Meditación – Lunes VIII de Tiempo Ordinario

Hoy es lunes VIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 10, 17-27):

Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

Hoy, la liturgia nos presenta un evangelio ante el cual es difícil permanecer indiferente si se afronta con sinceridad de corazón.

Nadie puede dudar de las buenas intenciones de aquel joven que se acercó a Jesucristo para hacerle una pregunta: «Maestro bueno: ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?» (Mc 10,17). Por lo que nos refiere san Marcos, está claro que en ese corazón había necesidad de algo más, pues es fácil suponer que —como buen israelita— conocía muy bien lo que la Ley decía al respecto, pero en su interior había una inquietud, una necesidad de ir más allá y, por eso, interpela a Jesús.

En nuestra vida cristiana tenemos que aprender a superar esa visión que reduce la fe a una cuestión de mero cumplimiento. Nuestra fe es mucho más. Es una adhesión de corazón a Alguien, que es Dios. Cuando ponemos el corazón en algo, ponemos también la vida y, en el caso de la fe, superamos entonces el conformismo que parece hoy atenazar la existencia de tantos creyentes. Quien ama no se conforma con dar cualquier cosa. Quien ama busca una relación personal, cercana, aprovecha los detalles y sabe descubrir en todo una ocasión para crecer en el amor. Quien ama se da.

En realidad, la respuesta de Jesús a la pregunta del joven es una puerta abierta a esa donación total por amor: «Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (…); luego, ven y sígueme» (Mc 10,21). No es un dejar porque sí; es un dejar que es darse y es un darse que es expresión genuina del amor. Abramos, pues, nuestro corazón a ese amor-donación. Vivamos nuestra relación con Dios en esa clave. Orar, servir, trabajar, superarse, sacrificarse… todo son caminos de donación y, por tanto, caminos de amor. Que el Señor encuentre en nosotros no sólo un corazón sincero, sino también un corazón generoso y abierto a las exigencias del amor. Porque —en palabras de san Juan Pablo II— «el amor que viene de Dios, amor tierno y esponsal, es fuente de exigencias profundas y radicales».

P. Joaquim PETIT Llimona, L.C.

Liturgia – Lunes VIII de Tiempo Ordinario

LUNES DE LA VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de feria (verde)

Misal: Para la feria cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Pe 1, 3-9. Sin haber visto a Cristo lo amáis y creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable.
  • Sal 110.El Señor recuerda siempre su alianza.
  • Mc 10, 17-27.Vende lo que tienes y sígueme.

Antífona de entrada
Bendito sea Dios Padre, y su Hijo unigénito de Dios, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros.

Monición de entrada y acto penitencial
Dios, al revelarnos el misterio de su Trinidad, nos ha concedido penetrar en los secretos de su vida íntima y ha querido que esta vida suya fuera una realidad participada en nosotros, creados de nuevo por Cristo a imagen y semejanza del Dios Uno y Trino. Nuestra vida comunitaria de unión y de amor en la Iglesia será para el mundo como una revelación y un testimonio de la Trinidad divina, comunidad perfecta de amor, que en la eucaristía nos invita a su mesa.

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS Padre,
que, al enviar al mundo la Palabra de la verdad
y el Espíritu de la santificación,
revelaste a los hombres tu admirable misterio,
concédenos, al profesar la fe verdadera,
reconocer la gloria de la eterna Trinidad
y adorar la Unidad en su poder y grandeza.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos al Padre, por Jesucristo, su Hijo, en la unidad del Espíritu Santo.

1.- Por la unión de las Iglesias, para que los cristianos dispersos seamos reunidos en la unidad de la Iglesia de Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Por los gobernantes de todas las naciones, para que promuevan la honradez y la justicia. Roguemos al Señor.

3.- Por los no cristianos, para que reconozcan en el hombre Jesús al Dios vivo y verdadero. Roguemos al Señor.

4.- Por nosotros, aquí reunidos, para que seamos uno y así el mundo crea. Roguemos al Señor.

Dios único y verdadero, omnipotente y misericordioso tú nos has llamado a compartir tu vida en la comunidad de las tres Personas. Escucha, Padre nuestro, la oración de tu Iglesia, que ora en el Espíritu Santo, en nombre de tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
POR la invocación de tu nombre,
santifica, Señor y Dios nuestro,
estos dones de nuestra docilidad
y transfórmanos, por ellos,
en ofrenda permanente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Ga 4, 6
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá! Padre».

