Lectio Divina – Lunes IV de Tiempo Ordinario

Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo”

1.-Introducción.

Señor, ayúdame en este tiempo de oración a conocerme más a mí mismo, a descubrir el misterio de mi persona. Hay fuerzas malévolas que tiran de mí, que me arrastran al mal. Pero sé que, estando contigo, yo podré vencerlas. El mal que hay en mí no puede apoderarse del bien que Tú pones dentro de mí. Yo sé que sin Ti yo no puedo nada (Jn. 15, 5). pero también sé que contigo lo puedo todo (Fil. 4,13). Ayúdame a desconfiar de mí mismo y a poner toda mi confianza en Ti.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Es que Él le había dicho: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Y le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Le contesta: Mi nombre es Legión, porque somos muchos. Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: Envíanos a los puercos para que entremos en ellos. Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara – unos 2000 – se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti. Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

3.-Qué dice este texto del evangelio.

Meditación-reflexión

Este texto un poco extraño nos habla de una gran realidad que anida dentro de nosotros mismos. En nosotros hay un mal, unas fuerzas que nos arrastran al mal. Ese endemoniado, atado con cadenas, que habita en los sepulcros (el reino de la muerte) ése es el hombre abandonado a sus propias fuerzas. Es el hombre que no es hombre. Y ¿qué le pasa cuando lo sana Jesús? Está sentado, vestido y en su sano juicio.

Sentado: indica paz y armonía.

Vestido: buena relación con Dios (desnudez expresa ruptura, crisis existencial, como en el paraíso). Recuperación de su propia dignidad.

En su juicio: Vuelto a ser él mismo, una persona normal, como los demás, con su sano juicio.   Aquel que no era hombre llega a ser hombre cabal, recupera su identidad propia. Pero ocurre que, a veces, los hombres prefieren “tener” (aunque sea cerdos que para los judíos eran animales inmundos) antes que ser personas. Este hombre ya sanado quiere estar con Jesús. Y Jesús lo mandó a evangelizar a los suyos. ¿Y cómo evangelizaba? Por la fuerza del testimonio: Decía lo que Jesús había hecho con él. Sabemos que no se limitó a los suyos, sino que se fue a evangelizar por toda la Decápolis. Esta es la fuerza del testimonio.

Palabra del Papa

Y Jesús sanaba: dejaos curar por Jesús. Todos nosotros tenemos heridas, todos: heridas espirituales, pecados, enemistades, celos; tal vez no saludamos a alguien: «¡Ah! Me hizo esto, ya no lo saludo». Pero hay que curar esto. «¿Y cómo hago?». Reza y pide a Jesús que lo sane. Es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una estupidez, porque el diablo toma una estupidez y hace todo un mundo. Después, las enemistades van adelante, muchas veces durante años, y esa familia se destruye. Los padres sufren porque los hijos no se hablan, o la mujer de un hijo no habla con el otro, y así los celos, las envidas… El diablo siembra esto. Y el único que expulsa los demonios es Jesús. El único que cura estas cosas es Jesús. Por eso, os digo a cada uno de vosotros: dejaos curar por Jesús. Cada uno sabe dónde tiene la herida. Cada uno de nosotros tiene una; no sólo tiene una: dos, tres, cuatro, veinte. Cada uno sabe. Que Jesús cure esas heridas. Pero, para esto, tengo que abrir el corazón, para que Él venga. ¿Y cómo abro el corazón? Rezando. «Pero, Señor, no puedo con esa gente, la odio, me ha hecho esto, esto y esto…». «Cura esta herida, Señor». Si le pedimos a Jesús esta gracia, Él nos la concederá. Déjate curar por Jesús. Deja que Jesús te cure.  (Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Voy a pensar hoy en la dignidad que Dios me ha dado.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque hoy caigo en la cuenta de lo que ha supuesto para la humanidad que Tú hayas venido a este mundo. Sin ti estaríamos atados con cadenas y viviendo en las sombras de la muerte. Contigo recuperamos nuestra dignidad de criaturas libres y, sobre todo, el poder llamarnos y ser “hijos de Dios”. Esto es tan bello que no lo podemos encerrar dentro de nuestro corazón, sino que debemos dar testimonio de nuestra fe. Y no de cualquier manera sino con ilusión, con alegría.

