El billete de vuelta

1.- En esta noche de Pascua es cuando se comprende ya totalmente lo que ha sido la Semana Santa, lo que han sido esos días tan especiales en los que Jesús pasaba de ser un hombre conocido, famoso, –querido por unos y perseguido por otros—a convertirse en un delincuente sometido a un proceso terrible, con turbas vocingleras intentando cambiar la voluntad del Gobernador romano, con un recorrido terrible –Vía Dolorosa—por la ciudad de Jerusalén con la cruz a cuestas y con una muerte atroz –de larga agonía—en el Gólgota. Hemos de ser justos. La desbandada de los apóstoles ante la detención de Jesús no es tan extraña o tan afrentosa. La situación creada era ininteligible. Y durante las horas siguientes el desconcierto y el dolor tuvieron que ser enormes.

2.- Nadie fue testigo de la Resurrección, algún autor fantasioso habla como de una explosión atómica, siendo tanta la energía desplegada en la salida de la gruta del Señor Jesús. Esa explosión es la que dejaría fuera de combate a los soldados que custodiaban el sepulcro. Muy fuerte parece eso. De todas formas, es difícil para un ser humano imaginas los modos y los procedimientos de Dios. No creo en la explosión –es una idea mía—si en un golpe de luz, la luz que hoy mismo llega a nuestros corazones después de haber encendido el cirio pascual, presencia viva del Espíritu Santo es nuestra cercanía.

3.- Las lecturas tan numerosas y bellas nos hablan de la historia del ser humano y de su caminar conjuntamente con Dios. Jesús de Nazaret murió para cambiar la historia y para reconciliar a la creación con Dios Padre. Resucitaba para confirmar esa fuerza divina de paz y amor. La tristeza del Viernes Santo se ha esfumado y, en su lugar, aparece la alegría desplegada ante la victoria de Cristo que es para siempre. Y todas estas cosas, toda la felicidad por el triunfo debe llegar –y llenar—nuestro corazón y hacerle rico en esperanza. Es verdad que la vida no es fácil, que el pecado, la desdicha, el dolor, todo ello está ahí.

4.- Quiero revelaros una cosa importante en esta noche santa de luz y de alegría. El fermento que en mi dejó la celebración de una vigilia pascual fue, sin duda, mi billete de vuelta para volver a la fe. Acudí a dicha ceremonia siendo muy joven, cuando iniciaba la separación total de la Iglesia. Pero siempre estuvo presente ese recuerdo localizado en la capilla bizantina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la calle Serrano, de Madrid. Por eso cuando se acerca la hora nocturna para acudir al templo a esperar la Resurrección del Señor pues estoy nervioso y agitado. Creo que eso mismo les pasaría a los catecúmenos que en una noche como esta esperaban su bautismo y su entrada plena en la familia cristiana. Pero para mi ese recuerdo fue con un billete de vuelta. Estaba en mi bolsillo y no lo sabía. Pero un día silbó un tren y yo ya supe que tenía plaza en el ese viaje de vuelta.

5.- Estamos celebrando la resurrección de Nuestro Señor y es, si lo metemos bien dentro de nuestros corazones, lo que nos enseña que podemos cambiar, que nuestra vida puede acercarse más y más a la de Jesús; y ser como Él, porque Él mismo nos lo ha mandado. La resurrección es un triunfo de todos y conlleva la promesa que un día todos tendremos un cuerpo glorioso semejante al de Él. Eso es lo importante y ello es lo que nos ayuda a seguir nuestro camino a la espera de encontrarnos con Él, como los discípulos de Emaús. Y ojalá nosotros sepamos reconocerles de inmediato. ¡Feliz Noche! ¡Feliz Pascua! ¡El Señor Jesús vive, ha resucitado!

Ángel Gómez Escorial

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