Hoy se ha cumplido esta Escritura

Después de bautizarse en el río Jordán, Jesús regresa a Nazaret y comienza una nueva etapa de su vida, a la que da un carácter más abierto y público. En la sinagoga de su pueblo, después de leer un pasaje del Profeta Isaías, que anuncia la libertad para los que viven como en una cárcel por la ceguera, por la rabia contra los otros, por la pobreza o por la violencia, Jesús dice que para eso ha venido él, y que ,con la fuerza de Dios, llevará a cabo el encargo que su Padre le ha hecho: dedicar su vida a hacer el bien y a ayudar a los demás.

En la sinagoga todos tenían fijos los ojos en Jesús. porque en Él veían no solo unas palabras, una proclamación sino la cercanía del Reino que emergía con su persona, con sus acciones, en definitiva, con su Amor.

En Cristo se cumplen plenamente las Escrituras del Antiguo Testamento. Él, Ungido por el Espíritu Santo, ha sido enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar el año de gracia del Señor. Formando un solo cuerpo con Cristo, vivimos y nos alimentamos de la Palabra de Dios que escuchamos con fe y llevamos una vida según la voluntad del Padre para que merezcamos abundar en buenas obras.

La lectura pública de la ley marca una fecha muy importante en la historia de Israel. Pues, hasta ese momento, el pueblo vivía su fe rezando, participando en las ceremonias y sacrificios del templo. Recibía de boca de los sacerdotes y profetas sentencias o prédicas. No sentía la necesidad de leer la Ley. Esdras entiende que, en adelante, la comunidad se desarrollará en torno a la lectura, la meditación y la interpretación del libro sagrado: la Ley no estará guardada, sino que será libro de todos y la norma de su fe.

Este paso religioso y cultural es parecido al que ha afectado a cristianos en diversos momentos de la historia. la fe cristiana no puede cobrar fuerza sino a partir de la palabra de Dios leída y escuchada en forma comunitaria. La palabra proclamada ante el pueblo y aceptada por el pueblo, comentada después e interiorizada por cada uno, lleva a la responsabilidad y a la conversión de todos.

El domingo pasado el apóstol nos recordaba que en la Iglesia hay diversidad de dones y que en la comunidad no todos tenemos ni un mismo papel ni idéntica función. Pero, en cambio, como cristianos, todos hemos sido injertados en el Cuerpo de Cristo por medio del bautismo. Los bautizados somos, no sólo hermanos de Cristo, sino miembros de un mismo Cuerpo. Bajo este aspecto todos tenemos una dignidad e incluso una importancia semejante. No debemos olvidar nunca que Cristo es el que nos une y nos hace sacramento de salvación en medio del mundo. Como Iglesia nos proponemos señalar, comunicar y dar a Cristo, el salvador a toda la humanidad y ser signo e instrumento de la misericordia de Dios. La Iglesia no solamente es comunidad, lugar y espacio de salvación, sino también, en nombre de Jesucristo, es causa instrumental, mediación de salvación por su condición de servidora de la humanidad.

En la línea de lo que estamos celebramos hoy podemos decir que Cristo, en quien creemos y a quien seguimos, en torno al que nos congregamos cada domingo, es el que nos transmite la verdadera Palabra, con mayúscula. Él, en verdad, no sólo ha dicho palabras: El ES la Palabra de Dios a la comunidad. Lo que había anunciado Isaías se cumple “hoy” en Cristo Jesús no sólo en la sinagoga de su pueblo, también aquí, hoy, entre nosotros. Él es el que ilumina nuestras dudas y el que nos libera de todas las manipulaciones y el que nos enseña la Verdad. Vale la pena seguirle domingo tras domingo en su magisterio profético. Su Palabra será buena Noticia y liberación, consuelo gozoso y a la vez exigencia estimulante para nuestro camino. Hoy Jesús es quien anuncia -como en la sinagoga de Nazaret-, ahora aquí, su alegre Buena Noticia de libertad y de vida. Para que todos vivamos con alegría su anuncio jubiloso de vida.

Jesús de Nazaret, es la Palabra del Padre, es la Palabra que quiere liberarnos a todos los hombres de todas las esclavitudes a que nos tiene sujetos “el pecado del mundo”: la ignorancia, el hambre, la miseria y la opresión. Quiere liberarnos de todo tipo de cadenas, de cualquier clase de ceguera, de todas las prisiones. Del egoísmo personal de cada uno y del egoísmo organizado de las estructuras opresoras. De las cadenas de unos estudios, trabajos, diversiones, religiosidades, relaciones humanas… deshumanizantes, alienantes, que nos incapacitan para descubrir la realidad que padecemos.