Desde ahora, serás pescador de hombres

Quizás sea el ambiente que nos domina culturalmente, con el materialismo, el consumismo el presentismo, la inmediatez tecnológica y la comodidad, la riqueza y el poder como ideales vitales, pero diera la sensación que las grandes preguntas de la existencia -de dónde venimos, a dónde vamos, por qué existe lo que existe, la muerte, el amor, el sentido de la vida- se orillan y esconden en medio de nuestra cultura.

Seguramente bastante tiene, tanta y tanta gente, para sobrevivir cada día en medio de la vorágine de alquileres, hipotecas, trabajos, familias, gastos y más gastos, que se podrá decir que suficiente tiene cada día y su afán como para preguntarse por lo intangible.

Sin embargo hay una convicción creyente por antropológica básica que nos apunta a que no sólo de pan vive el hombre, es decir, que no somos sin más un armazón de necesidades físicas y biológicas, aunque eso también lo seamos. Es la convicción de que la vida personal de cada uno y la vida social de todos, está llamada a mucho más que simplemente sobrevivir. Que el ser humano está llamado a VIVIR de verdad, a cargar su vida de sentido. A llenar sus años de vida y no sólo su vida de años. Que Dios nos ha creado a cada uno de nosotros personalmente para darnos vida y sentido.

Es ahí donde las preguntas fundamentales de la existencia cobran sentido. Preguntarse por algo más que el trabajo, la comodidad, las apetencias, los deseos o las necesidades, nos abre a la búsqueda de la verdadera identidad: ¿quién soy yo? ¿qué hago aquí? ¿para qué estoy vivo? Es la pregunta por el sentido de la vida.

Las lecturas de este domingo nos vienen a lanzar esa pregunta clarísimamente en clave de Dios. Dios tiene un proyecto y un plan, un sueño, para cada uno de nosotros. Planes, proyectos y sueños que cargan de sentido nuestro tiempo, nuestros esfuerzos, nuestro proyecto vital y nuestro día a día. Planes que nos hacen sus colaboradores para que su presencia de sentido llegue tanto a los que buscan como a los que se han olvidado de buscar.

La vocación de Isaías y la elección de Simón Pedro como “pescador de hombres” narran la respuesta a la que cada uno de los bautizados en nuestro propio ámbito estamos llamados a responder. Dios pregunta, ¿quién será mi voz en el mundo? Dirigiéndonos directamente a cada uno la cuestión. Esperando nuestra respuesta.

La pregunta es libre, Dios jamás se impone, aunque sepa -creador y Señor- cuál sería lo mejor para cada uno de nosotros, cómo realmente nuestra vida se llenaría de vida y de sentido. Lo sabe incluso conociendo nuestras limitaciones y pecados -tanto Isaías como Simón Pedro se reconocen pecadores, limitados, débiles- y cuenta Dios con ello. Él se encargará que nuestros errores convivan con nuestros aciertos… siempre que echemos las redes en su nombre, es decir, siempre que en el centro de nuestro servicio, de nuestra misión, de nuestra solidaridad o nuestra predicación, le pongamos a Él, no a nosotros mismos.

Eso nos ha de llevara pensar que sus planes no son nuestros planes, que no saldrán las cosas como nosotros pensamos, proyectamos o planeamos, que a nuestros ojos puede aparecer el fracaso, el error, la muerte, y que necesitamos no perder de vista a la hora de ver el transcurrir de las cosas una mirada de fe, de esperanza y de amor. Se trata de confiar que aunque nosotros nos sintamos fracasados, no es a nosotros mismos a quienes hay que poner en el centro, sino a Dios. En tu nombre echaré las redes, pues yo solo fracasaría como antes fracasé…

Pablo se lo recuerda a los Corintios, es la gracia la que actúa en nosotros si ponemos la verdadera enseñanza de Dios y de la Iglesia en el centro de nuestra vocación: que Jesucristo murió por nosotros y resucitó.

Cuando se trata de dar un sentido, una misión, una vocación, un plan, un proyecto, un para qué, un por qué y un cómo a nuestra vida, Dios cuenta con nosotros, con quien somos, con cómo somos, con nuestras capacidades, talentos, habilidades y dones. Por eso cuando da una misión a Pedro y aquellos pescadores, los convierte en pescadores de hombres, como imagen de que siendo quien son, los transforma y recrea para ser quiénes están llamados a ser. Igual sucede con Isaías y el ambiente y la escena sacerdotal en el que se nos narra su visión: el templo y la gloria de Dios, el ambiente del que viene el mismo Isaías.

