obligados a acusarse.

Contemplo tu rostro, Señor, «airado». No te importa enfrentarte a tus contemporáneos… no ser de la opinión de los dirigentes. Pero tu violencia, oh Señor, no apunta a la muerte sino a salvar una «vida», tú dices «no» al mal, bajo todas sus formas.

Y, por esto, ¡eres un apasionado! Tú eres capaz de encolerizarte.

Cuando los hombres no quieren cambiar de punto de vista, cuando nos encerramos en nuestros juicios legalistas, cuando rehusamos responder a las preguntas que nos haces, cuando «endurecemos nuestro corazón»… ¡esto te encoleriza. Señor!

Señor, cúranos de nuestros sectarismos, de nuestras estrecheces.

Una vez fuera, los fariseos se concertaron con los herodianos sobre la manera de prender a Jesús.
El evangelio de Marcos es dramático. Desde el comienzo se entreveía cruz. Durante tres años, el combate será tenaz y despiadado.

Noel Quesson
Evangelios 1

Semana de oración por la unidad de los cristianos

DÍA 3

“El rey Herodes se inquietó mucho cuando llegó esto a sus oídos, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén” (Mt 2, 3)

La presencia de Cristo pone el mundo al revés

Lecturas

New 4, 18-21: Desde el amanecer hasta que salían las estrellas trabajábamos en la obra
Sal 2, 1-10: ¿Por qué las naciones se sublevan…?
2Ts 2, 13.3, 5: ¡Pero el Señor es fiel! Él os hará fuertes
Mt 2, 1-5: Se inquietó mucho…, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén

Reflexión

El Señor ha acampado entre nosotros. La venida de Cristo altera los caminos del mundo. A diferencia de tantos líderes nacionales, el Señor viene con humildad denunciando la injusticia y la opresión que acompañan a la ambición por el poder y el estatus superior. La venida de Jesús reclama un cambio de corazón y una transformación de la vida, para que las personas queden liberadas de todo lo que las deshumaniza y les hace sufrir. Jesús nos muestra que Dios está con aquellos que sufren porque toda persona posee la dignidad de ser un hijo amado de Dios. Precisamente por eso, la presencia de Jesús incomoda, porque él hace zozobrar la barca de los ricos y los poderosos que solo se preocupan por sus propios intereses y descuidan el bien común. Sin embargo, para aquellos que trabajan por la paz y la unidad, la venida de Cristo trae la luz de la esperanza.

Hoy se nos invita a comprometernos personalmente a actuar constructivamente para que la justicia se haga realidad en nuestro mundo. Esto conlleva la necesidad de reflexionar y reconocer las veces en que nuestros caminos no son los caminos de justicia y de paz de Dios. Cuando los cristianos trabajan juntos por la justicia y la paz, nuestra fuerza es aún mayor. Y entonces la respuesta a nuestra petición por la unidad de los cristianos se hace visible, y los demás pueden reconocer en nosotros la presencia de Cristo en nuestro mundo. A través de nuestras palabras y acciones, podemos ser portadores de la luz de la esperanza para tantas personas que aún viven en la oscuridad del descontento por la política, por la pobreza social y la discriminación estructural. La Buena Nueva es que Dios es fiel, y él es el que nos fortalece y nos protege de todo mal, el que nos alienta a trabajar por el bien de los demás, especialmente por aquellos que viven en la oscuridad del sufrimiento, del odio, de la violencia y del dolor.

Oración

Oh Señor, nos has sacado de las tinieblas y nos has guiado hasta Jesús. Has hecho brillar en nuestras vidas la estrella de la esperanza. Ayúdanos a estar unidos en nuestro compromiso de hacer presente tu Reino de amor, de justicia y de paz, y así ser antorcha de esperanza para quienes viven en la oscuridad de la desesperación y el desencanto. Toma nuestra mano, Señor, para que podamos verte en todos los momentos de nuestra vida. Haz que te sigamos sin miedo y sin angustia. Ilumina tu luz sobre nosotros y enciende nuestros corazones para que vivamos envueltos en el calor de tu amor. Álzanos hacia ti, que te has despojado de todo por nuestro bien, para que nuestra vida te glorifique a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Comienzo de la Predicación de Jesús – Lucas 4, 14-21

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar la libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía puestos los ojos en él. Y él se puso a decirles: – Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Explicación

Después de bautizarse en el río Jordán, Jesús regresa a Nazaret y comienza una nueva etapa de su vida, a la que da un carácter más abierto y público. En la sinagoga de su pueblo, después de leer un pasaje del Profeta Isaías, que anuncia la libertad para los que viven como en una cárcel por la ceguera, por la rabia contra los otros, por la pobreza o por la violencia, Jesús dice que para eso ha venido él, y que con la fuerza de Dios, llevará a cabo el encargo que su Padre le ha hecho : dedicar su vida a hacer el bien y a ayudar a los demás.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Lucas: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos ocurridos entre nosotros cuando vivía Jesús.

