Lectio Divina – Cátedra de San Pedro

“A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos”

1.- Oración introductoria

Señor, hoy  siento una alegría grande en mi corazón al llegar a la oración y leer tu Palabra. Como a Pedro, también me haces a mí la entrega “de las llaves”. No las llaves de la Iglesia, pues soy pequeño y no pretendo dirigir nada. Me das las llaves de tu “propio corazón”. Con esas llaves puedo abrir y asomarme  al misterio de tu amor. Y, al mismo tiempo, yo también te entrego las llaves de mi corazón para que puedas invitar a entrar en él a los pobres, tus preferidos.

2.- Qué dice el texto.  Mateo 16, 13-19

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Mateo coloca la escena en territorio gentil, fuera de una concepción del Mesías demasiado nacionalista, para dar a entender que estamos en una apertura a los gentiles. Jesús, antes de entregar a Pedro las “llaves de la Iglesia”, le entrega “las llaves de su corazón”. Y ese corazón es tan grande que en él  caben todos los pueblos. Jesús nos habla de un Padre Bueno que “hace salir el sol y manda la lluvia” para todos. En verdad, Pedro ha de ser “la roca” donde Jesús edifique su Iglesia. Pero no será una roca construida a base de  “leyes y de dogmas”. Será una “roca” construida sobre el amor. De hecho, lo único que el Señor le exige después de la Resurrección, es que le ame. ¿Me amas?…Apacienta mis ovejas. El alimento que deben dar los pastores en la Iglesia es el alimento del amor. No un amor cualquiera, sino  el amor recibido de Jesús. “Sólo el que sirve por amor sabe custodiar la Iglesia de Jesús” (Papa Francisco). Y es hermosa la misión de todo cristiano: abrir la puerta, dejar entrar, acoger, escuchar, comunicar. “Si miras a la cátedra de Pedro, no busques en ella a un vice-Cristo, sino a un hermano que, débil como tú. Necesita recobrarse a un hermano que el Señor te ha regalado para que te afiance en la fe. Demos gracias al Padre que, en la cátedra de Pedro nos ha dejado una luz que nos oriente en la noche, un hermano que, por su preeminencia en el amor, sea siervo de todos” (Fr. Agrelo).

Palabra del Papa.

“Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Acto seguido, Jesús pronuncia la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (…). A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Las tres metáforas que utiliza Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reinode los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Así queda descrito con imágenes muy plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término: «primado de jurisdicción». Benedicto XVI, 7 de junio de 2006.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Dedicaré un tiempo para visitar algún enfermo o alguna persona que vive sola y necesita comunicarse con alguien.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, después de este rato de oración, me voy contento. Contento de conocerte un poco más, y contento de pertenecer a una Iglesia fundada por ti. Una Iglesia de “puertas abiertas”, dando acogida a tantas personas que están fuera, a la intemperie, sin recibir el cariño de nadie. En esta Iglesia, como Santa Teresita, yo quiero ser “corazón”. Y enviar amor a todos los miembros de  este Cuerpo Místico.

Comentario – Martes VII de Tiempo Ordinario

Mc 9, 30-37

Jesús y sus discípulos atravesaban la Galilea, queriendo que no se supiese. Pues les enseñaba diciendo: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres.»

Como Jesús no quiere que se utilice el titulo de «Hijo de Dios» utiliza constantemente el de «Hijo del hombre».

Contrariamente a lo que, a primera vista, podría creerse, no se trata de una insistencia sobre la «humanidad» de Jesús.

De hecho, los primeros cristianos procedentes del judaísmo y el mismo Jesús, daban a este título un significado muy denso: era para ellos una evocación del Mesías anunciado por Daniel, 7-13-l4, y que subraya muy fuertemente su origen celeste y la obra divina que debía llevar a cabo. Pero este título de «Hijo del hombre» era menos provocativo que el de «Hijo de Dios» pues significando más o menos lo mismo, lo decía algo más veladamente.

Le darán muerte y al cabo de tres días resucitará.

Es el segundo anuncio de la Pasión.

