Cuando señalas… ¡Te señalas!

1.- El que esté si pecado que arroje la primera piedra (Jn 8,1-11) Siempre que llega el momento de proclamar este Evangelio recuerdoaquella conocida sentencia: “cuando señalas con un dedo a alguien…tres dedos, de esamisma mano, te apuntan a ti”. (Os habéis dado cuenta; ¡probadlo!)

¡Qué distintos los parámetros del Señor para tratar los defectos y los fallos de los hombres! No los pasa por alto, pero tampoco los expone en un escaparte para contemplación y escarmiento público. Puede más, en su corazón, los deseos de recuperación que los de destrucción de la persona.

¡Qué interesados los nuestros a la hora de soplar sobre el humo, para evitar encararnos al fuego!

2.- Esta es la misericordia de Dios que es enseñada y presentada por Jesús Maestro: más allá de las leyes, de las normas y de los preceptos está el corazón del hombre. Y, el corazón, es lo que le interesa a Dios. Entre otras cosas, porque sólo El y uno mismo, podemos saber lo que ocurre en nuestras entrañas o las circunstancias que concurren en la situación de cada persona. ¡Poco les importaba la vida de aquella adúltera aquellos que solicitaban una interpretación de Jesús! A ellos lo que les movía era el poner contra las cuerdas a Jesús.

Es fácil tirar la piedra y esconder nuestra vida

-Y refugiara la sombra de la roca, nuestra propia mediocridad. Mientras hablen de otros…no se fijarán en mí

-Y escudarnos en la presunción de lo que decimos ser y tener pero luego, a sabiendas, de que somos y tenemos todo lo contrario

-Y creernos tan, en posesión de la perfección y de la verdad,que nos convertimos en autómatas a la hora de poner en práctica las leyes que atan para los demás, y por el contrario, querer las alas de la libertad para nosotros.

Es fácil arrojar la piedra y esconder nuestras faltas

-Y extraerla de esa gran minería, que todos llevamosen el interior, a golpe de juicios primarios y sin consistencia

-Y buscarla de gran tamaño para castigar las lagunas más diminutas de los demás y la más insignificante para los defectos más gigantes de uno mismo

-Y poner el ventilador salpicando a los otros con lo que en nosotros resulta difícil de eliminar

Es fácil tirar la piedra y ser duros con los que tropiezan y se desploman

-Y no caer en la cuenta que Dios, que tiene mucho de Padre, está muy cerca de aquellos desplomados, por haber sido injustamente tratados

-Y dedicarnos a explotar la cantera de nuestros interesados juicios y olvidar el cultivo de la bondad de nuestro corazón

-Y maniatar con ajustados grilletes a los que nos rodean mientras nosotros vivimos en libertad

3.- En estas vísperas de la Pascua del Señortodavía estamos a tiempo de curarnos primero a nosotros mismos. De mirar con detenimiento a esa película que todos tenemos archivada en el corazón y, a continuación entresacar aquellas escenas en las que, alguien y en algún momento, ha tenido misericordia o delicadeza con ciertas acciones que nos causan vergüenza personal o colectiva.

La diferencia entre un amigo de Jesús y uno que no lo es ¿sabéis donde estriba? En que el amigo de Jesús, aún siendo conocedor de las faltas de sus hermanos, lejos de condenarles les ayuda a superarlas; lejos de airearlas procura meterlas en cuarentena para que pierdan fuerza; lejos de liquidar de un plumazo a persona y pecados…intenta ver el lado positivo de su vida para el afectado salga de ese estado y pueda vivir con dignidad.

Siempre que leo el pasaje de Jesús y la adúltera me acuerdo de aquel paciente que iba a un médico con la garganta destrozada de tanto fumar. Era tanto el dolor que sentía que un día se atrevió a sugerir al sanitario: “aunque sea quíteme la garganta porque no puedo vivir así”. Y, el médico, le contesto: “no hombre; lo que Vd. tiene que quitarse es de fumar”.

Ahí quedaría el reto de la mujer adúltera. Mucho le perdonó Jesús (era buen médico y conocedor de su interior). Le faltaba lo más importante: no echar más hollín a su pasado oscuro y comenzar de nuevo.

¿Se lo permitirían aquellos que le acusaron? ¿Fueron víctimas de su propio complot en contra de Jesús?

Pidamos al Señor que, a partir de hoy mismo, seamos capaces de admirar a un Jesús que tiene un peculiar estilo de ver y de sentir las cosas: a favor del hombre y lejos de aquello que va contra su dignidad.

Pidamos al Señor que aprendamos la siguiente lección: la corrección del mal comienza con el perdón y no con el reproche.

4.- ¿QUÉ TIENES, JESÚS?

¿Qué tienes, Jesús?
Que perdonas, lo que el hombre no perdona
Que olvidas, lo que el ser humano no olvida
Que vas al fondo de las cosas, cuando nosotros,
nos quedamos satisfechos en lo superficial.

¿Qué tienes, Jesús?
¿Por qué te interesa el rescate del corazón de las personas y, muy poco,
las historias que ocurrieron en ellas?
¿Por qué miras siempre al futuro, a nosotros,
nos gusta siempremirar al pasado?
Tienes, Señor, la fuerza del amor de Dios
Tienes, Señor, la garantía de quien te envía
Tienes, Señor, la Ley del Amor, no la ley humana
Tienes, Señor, compasión por el hombre
Tienes, Señor, ojos que ven lo que nosotros no vemos
Tienes, Señor, ojos que no ven, lo que nosotros, frecuentemente, vemos, aunque no exista.

¿Qué tienes, Jesús?
Tienes la medida de Dios, muy distinta de la humana
Tienes pensamientos divinos,
¡tan contrarios a los humanos!
Aborreces el pecado, y comprendes y amas al pecador
¡Ahí estoy yo, Señor!
Soy pecador, pero muchas veces,
las más de las veces,
me convierto en duro juez, Señor
Haz, que –aun teniendo razones para lanzar la primera piedra- cuente hasta tres y hasta cien
para utilizar lo que es grande en Ti:
la misericordia

Javier Leoz

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