Niño1: Lucas, pero a mí me han dicho que tú no eras de los discípulos que él llamó en el monte.

Niño2: ¿Cómo puedes tú hablarnos de lo que hacía Jesús, si no lo viste?

Lucas: Siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra de Jesús.

Niño1: Te refieres a los Apóstoles, porque ellos sí vieron a Jesús.

Lucas: Así es. Pero no me contenté con lo que oía, sino que me puse a comprobarlo todo exactamente desde el principio.

Niño2: Vamos, que dejas claro que trabajaste a conciencia.

Lucas: Luego, resolví escribirlo todo por su orden, para que conozcáis la solidez de las enseñanzas que he recibido.

Niño1: ¡Vale! Oye Lucas, cuéntanos. ¿Qué ocurrió después de las bodas de Caná?

Lucas: Jesús volvió a Galilea. Ya su fama se había extendido por toda la comarca. Entraba en las sinagogas y todos lo alababan por sus enseñanzas y los signos que hacía.

Niño2: ¿Y también predicaba Jesús en su pueblo?

Lucas: Sí, en aquellos días también fue a Nazaret, donde se había criado. Y como aquel día era Sábado, fue con la gente de su pueblo a rezar a la sinagoga, como siempre lo había hecho cuando vivía allí.

Escuchad:

Judío: Jesús, ¿quieres tú leer hoy la escritura de los Profetas?

Jesús: Está bien. Lectura del Profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor”.

Lucas: Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y Jesús se puso a decirles:

Jesús: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles II de Tiempo Ordinario

Está visto que hacer el bien no siempre se entiende. En el Evangelio de Juan, recuerdo, hay un momento cuando Jesús, con mucha sorna, dice que ha hecho entre los judíos muchas obras buenas, y pregunta por cuál de ellas quieren arrestarle.

No me extraña que Jesús se enfadara. Que le doliera la cerrazón de esa gente que ponía por encima de la curación de un enfermo el precepto sabatino. Pocas veces Jesús se “pone bravo”. Pero cuando lo hace, es con razón. Como en el caso del templo, al expulsar a los vendedores. O en el texto que hoy escuchamos en la liturgia. La opción de Jesús por la persona es muy clara. Devolver la plena dignidad a ese inválido es lo primero. Y si hay que ir contra todos, se va.

Me puedo imaginar la alegría del curado. Fue a la sinagoga, a ver qué había de nuevo, y se encontró con Jesús, Vaya encuentro. La vergüenza de estar en el centro, siendo mirado por todos, dejó paso, seguro, al regocijo. Poder vivir como todos, independiente, sin tener que recurrir a otros. En estos momentos me acuerdo de agradecer a Dios por poder andar, por ver, por tener todos los miembros de mi cuerpo…

En tu vida, como en la mía, seguro que ha habido momentos en los que hemos sentido que la parálisis nos invadía, no nos dejaba ir hacia delante. Cuando vuelva a suceder, cuando te parezca que estás paralizado en el camino espiritual, busca a Jesús. Extiende tu mano delante de Él, y desea de todo corazón que te sane. Él lo puede todo.

Hay batallas que parecen perdidas de antemano, pero que se resuelven en una décima de segundo. Goliat parecía invencible, pero David pudo derrotarlo, con la ayuda de Dios. Leí hace mucho una historia de ciencia ficción, en la que dos bandos, enemigos desde hacía mucho tiempo, se encontraban dispuestos para la guerra. Los ordenadores de ambos grupos habían decidido cuál de los dos debía ganar, según la disposición de las naves sobre el terreno. Pero, cuando todo parecía perdido, un piloto anónimo salió de la formación, atacó por el centro y provocó la derrota del enemigo. Aunque los ordenadores habían decidido el ganador, un hombre pudo labrar su destino y cambiar el curso de la historia.