Oración después de la comunión
SEÑOR y Dios nuestro,
la recepción de este sacramento y la profesión de fe
en la santa y eterna Trinidad y en su Unidad indivisible
nos aproveche par ala salvación del alma y del cuerpo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Laudes – Lunes VIII de Tiempo Ordinario

LAUDES

LUNES VIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aclamemos al Señor con cantos.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.

Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.

SALMO 89: BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

CÁNTICO de ISAÍAS: CÁNTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las costas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las costas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba, aguantaba;
como parturienta, grito,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran;
ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

 

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y Dios su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

LECTURA: Jdt 8, 21b-23

Recordad cómo fueron probados nuestros padres para ver si verdaderamente servían a su Dios. Recordad cómo fue probado Abrahán, nuestro padre; y, purificado por muchas tribulaciones, llegó a ser amigo de Dios. Del mismo modo, Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

R/ Cantadle un cántico nuevo.
V/ Que merece la alabanza de los buenos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

PRECES

Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él, diciendo:

Te alabamos, Señor, esperamos en ti.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
— continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que, con el Padre, sigues actuando siempre en el mundo,
— renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos,
— para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
— haznos buenos administradores de tu múltiple gracia a favor de nuestros hermanos.

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu luz, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Martirologio 28 de febrero

ELOGIOS DEL 28 DE FEBRERO

Conmemoración de los santos presbíteros, diáconos y otros muchos, que en Alejandría de Egipto, en tiempo del emperador Galieno, al declararse una gravísima epidemia, se entregaron al servicio de los enfermos hasta morir ellos mismos, motivo por el cual la piedad de los creyentes los consideró como mártires. (262)

2. En los montes del Jura, en la Galia Lugdunense, hoy Francia, sepultura del abad san Román, que, siguiendo los ejemplos de los antiguos monjes, primero abrazó la vida eremítica y llegó después a ser padre de numerosos monjes. (463)

3. Conmemoración de las santas Marana y Cira, vírgenes, que en Berea, en Siria, vivieron en un lugar estrecho y cerrado sin techo, recibían el alimento necesario por una ventana y guardaban siempre silencio.(s. V)

4. En Roma, en la vía Tiburtina, sepultura de san Hilario, papa, que escribió diversas cartas sobre la fe católica, con las que confirmó los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia. De este modo, enalteció el primado de la Sede Romana. (468)

5. En Worchester, en Inglaterra, san Osvaldo, obispo, que fue primero canónigo y después monje; presidió las sedes de de York y de Worchester, introdujo en muchos monasterios la Regla de san Benito y fue un maestro benigno, alegre y docto.(992)

6*. En L’Aquila, en la región de los Abruzos, en Italia, beata Antonia de Florencia, viuda, que, después de fallecer su esposo, fue fundadora y primera abadesa del monasterio de Corpus Christi, conforme a la primera Regla de santa Clara. (1472)

7. En la ciudad de Xilinxian, en la provincia china de Guangxi, san Agusto Chapdelaine, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que, detenido por los soldados junto con muchos neófitos de esta región a los que había convertido, recibió trescientos azotes, fue encerrado en una reducida jaula y finalmente decapitado. (1856)

8*. En París, en Francia, beato Daniel Brottier, presbítero de la Congregación de San Sulpicio, que se dedicó plenamente a trabajar en favor de los huérfanos. (1936)

9*. En el campo de concentración de Auschwitz, cercano a Cracovia, en Polonia, beato Timoteo Trojanowski, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales y mártir, que durante la ocupación militar de su patria en tiempo de guerra, por confesar la fe cristiana consumó su martirio quebrantado por los suplicios. (1942)

II Vísperas – Domingo VIII de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO VIII de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino,
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, sólo entonces,
estaremos contentos.

Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo vamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión sin aburrimiento,
entonces, sólo entonces,
estaremos contentos.

Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, sólo entonces,
estaremos contentos.

