Comentario – Lunes VIII de Tiempo Ordinario

Mc 9, 17-27

Así que salió Jesús para ponerse en camino… un hombre corrió hacia él y arrodillándose a sus pies… «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?»

Escena muy viva. Un hombre de deseo: corre… se lanza de rodillas a sus pies… sin aliento, le pregunta. Esta, su pregunta, es ¡la pregunta esencial!

«¿Por qué me llamas «Bueno»? Nadie es «Bueno» sino solo Dios.

Respuesta tajante ¡como una cuchilla! ¡Jesús es el hombre que tiene siempre a «Dios» en la boca! Es su referencia constante. Dios. Sólo Dios. Rezo a partir de esta frase de Jesús.

Tú sabes los mandamientos…

Maestro, los he observado desde mi juventud…

He aquí a un hombre recto, concienzudo, que observa la Ley, que está en regla.

Leyendo este relato, los primeros lectores de Marcos podían comprender que para ser un buen discípulo no basta con cumplir la Ley. La Ley, ese hombre la cumple… y sin embargo, ¡le falta algo para ser un discípulo!

Jesús mirándolo le mostró afecto y le dijo…

La mirada de Jesús. Trato de imaginar que se posa también sobre mí… sobre aquellos con los que convivo, con los que tengo a mi cargo… El afecto de Jesús. Jesús ama, Jesús afectuoso. Y todo lo que dirá después es una prueba de este amor.

«Una sola cosa te falta: Vete, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ¡ven y sígueme!»

Encontramos de nuevo lo que Jesús no cesa de repetir.

— Fue la primera llamada (Mc 1, 18-19): «Venid y seguidme… dejando enseguida sus redes… dejando a su padre en la barca…

— Fue la primera instrucción a los discípulos al enviarles en misión (Mc 6, 8): «les ordenó no tomar nada para el camino, ni pan, ni saco, ni dinero en el cinturón…»

— Fue la primera consecuencia que había que sacar del primer «anuncio de la Pasión» (Mc8, 34): «si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo…» Jesús es coherente en sus ideas. Lo pide «todo o nada». Para seguirle a El, hay que abandonar todo lo restante. Exigencia infinita. El evangelio no es una buena recetita tranquilizadora, es la más formidable aventura, el riesgo, el «ahí-va-todo».

Se marchó triste porque tenía mucha hacienda…

Mirando en tomo suyo dijo a sus discípulos: «¡Cuán difícilmente entrarán en el Reino de Dios, los que poseen riquezas!» Los discípulos se quedaron espantados con estas palabras.

Pero Jesús continuó: «Es más fácil a un camello pasar por el agujero de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios».

Cada vez más desconcertados los discípulos decían entre sí:

«Entonces, ¿quién puede salvarse? «A los hombres sí les es imposible, mas no a Dios, porque a Dios todo le es posible».

El «humor» de Jesús: esta comparación del «camello» y el agujero de la aguja.

Lo serio de Jesús: esta «imposibilidad»…

Incluso con las renuncias más extraordinarias, incluso dando todas nuestras riquezas a los pobres -dirá también san Pablo a los Corintios (13, 3), somos incapaces de entrar en el Reino de Dios.

Dios solo… puede hacerlo.

Hago mi oración sobre esta frase.

Noel Quesson
Evangelios 1

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