Lectio Divina – Viernes V de Tiempo Ordinario

«Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!»

1.-Introducción.

         Señor, hoy vengo a la oración para pedirte una cosa: que sepa escuchar. No te digo simplemente que oiga, sino que escuche, que te oiga no sólo con el oído externo sino con el oído interior, con el oído del corazón. Si oigo con el oído del corazón, tus palabras quedarán dentro de mí, serán una buena semilla, darán su fruto y me llevarán a la acción, a buscar lo que Tú quieres de mí.

2.- Lectura reposada de la Palabra. Marcos 7, 31-37

Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

3.- Qué dice este texto bíblico.

Meditación-reflexión.

Un sordo es un ser que no puede escuchar.  Y un mudo es un ser que no puede expresarse.  Si la esencia del ser humano es el diálogo, la comunicación, el encuentro, la comunión con las personas, es normal que Jesús quiera devolver a ese hombre algo esencial que le corresponde por ser persona. Dios quiere que nos realicemos plenamente como hombres y mujeres en este mundo. Y le duele esta situación. No olvidemos que estamos en la era de la comunicación. Al hombre de hoy, cuando hace un viaje, se le puede olvidar el cepillo de dientes o las llaves de casa, pero no se le olvidará el “móvil”. Pero debemos hacernos esta pregunta: en la era de la comunicación ¿estamos ahora más y mejor comunicados que antes? ¿Dialogamos más que antes? Podemos estar reunidos en familia en una mesa común y estar cada uno dando respuestas al último WhatsApp que nos han enviado. No estamos comunicados, sino que somos esclavos de la comunicación. Y lo peor de todo es que el hombre actual está perdiendo la comunicación con Dios.

Dice el evangelio que Jesús “dio un gemido”. Y debe entenderse como una profunda participación suya en la miseria humana. Dice el texto: “Jesús todo lo ha hecho bien” yrecuerda el relato de la Creación (Gn. 1,31).  Cristo no se ha limitado a “no hacer el mal” sino “a hacer el bien”. Y uno que dedica su vida a hacer el bien se dedica a luchar contra el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte. Y en estos tiempos de la pandemia ha habido y hay muchas personas que no sólo se dedican a hacer el bien, sino que exponen y arriesgan su vida por salvar a otros. Son los verdaderos imitadores de Jesús.

Palabra del Papa.

“Pensemos en los muchos que Jesús ha querido encontrar, sobre todo, personas afectadas por la enfermedad y la discapacidad, para sanarles y devolverles su dignidad plena. Es muy importante que justo estas personas se conviertan en testigos de una nueva actitud, que podemos llamar cultura del encuentro […]

Aquí están las dos culturas opuestas. La cultura del encuentro y la cultura de la exclusión, la cultura del prejuicio, porque se perjudica y se excluye. La persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de su fragilidad, de su límite, puede llegar a ser testigo del encuentro: el encuentro con Jesús, que abre a la vida y a la fe, y el encuentro con los demás, con la comunidad. En efecto, sólo quien reconoce la propia fragilidad, el propio límite puede construir relaciones fraternas y solidarias, en la Iglesia y en la sociedad. Y ahora miremos a la Virgen. En ella se dio el primer encuentro: el encuentro entre Dios y la humanidad. Pidamos a la Virgen que nos ayude a ir adelante en esta cultura del encuentro. Y nos dirigimos a Ella con el Ave María.» (Discurso de S.S. Francisco, 29 de marzo de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.-Propósito: Voy a escuchar hoy con el oído del corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración

Señor, te agradezco ese “grito interior” que sientes cuando nosotros sufrimos. Eres uno de los nuestros. Nunca te podremos echar en cara que no conoces el sufrimiento y el dolor. Lo has padecido en tu propia carne. Yo hoy quiero escuchar los gritos desgarradores de tantos inmigrantes que huyen de la guerra; de tantos niños explotados, de tantos enfermos del “corona-virus” que luchan para superar la enfermedad, y de tantos que han muerto en medio de una terrible soledad.