Todo el evangelio de san Marcos nos encamina hacia esa cumbre. Curiosa biografía de un hombre: no es su vida lo que parece importante, sino su muerte… Es verdad que ese hombre anuncia a la vez siempre e imperturbablemente «¡que revivirá… después!». Es como si su vida primera no fuera la más importante.

¿Estamos efectivamente convencidos de que Jesús vive hoy? El misterio pascual es lo esencial de nuestra Fe.

Este es el privilegio único y radical de Jesús; ningún otro gran hombre ha tenido la pretensión de liberar al hombre de esta última fatalidad que es la muerte. Ni Buda, ni Mahoma ni ninguna ideología humanista han propuesto solución alguna a esta gran angustia del hombre que sabe que morirá.

Solamente Jesús, serenamente, sencillamente dijo: «le darán muerte y ¡tres días después resucitará!» Jesús es aquel que se dirigía hacia la muerte en medio de una gran paz total… porque sabía que, detrás de la puerta sombría, le esperaba: no la nada desesperante, sino los brazos del Padre.

La nueva liturgia de difuntos canta: «En el umbral de su casa, nuestro Padre te espera, y los brazos de Dios se abrirán para ti.

Y los discípulos no entendían esas palabras y temían preguntarle.

El evangelio no embellece en absoluto a los apóstoles. Son pobres gentes como todos nosotros. Más bien insiste en calificarles de mente obtusa, limitada, estrecha. Ciertamente nos representan bien cerca de Jesús. Es una buena muestra de humanidad corriente, más bien mediana. Verdaderamente uno se pregunta de qué modo la Iglesia, y todo su inmenso movimiento histórico, hubiese podido surgir únicamente de sus imaginaciones o de sus proyectos, como a veces se dice. Verdaderamente sucedió algo. Efectivamente fueron transformados por un acontecimiento… fueron levantados por encima de sí mismos, e investidos de una fuerza y de una inteligencia que no venía de ellos. Siempre es así hoy en la Iglesia: no se la puede juzgar simplemente desde un punto de vista estrictamente humano.

¿Qué discutíais en el camino? Ellos se callaron porque habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor.

He aquí su nivel de reflexión y de ambición. ¡Humanidad corriente, mediana!

Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

En su Pasión, a la que alude, Jesús se hizo el último, el servidor. Así, el anuncio de la Cruz, no es sólo para El, sino también para nosotros. No hay otro camino para seguir a Jesús, que el de pasar por la muerte para llegar a la vida.

¿Es esto, desde ahora, mi vida cotidiana?

Noel Quesson
Evangelios 1

Comentario – Martes VII de Tiempo Ordinario

(Mc 9, 30-37)

Jesús había advertido a sus discípulos que se cuidaran de la levadura de los fariseos y de Herodes, celosos de su poder a costa de todo.

Sin embargo, la tentación del poder y la gloria se cierne también sobre la comunidad de los discípulos, y Jesús le sale al paso. De la misma manera que él renunció a un poder terreno y a una gloria mundana, los discípulos deben desprenderse de pretensiones de dominio.

Todo deseo de alguna autoridad sobre los demás debe transformarse en un deseo de servir a todos desde el último lugar.

Resulta grosero que, luego que Jesús anunciara una vez más su muerte y su resurrección, los discípulos, que no lograban entrar en esa lógica de entrega, se pusieran a discutir quién de ellos era el más grande.

Pero Jesús les muestra que en la lógica del Reino el más grande es el que se hace el último, el que sirve. Por eso el niño representa a los preferidos, a los primeros.

El discípulo, si realmente quiere ser agradable a los ojos de Jesús, deberá hacerse pequeño y humilde como un niño y aparecer ante los demás con la sencillez de un pequeño, porque no tendría sentido que él defendiera permanentemente su imagen cuando su Maestro renunció a la fama y al poder terreno.

