Buena noticia para los pobres

Uno de los rasgos más escandalosos e insoportables de la conducta de Jesús es su defensa decidida de los pobres. Una y otra vez, los cristianos tratamos de escamotear algo que es esencial en su actuación.

No nos engañemos. Su mensaje no es una buena noticia para todos, de manera indiscriminada. Él ha sido enviado para dar una buena noticia a los pobres: el futuro proyectado y querido por Dios les pertenece a ellos.

Tienen suerte los pobres, los marginados por la sociedad, los privados de toda defensa, los que no encuentran sitio en la convivencia de los fuertes, los despojados por los poderosos, los humillados por la vida. Ellos son los destinatarios del reino de Dios, los que se alegrarán cuando Dios «reine» entre sus hijos e hijas.

Pero ¿por qué son ellos los privilegiados? ¿Es que los pobres son mejores que los demás para merecer de Dios un trato especial? La posición de Jesús es sencilla y clara. No afirma nunca que los pobres, por el hecho de serlo, sean mejores que los ricos. No defiende un «clasismo moral». La única razón de su privilegio consiste en que son pobres y oprimidos. Y Dios no puede «reinar» en el mundo sino haciéndoles justicia.

Dios no puede ser neutral ante un mundo desgarrado por las injusticias de los hombres. El pobre es un ser necesitado de justicia. Por eso la llegada de Dios es una buena noticia para él. Dios no puede reinar sino defendiendo la suerte de los injustamente maltratados.

Si el reinado de Dios se impone, los pobres serán felices. Porque donde Dios «reina» no podrán ya reinar los poderosos sobre los débiles ni los fuertes sobre los indefensos.

Pero no lo olvidemos. Lo que es buena noticia para los pobres resuena como amenaza y mala noticia para los intereses de los ricos. Tienen mala suerte los ricos. El futuro no les pertenece. Sus riquezas les impiden abrirse a un Dios Padre.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – Sábado II de Tiempo Ordinario

Cuesta mucho ser profeta en la propia tierra; y en la propia familia, a veces, más difícil todavía. Su propia familia quiere llevárselo, porque les parecía que se había vuelto loco. Es lo que tiene estar en las cosas del Padre.

En esta ocasión, al leer este fragmento del Evangelio, me han llamado la atención las palabras “no le dejaban ni comer”. Una total entrega a la Misión. En la vida de los evangelizadores hay momentos en los que entra la pereza. No apetece mucho contestar al teléfono, o abrir la puerta cuando llaman a horas intempestivas. Que llaman. A los laicos también les pasa. “Otra vez domingo, otra vez a Misa”.

Jesús no distinguía días ni horas. Todo Él era entrega a la tarea que Dios, su Padre, le había encomendado. Esa dedicación a tiempo completo no todos la entendían. A los que vivimos la fe a medio gas, nos parece imposible vivir permanentemente en las cosas del Padre. Encontramos justificación para no hacer lo que sabemos que debemos hacer. “No es lo mío”, “no hoy”, “no sé cómo se hace”, “no me atrevo…”

Me asombra mi amigo Pablo López, un profesor de filosofía de instituto, que, casi todos los fines de semana sale a la calle a evangelizar. Habla con la gente, con los que saben algo de Jesús, y con los que no saben nada. A todos les da un papelito con una frase del Evangelio, o un iconito, y todos se van a su casa con la sensación de que Dios está cerca de ellos. Muchos se confiesan (evangelizan cerca de una iglesia, donde hay un cura esperando para los que quieren reconciliarse con Dios). Con frío y con calor, Pablo y un grupo de evangelizadores acercan la Buena Nueva a la gente.

Este Evangelio nos da una nueva oportunidad para revisar el estado de nuestra disponibilidad. Entiendo que no podemos siempre responder, como la Virgen María, “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Pero ojalá estemos en el camino de incrementar cada día, un poco más, nuestra entrega al Señor. Él sabe cómo hacer fructificar todos nuestros empeños. Aunque no lo entendamos. Aunque no nos entiendan.

El salmo de hoy nos ha recordado “que brille tu rostro, Señor, y nos salve”. Es el deseo de mi amigo Pablo. Es la ilusión de muchos misioneros que, por todo el mundo, hablan de Dios a todos. Ojalá sea también tu deseo, en el comienzo de este nuevo año.