Todos los bautizados estamos llamados a ser colaboradores de Dios, a ir en su lugar y ser palabras de su Palabra, a echar las redes en su nombre para transformar nuestro mundo con el mensaje del Evangelio, en el fantástico juego de paradojas del Señor, por el que, saliendo de nosotros mismos, siendo más de Dios, poniéndole a Él y su presencia en el centro de nuestra vida, más nosotros mismos seremos, más de sentido se llenará nuestra vida, más de vida se llenará nuestra vida.

Fray Vicente Niño Orti

Comentario – Lunes IV de Tiempo Ordinario

Mc 5, 1-20

Esta semana entraremos en una fase de la vida de Jesús en la que se acentúa la formación práctica de sus discípulos a su misión futura.

— milagros muy significativos realizados delante de ellos solos, sin la presencia de la muchedumbre…

— envío en misión para un primer período de prácticas de apostolado…

Jesús y los doce atravesaron el lago y fueron al país de los Gerasenos. 

Algo muy importante para Marcos ¡que escribe para paganos convertidos, en Roma! Es la primera vez que Jesús pasa voluntariamente una frontera, y que toma contacto con el mundo pagano de su tiempo. Se lleva consigo a sus «doce».

Gerasa, ¡país de misión! «Francia, país de misión», título de un libro célebre unos años atrás. Mundo entero, país de misión.

Como Jesús, ¿me preocupo yo de todos los que aún ignoran el evangelio? Hay sectores humanos no evangelizados en todas partes.

Un hombre poseído de un «espíritu impuro» fue al encuentro de Jesús… Tenía su morada en los «sepulcros»… y ni aun con «cadenas», nadie podía sujetarle… Pues muchas veces le habían puesto «grillos» y cadenas… Pero los había roto… y nadie podía dominarle. 

Todos estos términos tienen un valor simbólico: tratan de sugerir la situación verdaderamente dramática del «hombre no-evangelizado».

Está dominado por fuerzas oscuras: Jesús pondrá en evidencia enseguida, la potencia maléfica y prolífera de esas fuerzas… «Mi nombre es Legión, pues ¡somos muchos!» (La «legión» romana constaba de 6.000 soldados).

Visto por un judío, el pagano es un hombre condenado a la muerte; vive ya «en los sepulcros» en medio de la podredumbre y de osamentas impuras. Los «cerdos», animales impuros y repugnantes para un judío, son su única compañía: le está prohibido comer su carne (Lv 11, 7-8).

En fin, el hombre no-evangelizado es un hombre «trabado» «encadenado», no libre. ¿No conservo quizá yo mismo también algunas cadenas y ligaduras? Todas estas imágenes nos dejan adivinar la importancia del gesto misionero que va a hacer Jesús: ¡Viene para liberar al hombre! Cualquiera que sea su degradación -aquel geraseno era un verdadero «monstruo» humano- ¡el hombre puede ser radicalmente curado y transformado por Jesús! He aquí la buena nueva. Las miles de pasiones que lo deformaban, la Legión de demonios que lo habitaban, han sido vencidos. Jesús es más fuerte que las fuerzas maléficas del hombre.

Las gentes fueron a ver lo que había sucedido… Ven al endemoniado «sentado», «vestido» y en su «sano juicio»… 

El hombre se fue y comenzó a predicar en la Decápolis cuanto le había hecho Jesús.

De un bruto inmundo Jesús ha hecho un hombre equilibrado, normal, un hombre en su «sano juicio», un hombre cuya vida tiene un sentido, e incluso un apóstol, pues va a los suyos -paganos como él antes- y les anuncia la buena nueva de la transformación que Jesús ha obrado en él.

Dos advertencias para orar a partir de este texto: la frontera del paganismo pasa por nuestro propio corazón -hay en mí algunos sectores que hay que salvar-… la misión es una característica esenciaI de la Iglesia- hay que ir hacia todos aquellos que esperan aún su liberación, sin encerrarse en el medio cristiano.

