Notas para fijarnos en el Evangelio

El prólogo de Lucas (1, 1-4)

• El tal «Teófilo» 83), al cual Lucas dedica también la segunda parte de su obra, los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 1), es posible que sea una persona concreta. Pero, teniendo en cuenta que significa «amigo de Dios», pues ser el nombre genérico de todos quienes serán lectores del Evangelio. Leer el Evangelio nos hace amigos de Dios.

• Lucas dice qué pretende: que el lector «constate la solidez de la enseñanza que ha recibido» (4).

• Los medios que pone para conseguir su objetivo son los dos escritos: el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles. Con estos escritos, Lucas no quiere hacer una historia científica, ni una biografía a través de los «hechos» (1). Lucas contempla la acción del Espíritu Santo en la persona de Jesús y en la Iglesia. Y el, nos invita a contemplar lo transmitido por los dos escritos: el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles. Esto es lo que le interesa a todo evangelista, a todo transmisor de la Buena Noticia: en la historia, en los «hechos», en la vida cotidiana, descubrir y señalar lo que el Espíritu de Dios hace. Esto es lo que dará «solidez» a la «enseñanza» que el lector ya «ha recibido» (4).

• Es interesante darse cuenta que esta tarea del anuncio de la Buena Nueva se hace a partir de los «testigos» (2). Es decir: la fe en Cristo es una experiencia, no una idea. Por eso es por lo que son los «testigos» los que «se convierten en servidores de la Palabra» (2), es decir, evangelistas.

• El hecho de «investigarlos todo de nuevo y con rigor» no es desautorizar. Revela que las «exposiciones» precedentes no respondían a las circunstancias de la comunidad de Lucas (para aquella comunidad eran tendenciosas -recordemos que escribe fundamentalmente a gente de cultura griega-).

Jesús empieza su ministerio (4, 14-15)

• La narración «ordenada» (3), Lucas la empieza con un resumen del ministerio de Jesús:

  • actúa en Galilea (14);
  • es movido y conducido por el «poder del Espíritu» (14) -esto ya se había destacado (Lc 4, 1) y será el tema del que Jesús leerá y comentará acto seguido (18)-;
  • el ministerio consiste en «enseñar» (15);
  • y empieza ejerciéndolo en las «sinagogas» (15), lugar significativo donde el pueblo de Israel se reúne para escuchar la Palabra de Dios -ahora la escucharán en Jesús-.

• Toda esta acción de Jesús desemboca en la alabanza de Dios por parte del pueblo (15).

• Nazaret no es la aldea bucólica… sino que cerca de caminos que conducían a Damasco y a Líbano cabe pensar que tenía influencias de cultura griega, siria y romana, desde la nítida identidad judía (nacionalista).

• «Según costumbre», hace referencia a sus enseñanzas, pero también puede que haga referencia a que había en Nazaret alguna estructura sinagoga (grupo de varones, edificio, alguien que leía en hebreo y traducía en el arameo).

Jesús en la sinagoga de Nazaret, «dónde se había criado» (4, 16-21)

• El primer «hecho» (1) relatado sucedió «dónde se había criado» (16). Nazaret es el lugar de la vida cotidiana. Jesús actúa en el corazón de su pueblo, donde se cuece la vida de la gente. Y lo remueve todo. Todo su ministerio se desarrolla en el corazón de su pueblo, entre Nazaret y Jerusalén (Lc 1, 26. 39; 9, 51).

• Otra vez Lucas nos presenta la acción del «Espíritu» (18) que marca todo lo que hace y dice Jesús. Esta acción queda expresada en el texto que Jesús lee (18-19) del profeta Isaías (Is 61, 1-2). El texto de Isaías es un texto programático, que resume la identidad y la misión de Jesús en sentido mesiánico (profeta-Mesías). Pero añade (provocativa-mente) Is 58, 6; «a poner en libertad a los oprimidos», describe, así, Lucas la misión liberadora de Jesús, el Ungido por el Espíritu. Y, con toda la escena de la sinagoga, hasta el versículo 30 (puede ser interesante coger  la Biblia y leer todo el pasaje, aun cuando el próximo domingo encontraremos el resto), anticipa la muerte y resurrección, consecuencia de la actuación y predicación de Jesús: todos quienes estaban en la sinagoga se llenaron de indignación; se levantaron, lo empujaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un escampado de la montaña sobre la cual estaba edificado el pueblo, con la intención de apedrearlo.

• Pero Jesús pasó entremedias de ellos y se fue (Lc 4, 28-30): en primer lugar, anuncia a los pobres el fin de su condición miserable (1, 51-53); 2, 10s); cautivos, ciegos, los oprimidos (Is 9, 1). Hay también una alusión al año jubilar (19: año favorable del Señor) en que se cancelaban las deudas y se ponía en libertad a los esclavos (Levítico 25).

Otra cosa muy provocativa de las palabras que Jesús omite (no lee v. 20) es el final del texto de Isaías 61, 2: «el día del desquite del Señor nuestro Dios», referido a la Victorio sobre los paganos.

Recordar que el texto de Isaías 61, 1-4 es un canto a la liberación israelita del exilio de Babilonia… pero la liberación no se había cumplido (después de los persas vinieron los griegos, y los romanos)… pues hoy (con Jesús) se cumple esta «Escritura»… esto es inaceptable.

• La expresión «hoy se cumple» (21) quiere decir unas cuántas cosas:

  • Lo que dice «la Escritura» es actual. Pero sólo es percibido como tal cuando es leído y escuchado con la fe que suscita la acción del «Espíritu», quien convoca y abre el corazón.
  • Jesús es el «Ungido» (18) de Dios.
  • «El Espíritu» actúa «hoy», ahora y aquí, en favor de los «pobres», de los «cautivos», de los «ciegos» (18).
  • Y, por lo tanto, la prioridad de quien se deja conducir por «el Espíritu» -tanto Jesús como quienes lo quieran seguir- es la liberación de los «pobres, desvalidos, cautivos, ciegos…».

• «La tensa expectación» (20) es porque esperaban el final de Isaías (victoria sobre los paganos) y alguna explicación (que Jesús no dio). Jesús conocido en su pueblo, ahora llega de nueva fama (4, 14) y por propia iniciativa lee un texto clásico mesiánico pero omitiendo el final. Se lo aplica a sí mismo y abre la era de la salvación a toda la humanidad (universal, también para los paganos).