Aceptar a Jesús como Palabra, significa actualizar su obra de liberación para los hombres; sólo quien sigue su gesto y ayuda a los enfermos, libera a los cautivos y proclama el evangelio para todos los pobres de la tierra, sólo ése habrá entendido la dicha de la Palabra de Dios que se abre ante nosotros en nuestra vida cotidiana. Decir que la Palabra de Dios se cumple quiere decir que la humanidad, hoy, ha incorporado a Dios en Jesucristo. Él nos invita a seguir sus pasos y a continuar su obra, construyendo un mundo más justo, un mundo en el que podamos superar la enfermedad, en el que liberemos a los cautivos, en el que la pobreza no suponga un problema para nadie, en el que su Buena Noticia, la palabra definitiva de Dios, sea conocida y aceptada por todos.

Hoy Lucas nos señala el modo de proceder y la necesidad de situarse en la misión. La situación que vivimos; el lugar en el que estamos; las circunstancias que concurren, reclaman del bautizado y de la comunidad de bautizados, asumir que el mismo Espíritu por el que fuimos incorporados a Cristo, nos impulsa a proclamar el año de gracia del Señor. Y toca ser proclamadores de buenas noticias, nos sentimos llamados a poner en el mundo la Vida y Misión de Jesús. por eso pidamos que el Señor envíe sobre nosotros su espíritu para hacernos conscientes de que somos enviados a anunciar a los pobres la buena nueva, de la Palabra de Dios, a llevar al mundo esta novedad absoluta que es Cristo, liberador y redentor de todos los hombres.

Roberto Juárez

Comentario – Domingo III de Tiempo Ordinario

La palabra evangélica de este día nos es remitida a modo de carta-circular que nos dirige el Espíritu Santo por medio de Lucas. El evangelista nos habla de su tarea como redactor del evangelio. Se ha propuesto, nos dice, componer un relato de hechos verificados por testigos oculares. Son los hechos concernientes a Jesús de Nazaret. Y quienes los han transmitido son los que habían sido testigos oculares de los mismos y más tarde predicadores de la Palabra: primero, testigos oculares; después, anunciadores; primero, vieron, y después anunciaron lo que habían visto.

Lucas se limitó –según su propio testimonio- a comprobarlo todo con exactitud –comparando tradiciones, refrendando testimonios, investigando- y a poner en orden el material recogido: primero, los hechos de la infancia; después, los de la vida pública; finalmente, los de su pasión, muerte y resurrección. Se trata de hechosacaecidos en la historia, de hechos pertenecientes a una biografía, hechos con sus dichos correspondientes. Este carácter fáctico del relato evangélico es lo que confiere solidez a las enseñanzas recibidas: la solidez de los hechos. Con este fin, el de dar solidez a nuestra fe, escribe san Lucas su relato.

A la cadena de los hechos pertenece la existencia histórica de Jesús, y su estancia en Galilea, y su presencia en la sinagoga de Nazaret, y su ponerse en pie el Sábado para leer al profeta Isaías, y su proclamar en voz alta: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. He aquí una secuencia de hechos verificados y testimoniados. Pero los hechos se nos cuentan no únicamente para que les demos crédito en cuanto hechos, sino para que, por ellos, creamos en su protagonista o en lo que su protagonista dijo de sí, interpretando su propia vida como la del Ungido del Espíritu y la del Enviado para dar la buena noticia a los pobrespara anunciar a los cautivos la libertad…, para dar libertad a los oprimidos. No sólo para anunciar la libertad, sino también para darla.

Jesús no se presenta como un simple anunciador de liberaciones, sino como donador o ejecutor de la liberación que anuncia o de la gracia que proclama. Y para demostrar que sus palabras eran veraces desarrolló una actividad taumatúrgica de notables dimensiones. Sus curaciones milagrosas fueron sin duda un signo muy claro de esta veracidad. Así lo vieron sus contemporáneos, que lo seguían a todas partes deseosos de aprovecharse de sus beneficios o que se escandalizaban por el conflicto de tales acciones con normas tan sagradas como las impuestas por la observancia del descanso sabático. Así lo verán también cuantos en las futuras generaciones invocarán sus milagros como signos de credibilidad. Él era realmente el Ungido del Espíritu anunciado por Isaías, porque sus obras poderosas y bienhechoras así lo delataban.

Y los primeros destinatarios de sus benéficas acciones fueron sin duda los pobres: ciegos, cojos, mancos, leprosos, marginados, mujeres, niños, pecadores, harapientos, encarcelados, oprimidos: pobres, porque lo eran y porque se sentían tales; de no haberse sentido pobres no habrían acudido a Jesús buscando remedio a su dolencia o carencia. Luego Jesús comienza su tarea de Ungido del Espíritu anunciando la Buena Noticia y suministrando, anunciando la liberación y liberando. Nosotros, en cuanto seguidores suyos, no podemos ir por el mundo de otra manera que anunciando con palabras y obras el Evangelio.