Noel Quesson
Evangelios 1

Homilía – Domingo V de Tiempo Ordinario

DEL ENCUENTRO A LA MISIÓN

CONTEXTO ECLESIAL

Para comprender el sentido y el mensaje de este relato simbólico es necesario situarse en la perspectiva del evangelista Lucas y su intención al ofrecerlo. Cuando escribe este pasaje está pensando, sin lugar a duda, en la gran pesca de la Iglesia primitiva: aceptando el anuncio de Pedro, Pablo y demás mensajeros, son muchos, sobre todo paganos, los que se han integrado en las comunidades eclesiales; son las «redes repletas», las «barcas a punto de hundirse» a que alude el relato. Pero no se rompe la unidad de la Iglesia a pesar del número de miembros que la componen y de la diversidad de sus culturas. Y esto a pesar de que las aguas parecían estériles y de la experiencia negativa de la noche inútil.

Estamos, pues, ante un relato vocacional, escrito a la luz de la Pascua y en cuyo trasfondo están los relatos vocacionales de los profetas, en los cuales siempre se destaca un encuentro deslumbrador con Dios. El encuentro es siempre un envío. Junto con el envío ofrece la garantía de su presencia confortadora durante la misión («no temas»).- Por eso, a pesar de parecer una misión imposible (aguas infecundas), resulta una «pesca milagrosa», porque se han echado las redes «en nombre» del Señor.

En el relato, y por razones literarias, primero está la pesca y después la vocación y el seguimiento; en el orden real, sabemos que fue al revés: primero fue la vocación, el envío, y después la cosecha apostólica. Lucas termina diciendo: «Ellos, dejándolo todo, le siguieron». Es la respuesta fiel a la llamada.

No hemos de olvidar que estamos ante un relato simbólico. Jesús, como buen pedagogo, partió de la realidad humana de los apóstoles galileos, casi todos ellos pescadores o que conocían bien el trabajo de la pesca. Vertió sus ideas y mensajes en los moldes de la cultura popular de su época. Pero

esto no significa que hayamos de apurar el símbolo hasta encontrar en sus mínimos detalles pautas de conducta. El símbolo sólo es válido en la medida en que responde al mensaje que se quiere comunicar con él. ¿Quién no cae en la cuenta de lo peligroso que es llevar a sus últimas consecuencias el paralelismo del rebaño y el pastor? Ni los cristianos somos pescadores ni los no-cristianos son peces; de la misma forma que los sacerdotes no son pastores ni los cristianos ovejas. Como señalé a propósito de la imagen neotestamentaria de Jesús, el Buen Pastor, es preciso tener presentes otras imágenes, símbolos y parábolas para entender en su integridad el Evangelio. Se completan entre sí. Ni siquiera la suma de todas ellas es capaz de contener todo lo que quiso decir Jesús.

 

LA FE ES UN COMPROMISO MISIONERO

Los cristianos, tradicionalmente, entendían este relato como referido a la jerarquía eclesial y a los llamados ministerialmente a la evangelización. Pero no es así. En este caso, Pedro y sus compañeros no encarnan sólo a los guías de la Iglesia sino a todo el pueblo de Dios que asume, por envío de Jesús, la tarea de continuar su misión evangelizadora.

Tenemos, entre otros muchos testimonios conciliares y eclesiales, el de Pablo VI en su valiosa y valorada exhortación apostólica Evangelización del mundo contemporáneo (EN 13). La orden dada a los Doce: «Id y proclamad la Buena Noticia» vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos. Todo encuentro con el Señor comporta un envío. Lo pone de manifiesto el Señor con sus discípulos, a los que llama para enviarles. Sus encuentros pospascuales son envíos. Es lo que ocurrió con las vocaciones proféticas y con

Pablo. Éste expresa la corresponsabilidad con la atrevida alegoría del cuerpo humano. No se entiende ningún miembro pasivo u ocioso. Cada uno tiene su misión para bien del cuerpo. Lo mismo ocurre con los miembros de la comunidad. Cada uno tiene su carisma para el servicio de la comunidad y para su misión entre los hombres.