Cuando un suspiro de alegría
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces —siempre, siempre—, entonces
seremos bien lo que seremos.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo, que es su Verbo,
gloria al Espíritu divino,
gloria en la tierra y en el cielo. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

SALMO 111: FELICIDAD DEL JUSTO

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA: Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nuestro Señor es grande y poderoso.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

R/ Su sabiduría no tiene medida
V/ Es grande y poderoso.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien.

PRECES

Alegrándonos en el Señor, de quien viene todo don, digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado, desde donde sale el sol hasta el ocaso,
— fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haznos dóciles a la predicación de los apóstoles,
— y sumisos a la verdad de nuestra fe.

Tú que amas a los justos,
— haz justicia a los oprimidos.

Liberta a los cautivos, abre los ojos a los ciegos,
— endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los que duermen ya el sueño de la paz
— lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Comprensión y humildad

Los dichos de Jesús están repletos de sabiduría: un ciego no puede guiar a otro ciego, tiendo a ver en el otro lo que no veo en mí, el árbol se conoce por sus frutos… En estos tres casos, lo que se está reclamando es la necesidad de una mirada limpia, lúcida y humilde, es decir, una mirada capaz de iluminar nuestras oscuridades, en definitiva, una mirada que nace de la comprensión.

Solo la comprensión profunda o experiencial -no la mente analítica- nos permite ver con claridad, disipando las oscuridades en las que nos había enredado nuestro afán de autoafirmación narcisista.

La comprensión nos libera de la ceguera de la rutina, del conformismo, de estrechas lecturas mentales, de los intereses del ego, posibilitando de ese modo que nuestra vida fluya con acierto. Y solo quien es diestro en “guiar” su propio camino es capaz de poder acompañar a otros de manera adecuada.

La comprensión nos permite reconocer nuestra propia sombra -la “viga en el ojo”-, en lugar de proyectarla en los otros, como pretexto para juzgarlos y condenarlos. Sin ser conscientes de que, al condenarlos, nos estamos condenando a nosotros mismos. De hecho, no podré dejar de condenar a los otros mientras haya en mí mismo algo que condene.

La comprensión es la matriz de “frutos buenos”, que afloran de manera gratuita y desapropiada. Mientras el ego vive de la apropiación, que le lleva a presumir de lo que hace y buscar, por ello, la aprobación y el aplauso, la comprensión nos muestra con claridad meridiana que todo se hace a través de nosotros. De hecho, la desapropiación constituye la nota característica de todo “fruto bueno”. En ausencia de la misma, incluso los mejores “frutos”, quedan contaminados e incluso pervertidos, volviéndose amargos.

Todos los efectos que produce la comprensión se hallan sustentados en una característica que la define: la humildad. Al mostrarnos la verdad de lo que somos, la comprensión nos libera del orgullo neurótico -porque nos libera de la identificación con el yo, es decir, nos des(ego)centra- y nos sitúa en la humildad.  

Humildad -dijera santa Teresa de Jesús- es “andar en verdad”. La identificación con el yo, el juicio a los otros y la pretensión de quedar por encima de ellos ponen de manifiesto que nos movemos en la mentira, que hace imposible dar “frutos buenos”.

Si humildad es sinónimo de verdad, orgullo es sinónimo de mentira y, en último término, de ignorancia. Se entiende, por tanto, que todas las tradiciones espirituales hayan considerado la humildad como el cimiento básico de todo camino de crecimiento.

¿Dejo espacio a la humildad en mí? ¿Acepto toda mi verdad, sin maquillarla, y comprendo lo que es mi (nuestra) verdadera identidad?

Enrique Martínez Lozano

Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

La comprensión del Evangelio nos lleva a afirmar que cristiano/a no es sólo el/a que cree en la esperanza del Reino sino sobre todo, quien practica las obras de Jesús, no quien dice y no hace; ese sería el fariseo, principal adversario de Jesús.

La fe entraña confianza, obediencia (de la buena), conocimiento y reconocimiento del Salvador. Las obras no son solo una consecuencia y manifestación de la fe sino la confirmación de la misma; algo que hace verdadera a la misma fe. No hay fe si no se hace acción, trabajo, entusiasmo. ¿En medio de la que está cayendo? ¿Con nuestras fuerzas mermadas, “tocadas” ante la impotencia de nuestra pequeñez y vulnerabilidad? ¿En un mundo que sigue provocando sufrimiento, amenaza y duelo?