Optar preferencialmente por los pobres, sin excluir a los demás, como hizo Jesús, es testimoniar un estilo que es el estilo propio del amor de Dios, de su providencia misericordiosa. Para ello basta con dejarse llevar por la ternura divina. Y el panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente. Ayer eran los leprosos y los tuberculosos; hoy son los enfermos de sida, los ancianos abandonados, las mujeres explotadas o maltratadas, los desesperados de la vida, los sin techo, los emigrantes, las víctimas de abusos, los acosados, etc. La Iglesia debe continuar esta tradición secular de caridad que ha sido una de sus señas de identidad y que ha tenido múltiples manifestaciones, desde las limosnas particulares de cada uno hasta las grandes instituciones de caridad nacidas para dar respuesta a ciertas necesidades de relevancia social.

Pero, en este campo, no sólo hay que considerar la eficacia de la caridad; también hay que reparar en el modo de ejercerla –de hecho, el modo contribuye a la eficacia-. El que recibe nuestra ayuda no debe sentirse nunca humillado, sino copartícipe de un compartir fraterno. ¿Quiénes de los enfermos que acudían a Jesús se sentían humillados cuando se les otorgaba el beneficio de la curación? Pues así hemos de actuar nosotros, dando sin humillar. Este debe ser el estilo (fraterno) de nuestra caridad.

Como nos dice san Pablo, somos miembros de un solo cuerpo –la Iglesia es una entidad corporativa-, y como tales hemos de con-sentir y com-portarnos: condolernos con los sufrimientos del otro; gozar con las alegrías de los demás; apreciar la necesidad que tenemos unos de otros: si los pies necesitan de los ojos, los ojos necesitan de los pies; la necesidad es mutua porque formamos parte de un todo orgánico en el que cada miembro desempeña su función en beneficio de los demás.

Hasta el miembro que parece más débil e inútil, la tiene; de lo contrario no formaría parte del todo. Pero este sentimiento de unidad sólo es posible desde la cabeza, en unión con Cristo, el órgano rector, el que da unidad a los miembros de su cuerpo, proporcionándole el oxígeno vital que lo mantiene vivo: el amor.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

I Vísperas – Domingo III de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO III de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos.
Él es nuestra salvación,
nuestra gloria para siempre.

Si con él morimos, viviremos con él;
si con él sufrimos, reinaremos con él.

En él nuestras penas, en él nuestro gozo;
en él la esperanza, en él nuestro amor.

En él toda gracia, en él nuestra paz;
en él nuestra gloria, en él la salvación. Amén.

SALMO 112: ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

LECTURA: Hb 13, 20-21

Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna, os ponga a punto en todo bien, para que cumpláis su voluntad. Él realizará en nosotros lo que es de su agrado, por medio de Jesucristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cuántas son tus obras, Señor.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

R/ y todas las hiciste con sabiduría.
V/ Tus obras, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura del libro del Profeta.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura del libro del Profeta.

PRECES
Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

Muéstranos, Señor, tu amor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;
— haz que no tornen a ti vacíos, sino que den fruto, con un corazón noble de nuestra parte.

Oh Cristo, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo
— y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,
— y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, que eres el médico de las lamas y de los cuerpos,
— te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,
— cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Sábado II de Tiempo Ordinario

“No los dejaban ni comer”

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy vengo a la oración con el único afán, el único deseo de seguirte. Sólo me interesa una cosa, la que interesaba a la esposa del Cantar de los Cantares: “Dime donde pastoreas”. No me interesa el pasto que me pueden ofrecer otros pastores. Mi único manjar quiero que seas Tú, tu vida, tu estilo, tu mensaje.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: Está fuera de sí. 

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-Reflexión.

A primera vista, este texto que acabamos de escuchar nos sorprende, nos desconcierta. Los parientes de Jesús lo tienen por loco. Pero hay que preguntarse, ¿Por qué? Jesús ha vivido durante 30 años en Nazaret, un pueblo insignificante, ayudando a San José en su taller. Ha vivido, ha convivido, ha participado con la gente humilde y sencilla de su pueblo. Y ahí se ha realizado como persona. Es uno del pueblo. Por eso le llaman Jesús “el nazareno”. Ahora bien, cuando sus paisanos observan que hace milagros, que predica y la gente le sigue hasta “aprisionarle” es lógico que piensen que a Jesús le ha ocurrido algo raro. Y quieren llevarlo, de nuevo, al pueblo. Y ahí está el gran mensaje: Jesús, el hijo de Dios, ha empleado casi toda la vida “como uno más”, “como un desconocido”. Esta vida oculta y escondida de Jesús en Nazaret durante 30 años rompe todos los esquemas no sólo de sus parientes y vecinos, sino también los nuestros. Jesús nos enseñó a vivir. Nos enseñó que es más importante callar que hablar; servir que presumir; ser, que poseer. Nos enseñó las esencias más genuinas del más puro humanismo.

