Meditación – Viernes VI de Tiempo Ordinario

Hoy es viernes VI de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 8, 34-9,1):

En aquel tiempo, Jesús llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles». Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios».

Hoy nos fijamos en esta misteriosa expresión —»Hijo del hombre»— con la que Jesucristo —sorprendentemente— se designó a sí mismo. No era un título habitual de la esperanza mesiánica, pero responde perfectamente al estilo de la predicación de Jesus, que se expresa mediante palabras enigmáticas y parábolas. Así, el Maestro intenta conducirnos poco a poco hacia el misterio, que terminaremos por descubrir siguiéndole a Él.

Esta expresión es del Antiguo Testamento: el profeta Daniel transmite la visión del «Hijo del hombre» que viene de lo alto trayendo la justicia universal. Jesucristo se identifica con este «Hijo del hombre» que vendrá a juzgar a vivos y muertos. Pero la gran novedad consistió en que Jesús usó expresamente este «título» para anunciar su Pasión. Con ello, Jesucristo asocia la imagen de Juez del mundo con la del «siervo sufriente» (del profeta Isaías): el «Hijo» ha venido de lo alto, para ser «hombre» que realmente sufre y muere para salvar a todos.

—Jesús, amo tu realeza hecha de sufrimiento y exaltación, de abajamiento y elevación.

REDACCIÓN evangeli.net

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