Puede que este relato sea una versión moderna de la lucha de David contra Goliat, pero me recuerda que cada una de nuestras acciones puede ser decisiva para nosotros o para los demás. Que podamos tenerlo en cuenta, cuando decidamos actuar. Que actuemos siempre pensando en Dios y en los demás, para que nuestro Padre celestial se sienta orgulloso, y para que nosotros podamos mirarle a los ojos con confianza.

Alejandro Carbajo, cmf

Meditación – Miércoles II de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles II de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 1-6):

En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Entonces le dice al hombre que tenia la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Jesús insiste que la ley del sábado está al servicio del hombre y no al revés. No es el hombre para la ley, que termina siendo un esclavo. La ley está al servicio del hombre, es una ayuda. Por ejemplo yo siempre digo que si la ley no nos ayuda a vivir la caridad fraterna no sirve para nada. La ley mata, el amor da vida. Jesús delante de sus enemigos que espían todas sus actuaciones, cura al hombre de la mano paralizada. Lo hace a propósito en la sinagoga y en sábado. En sábado estaba prohibido hacer sanaciones. Jesús quiere demostrarles que la persona está por encima de la ley. Para ayudar a los demás no debe haber ninguna ley que lo impida. Ni el Estado ni la Iglesia tienen derecho a prohibirnos a vivir la caridad hacia los demás. Jesús pone a prueba a todos los presentes: ¿se puede curar a un hombre en sábado? Y ante el silencio de todos, dice el evangelio de Marcos que Jesús les dirigió «una mirada de ira», «dolido por la dureza de sus corazones». Algunos, al encontrarse con frases de este tipo en el evangelio, tienden a hablar de la «santa ira» de Jesús. Pero aquí no aparece lo de «santa». Sencillamente, Jesús era Dios pero también hombre verdadero. Y se enfada, se indigna, se enoja, se pone triste. Porque estas personas, encerradas en su interpretación exagerada de una ley, son capaces de quedarse cruzados de brazos y no ayudar al que lo necesita. Son fríos, son indiferentes, son de corazón duro. ¿Cómo puede querer eso Dios? Hoy también nos encontramos con personas así que no ayudan a nadie, son fríos e indiferentes.

Al verse puestos en evidencia, los fariseos «se pusieron a planear el modo de acabar con Jesús». Así reaccionan los malos. Quieren matar al que hace el bien, y si no pueden, al menos lo despotrican o lo odian, y lo matan en su corazón. Muchos se preocupan por una ley minuciosa más que del bien de las personas. Se encierran en la ley fría que hay que cumplir, y desatienden a la persona, sobre todo de las que sufren. Pero la ley suprema de Cristo son las personas, la salvación de las personas. Ojalá que nunca perdamos la sensibilidad para hacer el bien a los demás pasando por encima de las leyes rígidas que destruyen a las personas. Al que es legalista solo le interesa hacer cumplir leyes y no mira a la persona. Hay quienes se comprometen con las leyes y su cumplimiento rígido, y no con las personas que necesitan ayuda. Se comprometen con las estructuras y leyes, pero no con las personas. Y esto no es evangélico, ni cristiano. La ley mata, solo el amor da vida, solo el amor hace vivificar a la persona. Una persona con la mano paralizada se siente un inútil. Que importante es la mano, muchas veces no nos damos cuenta, hay quienes la valoran solo cuando está inutilizada. La mano es importante para el trabajo digno, para asearse, para comer, para acariciar, para bendecir. Hay quienes la usan para el mal, para el robo, se dice que meten la mano en la lata, usan las manos para la corrupción, para golpear, para abusar, para castigar. Que podamos usar las manos siempre para el bien. Que Dios nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo, y del ES, amén.

P. Héctor Lordi

Liturgia – Miércoles II de Tiempo Ordinario

MIÉRCOLES DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Sam 17, 32-33. 37. 40-51. Venció David al filisteo con una honda y una piedra.
  • Sal 143. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
  • Mc 3, 1-6. ¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Antífona de entrada Sal 95, 1. 6
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Honor y majestad le preceden, fuerza y esplendor están en su templo.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy, además de pedir con insistencia en la celebración el gran don de la unidad de las Iglesias, también pediremos humildemente perdón a Dios nuestro Señor y a los hermanos separados, reconociendo la parte de culpa que nosotros, los católicos, podamos tener en la ruptura de esta unidad. Por eso, comenzamos la Eucaristía pidiendo humildemente perdón por nuestros pecados.