La acción del cristiano se manifiesta por la fe y la esperanza. La dimensión transformadora la tiene cada persona por su realidad espiritual y corporal, por ser creación de Dios. Algo que rebasa las rígidas fronteras de lo religioso, de los conceptos en que hemos encerrado el Misterio de un Dios que nos desborda. El ser humano existe para transformar el mundo, humanizarlo y recrearlo constantemente. La fe pues, no es un añadido sino una dimensión esencial de transformación, de liberación. Un aspecto, por otra parte, humilde, verdadero, nada pretencioso, pero actuante.

Lo específico del seguidor de Jesús no es una doctrina ni un código de pureza o preceptos sino quien practica el amor de Jesús en su vida, en la medida que ese amor cambia las relaciones sociales y transforma la persona. Es la savia que fluye incesante en cada Ser. Es cristiano el discípulo de Jesús, que realizó con plenitud las obras de su Abba Dios.

La persona creyente transforma su entorno personal y social para hacerlo más libre y humano; es creyente porque da su adhesión a Cristo, como realidad última o como Último en la realidad, y la confiesa a los demás. Si los/as cristianos/as nos desentendemos de las obras, disentimos de la praxis de Jesús. La calidad de la persona se revela en su decisión (Mt 7,16-20), “Por sus frutos los conoceréis”. Dios que está en la intimidad conoce todo. En la primera lectura leemos, “No alabes a nadie antes de oírlo hablar” (Eclo 27,7).

Tener una actitud crítica frente a los demás es sana y muy recomendable pero ha de ir precedida de una postura rigurosamente autocrítica. Jesús en el evangelio de Lucas es, ante todo, el salvador, el que vino a librar al mundo de sus males. El mundo son todas las personas, y el pueblo de Dios, todos los pueblos. El rostro de Dios que prevalece en la obra de Jesús es la misericordia ofrecida a todos los necesitados: los pobres, los pecadores, las mujeres, los niños, los enfermos, los perdidos.

A Lucas le preocupa que los cristianos de sus comunidades comprendan la palabra de Dios, pero sobre todo que la pongan en práctica. Así es como podrán formar parte de la familia de Jesús. Su evangelio es llamado el evangelio de la misericordia.

He aquí un matiz esencial a la hora de asomarnos a las nuevas espiritualidades expresadas en un lenguaje nuevo no exento de ambigüedad. Propiciado, quizá, en el catolicismo, por el descuido o el olvido de la experiencia y relación con Dios en lo más íntimo de uno/a mismo/a. Y con ello, la paz, el sosiego, el gozo[1]. Todo ello nombrado de diversas formas pero casi nunca como el Cristo experimentado en Jesús de Nazaret, transparencia histórica, encarnación de lo Divino universal. Porque el Dios transparentado en lo dicho, hecho y acontecido en Jesús no es un universal sin rostro, sin programa, sino uno de los nuestros. Lo que experimentamos cuando decimos Dios es, universal, pero a la vez, singular. No podemos prescindir de las Bienaventuranzas, de los/as crucificados/as de todos los tiempos, ni de las expectativas gozosas de los “tabores” visibles en el presente. San Vicente de Paúl muestra la identificación de Jesús con los pobres, “A mí me lo hacéis” (Mt 25,31). Massimo Fusarelli, general de los franciscanos, afirma “Ahora que la cristiandad ha llegado a su fin, tenemos que estar en medio de la gente aunque tengan una fe distinta o no sean creyentes”.

Los pobres son el sacramento y la mediación indiscutible para relacionarse con Dios. La búsqueda de paz interior no puede olvidar la cruz o las Bienaventuranzas. La relación con Dios pasa por la conversión a Quien así se transparenta en los descartados. La persona que anhela unirse a Él, tiene la posibilidad de experimentarlo poniendo todo en común; especialmente compartiéndolo con los desechados, las víctimas, las mujeres invisibilizadas.

Retomando el texto, Jesús arremete contra el fariseísmo que se cuela sutilmente en nosotros, quedándonos en las formas, en lo externo, en mi ego y descuidando el fondo, el interior, la relación con Dios en lo más íntimo de uno mismo.