Comentario – Viernes V de Tiempo Ordinario

Mc 7, 31-37

Dejando de nuevo los confines de Tiro, se fue por Sidón hacia el lago de Galilea, atravesando los términos de la Decápolis.

Todos estos desplazamientos son significativos. Jesús se encuentra en territorio extranjero. Este milagro, una vez más será hecho a favor de un pagano, en pleno país de misión, en pleno territorio de la Decápolis .

Le presentan a un sordomudo.

De hecho el texto griego pone la palabra «tartamudo», «le presentaron pues un sordo que hablaba con dificultad». En toda la Biblia esta palabra se encuentra sólo dos veces: en Is 35, 6 y en Mc 7, 32. Y es precisamente este pasaje de Isaías el que citan las gentes: Es admirable todo lo que hace, los sordos oyen y hablan bien los tartamudos.

Marcos subraya pues que Jesús cumple la gran esperanza prometida por Isaías. Es como una nueva creación, un hombre nuevo, ¡con oídos bien abiertos para oír y con la lengua bien suelta para hablar! La salvación que Dios había prometido por los profetas es como un perfeccionamiento del hombre, una mejora de sus facultades: por la fe la humanidad adquiere como unos «sentidos» nuevos, más afinados.

Y tomándole aparte de la muchedumbre… y después del milagro les recomendó que no lo dijesen a nadie.

Consigna del silencio. Hay que evitar que la muchedumbre saque enseguida la conclusión: es el Mesías. Pues este título es demasiado ambiguo. Debe ser purificado, desmitologizado por la muerte en la cruz. Cuando Cristo habrá sido crucificado, solamente entonces podrá decirse que es el Mesías.

Esto vale siempre. No nos equivoquemos de Mesías, no carguemos a Cristo ni a la Iglesia de nuestros mitos ni de nuestras esperanzas demasiado humanas: Jesús no acepta nuestros sueños de grandeza, ni nuestro esperar éxitos fáciles.

Contemplo a Jesús cuidando de hacer sus milagros «aparte, lejos de la gente»… y «recomendando silencio».

Rezo a partir de esto.

Le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Gestos humanos, corporales, sensibles. Se tiende hoy a borrar esta imagen de Jesús, para presentarnos a un Jesús más moderno, más racional. ¡Ciertamente quedaríamos desconcertados si una filmación grabada en vivo nos presentara a Jesús tal como fue, al hacer estos gestos! Todos los sacramentos, son también gestos sensibles, humanos, corporales. Inmensa dignidad del cuerpo, instrumento de comunicación, de expresión. La gracia más divina, más espiritual, pasa por esos humildes y modestos «signos»: al sordo-tartamudo no le estorbaron nuestras teorías desencarnadas… y pudo experimentar, como extremadamente reveladores de la ternura de Jesús, estos gestos de contacto tan sencillos y naturales. SOS/SIGNOS-HMS

Y mirando al cielo, suspiró y dijo: «¡Efeta!»… «Ábrete».

«Mirando al cielo»: este gesto indica que la omnipotencia divina es la que hará el milagro.

Gesto familiar en Jesús, observado ya en la multiplicación de los panes (Mc 6, 41).

Luego Jesús «¡suspira!» ¡Un gemido de Jesús! ¿Participación en el sufrimiento del enfermo? quizá… Pero sobre todo ¡una profunda llamada a Dios! Jesús reza y en su oración participa su cuerpo, su respiración.

Y se abrieron sus oídos. Se le soltó la lengua. Y hablaba correctamente.

Los primeros lectores de Marcos han asistido a «bautizos», en los que el rito del «Efeta» se practicaba concretamente. Yo, por mi bautismo, ¿tengo los oídos abiertos o tapados?… la lengua ¿muda o suelta? ¿Me «comunico» correctamente con Dios y con mis hermanos?

Noel Quesson
Evangelios 1

Misa del domingo

“Maldito” y “bendito” son categorías que definen dos maneras de vivir, ya sea en este mundo o también después de esta vida.