Palabra del Papa.

La fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto. La fe comporta elegir a Dios como criterio- base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dios es amor, y el amor es positivo. Después de que Jesús vino al mundo no se puede actuar como si no conociéramos a Dios. Como si fuese una cosa abstracta, vacía, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia […]

Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio. Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta. (Homilía de S.S. Francisco, 18 de agosto de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios ya meditada. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Pasar este día normal y sencillo llenándolo de sentido simplemente “estando”, disfrutando de la vida, en la más sencilla cotidianidad.

 
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy me has dado la gran lección: el dar más importancia en mi vida al ser que al tener. A veces, por querer hacer muchas cosas, realizar muchos proyectos, sentirme útil en el mundo, me olvido de vivir. Se me olvida el disfrutar de la vida: el tener tiempo para agradecer a Dios los regalos de cada día: el sol, el agua, el aire, las flores, la montaña, el trabajo sin agobios, la amistad. Gracias, Señor, por enseñarme a vivir.

Tu palabra es espíritu y vida

1.- Impresiona contemplar la forma en que el pueblo de la Alianza celebra la presentación del Libro de la Ley en tiempos del profeta-sacerdote Esdrás y del gobernador Nehemías. Celebran una fiesta por todo lo alto y se llenan de gozo por el encuentro con el Señor. Yo me pregunto si esta misma emoción y alegría es la que sentimos nosotros cuando nos acercamos a la «Mesa de la Palabra» Parece que no le damos importancia, pues a menudo llegamos tarde, estamos distraídos o quizá nos entra por un oído y nos sale por otro, sin calar en nuestro interior. Deberíamos ir cada domingo a la iglesia con hambre de la Palabra de Dios. Es su Palabra la que va a darnos la paz que buscamos, el alimento que necesitamos y la fuerza para sostenernos. Cada domingo lo que escuchamos en las lecturas debería ser «palabra de vida», de tal manera que, al escuchar lo que Dios nos dice, intentáramos llevarlo a la práctica durante toda la semana.

2.- En época de elecciones todos los partidos presentan su programa electoral, lleno de promesas y proyectos. Sabemos que muchos de las cosas que ofrecen nunca se hacen realidad. Jesús presenta también en el evangelio de Lucas su «programa» en el inicio de la predicación. El lugar elegido es Nazaret, su propio pueblo. El mensaje va dirigido especialmente a los humildes, por eso proclama que ha sido enviado a dar la Buena Noticia a los pobres. Todo su Evangelio es una Buena Noticia liberadora. La diferencia entre los palabreros y Jesús es que éste lo que predica con la boca lo hace realidad en su vida. Jesús viene a anunciarnos la liberación de toda dependencia u opresión, que degradan la naturaleza humana y provocan el vacío y la desesperanza.

3. – Jesús viene a abrir nuestros ojos y a proclamar el «Año de Gracia». Este se proclamaba cada 47 años y significaba el perdón de todas las penas, la cancelación de todas las deudas y la vuelta de las tierras a sus antiguos propietarios. Jesús ofrece un perdón sin límites y sin condiciones. ¿Cuándo será esto?, se preguntan sus oyentes y nos preguntamos también nosotros. «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Hoy, también para nosotros, puede ser ese gran día para ti y para mí si la Palabra de Dios que has escuchado comienza a ser viva y eficaz, porque es espíritu y vida.

José María Martín OSA

Comentario – Sábado II de Tiempo Ordinario

Mc 3, 20-21

Jesús entra en una casa, y allí, de nuevo, acude la muchedumbre… 

Al principio de su vida pública, ya hemos visto a Jesús suscitar el entusiasmo de las gentes sencillas. ¡Marcos presenta a menudo a Jesús acosado por la muchedumbre! ¡La muchedumbre! ¡La multitud! Es una de las características del evangelio. Jesús, ni únicamente, ni principalmente, no se puso en contacto con personas individuales: son muchedumbres numerosas las que le rodean, al principio. Estas irán disminuyendo a medida que Jesús vaya presentando exigencias más precisas, y misterios más difíciles de admitir.

Las muchedumbres de hoy… ¿qué hacen?, ¿qué desean? ¿Estamos atentos a los grandes movimientos colectivos que levantan a masas enteras?

Tanto que no podían ni comer. 

Jesús, totalmente entregado a su tarea.

Jesús, absorbido por su trabajo misionero.

Jesús, no tiene tiempo ni para comer.

Jesús, «hombre comido» por las gentes.

Jesús no tiene tiempo ni de pensar en Sí mismo.

Contemplo detenidamente todas esas cosas.

Nos quejamos a menudo de no tener tiempo de hacer tal o cual cosa y creemos que esto es una característica de nuestro siglo XX.

