Meditación – Conversión de san Pablo

Hoy celebramos la Conversión de san Pablo.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 16, 15-18):

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Queridos muchachos y chicas, queridos jóvenes, hoy es la fiesta de la conversión de San Pablo y la Iglesia nos ofrece en la liturgia de hoy, el texto de Marcos 16, 15-18 donde Jesús nos dice que vayamos por todo el mundo, que recorramos la historia, que caminemos la realidad, que no nos quedemos encerrados, pero para algo, para dos cosas, para ayudarlo en dos realidades. Primera: para predicar, es decir para anunciar a Jesucristo; y segundo: para curar, es decir para anunciar la Salvación de Dios. Los obispos en Aparecida, en el número 28, en ese encuentro que ya lleva tres años de concluído y que nos regaló un documento conclusivo muy jugoso donde se nos habla de cómo evangelizar hoy y que es bueno leerlo en esta fiesta de la conversión de San Pablo. Nos habla de la alegría de ser discípulos y siervos de Jesucristo y dice: “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviado con el tesoro del Evangelio, ser cristiano no es una carga, sino un don. Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo Salvador”… y continúa. “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, llegue a todos cuanto yacen al borde del camino pidiendo limosna y compasión”. Porque, dicen los obispos de Aparecida, la alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta, sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena nueva del amor de Dios. Queridos muchachos y chicas, este es el proyecto de vida, que la fiesta de la conversión de San Pablo y este Evangelio de envío de Marcos 16 nos propone, un proyecto de vida donde el centro de gravedad no sea nuestro propio egoísmo, nuestra mediocridad, o nuestros gustos pasajeros, sino donde el centro y el eje sea Jesucristo el Señor de la historia, aquel a cual pertenecemos y que nos pertenece desde el día de nuestro bautismo y más si estamos confirmados. San Pablo, de perseguidor de los cristianos por el paso de Dios de Jesucristo en su vida, se transformo en el heraldo del Evangelio, en el Apóstol clave que anunció en todo el mundo no judío de aquel momento, es decir entre los paganos, que Jesucristo era el Señor. Y Él con sencillas palabras, luego de ser convertido y de su experiencia de haber perseguido a los cristianos y de haberlo hecho de buena fe seguramente, nos dice a nosotros hoy, que el mejor regalo que puede recibir cualquier persona es conocer a Jesús, porque nosotros, lo mejor que nos ha ocurrido en la vida es haberlo encontrado y lo mejor que podemos hacer en la vida, es darlo a conocer con nuestras palabras, nuestras obras y nuestro gozo. Que Dios los bendiga y que por la intercesión de San Pablo, en esta fiesta de su conversión, podamos cada uno de nosotros encontrar el punto de cocción para que ese corazón que está en cada uno de nosotros, sea todo de Dios y desde ahí este como abierto a los demás y a poder amar (con mayúsculas) y de verdad.

Monseñor Fernando Maletti