Comentario – Viernes V de Cuaresma

Jn 10, 31-42

En la paz de Cristo

Jesús se paseaba en el Templo… De nuevo los judíos trajeron piedras para apedrearle.

Tu pasión, Señor, comenzó mucho antes del viernes. Las últimas semanas de tu vida terrena las viviste rodeado de enemigos despiadados. Sabes lo que es el sufrimiento moral: el miedo, la aprehensión, el ansia, la inseguridad… ser incomprendido, mal juzgado … vivir en medio de gentes que deforman nuestras intenciones profundas… no llegar a hacerse comprender. Todo esto que es lote doloroso de tantos seres humanos, lo has experimentado, Señor Jesús. ¿Cuáles eran entonces tus reacciones interiores? Ayúdame, Señor, a contemplar lo que pasa en ti mientras Tú vives los últimos días de tu vida.

¿Tienes amigos a los que puedas hablar y confiar lo que piensas?

El Padre está en mi y Yo en el Padre…

Incluso en medio de las tormentas, seguramente estabas en posesión de una paz constante. Incluso en la angustia podías apoyarte en el Padre. Te sabías amado, acompañado, cuidado. «El Padre está en mí». Comunión. Unidad profunda.

Transparencia total.

Muchas obras os he mostrado de parte de mi Padre… ¿Por cuál de ellas queréis apedrearme?

Hablan a tu alrededor de lapidarte… llevan ya las piedras en la mano, pero Tú, en este mismo momento, hablas de «bondad»…

Hablas del Padre.

Hazme vivir en compañía del Padre.

Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la la blasfemia: porque Tú, siendo hombre, te haces Dios.

Esto será precisamente la «causa de muerte».

En el fondo, los jueces del Sanedrín creerán, sin duda de buena fe, castigar a un verdadero blasfemo… «¡a alguien que dice ser Dios!».

Con los siglos pasados desde entonces, y la obra que dura siempre, nos es difícil imaginar lo que pasaba entonces por su mente. ¡Los judíos de aquel tiempo estaban realmente ante una novedad absoluta e inverosímil! Se comprende que no hayan querido creerle. Tenían delante a un hombre de carne y hueso. ¡Dios había «descendido de su altura», se paseaba, allí, por la calle! ¡Se le podía apedrear!

Aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo… el Hijo de Dios.

Es así como Tú te presentas.

Es la cumbre de tu enseñanza. Más allá de todas las doctrinas de tipo moral o social, Tú dices una verdad esencial que tiene ramificaciones infinitas.

Dios se ha encarnado.

Dios ha querido vivir la «condición humana» Dios ha realizado, así, la condición humana.

«Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo

Los Padres de la Iglesia de las primeras edades cristianas, reflexionando sobre el misterio de la Encarnación, se atreverán a decir: «Dios se hizo hombre, para que el hombre llegara a ser Dios». Esto no debe engreírnos. No lo hemos merecido. Es un «don de Dios», una gracia. ¡Y una gran responsabilidad!: Exigencia de santidad. Llamada a la perfección.

Vocación al amor absoluto. El ideal del hombre es nada menos que Dios.

Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Noel Quesson
Evangelios 1

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