Alejandro Carbajo, cmf

Meditación – Sábado II de Tiempo Ordinario

Hoy es sábado II de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 20-21):

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí».

Hoy asoma la sorpresa incluso entre los parientes de Cristo. Su ministerio causa asombro: por su novedad, por su autoridad y… porque exige adhesión a Él. Efectivamente, la nueva proximidad del «Reino» de la que habla Jesús, y cuya proclamación es lo distintivo de su mensaje, esa proximidad del todo nueva reside en Él mismo.

A través de su presencia y su actividad, Dios entra en la historia aquí y ahora de un modo totalmente nuevo, como Aquel que obra. Por eso ahora «se ha cumplido el tiempo»; por eso ahora es, de modo singular, el tiempo de la conversión y del arrepentimiento, pero también el tiempo del júbilo, pues, en Jesús, Dios viene a nuestro encuentro. En Él ahora es Dios quien actúa y reina; reina al modo divino, es decir, sin poder terrenal, a través del amor que llega «hasta el extremo», hasta la cruz.

—Jesús, acepto tu invitación a seguirte dejándolo todo. Porque Tú eres el «tesoro», y la comunión contigo es la «perla preciosa».

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – San Vicente

SAN VICENTE, diácono y mártir, memoria obligatoria

Misa de la memoria (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • 2Sam 1, 1-4. 11-12. 19. 23-27. ¡Cómo han caído los héroes en medio del combate!
  • Sal 79. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
  • Mc 3, 20-21. Su familia decía que estaba fuera de sí.

O bien: cf. vol. IV.


Antífona de entrada
Este santo mártir derramó su sangre por el nombre de Cristo, no temió las amenazas de los jueces, y así alcanzó el reino de los cielos.

Monición de entrada y acto penitencial
Celebramos hoy la memoria de san Vicente, nacido en Huesca, que fue el primero de los siete diáconos de Zaragoza; durante la persecución bajo el emperador Diocleciano sufrió el martirio de hambre, torturas y fuego, hasta que, en Valencia, en el año 304, murió ante el asombro de los carceleros por su admirable resistencia, con la que hizo honor a su nombre, que significa «vencedor».

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
infunde misericordiosamente en nosotros tu Espíritu,
para que nuestros corazones rebosen de aquel intenso amor
con el que san Vicente superó todos los tormentos corporales.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
En esta conmemoración de san Vicente, que sirvió a Cristo hasta derramar su sangre en el martirio, oremos a Dios, nuestro Padre.

1.- Por cuantos en la Iglesia ejercen el ministerio del diaconado, para que lo vivan como un servicio a la Iglesia desde la caridad. Roguemos al Señor.

2.- Por los que tienen cargos políticos, para que los ejerzan con espíritu de servicio al bien común de la sociedad. Roguemos al Señor.

3.- Por los que sufren hambre, falta de vivienda o de trabajo, para que encuentren siempre la ayuda de nuestra caridad y misericordia. Roguemos al Señor.

4.- Por cuantos estamos aquí reunidos celebrando la eucaristía, para que la vivamos con el espíritu de Cristo que lavó los pies a sus discípulos. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos lo que te pedimos hoy por la intercesión de tu diácono y mártir san Vicente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR,
te ofrecemos, llenos de alegría,
este sacrificio de alabanza con el que celebramos
el triunfo de san Vicente, mártir,
y, al presentártelo, nos gozamos de merecer su protección gloriosa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Jn 12, 26
El que quiera servirme, que me siga, dice el Señor, y donde esté yo, allí también estará mi servidor.

