Lectio Divina – Presentación del Señor

¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!

1.- Introducción.

Señor, dame la virtud del desprendimiento. Toda mujer israelita, al rescatar a su hijo, lo consideraba ya suyo, le pertenecía. Pero María sabe que ese hijo que ha llevado nueve meses en su vientre y lo ha parido, no le pertenece. Es de Dios. María acepta todo lo que viene de Dios. No sabe decir no a Dios. Es la mujer del sí. Dame a mí también Señor, esa disponibilidad de María.

2.- Lectura sosegada del evangelio Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

“Una espada te atravesará el alma”. María vivió siempre con una espada atravesada, no en el cuerpo sino en el alma. Cuando duele el cuerpo el dolor está localizado, pero cuando duele el alma “duele todo”.  María vivió siempre con la espada cruel del presentimiento. En cada momento del día o de la noche ella creía que a su Hijo le iba a pasar algo. Y es el presentimiento de todas las madres. No sólo sufren por lo que realmente les pasa a los hijos sino por lo que les puede pasar. A vosotras madres, ¡qué bien os entiende la Virgen!

María y José eran pobres y no tuvieron dinero para comprar un cordero. ¡No importa! Ellos saben muy bien que llevan al Templo “al verdadero Cordero de Dios”.   Y es la ofrenda que más agrada a Dios. María y José se admiran de la fe de aquellos ancianitos: Simeón y Ana. Su niño ha pasado por las manos de aquellos sacerdotes del Templo a la hora de circuncidarlo, y le tocaron como a un niño más. Cumplieron su oficio.  Pero Simeón lo tocó con fe. Se emocionó y rompió a llorar. Desde ese momento, ya no le importaba morir. Podemos tocar a Dios todos los días en la comunión sin que pase nada en nosotros. Lo hemos tocado con rutina.  Pero si un día lo tocamos con fe, puede cambiar totalmente nuestra vida. Dice el Papa Francisco: La fe consiste tanto en mirar a Jesús como en mirar con los ojos de Jesús (L.F. 18). Si todos los consagrados del mundo tocáramos a Jesús con fe miraríamos el mundo “a su manera”. Y el mundo cambiaría.

Palabra del Papa

“El gesto ritual que realizan los padres de Jesús, con el estilo de humilde ocultamiento que caracteriza la encarnación del Hijo de Dios, encuentra una acogida singular por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana. Por inspiración divina, ambos reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas. En el encuentro entre el anciano Simeón y María, la joven madre, el Antiguo y el Nuevo Testamento se unen de modo admirable en acción de gracias por el don de la Luz, que ha brillado en las tinieblas y les ha servido para encontrarse con Cristo Señor, luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. El día en que la Iglesia conmemora la presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada de la vida consagrada. De hecho, el episodio evangélico al que nos referimos constituye un significativo icono de la entrega de su propia vida que realizan cuantos han sido llamados a representar en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús: virgen, pobre y obediente. (Benedicto XVI, 2 de febrero de 2012).

4.- Qué me dice este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Tocar con fe a Jesús en la Comunión. Y después tocar con fe durante todo el día la carne de Jesús en mis hermanos que sufren.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Señor, quiero darte gracias por la fe. Por la fe, María aceptó ir por el camino que Dios le marcaba y no por el que ella, humanamente hablando, hubiera querido ir. Por la fe se fió plenamente de Dios aunque, en algunas ocasiones, no lo entendiera. Y por la fe Simeón esperó ver al Señor. Lo vio y ya no le importó tener que morir. Que yo viva de fe, de sola fe.

Comentario – Miércoles IV de Tiempo Ordinario

Mc 6, 1-6

Jesús volvió a «su patria», siguiéndole los discípulos. 

Llegado el sábado se puso a enseñar en la sinagoga.

He aquí pues a Jesús de nuevo en Nazaret. La costumbre quería que se invitase a un hombre a leer y comentar la Escritura. El jefe de la sinagoga confía este papel a Jesús, el antiguo carpintero del pueblo. Marcos no nos dice cual fue el tema de la homilía que hizo Jesús este día, pero señala solamente el asombro y la incredulidad de los oyentes.

