Comentario – Lunes III de Tiempo Ordinario

Mc 3, 22-30

Ya hemos señalado cómo Marcos pone en evidencia, por medio de frecuentes repeticiones un aspecto dramático de la vida de Jesús que conducirá a la Pasión, considerada netamente por El como la cumbre de esta vida.

Tres grupos se enfrentan como los lados de un triángulo…

«Jesús y sus discípulos», «la muchedumbre», «los adversarios».

Ahora bien, es notable que Marcos intercale una escena violenta de discusión con los «escribas venidos de Jerusalén», ciudad donde Jesús sufrirá la Pasión, en una escena de discusión con su familia: en ambos casos, es objeto de acusaciones malévolas. «Esta fuera de sí», decían los parientes… «Está poseído del demonio», decían los escribas…

Así Jesús es rechazado «por los suyos», y «por las autoridades religiosas».

Permanezco unos instantes contemplando este misterio siempre actual: Jesús rechazado… Jesús desconocido, ignorado…

Jesús contestado… Jesús no escuchado… Jesús no seguido… Jesús dejado de lado… ¡Por mí, el primero! Busco con calma mi manera personal de rechazar a Jesús en mi propia vida y sobre ello hago mi oración.

Los escribas, que habían bajado de Jerusalén, decían de Jesús: Está poseído por Belcebú, príncipe de los demonios.» Llamóles a sí y les dijo en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido no puede durar. Si una casa está dividida no puede subsistir. Si Satanás se levanta contra sí mismo… ha llegado su fin…» 

Jesús pone en evidencia el lógico ridículo de los escribas: son ellos los que han perdido la cabeza proponiendo tales argumentos Jesús, tiene muy sana su razón. Su demostración es sencilla, pero rigurosa.

Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquearla, si primero no ata al fuerte… 

Es la primera y corta parábola relatada por Marcos: ¡La imagen de un combate rápido y decisivo! Para dominar a un «hombre fuerte», se precisa a uno «más fuerte» que él. Jesús presenta su misión como un combate, el combate contra Satán, la lucha contra el «adversario de Dios» (es el sentido de la palabra «Satán» en hebreo).

Contemplo este misterio siempre actual:

Jesús combatiendo… Jesús luchador… Jesús entablando batalla contra todo mal… Jesús «más fuerte» que cualquier mal…

La mayoría de los grandes sistemas de pensamiento, en todas las civilizaciones, han personificado el «mal»: El hombre se siente a veces «dominado» como por «espíritus» El hombre occidental moderno se cree totalmente liberado de estas representaciones; pero, nunca tanto como hoy el hombre se ha sentido «dominado» por «fuerzas alienantes»: espíritu de poder, de egoísmo, etc.

Jesús ha puesto fin a este dominio; pero a condición de ¡que se le siga!

En verdad os digo que todo les será perdonado a los hombres, los pecados y aun las blasfemias; pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo… no tendrá perdón jamás… 

«Jesús habla así porque ellos decían: Tiene espíritu impuro.

Para participar en la victoria de Cristo sobre las «fuerzas que nos dominan» hay que ser dóciles al Espíritu Santo… Hay que reconocer el poder que actúa en Cristo. Decir que Jesús es un «Satán», un «Adversario de Dios», es cerrar los ojos, es blasfemar contra el Espíritu Santo, es negar la evidencia: este rechazo es grave… bloquea todo progreso en el futuro.

Noel Quesson
Evangelios 1