Es calificado como “maldito” quien marginando totalmente a Dios se fía de su propio ingenio, de su capacidad y de sus solas fuerzas, o de las de otros. Se hace “maldito” quien espera encontrar su seguridad y significación en lo pasajero, en la vanidad del mundo, quien busca en sí mismo su grandeza y su realización. Se torna en un “maldito” porque en su egocentrismo se hace a sí mismo dios cuando no lo es. La maldición que en este proceso de rechazo de Dios y de endiosamiento de sí mismo trae sobre sí es la aridez del espíritu, el sinsentido de su existencia, el corazón inhóspito y vacío, solo, roto y dividido. La negación de Dios y de sus designios, abierta en el caso del rechazo frontal, o solapada en el caso de la indiferencia o del agnosticismo funcional, lleva inexorablemente al ser humano a su propia destrucción, a su muerte.

“Bendito” en cambio es aquél o aquella que confiando en Dios entra en contacto con la fuente de su vida, de su amor y felicidad. El ser humano, porque es criatura de Dios, no puede vivir sin Dios. Sólo en Dios puede realizarse, llegar a ser quien está llamado a ser, llegar a amar como está llamado a amar. Al reconocer humildemente esta dependencia, su ser permanece en Dios, se abre a su fuerza y amor divino, y se despliega poco a poco hasta alcanzar su plenitud humana. Es entonces cuando la persona encuentra su máxima felicidad o bienaventuranza.

Quien confía en Dios se asemeja así a un árbol que permanece «plantado al borde de la acequia»: arraigado en Dios, permanece firme en los momentos más arduos y difíciles de la existencia, incluso en momentos de “sequía” «da fruto a su tiempo y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin» (Salmo responsorial). Esta imagen del árbol plantado al borde del arroyo es clásica en la Sagrada Escritura. Expresa que el ser humano se desarrolla plenamente cuando se arraiga en Dios, en su Ley y en su Palabra. Lo que el agua es para la planta, eso es Dios y su Palabra para el ser humano. Separarse de Dios es condenarse no sólo a la esterilidad, sino a la sequedad y a la muerte lenta. En cambio, la aceptación de los designios divinos trae consigo el pleno despliegue de todo lo que él es y le conduce a la “bienaventuranza”, es decir, la máxima felicidad posible para el ser humano: «lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, [es] lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2,9).

Dios, por sobreabundancia de amor, ha creado al ser humano a su imagen y semejanza, con el fin de que participe de su misma comunión divina de amor y comparta con Él la misma felicidad y gozo que Dios vive en sí mismo, por toda la eternidad. Pero el amor no puede ser impuesto, ni obligado. Por ello Dios crea al ser humano libre: cada cual debe responder a la invitación divina desde su propia libertad. Cada cual es libre para decirle “sí” o “no”. Dios respetará la respuesta libre de cada cual, pero advierte y aconseja: «te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a Él; pues en eso está tu vida» (Dt 30,19-20).

El “no” dado a Dios tiene consecuencias terribles para la criatura humana: trae sobre sí la muerte, porque Él es la vida misma y la fuente de toda vida y felicidad. Para el ser humano apartarse de Dios equivale al suicidio, es traer sobre sí mismo la muerte, la maldición, la infelicidad. Ante el “no” dado por nuestros primeros padres y las terribles consecuencias que ese “no” trajo sobre toda la humanidad, Dios preparó en la historia el envío de su propio Hijo «para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Jesucristo, el Señor, es para todo ser humano «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Él es quien ha venido a reconciliar al ser humano y a abrir para él nuevamente el camino a la bienaventuranza, a la felicidad plena que deriva de la comunión con Dios y de la participación de su misma naturaleza divina (ver 2Pe 1,4).