Oración:

«Cambia mi corazón Señor; sólo tú puedes liberarlo de sus deseos de gloria y de poder, sólo tú puedes sanar su orgullo y hacerlo simple y desprendido como el tuyo. Dame la gracia de amar el último lugar, ese que nadie desearía quitarme».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

No sólo de pan vive el hombre

La Cuaresma nos empuja hacia el desierto, para tener una experiencia semejante a la del pueblo de Israel y del mismo Jesús. Para escapar de la esclavitud y entrar en la tierra prometida, Dios nos hace pasar por el desierto. El desierto es un lugar donde los recursos básicos de la vida son escasos: no abunda el agua ni la comida, no hay comodidades,… Ahí se palpan mejor nuestros propios límites; ahí la tentación se hace más recia, más fuerte. ¡Cómo se echan de menos las seguridades de la ciudad o de los lugares más habitados! ¡Qué difícil se hace el ejercicio de la libertad cuando se carece de lo necesario!, uno está más a merced de las promesas fáciles que garantizan soluciones rápidas.

Pero el desierto es sobre todo un lugar privilegiado para encontrarnos con Dios, aunque solo es un lugar de paso hacia algo mejor. No es lugar para quedarse a vivir de forma permanente. Dios nos hace pasar por el desierto para experimentar con fuerza su presencia y su amor; pero también para que podamos descubrir lo que hay en nuestro corazón; para que veamos con nuestros propios ojos si ya le amamos con todo el corazón, más que nuestra propia vida, más que nuestros recursos o nuestros bienes. Dios no necesita esa información, pero nosotros sí necesitamos saber y medir con frecuencia dónde estamos respecto a Él.

Durante su travesía por el desierto, Israel se mostró ante su propia mirada como un pueblo rebelde contra Dios, como un pueblo infiel y desconfiado ante Aquel que quería liberarlo. Por eso fracasó, en parte, en su vocación de conducir a toda la humanidad a la tierra prometida. Sin embargo, la situación fue reconducida por un hombre de ese pueblo, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, quien se dejó guiar por el Espíritu Santo para mostrarnos a nosotros que su corazón no estaba dividido sino enteramente puesto en las manos del Padre del cielo, y que no vivía más que para hacer su voluntad, que en este caso no era otra que la de conducir a toda la humanidad a la salvación, a la felicidad verdadera. Con su vida sobre esta tierra, por fidelidad al Padre del cielo, Jesús recorrió el camino inverso no solo del pueblo de Israel, sino de toda la humanidad: este último iba del paraíso al desierto; Jesús fue del desierto al paraíso, pasando por múltiples pruebas, incluida la muerte en cruz y todos los sufrimientos que la precedieron y acompañaron.

En la experiencia de desierto que hizo Jesús fue capital la acción del Espíritu Santo. Este hizo posible su concepción, como le dijo a María el Ángel de la Anunciación. Jesús recibió en su bautismo la plenitud de ese mismo Espíritu para poder realizar su misión evangelizadora. El pasaje evangélico de hoy nos dice que ese mismo Espíritu «lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo». El evangelista centra su atención en las tres últimas tentaciones, no en las precedentes, ni en las que vendrán después de estas.

Hay muchas enseñanzas en todo esto. En primer lugar, vemos que Jesús, a pesar de ser el Hijo querido del Padre, y a pesar de estar lleno del Espíritu, tuvo que combatir al diablo, tuvo que luchar contra la tentación. Esta enseñanza es capital para nosotros: Aunque estemos bautizados, aunque Dios nos ame como a verdaderos hijos, aunque poseamos la gracia del Espíritu Santo, nuestra vida sigue siendo un combate constante contra el diablo, contra las fuerzas oscuras que tratan de oponernos a Dios y desviarnos de sus buenos proyectos.

La actitud de Jesús ante las tentaciones deja traslucir el fondo del corazón humano de Jesús, un corazón de «Hijo». Nunca se apartó de su Padre por seductoras que fueran las tentaciones. Jesús ama al Padre por encima todo, incluso con las escasas fuerzas físicas que le quedaron después de los cuarenta días de ayuno. El Espíritu Santo que le habita y le guía es Espíritu de Amor.