Desgraciadamente, la praxis está muy lejos de esta exigencia de la fe. Sabemos que uno de los grandes males endémicos de la Iglesia en los últimos siglos ha sido precisamente su división en una pequeña clase activa que asumió toda la responsabilidad, la jerarquía, y una inmensa y mayoritaria clase pasiva que se contentó con recibir el bautismo y vivir cumpliendo de alguna manera con una tradición cristiana. Nuestras comunidades todavía se resienten del clericalismo de unos y de la inoperancia de otros. La mayoría de los cristianos se siente Iglesia solamente por referencia a la jerarquía sacerdotal. Baste el detalle de que cuando decimos la palabra «Iglesia», automáticamente pensamos en los obispos y sacerdotes.

Si esto sucede en el plano universal, exactamente lo mismo sucede con las comunidades parroquiales. En ellas, unos son los padres, que piensan y deciden por todos, y otros los hijos pequeños, que maman del pecho de mamá y esperan las órdenes de papá. Unos han pecado de absorbentes y otros de pasivos. Hoy urge salir de este círculo vicioso. Al fin y al cabo, el que dirige la pesca es Jesucristo y actuamos en su nombre.

CONDICIONES PARA LA MISIÓN

«Sois pescadores de hombres», nos dice también el Señor. Nos invita a echar las redes, a anunciar la Buena Noticia, a proponer el Evangelio como camino de vida. Pero, tal vez, nos viene a la boca el reparo desengañado de los apóstoles: «Ya lo he intentado muchas veces; ya les he invitado a incorporarse a nuestro grupo cristiano, a retornar a la práctica religiosa… pero todo inútil». Quizás no hemos sabido dar la Buena Noticia. El primer intento de pesca por parte de los apóstoles les resultó fallido. A veces se encontraron con el fracaso. La razón es que no habían puesto las condiciones necesarias para la eficacia de la misión. Estas condiciones son:

Encuentro fascinante con el Señor. Experiencia de liberación, de plenitud de vida, gracias a la comunión con él.

Amor apasionado al hombre. Compartir el amor ardiente de Jesús por las personas. Si las queremos de verdad, hemos de invitarles a hacer la experiencia de adhesión a Jesucristo, que da sentido a la vida y colma de dicha.

Ir en nombre del Señor. Discernir la voluntad de Dios para saber dónde quiere y cómo quiere que actuemos. Dijo Pedro: «En tu nombre echaremos las redes». Y el éxito fue increíble.

Actuar desde el amor y el espíritu de servicio. Sin buscar protagonismo. Nuestro orgullo, que genera con frecuencia conflictos, echa a perder la obra de Dios. Si el enviado, más que buscar el Reino de Dios, se busca a sí mismo en la tarea, el fracaso está asegurado, aunque deslumbre con éxitos momentáneos.

Derrochar entusiasmo. Los apóstoles hablan con un entusiasmo que enciende (porque están encendidos), hasta el punto de que algunos comentan: «Éstos están bebidos» (Hch 2,13). Sólo el entusiasmo y el calor contagian.

Con optimismo. Por un doble motivo: Porque los manjares del banquete del Reino al que queremos invitar son de primera calidad, preparados a la medida de las exigencias del hombre. Por eso afirmaba Tertuliano: «Todo hombre es naturalmente cristiano». Es, digamos, cristiano de deseo. Optimismo también porque contamos con la presencia del Espíritu del que somos mediación suya en la tarea misionera. «En tu nombre», responde Pedro a la invitación. Marcos deja constancia de que el Señor confirmaba con señales sus mensajes (Me 16,20).

Organizadamente. El pasaje evangélico hace referencia a la colaboración de las barcas que salieron a faenar: «Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían». Con este gesto señala el evangelista que es necesaria la colaboración organizativa en la tarea de la evangelización y en las acciones para mejorar la sociedad.

Con el lenguaje contundente del testimonio. Todo anuncio profético o misionero que no esté avalado por el testimonio personal y comunitario deviene en palabrería fastidiosa e inútil. Pablo VI lo afirma reiteradamente en su exhortación

Atilano Alaiz

Lc 5, 1-11 (Evangelio Domingo V de Tiempo Ordinario)

La palabra de Dios que cambia la vida de los hombres

El evangelio nos relata la vocación de Pedro en un pasaje propio de Lucas, distinto de la vocación de los primeros discípulos narrada por Mc 1,16-20; está más próximo de Jn 21,1-11 sobre el momento de las experiencias que tuvieron los apóstoles después de la resurrección de Jesús. Los inconvenientes que Pedro pone a salir a pescar con Jesús y echar las redes en el agua tienen cierto parecido con la objeción de Isaías para desempeñar la misión de profeta. Han estado toda la noche y no han encontrado nada; ahora, casi de día, es más difícil aún, los peces no acuden. Pero en este caso van con Jesús, con el Señor que trae la Palabra viva de Dios. Es eso lo que les hará dejarlo todo para seguirle; dejarán incluso la pesca milagrosa que han recogido para emprender una misión nueva, para pescar a los hombres en el mar de la vida y anunciarles la salvación de Dios.