Es al Señor Jesús a quien escuchamos en el Evangelio de este Domingo proclamar un elenco de “bienaventuranzas” junto con un elenco de “ayes”, “bienaventuranzas” y “ayes” que equivalen a aquellos “benditos” y “malditos” de Jeremías. El pasaje invita a considerar el contraste entre dos escalas de valores completamente opuestas: la del mundo y la de Dios. Las “bienaventuranzas” y los “ayes” propuestos por el Señor chocan frontalmente con la visión del mundo, tan llevada por la apariencia y la vanidad de las cosas, y descubren la jerarquía de valores a los ojos de Dios.

¿Qué garantiza que la promesa de la bienaventuranza para el ser humano se va a realizar en quienes confían en Dios? El acontecimiento histórico e incontestable de la Resurrección de Cristo, del que nos habla el apóstol Pablo en la segunda lectura. Cristo verdaderamente ha resucitado, y en su resurrección se fundamenta la esperanza del creyente de poder participar un día de aquella plenitud de gozo y felicidad que Dios le tiene prometida, pues en Cristo resucitarán para la Vida los que en Él vivan y mueran.

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Dios, que te ha creado, quiere para ti tu máximo bien, tu vida, tu felicidad. ¡Para eso te ha creado! Y te ha creado libre para que haciendo un recto uso de tu libertad puedas elegir bien y así participar ya ahora y luego de tu muerte por toda la eternidad de su misma vida y felicidad, en la comunión divina de su amor. ¿No consiste en esto la felicidad de todo ser humano: poder amar y ser amado sin límites ni medida? Es en la comunión con Dios y con todos los santos como este anhelo profundamente inscrito en el corazón humano será plenamente saciado.

El mundo, cuando opta por apartar a Dios del camino para erigirse a sí mismo como dios, trae sobre sí mismo su propia maldición. Las sociedades en las que vivimos, sociedades de raíces cristianas aunque cada vez más enemigas de Cristo y de su Iglesia, son sociedades signadas por el materialismo, el consumismo, el hedonismo, sociedades en las que se impone cada vez más el relativismo moral, ofrecen seductoras propuestas de felicidad, alternativas a la felicidad que Dios ofrece al ser humano. Así, según los criterios del mundo, será feliz aquel que pueda gozar de salud, de dinero, de bienes, de fama, éxito y reconocimiento, de poder, de placeres sin restricción o límite moral. Yendo tras esos ídolos ciertamente se experimentan intensos gozos, emociones y placeres, pero que al estar marcados por la fugacidad se parecen a lindas burbujas de jabón: nos fascinan por sus cambiantes colores pero de pronto estallan y desaparecen para no dejar sino un enorme vacío y tristeza, vacío que buscará llenarse con más experiencias similares, cada vez más intensas, para nunca jamás salir de un círculo vicioso que hunde cada vez más en el abismo del sinsentido y de la desesperanza a quien se deja esclavizar por su dinamismo. ¡Qué vacíos nos descubrimos, luego de alcanzar todo aquello que el mundo ofrece y promete que nos hará “grandes”, que nos llevará a sentirnos “como dioses”!

Dios conoce bien el camino que debes recorrer para alcanzar tu felicidad. Por el amor que te tiene, Dios envió a su propio Hijo para mostrarte en Él el Camino que has de recorrer para alcanzar tu felicidad. El Señor Jesús, que te conoce mejor que tú mismo, que tú misma, sabe bien de ese anhelo que palpita intensamente en lo profundo de tu ser. Él ha venido justamente a responder a esa ansia de felicidad y te ofrece también a ti esa «agua viva» (Jn 4,10) que apagará tu sed de infinito, regalándote una felicidad que nada ni nadie podrá arrebatarte jamás (ver Jn 16,22). Él mismo es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6): Camino y Verdad sobre ti mismo que te conducirá a tu plena realización, a la felicidad y gozo que tanto buscas y anhelas. Por medio de Él el Padre te irá mostrando el Plan que Él tiene para ti, es decir, el camino que recorrido con fidelidad te llevará a la plena felicidad, a la bienaventuranza total.