Liberarnos de pensamientos tóxicos, “nacer de nuevo” para actuar con justicia, con verdad. No existe camino espiritual que no contemple la vía de la purificación personal interior. Los pensamientos maliciosos de nuestra mente constituyen un verdadero obstáculo que dificultan el camino del Espíritu. El antiguo purgante felizmente olvidado, no es más que el elemento revulsivo que nos ayuda a echar fuera aquello que nos está lastimando por dentro. Por eso la observación, la vigilancia o la escucha de nuestra mente y nuestro corazón es el mejor remedio para la hipocresía y el autoengaño generalizado en nuestro mundo.

“El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca”.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Comentario – Domingo VIII de Tiempo Ordinario

(Lc 6, 39-45)

En estos versículos Lucas aplica a los discípulos lo que en el evangelio de Mateo se aplica a los fariseos: la posibilidad de ser guías ciegos y árboles malos (Mt 15, 14, 7, 16-17). De esta manera se nos advierte que también nosotros podemos caer en la hipocresía que Jesús criticaba a los fariseos, también nosotros, a pesar de haber escuchado el mensaje del Señor y de haber gustado su Palabra, podemos caer en el culto de la apariencia, en el deseo de dominar a los demás, en el permanente control de los pecados y errores ajenos.

Por eso aquí se nos invita a estar atentos para no convertirnos en jueces de los demás, pero incapaces de descubrir y reconocer los propios errores. Cabe destacar que estas palabras están a continuación de la invitación a ser compasivos, porque con la medida que usemos para medir a los demás seremos medidos nosotros (v. 38)

Pero, por otra parte, se nos muestra también que esta capacidad de ser compasivos en el juicio sólo puede brotar de un corazón bueno, porque «de lo que rebosa el corazón habla la boca». Sólo de un corazón repleto de misericordia pueden salir palabras de compasión, sólo un corazón transformado por la misericordia de Dios puede evitar juzgar a los demás.

El corazón en la Biblia es la sede de las decisiones más profundas, más auténticas, las verdaderas opciones y no las aparentes. Eso nos indica entonces que sólo puede evitarse el juicio sin misericordia cuando, con la gracia de Dios, y reconociendo la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, tomamos una decisión clara, auténtica y sincera de ser compasivos con los demás, y no cuando sólo hacemos intentos voluntariosos sin estar realmente convencidos de que el prójimo debe ser mirado con los ojos compasivos de Dios.

Oración:

«Sana Señor mi corazón duro, oscuro y negativo frente al hermano; libérame de ese impulso interior de señalar, comentar y resaltar todo lo negativo de la vida ajena. Enséñame a mirar a los demás como hermanos, hijos de tu amor, para ser comprensivo y paciente ante sus caídas».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Lectio Divina – Domingo VIII de Tiempo Ordinario

Lo que rebosa el corazón habla la boca

INTRODUCCIÓN

Las imágenes que aparecen en las lecturas de este día son evocadoras, sugerentes: “criba”, “ciego que guía a otro ciego”, “mota y viga”.  “CRIBA”. No hay que esperar al juicio final para que criben nuestras vidas y aparezcan nuestras vilezas. Hay que detenerse en la vida y constatar que no todo lo que hay en nuestro corazón es “trigo limpio”. También hay cizaña. Hoy más que nunca hay “GUÍAS CIEGOS” que nos están llevando a la ruina. Pero no sólo en política, también en la Iglesia. Guías a quienes han cegado sus ojos la luz potente y esplendorosa del Papa Francisco. Por eso lo critican.  “MOTA Y VIGA”. ¡Cuánto fariseo suelto!… Hay personas a quienes hay que decirles: Y tú, además de criticar, ¿qué haces? ¿Te parece bonita tu vida?  ¿Quieres seguir así? ¿Y así esperas presentarte delante del Señor?

TEXTOS DEL DÍA

1ª lectura: Eclo. 24, 4-7;              2ª lectura: 1Cor. 15, 54-58.