Pues bien, Jesús vivió todo esto, esta sobrecarga, esta carrera contra el tiempo, cuando no se llega a todo lo que hay que hacer, cuando uno se siente hundido por el trabajo y las preocupaciones.

Gracias, Señor, por haber vivido esta experiencia de nuestra condición humana.

Ayúdanos a salir adelante en nuestras tareas.

Ayúdanos a guardar el equilibrio.

Ayúdanos a saber encontrar tiempo para hacer lo esencial.

Ayúdanos a saber encontrar tiempo… para la oración, por ejemplo.

Oyendo esto sus familiares, salieron para llevárselo, pues decían: «¡Está fuera de Sí!» 

He aquí lo que se decía en familia. «¡Está loco!» Evidentemente, la imagen que ahora daba, ¡era tan diferente de la que había dado durante los treinta años tranquilos en su pueblo! Va a meternos en líos. Se temen represalias de las autoridades. Si la cosa va mal puede repercutir en nosotros…

Saben muy bien que los fariseos y los herodianos estaban de acuerdo para suprimirlo.

Los «adversarios» de Jesús son de dos tipos:

—en primer lugar su parentela (Marcos 3, 20-21) que quiere recuperarle, tenerle.

—y luego los escribas (Marcos 3, 22-30) que le acusan de estar «poseído del demonio».

Inmediatamente, Jesús pondrá las cosas en su punto: su verdadera parentela, su verdadera familia, no es la de la sangre, sino la de la Fe (Mc 3, 31-35).

¿Cómo reaccionamos, cuando vemos que ciertos miembros de nuestras comunidades toman actitudes más comprometidas, más arriesgadas? También nosotros, ¿consideramos «poco razonables», ciertas decisiones proféticas de la Iglesia de hoy? En la gran mutación del mundo, ¿no es conveniente, conservar fría la cabeza… y hacer a la vez algunas locuras?

Noel Quesson
Evangelios 1

Semana de oración por la unidad de los cristianos

DÍA 6

“Vieron al niño con su madre María y, cayendo de rodillas, lo adoraron” (Mt 2, 11)

Reunidos en adoración al único Señor

Lecturas

Ex 3, 1-6: Moisés sintió miedo de mirar a Dios y se tapó la cara.
Sal 84: ¡Qué gratas son tus moradas, oh Señor del universo!
Ap 4, 8-11: Adorar al que vive por siempre.
Mt 28, 16-20: Encontraron a Jesús lo adoraron.

Reflexión

Desde países muy lejanos, los Reyes Magos llegaron a Belén, y al ver al niño con su madre, lo adoraron. Ante la revelación de Dios, sus ojos se desploman y sus rodillas se doblan, del mismo modo en que Moisés se tapó la cara temeroso de mirar a Dios ante la zarza que ardía sin consumirse. También cuando los discípulos encontraron a Cristo resucitado en el monte de Galilea, se sorprendieron y dudaron, y, a pesar de todo, lo adoraron. Igualmente, en la liturgia celeste, los veinticuatro ancianos se postran ante aquel que se sienta en el trono. Es así como respondemos ante la presencia de Dios: contemplando, con estupor y adorando.

¿Realmente lo vemos y lo contemplamos?, ¿nos llenamos de estupor y asombro?, ¿lo adoramos? ¿Cuántas veces vemos sin ver, y nuestros ojos permanecen ciegos ante la presencia de Dios? ¿Cómo podremos entonces adorar, si no somos capaces de contemplar a Dios? Nuestra mirada es tan estrecha que solo nos permite mirar la confusión de nuestros desacuerdos, olvidando que el único Señor es el que ha derramado su gracia salvífica sobre todos nosotros y que compartimos el mismo Espíritu que nos conduce a la unidad. Frecuentemente nuestro orgullo hace que sigamos nuestras propias leyes y nuestras tradiciones, ignorando así el amor que estamos llamados a compartir como un solo pueblo justificado por la sangre de Cristo, que profesa una misma fe en Jesús, nuestro Salvador.

A medida que el Espíritu Santo revitaliza la comunidad, nuestras Iglesias nos impulsan a caminar juntos hacia el Niño-Dios para adorarlo como un solo pueblo. El Espíritu de compasión nos conduce al encuentro fraterno, y nos guía a todos hacia el que es nuestro único Señor. Solo siguiendo a este guía podremos “adorar en espíritu y verdad”. Nuestro futuro en Dios es un futuro de unidad y amor; y nuestro caminar hacia esta meta debe ser reflejo de la unidad en Cristo.