El numeroso auditorio se maravillaba diciendo: «¿De dónde le vienen a este tales cosas, y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada, y cómo se hacen por su mano tales milagros? 

¿No es acaso el carpintero? ¿EI hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban de El. Marcos da la lista de los primos y primas de Jesús. A la moda oriental, les llama «hermanos» y «hermanas».

Jesús vuelve a encontrarse pues en su medio ambiente y en su familia. Como Marcos ya nos ha hecho notar (Mc 3, 20-25), Jesús es mal visto por ellos. Pero, más netamente que entonces, tiene una nueva familia: sus discípulos, los que escuchan la Palabra de Dios, los que tienen fe en El.

Jesús les decía «Ningún profeta es tenido en poco, sino en su patria y entre sus parientes y en su familia.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos enfermos les impuso las manos y los curó. 

Esta imposibilidad de hacer milagros, no viene de que no tenga ya poder para ello… sino que se relaciona con la falta de Fe. El milagro supone la Fe. Pero no se trata de una condición, como si la confianza del enfermo condicionara el éxito de su curación. De hecho, es que el milagro ya no tendría ninguna significación: La fe es necesaria para comprenderlo, para recibirlo.

Y se admiraba de la «incredulidad» de aquellas gentes. 

He aquí a Jesús frente al problema de la incredulidad.

Tenemos a veces la impresión de que es un fenómeno moderno: ahora bien, Jesús se encontró confrontado también a la incredulidad.

Tenemos a veces la impresión de que la incredulidad proviene de una falta de la Iglesia -«ya no se enseña religión… ya no se hace catequesis»- ahora bien cuando Jesús en persona enseñaba, y en su propio pueblo, no lograba hacerse comprender, ¡Qué misterio!

Con toda la calidad de su palabra, se encontraba delante de gentes que no tenían Fe.

¡Cuántos padres hoy se encuentran ante el mismo fenómeno, por parte de su propios hijos! Pues bien, recordemos que el mismo Jesús ha tenido incrédulos en su propia familia!

Señor, quiero hacer mi oración a partir de aquí.

Se admiraba… 

Sí, Jesús está sorprendido, extrañado de esta incredulidad.

Fue ya su reacción, en el lago, con sus discípulos, durante la tempestad: «¿por qué tenéis tanto miedo?, ¿todavía no tenéis fe?» Tu «admiración», tu extrañeza, Señor, me hacen bien: me manifiestan al menos que tú estás seguro, Señor, de lo que enseñas, de lo que Tú eres… Estimo esta seguridad, esta «sabiduría que te ha sido dada», como decían tus compatriotas de Nazaret. Pero, Señor, te lo ruego humildemente, comprende nuestras incredulidades, nuestras dificultades para creer: ¡va muy lejos la Fe! Llega hasta tener que reconocer que tú tienes el poder de resucitar a los muertos. Y es natural que digamos a veces también «por qué molestar aún al maestro, por la niña muerta.

Gracias, Señor. Es difícil… pero quiero creer en Ti.

Noel Quesson
Evangelios 1

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Pesca milagrosa – Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidio que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: -Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: -No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Explicación

Jesús nos pide que pase lo que pase no nos rindamos aunque, a veces, no den resultado nuestros esfuerzos a la primera. Hay que ser constantes y confiados. Si le escuchamos y aprendemos de él, seguro que nuestra vida dará buenos frutos. Todo lo que realicemos debemos hacerlo con una confianza muy grande en su Palabra.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

5º domingo ordinario-C (Lc 5,1-11)

Lucas: Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret, en el momento en que unos pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Niño1: ¡Vamos, Jesús nos va a hablar!

Niño2: ¡Yo también voy con vosotros!

Lucas: Dice Simón a Jesús:

Simón: Maestro, te van a aplastar. ¿Por qué no te subes a una barca?

Lucas: Subió, pues, Jesús a la barca de Simón y mandó a éste que le apartara un poco de la orilla. Desde la barca enseñaba a la gente.

Jesús: El Padre del cielo os quiere mucho y os necesita para anunciar la Buena Noticia.