Ciertos detalles del texto son dignos de mención: Jesús está en el lago, y la muchedumbre acude para escuchar la “palabra de Dios” (logos tou theou, que es una expresión que es frecuente en la obra de Lucas: 8,11.21; 11,28, Hch 4,31; 6,2.7; 8,14; 11,1; 13,5.7.44.46; 16,32; 17,13; 18,11). Pero esa palabra de Dios, se va a convertir es una fuerza transformadora que haga que Simón y los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, tengan que dejar de ser pescadores, que estaban asociados (koinoi) en el lago, para seguir a Jesús como “pescadores de hombres”. Lo extraordinario de la pesca también tiene su significado, especialmente porque no era la hora de pescar, por la noche, sino a la luz del día. La orden de Jesús, su palabra, hace posible lo que no es normal. Así sucede, pues, con el evangelio que trasforma el miedo en alegría. Pedro se confiesa pecador, indigno, como los profetas. Pero eso no importa… lo importante es seguir a Jesús.

Por lo mismo, en todas las lecturas, vemos cómo se impone la Palabra de Dios, Dios mismo, Jesucristo resucitado, en la vida de todos aquellos que deben colaborar en el proyecto salvífico sobre este mundo y transforma la existencia de cada uno. La Palabra de Dios tiene una eficacia que motiva la respuesta de Isaías, de Pedro y los apóstoles y de Pablo. No eran santos, sino pecadores y alejados de la “santidad divina”. La Palabra, Jesucristo, su evangelio, se impone en nuestra vida, pero no nos agrede: nos interpela, nos envuelve misteriosamente, nos renueva, cambia los horizontes de nuestra existencia y nos lleva a colaborar en la misión profética del evangelio, que es la misión fundamental de la Iglesia en el mundo. Si al principio dan un poco de miedo las respuestas, estas se hacen radicales, porque no es necesario ser santo o perfecto para colaborar con Dios. Hace falta prestarle nuestra voz, nuestro trabajo y todo será distinto. Se nos propone una vida nueva, en perspectiva de futuro, sin cálculos…y todo cambiará, como cambiaron Isaías y como cambiaron Pedro y Pablo. No somos santos, no somos perfectos ¿cómo podremos? Cuando aprendemos a fiarnos de Jesús y de su evangelio; cuando queremos salir de nuestros límites, la Palabra de Dios es más eficaz que nuestras propias razones para no echar las redes en el agua, en la vida, en la familia, entre los amigos, en el trabajo… y seremos profetas, y seremos pescadores.

Fray Miguel de Burgos Núñez

1Cor 15, 1-11 (2ª lectura Domingo V de Tiempo Ordinario)

El credo fundamental del cristianismo primitivo

En el contexto de 1Cor 15, estos versos iniciales marcan una pauta determinante porque están construidos en torno a la fe primitiva de los cristianos que se resumen, con solemnidad, anunciando la muerte y resurrección de Jesús. ¿En que se apoyan? En la experiencia que tienen de Él después de su muerte. La muerte no ha sido para Él una derrota; no es necesaria, ni lo será para nadie una segunda muerte. No sería justo ni para Dios, ni para ningún hombre. Por tanto, tampoco para Jesús. La resurrección se impone en sus vidas como una experiencia de vida. Esto es una revelación de Dios, que tienen que aceptar por la fe. Así fue y así lo recibió Pablo, y de la misma manera se lo trasmitió a su querida comunidad de Corinto en el mismo momento de la fundación. A eso le llama Pablo, concretamente, el Evangelio.