Son interesantes las respuestas de Jesús al tentador. En la primera y tercera tentación, el diablo quiere inducir a Jesús a poner en duda las palabras del Padre en el momento del bautismo o a entender su condición de Hijo querido de forma distorsionada. Comienza diciéndole: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Si hubiera obedecido a esta tentación, Jesús habría renegado de lo que entraña la encarnación; habría puesto condición de Hijo a su propio servicio, no habría asumido de verdad nuestra condición humana con todas sus consecuencias. Qué pensar de alguien que resuelve todos los problemas de su vida con un golpe de magia. Alguien así no sería como nosotros y, por tanto, no podría redimirnos. Los Padres de la Iglesia no se cansan de decir que solo fue redimido lo que fue asumido por el Hijo de Dios. Jesús respondió a esta provocación citando un texto del libro del Deuteronomio donde se dice: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”» (8,3). El texto continúa diciendo: «sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé». Jesús vivió del pan material; por imprescindible que sea, eso solo no basta. Todos necesitamos también alimentarnos de lo que sale de la boca de Dios. De su boca salió la Palabra con la que creó el universo, una palabra que hace de inmediato lo que dice: «Dijo e hizo». Pero cuando esa Palabra se dirige a nosotros, necesitamos acogerla para que surta efecto. Porque somos libres, podemos rechazarla. Si la acogemos, será también para nosotros una Palabra creadora, una Palabra que nutrirá nuestra vida. Esa Palabra habla a todos. Es una Palabra de invitación y de llamada, pero también una Palabra que prohíbe («no comerás del árbol de conocimiento del bien y del mal»).

En el segundo asalto, el diablo hizo contemplar a Jesús todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré poder y gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». El diablo acude a Jesús con mentira, prometiéndole lo que no es suyo, e incitándole a la idolatría, a separase del Padre, a cambiar de Señor, a adorar al diablo en lugar de adorar a Dios. El pecado de idolatría es para Israel el más importante. Sucumbió a él en su travesía por el desierto, a pesar de haber experimentado lo que el Dios vivo hizo en su favor. ¡Qué fácil es olvidar lo que Dios hace por nosotros!, pues está envuelto en el claroscuro de la fe. Para Israel, lo que verdaderamente se opone a la fe no es la increencia sino la idolatría. Los ídolos son seductores, se pueden ver, contar, pesar, tocar; pero siempre exigen sangre, siempre oprimen a la humanidad, siempre esclavizan. El espejismo nos lleva a no ver ya al Dios de la vida y a apartarnos de él para entregarnos al servicio de los ídolos. La idolatría es una tentación constante a lo largo de la historia. Los cristianos también debemos estar alerta para no caer en ella. Los ídolos de siempre son: 1) La afirmación de sí, el instinto de la propia independencia y libertad, la propia autonomía y autorrealización, es decir, el hambre de ser; 2) la necesidad de ser valorados, de brillar, de gloria y grandeza, de riquezas (dinero, fama, ciencia, belleza,…), es decir, el hambre de tener; 3) la necesidad de gozar (placeres, confort, seguridad, felicidad), es decir, la sed del placer. Jesús responde a esta tentación citando las siguientes palabras del Deuteronomio: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás, y a él solo darás culto”» (6,13). Jesús es un Mesías pobre; relativizó las riquezas porque optó por la riqueza del Reino de Dios. El mundo ya le pertenecía en herencia, pero no quiso recibir nada que no le viniera de la mano de su Padre.

Para la tercera tentación el diablo colocó a Jesús en el alero del templo de Jerusalén y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece en ninguna piedra”». El pináculo del templo era el lugar de ejecución de Jerusalén. Antes de la lapidación se tiraba al reo de esta altura, y luego todos lo remataban con piedras. Jesús responde a esta provocación citando de nuevo el libro del Deuteronomio: «Está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”» (6,16). La desconfianza conduce a tentar a Dios. Por el contrario, Jesús puso toda su confianza en su Padre.

Al inicio de la Cuaresma debemos hacer nuestras la actitud y las palabras con las que Jesús venció al tentador en el desierto.