Así, pues, ¿quieres ser feliz? No te dejes engañar por las seductoras pero falsas promesas de felicidad: si el mundo te ofrece riquezas, placeres, fama y poder con la condición de que te olvides de Dios, de sus promesas y de sus mandamientos, ten la certeza de que por una gloria vana y furtiva estarás trayendo sobre ti la “maldición”, la desgracia, la soledad y la muerte eterna.

Si verdaderamente quieres ser feliz confía en el Señor y sigue el camino que Él te señala, aunque a primera vista parezca contradictorio y arduo de seguir, aunque lo que aparezca ante ti sólo sea la cruz. Recorrido con el Señor, ese Camino te llevará a la alegría presente y luego a la bienaventuranza eterna. ¡Confía plenamente en Él y haz lo que Él te diga (ver Jn 2,5), hoy y siempre!

Y si por creer en Dios y mostrarte cristiano sufres pruebas o experimentas situaciones adversas y difíciles, abrázate firmemente a la Cruz del Señor y ejercítate en la virtud de la paciencia, es decir, en la vigorosa disposición de ánimo que no sucumbe ante el sufrimiento, sino que sabe esperar en el Señor y en la realización de sus promesas. Nunca permitas que las pruebas o dificultades sufridas por Cristo, experimentadas en tu esfuerzo diario de vivir según las enseñanzas de Cristo, te aparten del Señor. Tú, repite siempre como San Pablo: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?… en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó» (Rom 8,35-37).

Estamos invitados a la felicidad

No podemos ser tristes los cristianos,
no podemos ser gente rutinaria,
no podemos relacionarnos con frialdad,
no podemos vivir lamentándonos,
no podemos ser criticones y protestones,
no podemos generar malestares,
no podemos pasar inadvertidos,
no podemos vivir sin amar,
no podemos esconder nuestra relación con Dios.

Porque Jesús nos invita a ser felices,
a tener menos cosas para ser más libres,
a ser mansos para sentir equilibrio interior,
a trabajar por la justicia para lograr el reino,
a ser pacificadores para generar bienestar,
a biendecir de los demás, recalcando lo positivo,
a llorar junto a los que sufren o están solos,
a ser rechazados o malinterpretados
por nuestra opción, a sentir hambre
o evitar que otros la sufran
y a colaborar en la instauración del Reino de Dios,
que será la explosión de felicidad y de Amor para todos.

Mari Patxi Ayerra

Comentario – Bienaventurada Virgen María de Lourdes

Nuestra oración de hoy, de la mano de la Virgen María (Ntra. Sra. De Lourdes) es por todos los enfermos, pues hoy se celebra su 30 Jornada Mundial con el lema «Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6,36).

Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad.

En muchos lugares, especialmente en la pequeña localidad francesa que acoge a miles de peregrinos, se van a celebrar diversos actos de oración y se administrará el sacramento de la unción a muchos enfermos. Todos los que allí acuden como voluntarios o enfermos vuelven con el corazón henchido de alegría. De hecho, así se llama el tren que vuelve de Lourdes, “el tren de la alegría”, pues, aunque no todos vuelven curados, sí vuelven todos más alegres y con la fuerza suficiente para afrontar su enfermedad.

Especialmente me gustaría que nuestra oración fuera dirigida a los enfermos que no tienen recursos, que viven sin la atención sanitaria y humana básicas. De alguna manera ellos se reflejan en el sordomudo del evangelio de hoy, sanado por la acción curativa de Jesús: “…apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: Ábrete.”

Jesús atendió a los enfermos. No vemos en el evangelio ningún caso de indiferencia o desatención. Sí los vemos lamentablemente en nuestro entorno, enfermos que sufren solos su dolor. No permitas que ninguna persona enferma que esté cerca de ti esté sola; puede tener todo lo material, pero lo que más necesita es tu compañía, tu cariño, el regalo de tu persona, esta es la mejor medicina que puedes darle.