Como ya hemos dicho es un «credo», una confesión de fe trasmitida por Pablo. Es verdad que Pablo pretende legitimar su papel de Apóstol para combatir a algunos que niegan la necesidad de la resurrección, y por lo mismo, el hecho fundamental de que Jesucristo hubiera resucitado de entre los muertos. Él, Pablo, se considera como un apóstol abortivo (significa que la experiencia del Señor resucitado para él es como un nacimiento imprevisto, inesperado, casi imposible, ya que él estaba bien convencido de su judaísmo y del valor de la ley, e incluso había perseguido a la comunidad que confesaba a Jesús resucitado), no lo merecía. Pero ahí está dando a conocer en el mundo entero la gran noticia de la resurrección de Jesús y de todos los hombres.

Pablo les recuerda esto, porque está poniendo unas premisas indiscutibles, ya que intenta responder a una noticia que le ha llegado: que algunos no ven necesario hablar de la resurrección con lo que esto significa desde la mentalidad antropológica de un judío, pero en confrontación con la mentalidad griega. Si comienza así, con esa solemnidad, es porque este “Evangelio” es el principio y la base de toda su argumentación posterior. Debemos reconocer que esta es una de las piezas maestras de los textos de Pablo. Si no se acepta que Cristo ha sido resucitado por Dios, el cristianismo que ellos han aceptado, el evangelio, no tiene sentido. Si Cristo no vive con una vida nueva entonces… el cristianismo no tiene nada que ofrecer a los hombres. ¡Pero no! Cristo ha resucitado… y él mismo ha tenido experiencia de ello, de la misma manera que los otros apóstoles la tuvieron antes que él.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Is 6, 1-2a. 3-8 (1ª lectura Domingo V de Tiempo Ordinario)

La palabra de Dios que transforma

En la lectura profética se nos describe la experiencia de Isaías en el templo de Jerusalén cuando es llamado para ser enviado y hablar al pueblo en nombre de Dios. El profeta se siente indigno, porque ha tenido una experiencia tan intensa de lo que es Dios, de lo que es su Palabra, que no se atreve a hablar a un pueblo infiel, ya que él mismo se considera parte de ese mismo pueblo. Pero con un simbolismo de purificación de uno de los serafines (serafín tiene una raíz hebrea que significa “arder”), en definitiva de la acción curativa y purificadora de la Palabra de Dios, se siente impulsado a hablar a los hombres de Dios. La Biblia sabe muy bien expresar la transformación de la situación de pecado del hombre por medio de la intervención salvífica de Dios.

Lo que se quiere poner de manifiesto en esta experiencia del propio profeta, no es algo que solo vivirá él, sino todo el pueblo a causa de su palabra profética, que es Palabra de Dios. Quien es llamado a ser profeta siente que le arde el alma y el corazón. ¡Da miedo, claro! Pero la misma Palabra transforma el miedo en valentía y audacia. Cuando ruge el león (como dice Amós 3,8 “Ruge el león, ¿quién no temerá?   Habla el Señor Yahvé, ¿quién no profetizará?). Dios tiene esas intervenciones extraordinarias, a base de experiencia personales, que arranca de la indolencia y la trivialidad. El profeta que tiene la “suerte” no dormirá tranquilo. Ya verá la vida y la religión de otra manera. A cada uno le ocurre en su “status”. Es probable que Isaías fuera de familia distinguida, quizás sacerdotal. Ahí llega también la palabra de Dios para purificar y transformar.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Comentario al evangelio – Lunes IV de Tiempo Ordinario

Pharmakos

En la antigua Atenas, el Estado elegía a algunos hombres de los márgenes de la sociedad y los retenía. Cuando una crisis amenazaba a la sociedad, echaba suertes, elegía a uno de ellos, lo desnudaba, lo hacía desfilar por las calles donde todos se reunían para abusar de él y lo sacrificaba fuera de la ciudad. Era el «pharmakos«, que significa veneno y cura. Al absorber los males de la sociedad –que eran una legión– se convertía en veneno; con su muerte, se convertía en su cura. (¿Reconoces una dinámica similar en la farmacología?)

El hombre entre las tumbas absorbió la legión de males de la sociedad y ésta vivió una vida «normal» a su costa. El hecho de que Jesús lo liberara alteró el equilibrio social cuidadosamente calibrado:

¿quién soportaría ahora por ellos sus demonios interiores?

¿A quién echarle culpa de sus propios pecados y pretender ser virtuosos?