Lucas: Cuando Jesús hubo terminado, le dijo a Simón:

Jesús: Rema mar adentro y echa las redes para pescar.

Simón: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. Pero si tú lo dices, echaré las redes.

Lucas: Y puestos a la obra, cogieron tal cantidad de peces que se reventaba la red. Y Simón no salía de su asombro. ¡Qué susto! Parecía un milagro.

Simón: ¡Eh, vosotros, Santiago, Juan, Andrés,… Venid y echadnos una mano!. ¡Traed los aparejos con la barca, que se nos rompe la red!

Lucas: Se acercaron y llenaron las dos barcas. Tantos peces había, que las dos barcas casi se hundían por el peso. Al ver esto, Simón se arrodilló delante de Jesús, diciendo:

Simón: ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!

Lucas: Y es que el asombro se había apoderado de él y de todos los que estaban con él, al ver la red llena de peces que habían cogido.

Jesús: No os asombréis, ni tengáis miedo: desde ahora seréis pescadores de hombres.

Lucas: Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
 

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Presentación del Señor

Consagrar a los niños

Simeón y Ana sintieron algo especial en el niño Jesús, que no parecía diferente de otros bebés llevados al templo, porque sus antenas espirituales eran lo suficientemente agudas como para captar las resonancias del Espíritu. La verdad es que cada niño es especial y trae consigo el mensaje del profundo amor de Dios por la humanidad. Como dijo Pablo Picasso, «cada niño es un artista».

El problema es cómo seguir siendo un artista una vez que crecemos». Pierden el arte precisamente porque los adultos no lo vemos en ellos ni lo alimentamos. Como dijo Nelson Mandela: «No puede haber una revelación más aguda del alma de una sociedad que la forma en que trata a sus niños». El maltrato infantil sólo puede existir en un mundo que ha perdido su propio sentido de la trascendencia.

Hoy rezamos por todas las víctimas del maltrato infantil.Hoy consagramos a Dios a todos los niños del mundo.

Paulson Veliyannoor, cmf

Meditación – Presentación del Señor

Hoy celebramos la fiesta de la Presentación del Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 2, 22-40):

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Hoy miércoles 2 de febrero celebramos la Presentación del Señor, que conocemos como “de las Candelas” y recordamos a nuestra Señora de la Candelaria. Conmueve este relato que la Iglesia nos presenta para reflexionar, porque descubrimos una vez mas la absoluta fidelidad de la Sagrada Familia a Dios. Dice la escritura que llegó el día de la purificación, y de acuerdo con la Ley de Moisés, llevaron a Jerusalem al niño a presentarlo al Templo, y Él no hizo alarde de su categoría de Dios, se anonado y pasó como uno de tantos. La Virgen María cuando recibe el anuncio del Ángel de que seria la Madre de Dios, haciendo un paralelismo, tampoco hizo alarde de su condición de Madre de Dios, sino que pronto se puso en camino al encuentro de su prima Isabel para servirle, pues ésta estaba esperando a Juan, el Bautista. San José escuchó en sueños la voz del Ángel y tomó a la Virgen calladamente, este hombre justo, del silencio, de la voluntad de Dios. Cada uno de ellos ha sido un ejemplo de docilidad y fidelidad al plan de Dios. Esta Sagrada Familia fue lo que Jesús fue mamando mientras crecía e iba aprendiendo a relacionarse con su Padre Dios en su realidad humana. Descubrimos también en este encuentro a Simeón, un hombre piadoso que se dejaba conducir por el Espíritu Santo. Cuánto debemos desear nosotros también dejarnos conducir por el Espíritu Santo. Por su docilidad, Simeón, por ese estar lleno del Espíritu, pudo ver en la fragilidad de este niño, en una familia común como tantas otras que se acercaban a presentar a su niño, la salvación la luz y la gloria. Porque caminaba en la luz pudo ser dócil al espíritu santo y pudo descubrir la presencia de Jesús. En este día donde la luz cobra un papel importante debemos dejarnos iluminar por el Señor, tenemos que mostrarle toda nuestra vida a Jesús para que Él la ilumine. Estas velas que tenemos encendida en nuestra comunidad y en nuestra casa, siempre nos habla de esta luz que ilumina nuestra vida. Que podamos presentarle nuestra vida para dejarnos iluminar, pues toda realidad toda situación esta iluminada por Jesús. Por último no podemos dejar de mencionar a nuestra Madre, la Virgen María, la llena de gracia, a quién Simeón le anuncia algo terrible, la espada del dolor le atravesará el corazón. Ser cristiano no es una vacuna contra todo riesgo, ser cristiano como María es confiar, es amar, es estar de pie, decir amén y dejarse conducir por el Espíritu, fundamentalmente confiar en el Dios que no miente y es fiel. Todo lo demás es relativo, sólo Dios es absoluto. Pidamos como la Sagrada Familia que sepamos ser fieles a Dios en todo, y como Simeón sepamos descubrir al Señor que viene a nuestra vida y trae la salvación y la gloria. Dios bendiga a todos.