Fray Manuel Ángel Martinez Juan

Música – Domingo VIII de Tiempo Ordinario

Entrada:   Acuérdate, Señor de tu Iglesia CLN A 18; Juntos cantando la alegría  CLN 410; El Señor es mi fuerza CLN 717;
Introito-En Latin: Factus est Dominus  
Salmo Responsorial y Aleluya.  Es bueno dar gracias
Santo: CLN-I 7
Cordero de Dios: Gregoriano de la Misa de Difuntos. CLN  Ñ1
Comunión: Oh, Señor, yo no soy digno, CLN O40; Donde hay caridad y amor; CLN 026Beberemos la copa de Cristo,  CLN  010
Final: Hoy, Señor, te damos gracias:  CLN 604; Id y enseñad CLN 409

Oración de los fieles – Domingo VIII de Tiempo Ordinario

Hoy nos indica el Señor que miremos nuestro obrar antes de criticar las acciones de otro. Hagamos un gesto de humildad y pidamos al Señor que saque la viga de nuestro ojo diciendo:

DANOS SEÑOR UN CORAZÓN HUMILDE

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que el Señor los anime y ayude en estos momentos tan duros para ellos. OREMOS

2. – Por los países ricos, para que sean capaces de compartir su bienestar con aquellos países en los que hay necesidad. OREMOS

3. – Por los enfermos, para que el Señor, les anime y ayude a sobrellevar su dolencia y pronto recuperen la salud. OREMOS

4. – Por los agricultores, para que el Señor les conceda buenas cosechas y puedan vivir dignamente de su trabajo. OREMOS

5. – Por las familias cristianas para que la humildad sea la medida de su amor. OREMOS

6. – Por todos nosotros para que sepamos reconocer nuestra debilidad y disimular la del prójimo. OREMOS

Padre, que tu misericordia nos haga más humildes sabiendo que todos los bienes son repartidos por tu mano generosa.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

Amén


Hoy leemos en San Lucas que Cristo nos pide un gesto de sinceridad y de respeto con los hermanos y que sepamos ver y aceptar nuestros defectos y errores Repetimos:

SEÑOR, DANOS VISTA A TODOS

1.- Padre acompaña y alienta a la Iglesia esposa de Cristo y camino de Salvación para todos los hombres. OREMOS

2.- Padre, mira con compasión al mundo que sufre y dale tu Amor y presencia a través de los que forman tu Iglesia. OREMOS

3.- Padre, atiende las necesidades del que sufre la enfermedad, el dolor, la falta de trabajo, la soledad, las injusticias… OREMOS

4.- Padre, da el calor de tu amor a cada hogar de este mundo para que busquen continuamente el Reino y su justicia. OREMOS

5.- Padre, ilumina a aquellos que se han apartado de tu Luz y se sienten perdidos, haz que sientan que Tú nunca los abandonas. OREMOS

6.- Padre, haz que todos nosotros seamos fieles administradores de los dones que Tú nos das y haz que siempre los pongamos a disposición de nuestros hermanos. OREMOS

Padre, Tú que eres nuestra Roca firme y nuestro refugio cubre con tu omnipotencia, nuestro débil caminar. Te lo pide el pueblo expectante, por tu Hijo Jesucristo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amen

Comentario al evangelio – Cátedra de San Pedro

Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de san Pedro. Aquí puedes leer algo sobre esta antigua celebración. Cada año tenemos la ocasión de recordar la figura del Santo Padre y su misión en la Iglesia. Que no es tarea pequeña. Y orar por él, para que no le falte la ayuda y el consuelo del Espíritu Santo.

En la Palabra de hoy hay palabras para todos. Para lo que tenemos algún cargo en la Iglesia, y para los que son creyentes de base. A todos nos hablan las lecturas. A cada uno, desde su puesto y responsabilidad.

La primera lectura nos habla a los pastores, y recuerda el “para qué” de nuestra ordenación. El motivo de haber elegido un estilo de vida diferente al de otras personas: ocuparnos del pueblo de Dios. Hay días en que resulta muy fácil ocuparse de las tareas encomendadas. Todo está en orden, no te duele la cabeza, los pajaritos cantan, las nubes se levantan… Vivimos, sin embargo, jornadas que se hacen muy largas, por muy diversos motivos. En esos momentos, recordar las palabras de la primera carta de san Pedro es muy útil. Hacer todo “de buena gana, como Dios quiere; con generosidad; convirtiéndoos en modelos del rebaño”. E intentar ver a todas las personas como Dios las ve. Incluso a las personas que son “muy, pero que muy pesadas”.