Oración

Dios Compasivo, que das a los ciegos la posibilidad de reconocerte como a su Salvador, haz que nosotros nos arrepintamos y pidamos perdón. Por tu misericordia, quita las escamas de nuestros ojos y haz que te adoremos como a nuestro Dios y Redentor. En medio de nuestra aflicción y a pesar de la gravedad de nuestros pecados, haz que seamos capaces de amarte con todo nuestro corazón. Guíanos con tu luz en nuestro caminar, con un solo corazón y una sola mente, como los primeros discípulos. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo descienda sobre nosotros, para que juntos te glorifiquemos en la comunión del Espíritu y demos testimonio de ti a todos nuestros hermanos. Amén.

¡Querido mundo que, un día, fuiste cristiano!

1.- ¡Quién sabe, si hoy viviese San Lucas, no comenzaría de esta manera, el evangelio que acabamos de escuchar!

Los relatos de la vida de Jesús nos han llegado a nuestros días como el mejor testimonio y el gran legado de nuestros antepasados.

La Iglesia, durante siglos hasta el día de hoy, lo ha guardado como el gran depósito de la fe por el cual, y no lo olvidemos, han dado la vida hombres y mujeres, apóstoles y hermanos nuestros con la certeza y convencimiento de que Jesús era y es la fuerza en el caminar y la recompensa en la eternidad.

¿Dónde está nuestra fe? ¿En dónde tenemos puesto el pensamiento? ¿Qué ocurre en la sociedad donde vivimos que pone en solfa hasta el testimonio más vivo de los que nos han precedido? ¿Dónde los cristianos que, se conforman con decir “lo importante es ser bueno” pero no se dejan seducir por la Palabra de Dios?

Como San Lucas, nosotros también, hemos de fiarnos de la evidencia que nos ha llegado sobre un personaje que ha calado en el alma y en la conciencia de millones de personas: Jesucristo.

2. Jesús, y teniendo como telón de fondo la impresionante lectura de Isaías, tuvo una gran habilidad: estuvo en línea directa con el cielo y no relegó el drama de aquellos que le rodeaban: La dimensión horizontal (el hombre) y la dimensión vertical (Dios) eran todo uno en El.

Su relación con Dios, personal y privilegiada, no le impedía su diálogo, interés o cercanía con los hombres de su tiempo. ¡Supo vivir con Dios y se mojó de lleno con los sufrimientos de las personas!

Su referencia, continua y permanente, al cielo, era el motor que le ponía en constante movimiento por el compromiso con los pobres, atribulados y sufrientes. La religiosidad de Jesús era un acorde perfecto: Dios y el hombre; el hombre y Dios. ¿Se puede pedir más a una fe tan pura y tan nítida como la de Jesús?

3.- Ello, por lo tanto, nos debe de sacudir nuestro interior e interpelar: ¿Cómo llevamos nuestra religión? ¿Nos sentimos ungidos y lanzados a anunciar la Buena Nueva o, por el contrario, instalados en cómodas prácticas religiosas? ¿Nos tomamos en serio aquello de “la hora de los laicos” o seguimos soñando y pensando en una iglesia de funcionarios y excesivamente clerical? ¿Escuchamos con atención la Palabra de Dios o, por deformación, la vemos como una parte más dentro de la eucaristía? ¿Nos sirve de algo, en el comportamiento personal y social, durante el resto de la semana?

San Pablo, una vez más, nos recuerda que dentro de nuestras comunidades se mueven carismas y surgen dones nuevos. ¿Dónde están? ¿Los tenemos despiertos o dormidos? ¿Pensamos que han de ser los demás quienes hagan todo o nos involucramos nosotros en algo?

Estamos dentro del octavario por la unión de los cristianos. Además de pedir por la unidad de todas las iglesias cristianas, hemos de orientar nuestra oración y nuestra atención a la realidad de nuestra iglesia universal, diocesana y local. ¿Cómo estamos entre nosotros? ¿Cómo vivimos la petición del Señor “te ruego para que ellos sean uno”? ¿No estaremos poniendo el listón muy alto (pretendiendo una unión de lo imposible) y soslayando lo que nos queda más cerca?

4.- Que la Palabra del Señor, a la cual debiéramos siempre llegar con una puntualidad británica, nos ayude a comprender y entender el momento que estamos viviendo. A comprometernos mucho más con nuestra vida eclesial. A valorar, cuidar y poner en práctica los talentos de cara a la unidad en nuestra iglesia universal, diocesana o parroquial.

Mientras tanto ¡felicitémonos! El Domingo, sigue siendo para el creyente que ama y quiere a Dios, un día consagrado a El y en el que, escuchar su Palabra, es un privilegio que ayuda a la construcción de ese único y solo cuerpo que tiene como cabeza a Jesús.

Y, ¡por qué no! Pongamos, además, los ojos del rostro, del alma y del corazón en Jesús. Hoy, se sigue cumpliendo lo que hemos escuchado: ¡Jesús es la revelación del Padre!