María, Ntra. Sra. De Lourdes, ruega por todos tus hijos e hijas que están enfermos, ruega por todos nosotros, por nuestras enfermedades, las del cuerpo y las del espíritu. Ruega también por todo el personal sanitario que en estos últimos tiempos de pandemia se ha esforzado al máximo, llegando hasta la extenuación física y psicológica. Que tu intercesión poderosa nos libre de todo mal, de toda parálisis del corazón, de todo egoísmo destructivo, del demonio de tener el corazón cerrado.

Juan Lozano, cmf.

Meditación – Bienaventurada Virgen María de Lourdes

Hoy celebramos la memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 2, 1-11):

En aquel tiempo, se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga».

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala». Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora».

Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en Él sus discípulos.

Hoy es la fiesta de la Virgen de Lourdes. En el Evangelio Jesús es el personaje principal, pero deja a su Madre un humilde protagonismo, como le deja diariamente en Lourdes, con todo lo que allí ocurre. Jesús, invitado a una fiesta de bodas con sus discípulos, hace allí su primer “signo”. María, discretamente, se da cuenta de la necesidad de los nuevos esposos, y prudentemente lo hace saber a Jesús, intercediendo por ellos: «No tienen vino» (Jn 2,3). A pesar de que la respuesta parecía más bien evasiva, por no decir negativa, acto seguido María hace una advertencia a los servidores: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Ella no sabía qué haría Jesús, pero debía pensar: ¡haga lo que haga, hará lo mejor! No se equivocaba.

El resultado ya lo conocemos: la gran abundancia mesiánica del “vino mejor” que hace que el maestresala quede extrañado y que los discípulos reafirmen la fe en Jesús.

Quisiera subrayar la eficacia de la simple presencia de María en la fiesta de las bodas: con sensibilidad femenina, descubre lo que falta, y con prudencia se lo comunica a su Hijo. Ésta es la preciosa tarea de María en nuestra vida y en la Iglesia. Recordemos aquí las palabras del Papa Francisco sobre el papel de María y de la mujer en general, en la Iglesia: «La mujer es imprescindible en la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. El genio femenino es necesario en los lugares en los que se toman decisiones importantes».

Hay muchas carencias en la Iglesia, en nuestra familia, en nuestra vida personal, que María descubre y presenta a Jesús; ¡y su intercesión siempre es eficaz! La mujer está llamada a tener una función semejante.

Pero es necesario invitar a Jesús y a María a participar en nuestras vidas. Es necesario también, y sobre todo, que hagamos todo lo que Jesús nos diga.

+ Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

Liturgia – Bienaventurada Virgen María de Lourdes

BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE LOURDES, memoria libre

Misa de la memoria (blanco)

Misal: para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de la bienaventurada Virgen María, Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Re 11, 29-32; 12, 19. Israel se rebeló contra la casa de David.
  • Sal 80. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.
  • Mc 7, 31-37. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

O bien: cf. vol. IV.


Antífona de entrada Cf. Jdt 13, 18-19
El Señor Dios altísimo te ha bendecido, Virgen María, entre todas las mujeres de la tierra, porque ha sido glorificado tu nombre de tal modo que tu alabanza está siempre en la boca de todos.

Monición de entrada y acto penitencial
Conmemoramos hoy a la bienaventurada Virgen María de Lourdes. En 1858, cuatro años después de la proclamación del dogma de su Inmaculada Concepción, la Virgen María se apareció en repetidas ocasiones a la humilde joven santa María Bernarda Soubirous en la gruta de Massabielle, cerca de la población de Lourdes, en Francia. Desde entonces, aquel lugar es frecuentado por muchos cristianos, que acuden devotamente a rezar.

Oración colecta
DIOS de misericordia,
concédenos fortaleza en nuestra debilidad
a cuantos recordamos a la Inmaculada Madre de Dios,
para que, con el auxilio de su intercesión,
nos levantemos de nuestros pecados.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Confiando en el amor misericordioso del Padre, que abre sus brazos para acoger a todos los hombres, pidamos por nosotros y por el mundo entero.