Oración después de la comunión
TE suplicamos, Señor,
que el celestial alimento recibido nos comunique
la misma fortaleza de espíritu
que hizo a san Vicente ministro fiel en tu servicio
y vencedor valiente en el martirio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martirologio 22 de enero

ELOGIOS DEL 22 DE ENERO

San Vicente, diácono de Zaragoza y mártir, que durante la persecución bajo el emperador Diocleciano sufrió cárcel, hambre, potro y hierros candentes, hasta que, en Valencia, en la Hispania Cartaginense, voló al cielo a recoger el premio del martirio. (304)

2. Conmemoración de san Valerio o Valero, obispode Zaragoza, en la Hispania Tarraconense, que tomó parte en el primer Concilio de Illiberis. Conducido a Valencia junto con san Vicente, fue enviado al destierro. (305/315)

3. En la ciudad de Novara, en la región italiana de Liguria, san Gaudencio, a quien se considera el primer obispo de esta sede. (c. 418)

4. En Sergiópolis, en Persia, hoy Irak, pasión de san Anastasio, monje y mártir, el cual, después de muchos tormentos que sufrió en la ciudad de Cesarea de Palestina, fue ahogado y luego decapitado junto a un río por orden de Cosroes, rey de los persas, tras haber presenciado la muerte de setenta compañeros. (628)

5*. En el monasterio de Romans, junto al río Isère, en los Alpes franceses, sepultura de san Barnardo, obispo de Vienne, quien, dejando el servicio del emperador Carlomagno, abrazó la milicia de Cristo, repartió entre los pobres los bienes recibidos de su padre y construyó dos cenobios, el de Ambronay y el de Romans, en donde terminó sus días. (842)

6. En Sora, en el Lacio, santo Domingo, abad, que fundó monasterios en diversas regiones de Italia y condujo a otros cenobios a la disciplina regular con su espíritu renovador. (1031)

7*. En la ciudad de Pisa, en Toscana, en Italia, beata María Mancini, quien, después de enviudar dos veces y perder a todos sus hijos, estableció, siguiendo las indicaciones de santa Catalina de Siena, la vida común en el monasterio de Santo Domingo, que presidió durante diez años. (1431)

8*. En Como, ciudad de Lombardía, también en Italia, beato Antonio della Chiesa, presbítero de la Orden de Predicadores, que restableció la vida cenobita en algunos conventos de la Orden, mostrando indulgencia con la debilidad humana pero corrigiéndola con firmeza. (1459)

9*. En Londres, en Inglaterra, beato Guillermo Patenson, presbítero y mártir, que durante el reinado de Isabel I fue condenado a muerte por ser sacerdote y, estando en la prisión, reconcilió con la Iglesia a otros seis compañeros de cárcel. Completó finalmente su martirio en Tyburn, donde fue descuartizado. (1592)

10. En Tonkín, actual Vietnam, santos Francisco Gil de Federich y Mateo Alonso de Leciniana, presbíteros de la Orden de Predicadores y mártires, quienes, después de una infatigable predicación del Evangelio, fueron encarcelados durante el reinado de Trinh Doanh y, heridos con espada, obtuvieron una muerte gloriosa por Cristo. (1745)

11. En Roma, san Vicente Pallotti, presbítero, fundador de la Sociedad del Apostolado Católico, que con sus escritos y actividades fomentó la vocación de todos los bautizados en Cristo para trabajar a favor de la Iglesia. (1850)

12*. En la ciudad de Burdeos, en Francia, beato Guillermo José Chaminade, presbítero, que trabajó audazmente con gran celo pastoral durante el tiempo de persecución, y, deseoso de atraer a los laicos a la devoción a la santísima Virgen María, así como de promover las misiones, fundó el Instituto de Hijas de María Inmaculada y la Sociedad de María. (1850)

13*. En Junín de los Andes, en Argentina, beata Laura Vicuña, virgen, que habiendo nacido en la ciudad de Santiago de Chile, fue alumna del Instituto de Hijas de María Auxiliadora y, para obtener la conversión de su madre, a los trece años ofreció su vida a Dios. (1904)

14*. En Castelletto di Brenzone, junto al lago de Garda, en Italia, beato José Nascimbeni, presbítero, fundador del Instituto de Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia. (1922)

15*. En Viena, ciudad de Austria, beato Ladislao Batthyány-Strattmann, padre de familia, que dio testimonio del Evangelio con la santidad de su vida y de sus obras, tanto en el ambiente familiar como en la sociedad civil. Honró como cristiano el nombre y la dignidad de médico, entregado con toda caridad a cuidar a enfermos, para los cuales fundó un hospital, donde solamente acogía a los pobres y menesterosos, dando de lado toda clase de vanidad. (1931)