EVANGELIO

Lc. 6, 39-45

Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, ¿sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca

REFLEXIÓN

1.– NO ESTÁ EL DISCIPULO SOBRE EL MAESTRO.  Discípulo es el que siempre está aprendiendo y nunca quiere dejar de aprender. Los inmediatos seguidores de Jesús no se llamaron “Maestros” sino “Discípulos”. Tenían claro que el Maestro era Jesús. Un Maestro especial, que no sólo enseñaba con sus palabras sino con su vida. Lo que decía era sólo glosa de lo que vivía. Le gustaba enseñar echando siempre la vida por delante. Por eso hablaba con autoridad. En esta sociedad en que vivimos, la Iglesia tiene más necesidad de “testigos” que de “maestros”. Se acabó aquel tiempo en que se decía “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán responder”.  Los verdaderos doctores de la Iglesia son los mártires y los santos. Son aquellos que tanto han seguido al Maestro que han rubricado con sangre o con el testimonio de su vida, la fe que profesaban. En nuestro tiempo ya no es suficiente “hablar de Dios” sino que hay que “hablar desde Dios”.  El maestro es una persona que enseña lo aprendido en libros. El testigo habla de lo que “ha visto” “ha descubierto” “ha experimentado “en el misterioso mundo de Dios. No es un profesional de lo religioso, sino un “viajero” que cuenta lo que Dios ha hecho en esa persona. Como nos cuenta María, la madre de Jesús. “El poderoso ha hecho obras grandes en mí” (Lc. 1,49).  ¿Se puede ser profesor de teología sin rezar?  ¿Se puede predicar sin haber rezado antes esa palabra?

2.– CADA ARBOL SE CONOCE POR SUS FRUTOS. Jesús se sintió defraudado por una hermosa higuera que sólo tenía hojas, pero ningún fruto. Era todo un símbolo del pueblo judío que tenía una hermosa apariencia de vida religiosa: oraba, ayunaba, hacía limosna… pero su corazón estaba lejos de Dios. Jesús se pasó un buen tiempo de su vida pública en “desenmascarar” aquella doctrina. “Los verdaderos adoradores darán culto al Padre en espíritu y en verdad” (Jn. 4, 23).  Es impresionante el reproche del Espíritu a la Iglesia de Sardes:” Alardeas de estar vivo, pero en realidad estás muerto” (Apo. 3, 1). Para el evangelista Juan, uno no se muere por enfermedad, vejez, o falta de oxígeno.  Se muere por falta de amor.  “El que no ama está muerto” (1Juan 3,14). Según San Juan Dios es amor. Por eso es imposible encontrar a un cristiano sin amor, como es imposible encontrar a un ser vivo “sin pulso”.  El amor es el verdadero A.D.N de un cristiano. Lo decía muy bien San Agustín a los que asistían a Misa:” Todos habéis llegado aquí al Templo y habéis hecho la señal de la cruz; todos habéis escuchado la palabra de Dios; todos habéis respondido “amén” y todos habéis cantado “aleluya”. Peo debéis saber que nadie puede ser cristiano sin amor”.  Sólo aquellas personas que “han dado frutos de amor” pueden estar a la derecha del Señor en el día del Juicio (Mt. 25).

3.– DE LO QUE REBOSA EL CORAZÓN HABLA LA BOCA. Jesús distingue bien el “agua de pozo” y el “agua de manantial”. La Samaritana iba todos los días a llenar el cubo en el pozo de Jacob. Esa agua estancada no le podía llenar ni satisfacer.  Por eso el cántaro se le quedaba vacío. Jesús le habla de otra agua, no de pozo, sino de manantial. Un manantial que está dentro de su corazón y salta hasta la vida eterna. El agua de manantial brota espontaneo de la abundancia de agua que tiene la tierra por dentro. El cristiano debe dar “agua de manantial” y no de pozo. El cristiano tiene al Espíritu de Jesús que le llena y le desborda el corazón. El cristiano “va de sobrado” por la vida. Le sobra amor, paz, alegría, ilusión esperanza, ganas de vivir… y lo va derrochando por donde pasa. No da de lo que le falta, sino de lo que le sobra.  Lo decía muy bien San Bernardo: “El alma humana puede llenarse de muchas cosas, pero ·rebosar sólo en Dios”.

PREGUNTAS

1.- ¿Me considero “maestro” o “discípulo?  ¿No me parece bonito pasar toda la vida de “aprendiz” en la escuela de Jesús?