5.- LOS OJOS…PUESTOS EN TI

Los que esperan… tienen los ojos puestos en Ti para que no les defraudes
Los que desesperan… tienen los ojos puestos en Ti para que les desesperanza
Los tristes… tienen los ojos puestos en Ti, para que les bendigas con la alegría
Los abatidos… tienen los ojos puestos en Ti, para que les levantes
Los decepcionados…. tienen los ojos puestos en Ti, para que sean optimistas
Los pobres…. tienen los ojos puestos en Ti, para que se sientan ricos
Los orgullosos… que tengan los ojos puestos en Ti, y devuélveles la humildad
Los vanidosos… que pongan los ojos en Ti, y sientan que son poco o nada
Los confundidos… tienen los ojos puestos en Ti, para que Tú les señales un camino
Los sordos… tienen los ojos puestos en Ti, para que tu Palabra los haga sensibles
Los despistados… tienen los ojos puestos en Ti, para que encuentren certezas
Los sufridos… tienen los ojos puestos en Ti, para que les ayudes en dar con la justicia
Los hambrientos… tienen los ojos puestos en Ti, para que el mundo no olvide a los pobres
Los perseguidos…. tienen los ojos puestos en Ti, para que les sean libres
Los calumniados…tienen los ojos puestos en Ti, para que sigan adelante en su verdad
Los divididos…tengamos los ojos puestos en Ti, y veamos la comunión con el Padre, en el
Hijo por el Espíritu Santo. Amén.

Javier Leoz

Jesús: responsabilidad y profecía

1. Después de una pequeña escala por el evangelio de san Juan, que hicimos el domingo pasado la liturgia nos invita a recorrer el tercer evangelio, escrito muy probablemente por un médico, compañero de Pablo de Tarso que se dio a la tarea de investigar sobre la vida de Jesús, para ofrecer a la comunidad cristiana de origen no judío, como seguramente él mismo lo era, “la historia de los hechos que Dios ha llevado a cabo entre nosotros, según nos los transmitieron quienes desde el comienzo fueron testigos presenciales y después recibieron el encargo de anunciar el mensaje”. Para ello, dice el autor de este evangelio, dirigiéndose a un tal Teófilo, “lo he investigado todo con cuidado desde el principio, y me ha parecido conveniente escribirte estas cosas ordenadamente, para que conozcas bien la verdad de lo que te han enseñado”.

Lucas compuso este evangelio tomando más o menos la mitad de su contenido de los evangelios de Marcos y de Mateo, anteriores a él. La otra mitad es el aporte que nos brinda después de su cuidadosa investigación. Añadido a esto, Lucas complementa este texto evangélico con el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el que relata los años posteriores a la muerte y resurrección del Señor, resaltando especialmente la acción del Espíritu Santo. Lucas destaca de manera particular la parte que tuvieron las mujeres en los acontecimientos que relata, y muestra un interés muy especial en señalar el amor de Dios por los pobres y los pecadores, lo mismo que el carácter universal de la salvación traída por Jesús.

2. Las lecturas bíblicas de este domingo ––la primera y la tercera– concluyen con una clara y urgente invitación a pasar de la Palabra, de la audición y de la escucha a la acción práctica y eficaz en la línea de lo proclamado.

El evangelio nos presenta la primera actuación pública de Jesús en Nazaret, el pueblo en el que se había criado. Es el único pasaje evangélico en el que se presenta a Jesús leyendo. Y tal vez lo más destacable de esta escena es la manera como el mismo Jesús nos enseña a leer la Palabra de Dios. Creyente en Jesús será por eso aquel que sumido y personalizado el mensaje, trata de encarnarlo en la vida diaria.

Cristo mismo lo afirmó expresamente, y aunque no lo hubiese hecho es lógico que el bautizado en el Espíritu Santo y fuego no pueda limitarse a la mera atención a la Palabra de Dios, sino que intente trasvasar el mensaje a su comportamiento personal y social.

Cristo, en su primera intervención en Nazaret, concluye la lectura con una afirmación tajante:

– “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

El mensaje define a Cristo, pero no solo en su expresión verbal y escrita, sino en su realización práctica. El será quien anuncie la buena noticia a los pobres y la libertad a los cautivos; será quien proclame la vista a los ciegos y la salvación a los oprimidos; pero, a su proclama, Cristo añadirá el signo de la liberación practica y el impulso de salvación a cuantos lo requieran.

Jesús sintió la responsabilidad que tenía de hacer cumplir esta profecía: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor”. “Obras son amores, y no buenas razones”. ¿Y el creyente?

