Comentario – Viernes II de Tiempo Ordinario

Mc 3, 13-19

Hasta aquí, el grupo de los discípulos era de cinco: Simón, Andrés, dos hermanos…

Santiago y Juan, otros dos hermanos… y Leví. En ese punto de su relato, Marcos nos narra la Institución solemne de los «doce».

Jesús subió a un monte. 

Es el lugar de las grandes decisiones, un lugar solitario propicio para la oración… un lugar también de amplios horizontes, desde donde se ve a lo lejos…

Contemplo a Jesús subiendo por el sendero que conduce a la cumbre.

Es una alusión a Moisés subiendo al Sinaí para dar al pueblo de Dios las leyes que le constituyen como tal.

Llamó a los que quiso y vinieron a él. 

La primera característica de esta vocación, es la voluntad soberana del amo: llama a «los que quería». Eres Tú, Señor, quien toma la iniciativa. Señor, ¿estoy donde tú quieres? La segunda característica es la proximidad con Jesús: vinieron «a El», junto a El. Vivir en la intimidad de Jesús. Pertenecer a su grupo. Reflexionar, rezar, trabajar con Jesús. A fuerza de frecuentar a Jesús, deberán, en tres años, llegar a pensar y actuar como El. Cuando Jesús habrá desaparecido visiblemente, ellos tendrán que representarle… hacerle presente. Señor, ¿vivo yo suficientemente «junto a ti»?

Designó a doce… instituyó pues a los doce…

La palabra se repite en el intervalo de dos líneas.

¿Es una torpeza redaccional de Marcos? ¿Es una insistencia? Para Marcos, Jesús no ha «llamado» simplemente a los doce… los ha establecido, los ha «hecho», los ha «instituido».

Al escoger este número simbólico de «12», Jesús tiene una intención muy precisa: funda el nuevo Pueblo de Dios, estableciendo los doce patriarcas a los que conferirá la responsabilidad de este pueblo.

¿Cuál es mi actitud profunda hacia la Iglesia institucional? Cristo ha confiado inmensas iniciativas a su Iglesia: pero hay algo que El mismo ha fijado, y es la estructura jerárquica de la Iglesia, símbolo expresivo de la «iniciativa divina». La humanidad no se otorga la salvación a si misma, la recibe de Dios… y los «ministros» de esta salvación son el signo de que esta salvación «viene de Dios», es otorgada por Dios.

Para que le acompañaran y para enviarlos a predicar, con poder de expulsar a los demonios. 

Es la reanudación de la famosa jornada de Cafarnaúm, que daba un resumen de toda la actividad de Jesús (Mc 1, 21-30): Los Doce han sido pues instituidos para hacer lo que hacía Jesús.

«Enviados»… es la traducción de la palabra griega: «apóstoles».

Para «predicar»: es la primera misión de los apóstoles.

Como Jesús, y con El, hemos de proclamar la «buena nueva» del Reino de Dios.

«Para expulsar a los demonios»: es la segunda misión de los apóstoles. Como Jesús y con El, hay que combatir el mal del hombre, quitar el pecado del mundo, hacer que progrese el amor, ¡expulsar a los malos demonios del hombre! Por medio de su Iglesia, de los Doce y de sus sucesores, Jesús continúa actuando.

Y cada cristiano está asociado a esta obra, con su palabra y su trabajo, donde quiera que se halle en su medio familiar, o en su medio de trabajo.

Noel Quesson
Evangelios 1