Lo de ser modelo me sigue abrumando, veinte años después de la ordenación. Me consuela que es tarea de todos los creyentes, lo de ser testigo, modelo para los demás. Ahí estamos.

El salmo nos da a todos un motivo para la esperanza. “El Señor es mi pastor, nada me falta”. A menudo nos parece que nos hacen falta muchas cosas; se va la luz un rato, se nos corta el internet, y parece que se nos acaba el mundo. Sería interesante recordar, en esos momentos de “oscuridad digital”, que el Señor es nuestro pastor, y dedicarle un tiempito. Y no solo. Con Dios los tenemos todo, sin Dios no tenemos nada.

Y la pregunta del millón. ¿Quién es Jesús para ti? De esa respuesta depende no solo cómo vas a vivir, sino también la vida eterna. Espero que la respuesta no sea solo la aprendida del Catecismo, sino que nazca de la vivencia, del encuentro personal con Cristo. Un verdadero Amigo, el único Salvador, la Esperanza que te ayuda a seguir viviendo… No es una pregunta cualquiera. Según respondas, podrás afrontar los problemas de una u otra manera. Y, cada día, respóndele al Señor quién es para ti.

Alejandro Carbajo, cmf

Meditación – Cátedra de san Pedro

Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de san Pedro.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 16, 13-19):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Estamos celebrando hoy esta fiesta solemne de San Pedro y San Pablo apóstoles que la Iglesia los pone juntos en esta celebración como las dos columnas de la Iglesia. Sabemos que San Pedro conoció y compartió con Jesús mientras tenía su vida terrena en cambio San Pablo no tuvo ese contacto con Jesús. En este sentido podemos decir que nosotros estamos en la situación de San Pablo, que no lo ha conocido a Jesús en la carne sido después de resucitado, cuando se le presentó. Sin embargo los dos son columnas de la Iglesia, cada uno a su manera representando un modo específico de seguirlo a Jesús. Pensando un poco en el evangelio de hoy, lo que Pedro contesta a lo que Jesús pregunta: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Y Pedro hace esta afirmación: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.» ¡Que extraordinaria afirmación en la cual toda la fe de la Iglesia se basa! Esta confesión de fe de Pedro no le viene de sí mismo, no es por su inteligencia ni por su capacidad, diríamos que no es una afirmación que viene del estudio teológico sino que esta afirmación viene porque, como Jesús le dice enseguida, es el Padre que está en los cielos el que se lo reveló. Fijémosno en esto, hacer una real confesión de fe no depende propiamente de la humanidad, no depende de nuestras capacidades sino que depende de un don de Dios y veamos que en esta confesión de fe de San Padro se basa toda la glesia. En el orden de la gracia y el crecimiento de la fe todo es don de Dios. San Pablo ha remarcado profundamente esta doctrina «Que nadie se gloríe en la carne, el que lo haga que se gloríe en el Señor. También nosotros afirmemos cada vez más esta enseñanza de la Iglesia: Lo que somos, somos por gracia de Dios, lo que hayamos avanzado en el camino de la fe es un don que Dios nos ha hecho. Y por último, de la carta de San Pablo a Timoteo y que es la lectura del día de hoy, «He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que se me ha confiado, he conservado la fe, dice otra traducción. Que hermoso pensar en los últimos dias de nuestras vidas, que no sabemos cuales serán, poder decir con verdad esta expresión de San Pablo: Combatí el buen combate, terminé mi carrera, conservé la fe!

P. Fernando Goicochea, SDB

Liturgia – Cátedra de san Pedro

CÁTEDRA DE SAN PEDRO, apóstol, fiesta

Misa de la fiesta (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio I de Apóstoles. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • 1Pe 5, 1-4. Yo, presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo.
  • Sal 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • Mt 16, 13-19. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

Antífona de entrada             Cf. Lc 22, 32
El Señor dice a Simón Pedro: «Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague, y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos».

Monición de entrada y acto penitencial
Celebramos hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro, apóstol, a quien el Señor dijo: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro se conserva en la colina vaticana, y que ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia.