2,- ¿Llevo una vida de fachada, de apariencia?  ¿Podré aguantar así durante mucho tiempo? ¿Por qué no cambio ya?

3.- ¿Qué vida estoy llevando?  ¿Una vida vacía, ramplona, raquítica? ¿Por qué no me apunto a una vida en plenitud?  ¿No crees que valdría la pena?  ¿No crees que así harías felices a muchas personas?

Este evangelio, en verso, suena así

Juzgamos a los hermanos
con orgulloso desprecio:
Contemplamos sus acciones
y sólo vemos defectos.
Pensamos tener la luz
y estamos “ciegos” por dentro.
Tenemos que aprender mucho
y nos creemos “maestros”.
Vemos en ojos ajenos
“pajas” que se lleva el viento,
y no vemos en los nuestros
fuertes “vigas” de cemento
Tú, Señor, hoy nos invitas
a poner al descubierto
la verdad de nuestras obras,
deseos y sentimientos.
El valor de una persona
tiene marcado su precio:
Es el “corazón” quien dice
si estamos sanos o enfermos…
Si el árbol de nuestra vida
está mustio, triste y seco,
coloca, Dios Jardinero,
en su corteza, un injerto.
Con tu amor y tu perdón,
con tu alegría y tus besos
seremos “árboles sanos”
cargados de frutos buenos.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

Exigir a los otros lo que yo no cumplo es hipocresía

El sermón del llano en Lucas termina con una retahíla de frases hechas, que tratan de explicar el contenido del mensaje. Recordemos que Mateo lo coloca en lo alto del monte mientras que Lucas nos dice que lo pronunció en un rellano (Jesús bajó del monte y se paró en un rellano). En la mitología de la época el monte era el lugar de la divinidad (de ahí que todas las teofanías se dieran en los montes. El valle era el lugar del hombre. Para Mateo Jesús habla desde el ámbito de lo divino, para Lucas habla desde una situación intermedia. Quiere hacer ver que Jesús hace de puente entre lo divino y lo humano.

Las frases que acabamos de leer y las que leíamos el domingo pasado son proverbios que eran patrimonio de todas las culturas del entorno, no son inventadas por Jesús sino un destilado de la sabiduría popular que durante miles de años se había ido condensando en frases rotundas fáciles de recordar. Tengamos en cuenta que durante la mayor parte de la prehistoria humana no hubo escritura y durante la mayor parte del tiempo en que ya se había inventado, la inmensa mayoría de la gente no sabía ni leer ni escribir. Era muy importante facilitar la retención de ideas centrales, que eran claves en la vida de cada día.

Aun en nuestros días estamos acostumbrados a aplicar frases famosas a personajes concretos sabiendo que no las pronunciaron ellos, pero son muy útiles para hacer ver la sabiduría de aquellos a los que se les atribuye o resaltar la importancia de la frase, atribuyéndolo a una persona de gran prestigio. En el AT hay un libro que se llama “Proverbios” y que el mismo texto atribuye a Salomón, cuando hoy sabemos que está escrito cuatro siglos después. En el caso de Jesús, está claro que esos proverbios pueden servir para destacar la sabiduría que estaba manifestando en todo momento. Por eso se utilizan como resúmenes de su mensaje.

Como el evangelio aborda temas tan diversos, hoy nos vamos a fijar en la mota y la viga en el ojo. Lo primero que tenemos que advertir es la importancia que en la vida espiritual ha tenido la luz y la visión como metáfora de las posibilidades de acceder a un ámbito especial de existencia que me abre a otro mundo. En ningún caso se trata del ojo físico. Es un símbolo de las posibilidades que todo ser humano tiene de ver otra realidad y que le coloca en situación privilegiada para afrontar la vida entera desde otra perspectiva.

Con esta metáfora nos está advirtiendo de lo complicado de la psicología humana. Los dichos que se atribuyen a Jesús muestran un conocimiento de las profundidades del ser humano. En los evangelios nos muestran un Jesús con un increíble conocimiento de la psicología humana. Más que con valores espirituales, la imagen de la mota en el ojo nos habla de la necesidad de conocer nuestro inconsciente y saber orientarnos en esa relación con los demás que nos puede hacer más humanos. Dar importancia en los demás a los fallos que nosotros mismos tenemos es la mejor manera de hacer patente nuestra falsedad. Nos desahogamos criticando en los demás lo que no aguantamos en nosotros mismos.

