Comentario – Sábado IV de Tiempo Ordinario

Mc 6, 30-34

Después de su primera «misión» volvieron los apóstoles a reunirse con Jesús… 

Es la hora del «informe» a los demás… Se actúa y luego se «revisa» la acción para mejor comprenderla en la Fe, y mejorar las próximas intervenciones apostólicas.

Hoy también se hacen muchas «reuniones». Se trabaja mucho en grupo, en la vida escolar, profesional, en la investigación. Las Asociaciones y Sindicatos de todas clases convocan a sus miembros para «poner en común» ideas y proyectos.

Me agrada, Señor, descubrir, una vez más cómo sus métodos de trabajo corresponden en profundidad a la naturaleza del hombre, que es un ser de relación y de participación.

Muchos cristianos han comprendido hoy que su Fe se robustecería si decidieran «reunirse» con otros hermanos para dialogar sobre ella. Señor, ayuda a otros muchos a descubrir, a comprender esto a su vez.

Este es ya el sentido de la Asamblea eucarística del domingo: después de su misión durante la semana, los cristianos se reúnen junto a Jesús…

¿Considero yo así mi participación en la misa? Pero es preciso que muchos cristianos se decidan a hacer más, aceptando otras «reuniones» donde participen con otros en una reflexión y una acción colectiva… en la que la Fe sea el fermento de la reflexión y de la acción.

Le contaron cuanto habían hecho y enseñado…

Una gracia a pedir al Señor: la revisión de vida apostólica.

Esta revisión de nuestra vida con Jesús, es una de las formas mas útiles de oración.

Cada noche debería darnos ocasión para «relatar» a Jesús «lo que hemos hecho». Si así lo hiciéramos cada día, podríamos dar un contenido mucho más rico a la «ofrenda» de nuestras misas y a nuestras puestas en común de equipos apostólicos. Ayúdanos, Señor, a revisar contigo nuestras vidas.

El les dijo: «Venid, retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco.» Pues eran muchos los que iban y venían y ni espacio les dejaban para comer. Fuéronse en la barca a un lugar desierto…

Hay un grado de sobrecarga, de tensión nerviosa, que resulta nefasto para el apostolado como para todo equilibrio simplemente humano.

¡Gracias, Señor, por recordárnoslo! Y por ocuparte del «descanso» y de la distensión de tus apóstoles, después de un pesado período de misión.

Necesidad de silencio, de recogimiento, de soledad.

Esencial al hombre de todas las épocas… pero especialmente indispensable al hombre moderno, en la agitación de la vida de hoy.

¿Qué parte de mis jornadas o de mis semanas dedico voluntariamente al «desierto»?

Las gentes ven alejarse a Jesús y a sus discípulos… De todas partes corren hacia allá y ¡llegan antes que ellos! Al desembarcar, Jesús ve una gran muchedumbre. Se compadece de ellos porque son como «ovejas sin pastor». Y se pone a enseñarles detenidamente. 

Este será un problema permanente de la Iglesia: la tensión entre «el pequeño rebaño» de los fieles… y el inmenso redil de la muchedumbre que espera…

Jesús hubiera querido consagrarse a la formación más a fondo de su «pequeño grupo» … pero cede a la llamada de la multitud. Se deja acaparar. Es su debilidad. El también se ha encontrado ante algunas urgencias. El también ha permitido que estorbasen sus planes y sus proyectos… por amor, «compadecido».

Señor, consérvanos disponibles, aun en el seno mismo de nuestros planes muy bien previstos.

Noel Quesson
Evangelios 1

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