Comentario – Jueves Santo

Jn 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre…
La cena de esta tarde… la jornada de muerte mañana… y la madrugada de Pascua… son las fases de un mismo misterio: es la «fiesta de la Pascua», ¡es la «hora» de Jesús!

Y en su conciencia, todo se resume en esta realidad: «El pasa de este mundo al Padre»… un paso doloroso y feliz a la vez.

Señor, cuando sea mi hora… haz que me acuerde de esto.

Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, al fin extremadamente los amó…

La única explicación de la cruz está aquí. Es el amor. Un amor que va hasta el fin.

Yo tengo siempre necesidad de ser amado así… más allá de mis faltas, más allá de mis «desamores»…

Comenzada la cena, Jesús, sabiendo que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y que había salido de Dios y a Él se volvía, se levantó de la mesa, se quitó los vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en la jofaina, y comenzó a lavar los pies de sus discípulos…

Contraste total entre el comienzo de la frase y el final: la majestad divina, los gestos humillantes del servidor.
El «Señor» se hace «servidor».

El evangelista san Juan no dice una palabra de la institución de la eucaristía en el relato que nos da de la última velada de Jesús. Pero, en su lugar, cita este gesto de «servidor». No es por azar. Este gesto solemne de Jesús da igualmente la significación profunda de la eucaristía y de la cruz:

— «he aquí mi cuerpo entregado por vosotros.»

— «Yo me pongo a vuestro servicio.»

«Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo.»

El incidente de Pedro tratando de rehusar este servicio pone en evidencia esta significación No, no se trata solamente de dejarse «lavar» por Jesús; lo que está en juego es: dejarse «salvar»: si tú no quieres, no tendrás parte conmigo… tú no puedes salvarte solo, debes aceptar la salvación que te ofrezco por mi sacrificio de la cruz.

En cada misa se reproduce este mismo misterio de salvación.

Vosotros me llamáis «Maestro y Señor» y decís bien, porque lo soy de verdad. Si pues Yo, siendo vuestro Señor y Maestro, os he lavado los pies, también habéis de lavaros vosotros los pies, unos a otros. Porque Yo os he dado el ejemplo, para que vosotros hagáis también como Yo he hecho.

He aquí lo que debería ser la actitud de los comensales a la cena del Señor. La eucaristía debería construir una comunidad de amor donde cada uno se pusiera al servicio de los demás. La Cena Eucarística es una exigencia de amor-servicial.

¡Cuan lejos estamos, Señor!

Las divisiones de los cristianos son un verdadero escándalo: lo contrario de lo que Jesús ha querido.
El egoísmo de los cristianos es un verdadero escándalo: lo contrario de ese servicio recíproco, humilde, concreto, que Jesús nos ha hecho al «salvarnos».

El sentido más profundo de la eucaristía es el de reunir a los hombres animados de este espíritu: Servir.

Noel Quesson
Evangelios 1