Yo confieso…

Gloria

Oración colecta
DIOS, todopoderoso,
no permitas que seamos sacudidos por ninguna perturbación
quienes hemos sido afianzados sobre la roca de la fe apostólica.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
En esta festividad del apóstol san Pedro, cuya cátedra veneramos, presentamos al Señor nuestras preces.

1.- Por el Papa, que desde su sede romana preside en la caridad a toda la Iglesia y confirma en la fe a sus hermanos. Roguemos al Señor.

2.- Por los diversos ministerios de la curia del papa para el gobierno de la Iglesia universal. Roguemos al Señor.

3.- Por todos aquellos que aún no conocen la Buena Noticia del Evangelio. Roguemos al Señor.

4.- Por cuantos participamos en esta eucaristía, guiados por el sucesor de Pedro y que estamos llamados a crecer hasta la plenitud de Cristo. Roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro, que has puesto la Cátedra del apóstol san Pedro como principio de unidad en la fe y la caridad; dígnate sostenerla siempre con el poder de tu Espíritu Santo, para que pastores y fieles encontremos en ella solidez y firmeza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, con bondad, Señor,
las oraciones y ofrendas de tu Iglesia,
para que llegue a la heredad eterna
bajo el cuidado pastoral de san Pedro,
cuyo magisterio sostiene la integridad de la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I de los apóstoles.

Antífona de comunión          Cf. Mt 16, 16. 18
Simón Pedro dijo a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

Oración después de la comunión
OH Dios,
que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de Cristo
al celebrar la festividad de san Pedro, apóstol,
concédenos que este intercambio de redención
sea para nosotros sacramento de unidad y de paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
S
EÑOR,
que se alegren tus fieles
porque glorificas a los miembros del Cuerpo de tu Hijo;
y, pues devotamente celebra la memoria de los santos,
concédele participar de su suerte
y gozar un día con ellos de tu gloria eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martirologio 22 de febrero

ELOGIOS DEL 22 DE FEBRERO

Fiesta de la cátedra de san Pedro, apóstol, al que el Señor dijo: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro de conserva en el campo Vaticano y que ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia.

2. En Hierápolis, en el territorio de Frigia, hoy Turquía, san Papías, obispo, de quien se dice que fue oyente de Juan el Presbítero y compañero de san Policarpo, y sabio comentarista de los discursos del Señor. (s. II)

3. En Vienne, en la Galia Lugdunense, actual Francia,san Pascasio, obispo, célebre por su erudición y la santidad de sus costumbres. (s. IV)

4. En Ravena, en la actual región italiana de Emilia-Romaña, san Maximiano, obispo, que cumplió con fidelidad su función episcopal y luchó contra los herejes de la época en favor de la unidad de la Iglesia. (556)

5. En Favencia, también en Emilia-Romaña, muerte de san Pedro Damiani, cuya memoria se celebró el día anterior.(1072)

6*. En Longchamp, suburbio de París, en Francia, beata Isabel, virgen, que, siendo hermana del rey san Luis IX, renunció a matrimonio de realeza, así como a preeminencias mundanas, y fue fundadora de un monasterio de Hermanas Menores, con las que sirvió a Dios en humildad y pobreza. (1270)

7. En Cortona, lugar de Toscana,santa Margarita, que, profundamente conmovida por la muerte de su amante, borró los pecados de su juventud con una salutífera penitencia, ya que recibida en la Tercera Orden Regular de San Francisco, se entregó a la contemplación de Dios y fue favorecida por especiales carismas. (1297)

8*. En la población de Sendai, en Japón, beato Diego Carvalho, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, que tras soportar injurias, cárceles y fatigosas caminatas realizadas en pleno invierno, con fe intrépida confesó a Cristo, junto con sus compañeros, en el suplicio del agua helada. (1624)

9*. En Florencia, ciudad de Toscana, beata María de Jesús (Emilia) d’Outremont, nacida en Bélgica y madre de cuatro hijos, la cual, al quedar viuda, y sin descuidar sus deberes maternos, fundó y rigió la Sociedad de Hermanas de María Reparadora confiando en el auxilio divino, y superadas no pocas enfermedades, al regresar a su patria terminó su terrena peregrinación y descansó en el Señor. (1878)