  • Tú, nuestro bienhechor y nuestro alcázar. Señor, ten piedad.
  • Tú, baluarte donde nos ponemos a salvo. Cristo, ten piedad.
  • Tú, nuestro escudo y nuestro refugio. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH Dios,
que unes a los pueblos más diversos en la confesión de tu nombre,
concédenos la gracia de querer y de hacer cuanto nos mandas,
para que el pueblo llamado a tu reino,
viva en la unidad de la fe y del amor.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Al celebrar estos sagrados misterios, pidamos al Dios de la salvación que escuche misericordiosamente nuestras plegarias.

1.- Para que conceda a la Iglesia la libertad y la paz. Roguemos al Señor.

2.- Para que se digne establecer y conservar la justicia en todas las naciones. Roguemos al Señor.

3.- Para que descubra a los poderosos que mandar es servir. Roguemos al Señor.

4.- Para que dé a los súbditos una obediencia sin servilismo. Roguemos al Señor.

5.- Para que perdone a los pecadores, proteja a los justos, consuele a los que sufren y dé la salud a los enfermos. Roguemos al Señor.

Oh, Dios, que derramas sobre los corazones de tus fieles el don de la caridad; concede a tus siervos la salud del alma y del cuerpo para que vivan en tu amor, cumpliendo tus mandatos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, recibe con bondad nuestros dones
y, al santificarlos,
haz que sean para nosotros
dones de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 33, 6
Contemplad al Señor y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará.

Oración después de la comunión
SEÑOR,
infunde en nosotros tu Espíritu de caridad, y,
por la eficacia de este sacrificio,
haz que cuantos creemos en ti
vivamos unidos en un mismo amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martirologio 19 de enero

ELOGIOS DEL 19 DE ENERO

En Esmirna, en la Turquía actual, pasión desan Germánico, mártir de Filadelfia en tiempo de los emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio. Discípulo de san Policarpo, le precedió en el martirio, y al ser condenado por el juez en el vigor de la primera juventud, superó con la gracia de Dios el temor de la fragilidad corporal y llegó a provocar él mismo a la fiera que le destinaron para su sacrificio. (c. 167)

2. Cerca de Spoleto, ciudad de la región actualmente italiana de Umbría,san Ponciano, mártir, que en tiempo del emperador Antonino fue duramente azotado con varas y finalmente atravesado con espada, a causa de su fe en Cristo. (s. II)

3. En la vía Cornelia, en la decimotercera milla antes de Roma, en el cementerio de Ninfa, santos Mario, Marta, Audifax y Abaco, mártires.(c. s. IV)

4. Conmemoración de san Macario el Grande, presbítero y abad del monasterio de Scete, en Egipto, donde, considerándose muerto al mundo, vivía sólo para Dios, enseñándolo así a sus monjes. (c. 390)

5. Conmemoración de san Macario, llamado «Alejandrino», también presbítero y abad en el monasterio de Scete, en Egipto. (s. V)

6. En la ciudad de Lodi, en la actual región italiana de Liguria, conmemoración de san Basiano, obispo, que luchó enérgicamente, junto con san Ambrosio de Milán, para proteger a su grey de la herejía de los arrianos que aún persistía en su diócesis. (409)

7. En Como, ciudad de Lombardía, también en Italia, santas Liberada y Faustina, hermanas y vírgenes, que fundaron el monasterio de Santa Margarita. (580)

8*. Cerca de Chartres, en Neustria, actual Francia, san Launomaro, abad del monasterio de Corbión, que había fundado él mismo en la soledad de Perche. (c. 593)

9. En Ravena, en la región italiana de Emilia-Romaña,san Juan, obispo, el cual, mientras toda Italia era devastada durante la guerra contra los lombardos, proveyó óptimamente a las necesidades de la Iglesia, como narra san Gregorio Magno, papa, quien le envió su libro de la Regla Pastoral. (595)

10*. En Rouen, ciudad de Neustria, actual Francia, san Remigio, obispo, hermano del rey Pipino, que se preocupó por introducir el modo romano en el canto de la salmodia. (c. 762)

11*. En la isla de Corfú, en Grecia, san Arsenio, obispo, que fue un pastor completamente dedicado a su grey y asiduo en la oración nocturna. (s. X)

12*. En la ciudad de Sevilla, en España, beato Marcelo Spínola y Maestre, obispo, que fundó asociaciones de trabajadores para cooperar en su desarrollo social, combatió en defensa de la verdad y la justicia, y abrió su casa a los menesterosos. (1906)