Monseñor Santiago Olivera

Liturgia – Presentación del Señor

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR, fiesta

Misa de la fiesta  (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Mal 3, 1-4. Llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando.
  • Sal 23.El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria.
  • Heb 2, 14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.
  • Lc 2, 22-40.Mis ojos han visto a tu Salvador.

Antífona de entrada Sal 47, 10-11
Oh, Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu Nombre, oh, Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra. Tu diestra está llena de justicia.

Monición de entrada
Hace hoy cuarenta días celebrábamos, llenos de gozo, la fiesta del Nacimiento del Señor. Hoy es aquel día santo en el cual Jesús es presentado en el templo por María y José para cumplir públicamente con la ley, pero en realidad para encontrarse con el pueblo creyente.

Los santos ancianos Simeón y Ana, impulsados por el Espíritu Santo, habían acudido, al templo y reconocieron al Señor, iluminados por el mismo Espíritu, y lo proclamaron con alegría.

Del mismo modo, congregados también nosotros por el Espíritu Santo, vayamos hacia la casa de Dios al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo reconoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.

Oremos:
Oh Dios, fuente y origen de toda luz, que manifestaste hoy al justo Simeón la Luz para alumbrar a las naciones, te rogamos suplicantes que santifiques estos cirios con tu † bendición; acepta los deseos de tu pueblo que se ha reunido para cantar la alabanza de tu nombre, llevándolos en sus manos y así merezca llegar, por la senda de las virtudes, a la luz eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Asperja con agua bendita las candelas y da comienzo a la procesión.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
rogamos humildemente a tu majestad que,
así como tu Hijo Unigénito ha sido presentado hoy en el templo
en la realidad de nuestra carne, nos concedas, de igual modo,
ser presentados ante ti con el alma limpia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Confesemos ahora la fe que, cimentada en la Palabra de Dios y en la Tradición de la Iglesia, se nos ha ido transmitiendo de generación en generación.

Oración de los fieles
Presentemos al Señor nuestras súplicas en medio de tu templo, que somos nosotros.

1.- Por la Iglesia, luz de Cristo en medio del mundo, para que ilumine los pasos de los que buscan sinceramente. Roguemos al Señor.

2.- Por los que rigen los destinos de los pueblos, para que su gestión dé frutos de justicia y de paz. Roguemos al Señor.

3.- Por los enfermos y todos los que sufren, para que confíen en quien ha pasado la prueba del dolor y puede auxiliar a los que pasan por ella. Roguemos al Señor.

4.- Por las madres de familia, para que reciban el honor y la gratitud que merecen. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, aquí reunidos, para que nuestra fe nos libere de nuestros miedos y esclavitudes. Roguemos al Señor.

6.- Por todos los religiosos, los miembros de institutos seculares y de nuevas formas de vida consagrada, por el orden de las vírgenes, por cuantos han recibido el don de la llamada a la consagración: para que sigan a Cristo renunciando al poder del mundo y sirvan a Dios y a los hermanos con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Roguemos al Señor.

Dios, Padre nuestro, escucha nuestras súplicas, que hace suyas Jesucristo, tu Hijo, a quien tú enviaste para compadecerse de nosotros, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,
que te sean gratos los dones presentados por la Iglesia exultante de gozo,
pues has querido que tu Hijo Unigénito se ofreciera como Cordero inocente
por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión   Lc 2, 30-31
Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.