1.- Por la santa Iglesia, para que presente ante el mundo el rostro acogedor del Padre par con los pobres, los que sufren, los que dudan y los que se equivocan. Roguemos al Señor.

2.- Por las familias que se encuentran en graves dificultades económicas, por los matrimonios que están en peligro de romperse, por las madres que tienen miedo de recibir un nuevo hijo, para que encuentren ayuda y apoyo en los hermanos. Roguemos al Señor.

3.- Por los que viven sumergidos en el mundo de la droga, de la delincuencia, de la marginación, de la miseria, para que hallen el camino y el valor necesario para salvarse de esta su situación. Roguemos al Señor.

4.- Por nosotros, para que celebremos con fe esta eucaristía y vivamos con agradecimiento por la misericordia que Dios nos ofrece. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, nuestras plegarias y no rechaces a los que solo en ti confían. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
GOZOSOS al venerar la memoria de la Madre de tu Hijo,
te ofrecemos, Señor,
el sacrificio de alabanza, y te pedimos,
por este sagrado intercambio,
que se acrecienten en nosotros los frutos de la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Lc 1, 48
Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humildad de su esclava.

Oración después de la comunión
FORTALECIDOS, Señor,
con el alimento del cielo,
te pedimos humildemente reconocer de palabra
y seguir con nuestras obras a tu Hijo,
nacido de la Virgen fecunda,
al que hemos recibido en este sacramento.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Martirologio 11 de febrero

ELOGIOS DEL 11 DE FEBRERO

Nuestra Señora la Bienaventurada Virgen María de Lourdes. Cuatro años después de la proclamación de su Inmaculada Concepción, la Santísima Virgen se apareció en repetidas ocasiones a la humilde joven santa María Bernarda Soubirous en los montes Pirineos, junto al río Gave, en la gruta de Massabielle, cerca de la población de Lourdes, en Francia, y, desde entonces, aquel lugar es frecuentado por muchos cristianos, que acuden devotamente a rezar.

2. En Roma, en la vía Apia, en el cementerio que lleva su nombre, santa Soteris, virgen y mártir, que, como relata san Ambrosio, renunciando por causa de la fe a la nobleza y a los honores de su familia, no se prestó a inmolar a los ídolos, ni se dejó vencer por humillantes injurias, ni temió morir herida por una espada.(c. 304)

3. Conmemoración de los numerosos santos mártires apresados en Numidia, actual Argelia, durante la persecución llevada a cabo bajo Diocleciano, que fueron víctimas de crueles suplicios por no querer entregar las Sagradas Escrituras conforme al edicto del emperador.(s. IV inc.)

4. En Volturno, en la región italiana de Campania,san Castrense, mártir. (s. inc.)

5*. En la región de Apulia, también en la actual Italia, san Secundino, obispo. (s. V/VI)

6. En Chateâu-Laudon, en la Galia, hoy Francia, san Severino, abaddel monasterio de Agaune. (s. VI)

7. En Roma, en la basílica de San Pedro, sepultura de san Gregorio II, papa, el cual, en los difíciles tiempos bajo el emperador León el Isáurico, trabajó en defensa de la Iglesia y del culto de las sagradas imágenes, y envió a san Bonifacio por tierras de Germania a predicar el Evangelio. (731)

8. También en Roma, memoria de san Pascual I, papa, que, llevado por la devoción, trasladó muchos cuerpos de mártires desde las catacumbas a distintas iglesias de la ciudad. (824)

9*. En Borgoña, actual Francia, san Ardano, abad de Tournus. (1066)

10. En Chihuahua, población de México,san Pedro Maldonado, presbítero y mártir, que, arrestado durante la persecución contra la Iglesia mientras administraba el sacramento de la Eucaristía, alcanzó el triunfo del martirio al ser golpeado mortalmente en la cabeza. (1927)

11*. En Vinaroz, en la región de Valencia, en España, beato Tobías (Francisco) Borras Romeu, religioso de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios y mártir, que durante la persecución religiosa consumó su glorioso sacrificio. (1937)