La naturaleza del ojo es ver. Si no hay impedimento alguno y el ojo está sano, la visión es la cosa más natural del mundo. Por eso el ejemplo no habla del ojo en sí sino de lo que puede impedir desarrollar la función que le es propia. En los evangelios se utiliza con profusión la imagen de la luz y la visión. El mismo Jesús dijo: yo soy la luz del mundo, el que viene a mí no camina en tinieblas. Y a sus discípulos les dijo: vosotros sois la luz del mundo. Está claro que el que llega a “ver” con claridad, se convierte en luz para los demás

Esta metáfora del ojo y de la luz es universal y la podemos encontrar en cualquier religión a lo largo del tiempo y el espacio. En las religiones orientales ha tenido incluso mucho más impacto que en occidente. La imagen del tercer ojo es un claro ejemplo de ello. Se habla con toda naturalidad de un ojo especial que permite a la persona descubrir lo que para la inmensa mayoría está oculto. No se trata de una realidad física, aunque a veces se han empeñado en identificarla con un órgano específico del cuerpo. El tercer ojo hace referencia a una sensibilidad especial para descubrir la realidad trascendente y dejarse guiar por ella.

En la religión egipcia el ojo de Horus es una de las claves de interpretación de la espiritualidad. Fue durante milenios el amuleto más potente de los usados. Se encuentra por todas partes en las inscripciones de templos y tumbas. Se creía en su poder de protección para los vivos y para los muertos. Tal es la fuerza de atracción que posee que aún hoy es utilizado como amuleto o tatuaje por personas de todo el mundo.

El afán de corregir a los demás es una constante, sobre todo entre los que nos creemos religiosos. A pesar de que el evangelio nos aconseja la corrección fraterna, no hay nada más peligroso en la vida espiritual. No solo porque nunca podemos estar seguros de lo que es mejor para el otro, incluso cuando hayamos constatado que es bueno para nosotros mismos; sino porque tendemos a corregir al otro desde la superioridad moral que creemos tener. Si te sientes superior, sea moral o intelectualmente, estás incapacitado para ayudar.

La actitud de superioridad nace siempre de la superficialidad, está en estrecha relación con nuestro falso ser. El caparazón que nos envuelve es lo único que nos interesa. En materia del espíritu, creemos que es suficiente con lo aprendido de otros, creyendo que el simple conocimiento nos hace sabios. Jesús nos invita a la autenticidad, es decir, a bajar a lo hondo de nuestro ser y descubrir allí lo que está de acuerdo con lo que somos. Por eso está siempre criticando una acomodación externa a las normas. La única Ley definitiva es la que está escrita en nuestro propio ser y es ahí donde hay que descubrirla para que sea eficaz.

El creernos en posesión de la verdad, y por tanto con el derecho de imponerla a otros, es la actitud más contraria al mensaje evangélico. Según el evangelio, debíamos estar siempre con los oídos muy abiertos para escuchar lo que nos pueden decir los demás y con la boca cerrada para no engañar a los demás con nuestros discursos interesados y simplistas. No hay nada más desagradable que un sabelotodo que está siempre queriendo decir la última palabra sobre lo que hay que hacer o evitar. El mundo no está necesitado de maestros sino de discípulos. Dice un proverbio: cuando el discípulo está preparado, el maestro surge.

La imagen del ciego guiando a otro ciego es muy esclarecedora. Parece absurda, pero es la postura que con más frecuencia adoptamos los humanos. Siempre nos creemos con derecho a enseñar porque confundimos nuestra verdad con la verdad. Decía Machado: “¿tu verdad? no, la verdad, y ven conmigo a buscarla, la tuya quédatela”. Esto es verdad en todos los aspectos del conocimiento, pero en el aspecto religioso, se ha llevado al paroxismo. Cuando esta postura se institucionaliza se convierte en un verdadero sarcasmo. Solo nos queda un paso para afirmar con toda rotundidad: fuera de la Iglesia no hay salvación.

Fray Marcos