Oración después de la comunión
POR estos dones santos que hemos recibido,
llénanos de tu gracia, Señor,
tú que has colmado plenamente el anhelo expectante de Simeón y,
así como él no vio la muerte sin haber merecido acoger antes a Cristo,
concédenos alcanzar la vida eterna
a quienes caminamos al encuentro del Señor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
• Dios todopoderoso os bendiga con su misericordia y os llene de la sabiduría eterna.

• Él aumente en vosotros la fe y os dé la perseverancia en el bien obrar.
• Atraiga hacia sí vuestros pasos y os muestre el camino del amor y de la paz.
• Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

Martirologio 2 de febrero

ELOGIOS DEL 2 DE FEBRERO

Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel.

2. En Orleans, en la Galia Lugdunense, hoy Francia, san Flósculo, obispo.(c. 500)

3. En Cantorbery, en Inglaterra, san Lorenzo, obispo, que gobernó esta Iglesia después de san Agustín y la engrandeció al convertir a la fe al rey Edbaldo. (619)

4. En Würzburg, ciudad de Austrasia, actualmente Alemania, san Burcardo, el cual, oriundo de Inglaterra, fue ordenado por san Bonifacio como primer obispo de esta sede. (754)

5*. En Florencia, en la región italiana de Toscana, beato Simón Fidati de Cassia, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que con sus palabras y sus escritos condujo a muchos a vivir con más fidelidad la vida cristiana. (1348)

6*. En Susa, en el Piamonte, también en Italia, beato Pedro Cambiani de Ruffia, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que por odio a la Iglesia fue asesinado en el claustro por los herejes. (1365)

7. En Prato, lugar de Toscana, de nuevo en Italia, santa Catalina de’ Ricci, virgen, de la Tercera Orden Regular de Santo Domingo, que se dedicó de lleno a la restauración de la religión. Logró, de alguna manera, experimentar en ella los misterios de la pasión de Jesucristo, gracias a su asidua meditación. (1590)

8. En Burdeos, en Francia, santa Juana de Lestonnac, que, siendo niña, rechazó la invitación y los esfuerzos de su madre para apartarla de la Iglesia católica. Al quedar viuda y después de educar convenientemente a sus cinco hijos, fundó la Sociedad de Hijas de Nuestra Señora, a imitación de la Orden de la Compañía de Jesús, para la educación cristiana de las muchachas. (1640)

9*. En Roma, san Nicolás Saggio de Langobardis, religioso de la Orden de los Mínimos, que ejerció con humildad y santidad el oficio de portero. (1709)Canonizado 2014

10*. En Genezzano, lugar del Lacio, en Italia, beato Esteban Bellesini, presbítero de la Orden de San Agustín, que permaneció fiel a su congregación durante tiempos difíciles y se dedicó infatigablemente a la educación de la juventud, a la predicación y al trabajo pastoral. (1840)

11. En Hanoi, en Tonkín, hoy Vietnam, san Juan Teófano Vénard, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que tras pasar seis años de trabajos ministeriales en la clandestinidad y en medio de grandes dificultades, fue encerrado en una jaula y condenado a muerte en tiempo del emperador Tu Duc, marchando serenamente a consumar su martirio por decapitación. (1861)

12*. En Dernach, lugar de Renania, en Alemania, santa María Catalina Kasper, virgen, que fundó el Instituto de Pobres Siervas de Jesucristo, para servir al Señor en los indigentes. (1898) Canonizada 2018

13*. En Milán, ciudad de Italia, beato Andrés Carlos Ferrari, obispo, que trabajó en favor de las tradiciones religiosas de su pueblo y abrió nuevos cauces para dar a conocer en el mundo el amor de Cristo y de la Iglesia. (1921)

14*. En Verona, también en Italia, beata María Dominica Mantovani, virgen, que junto con el beato José Nascimbeni, presbítero, fundó el Instituto de Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia, del cual fue primera superiora, para atender a los pobres, huérfanos y enfermos, y llevó siempre una vida humilde por amor a Cristo. (1934)