3. En el libro de Nehemías, el pueblo, que escuchaba la Palabra, recibe una voz de orden: “Enviad porciones a quien no tienen preparado”. La apertura del creyente a los otros realiza su consagración a Dios. Todo lo demás son meras palabras o simples entretenimientos. El creyente lo es porque practica los contenidos del mensaje y no solo porque los afirma en su mente. La mejor tradición cristiana subraya que no es posible una correcta celebración de la Eucaristía y una sincera y autentica escucha de la Palabra si la asamblea de los creyentes no se abre a los demás. La colecta a favor de los necesitados es un dato que, desde las primitivas asambleas cristianas, está inseparablemente unida a la acción de gracias y a la proclamación del mensaje. Se trata sin duda, de una apertura inicial y primaria, absolutamente insuficiente en si misma, pero signo practico de una postura más general de aproximación a las urgencias de nuestros prójimos.

En la actualidad, tal vez por un falso espiritualismo, hay muchos que desearían alejar de los templos las colectas en favor de los necesitados. Estos tales no han comprendido que el mensaje reclama su verificación en la apertura cordial y sincera a los otros ––a comenzar por los más marginados– y que la caridad de nuestras ofrendas y generosidades es un signo expresivo de una postura de donación más amplia a los hermanos del mundo.

4. ¿Cómo seria posible realizar lo que el apóstol Pablo dice a los cristianos de Corinto en la segunda lectura de hoy? “Todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan” No es posible definir la autenticidad del creyente más que a través de esta preocupación eficaz por los demás. “El ojo no puede decir a la mano: no te necesito; y la cabeza no puede decir a los pies: no os necesito.” Hay una solidaridad base entre todos los hombres y no hay lugar a mayores solicitudes que las referidas a los que tienen mayor necesidad de ellas. “Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más”.

Antonio Díaz Tortajada

La firma del autor

1.- “Fue Jesús a Nazaret, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron entonces el libro del profeta Isaías”. San Lucas, Cáp. 4. Durante el destierro en Babilonia, los judíos se propusieron encontrarse cada semana en un sitio llamado sinagoga, palabra griega que significa asamblea. Tal costumbre la conservaron cuando ya de regreso a la tierra de sus padres, reedificaron el templo de Jerusalén. Por lo cual cada pueblo tuvo su sinagoga. Hasta cuatrocientas ochenta podían contarse en la capital, aseguraban con notable exageración ciertos rabinos. Ningún altar presidía el recinto. Aunque sí un respetado armario, donde se guardaban los rollos sagrados, protegidos en estuches de cuero. La reunión se iniciaba con alguna una plegaria. Luego, uno de los presentes recitaba un trozo de la Escritura, comentado enseguida por los maestros. Para terminar se entonaba algún cántico, de los muchos que hoy perduran en la tradición musical de Israel.

2.- Nos cuenta el evangelio que Jesús asistía a la sinagoga cada sábado. Y san Lucas resalta su presencia en aquella de Nazaret, al comienzo de su predicación. El texto que tocaba aquella vez, era tomado del capítulo 61 del profeta Isaías, donde se anuncia que el Espíritu de Dios estará sobre el Mesías. Él iniciará un tiempo nuevo, marcado por la salud de los enfermos, la esperanza de los pobres y la libertad de los oprimidos. Si comparamos el texto evangélico con aquél del profeta, advertimos que el mismo Jesús, o bien san Lucas, omitieron una frase muy propia del Antiguo Testamento: “A proclamar el día de venganza de nuestro Dios”. No cabía en el lenguaje del Maestro esta amenaza. Añade el evangelista que Jesús, enrollando el libro, lo entregó al ayudante y enseguida dijo a los presentes: “Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”.

3.- Todo el programa de salvación iniciado por Cristo se nos presenta como una Buena Noticia, expresión que dio origen a la palabra evangelio. Un anuncio de futuro cuya realización depende de muchos factores, especialmente de nuestra actitud comprometida ante el Señor. Jesús vino a contarnos que Dios es, ante todo, un Padre lleno de misericordia. Y esta revelación promueve un cambio en todos nuestros elementos religiosos. Desde allí buscan otro norte, la oración, el arrepentimiento, la construcción del mundo, la caridad cristiana, el dolor y la esperanza. Pero nos preguntamos si ese programa de amor y de misericordia, se quedó en sus comienzos, o naufragó definitivamente en el mar de la historia. De ningún modo. Hoy descubrimos frecuentes signos de salvación que algunos llamarán milagrosos o heroicos: Muchos pobres evangelizados, ciegos que pueden ver, oprimidos liberados, aunque tal vez bajo otro contexto.

Este profesional, aquella campesina, la religiosa, el taxista, la profesora, el universitario, el comunicador, numerosos padres de familia continúan el proyecto iniciado por Jesús en la sinagoga de Nazaret. Ellos no se dedican a cumplir un arduo código, o a frecuentar muchas devociones, con intención de salvarse. Se sienten empeñados día y noche en algo más profundo y excelente, porque el Espíritu de Dios alienta en su interior. Basta acercarnos y podremos admirar en sus quehaceres la firma de un autor que los pondera y califica. No es otro en este caso, es Jesucristo.

Gustavo Vélez, mxy