Comentario – Domingo III de Tiempo Ordinario

(Lc 1, 1-4; 4, 14-21)

Al comenzar el evangelio, Lucas quiere dejar en claro que él no improvisa, que él ha sido un instrumento responsable en las manos de Dios y se ha dedicado a investigar diligentemente para escribir una narración ordenada sobre Jesús, basándose en el testimonio de los testigos. Así Lucas muestra que estas narraciones no son producto de la fantasía o de la mitología, sino que se refieren a hechos que verdaderamente han ocurrido en la historia. La segunda parte de este texto nos muestra a Jesús predicando en la sinagoga. Allí Jesús, luego de leer el texto de Isaías 61, 1-2 afirma “esta Escritura, que acaban de oír se ha cumplido hoy”. Jesús se presenta así como el ungido del señor, el Mesías que viene a anunciar la buena noticia a los pobres, a devolver la vista a los ciegos, a liberar a los cautivos.

Pero es sumamente interesante advertir que en este texto la cita del profeta Isaías está modificada. Porque el texto original dice al final “a proclamar un año de gracia del Señor, día de venganza de nuestro Dios”, pero el evangelio sólo dice “un año de gracia del Señor” y omite “día de venganza”. Jesús nos libera de la ira de Dios, de su justa venganza, nos libera de lo que mereceríamos en justicia por nuestro pecado, nuestra mediocridad, nuestro olvido de Dios, y viene a proclamar que Dios siempre nos da una nueva oportunidad. Con la venida de Jesús se inaugura un tiempo de gracia, de misericordia, y se nos ofrece una buena noticia que es luz para nuestros ojos y liberación de nuestras esclavitudes. Pero cabe recordar que este triunfo de la misericordia ya aparecía anunciado en varios textos proféticos, como el de Oseas 11, 1-9 donde en la lucha entre la misericordia y la justicia que se libra en el corazón de Dios, termina triunfando la misericordia: “Porque soy Dios, no un hombre; contigo soy el Santo, y no vendré con ira” (11, 9). Jesús es la manifestación de ese triunfo de la misericordia en el corazón de Dios.

Oración:

“Te doy gracias Jesús, que anunciaste la buena noticia a los pobres, que nos trajiste la verdadera libertad. Gracias porque en ti se manifiesta el rostro misericordioso del Padre, que ofrece gracia y perdón, que da una nueva oportunidad”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día