Pero Jesús les devuelve al hombre curado, para ayudarles a asumir sus demonios y encontrar la curación en la misericordia de Dios.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – San Juan Bosco

Hoy celebramos la memoria de san Juan Bosco.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 18, 1-5):

En una ocasión se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe».

Hoy celebramos la memoria de san Juan Bosco (1815-1888), presbítero y fundador de la Sociedad de San Francisco de Sales (Salesianos de Don Bosco).

Las palabras de Jesús nos abren la puerta a una antigua y, a la vez, nueva visión de lo que es ser «mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,1); visión que nosotros, hoy, debemos recuperar desde el Evangelio, y convertirnos. «Si no cambiáis y os hacéis como niños», es decir, si no nos convertimos de la visión de este mundo de supremacía del poder, de imposición violenta, de abuso de autoridad, «no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3). Por tanto, el que se haga «pequeño», esto es humilde, sencillo, pobre, necesitado «ése es el mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,4).

San Juan Bosco a los nueve años recibe en un sueño su vocación. Allí, Juanito encontrándose en medio de una violenta gresca infantil, recibe la llamada de Jesús por su nombre y le dice: «Juan, no con golpes, sino con bondad y mansedumbre lograrás ganarte a estos…». Y, ¡vaya si aprendió de tal forma en su vida este método del amor!, que invitaba a sus seguidores -luego como experimentado educador- a «tratar de amar lo que aman los jóvenes, para que luego, ellos amen lo que tú amas», es decir, abájate para poder elevar, acércate para poder asumir, hazte pequeño, para hacer que ellos logren ser grandes.

Pidamos hoy día al Señor que nos guíe, como lo hizo con san Juan Bosco, a seguir su camino de amor paciente y anonadamiento redentor, para salvar a la humanidad, especialmente a la juventud, «la porción más delicada y valiosa de la sociedad humana», como diría el santo educador.

P. Julio César RAMOS González SDB

Liturgia – San Juan Bosco

SAN JUAN BOSCO, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un pastor) o de santos (para educadores), o de un domingo del Tiempo Ordinario. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • 2Sam 15, 13-14. 30; 16, 5-13a. Huyamos ante Absalón. Dejad que Semeí me maldiga, si se lo ha ordenado el Señor.
  • Sal 3. Levántate, Señor; sálvame.
  • Mc 5, 1-20. Espíritu inmundo, sal de este hombre.

o bien: cf. vol. IV


Antífona de entrada Cf. Lc 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, alrededor de la mesa eucarística que nos une como hermanos y miembros de la Iglesia, comencemos la celebración de los sagrados misterios en el día en el que recordamos al gran educador y apóstol de los jóvenes, san Juan Bosco, reconocimiento nuestros pecados

Yo confieso…

Oración colecta
OH Dios,
que has suscitado en san Juan Bosco, presbítero,
un padre y un maestro para los jóvenes,
concédenos que, encendidos en su mismo fuego de caridad,
podamos ganar almas para ti y solo a ti servirte.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora nuestras peticiones a Dios Padre, pidiéndole tener nosotros los mismos sentimientos de compasión y misericordia que su Hijo Jesucristo.

1.- Por el Papa, por nuestro obispo, por el clero y por todo el pueblo fiel. Roguemos al Señor.

2.- Por el Seminario Mayor de nuestra Diócesis, por sus formadores y seminaristas. Roguemos al Señor.

3.- Por los que gobiernan los pueblos y trabajan por la paz y el bien común. Roguemos al Señor.

4.- Por los que carecen de formación, para que encuentren maestros, como san Juan Bosco, que busquen su auténtica felicidad. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros, llamados a anunciar lo que Jesús ha hecho con nosotros por su misericordia. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que has enviado al mundo a tu Hijo para liberarnos del poder del demonio, escucha las oraciones que te dirigimos y concédenos acogerte y tenerte siempre a nuestro lado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS, todopoderoso,
humildemente imploramos de tu Divina Majestad que,
así como estos dones ofrecidos en honor de san Juan Bosco
manifiesta la gloria de tu poder divino,
del mismo modo nos alcancen el fruto e tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos, dice el Señor.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,
que este sagrado banquete nos ayude
a manifestar con el corazón y las obras
el amor fraterno y la luz de la verdad,
siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco.
Por Jesucristo, nuestro Señor.