Lectio Divina – Martes de la Octava de Pascua

“Aparición a María Magdalena”

1.- Oración introductoria.

En la oración de este día, quiero pedirte, Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar. María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección. Había quedado muy atada a tu presencia física y no quería soltarte. Dame a mí la gracia de buscarte donde tú estás: no en un sepulcro que huele a muerto sino en un jardín de amor, con fragancia de vida.

2.- Lectura sosegada del Evangelio Juan 20, 11-18

Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Drícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» -que quiere decir: «Maestro»-. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

3.- ¿Qué dice el texto?

Meditación-reflexión

María Magdalena es una mujer loca de amor a Jesucristo. Va al sepulcro a llorar la ausencia de la persona que más quiere. Y pregunta al hortelano si sabe dónde han puesto el cadáver de Jesús.  Ella quiere ir a buscarlo. Le preguntamos cariñosamente: María, ¿qué piensas hacer con un cadáver? No quiero que me contestes porque no puede haber una respuesta razonable. Lo único que hay es una locura de amor.

Los comentaristas nos dicen que este relato tiene mucho que ver con el Cantar de los Cantares. Hay un jardín, unos esposos enamorados, una búsqueda, unas palabras llenas de admiración, un encuentro. No cabe duda de que este relato San Juan lo ha montado sobre el trasfondo del Cantar de los Cantares. Jesús Resucitado es el nuevo Esposo. Y María Magdalena va a representar a la Iglesia, como nueva esposa. La consecuencia es clara: Jesús resucitado quiere tener con su nueva esposa unas relaciones esponsales. De este modo, María Magdalena representaría el «amor loco» de esposa enamorada que responde al amor loco de Dios que, en la Cruz, ha entregado su vida. La esposa enamorada no se entrega al esposo por la fuerza o la violencia sino con amor apasionado. Y ésta es la respuesta que espera Jesús de cada cristiano.

Hay que destacar el trato exquisito que dio Jesús a las mujeres:

  • Le acompañaban (Lc. 8,2-3).
  • Se dejó tocar, besar y perfumar sus pies por ellas (Lc. 7,36-50).
  • Les devolvió la dignidad perdida (Jn. 8,1-11).
  • Sabiendo que entonces no servía el testimonio de las mujeres, se apareció primero a ellas en la Resurrección y, en el caso de María Magdalena, la llamó por su nombre y la convirtió en la primera “evangelizadora”. En este asunto tan delicado, tenemos derecho a preguntarnos: ¿Ha sido la Iglesia fiel a Jesús?

Palabra del Papa

María Magdalena llora, lo ve pero no lo reconoce, se da cuenta de que es Jesús sólo cuando Él la llama por su nombre; los discípulos de Emaús, deprimidos y con sentimientos de derrota, llegan al encuentro con Jesús dejándose acompañar por el misterioso viandante. ¡Cada uno por caminos diferentes! Buscaban entre los muertos al que está vivo, y fue el mismo Señor el que corrigió el rumbo. Y yo, ¿qué hago? ¿Qué camino sigo para encontrar al Cristo vivo? Él estará siempre cerca de nosotros para corregir el rumbo si nosotros nos hemos equivocado. «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» Esta pregunta nos hace superar la tentación de mirar hacia atrás, a lo que fue ayer, y nos empuja a avanzar hacia el futuro. Jesús no está en la tumba, él es el Resucitado, el Viviente, el que siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y lo hace andar atrayéndolo hacia Él. «Ayer» es la tumba de Jesús y la tumba de la Iglesia, el sepulcro de la verdad y la justicia; «hoy» es la resurrección perenne a la que nos impulsa el Espíritu Santo, que nos da plena libertad.» (S.S. Francisco, catequesis del 23 de abril de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Todo lo que voy a hacer en este día lo haré con mucho amor.

6.- Oración.

Gracias, Dios mío, porque hoy he entendido un poco más la esencia del cristianismo. Doctrina maravillosa centrada en el amor y que, desgraciadamente, la desdibujamos con nuestras conductas mezquinas y rastreras. Señor, quiero vivir amando, quiero hacer del amor el fundamento de mi vida. No quiero ser especialista de nada: ni en ciencias, ni en arte, ni en oficios. Quiero ser sólo especialista del amor y así quemar mi vida amando.

ORACIÓN POR LA PAZ.

«Señor Jesús, Príncipe de la Paz, mira a tus hijos que elevan su grito hacia ti: Ayúdanos a construir la paz. Consuela, oh Dios misericordioso, los corazones afligidos de tantos hijos tuyos, seca las lágrimas de los que están en la prueba, haz que la dulce caricia de tu Madre María caliente los rostros tristes de tantos niños que están lejos del abrazo de sus seres queridos. Tú que eres el Creador del mundo, salva a esta tierra de la destrucción de la muerte generalizada, haz que callen las armas y que resuene la dulce brisa de la paz. Señor Dios de la esperanza, ten piedad de esta humanidad sorda y ayúdala a encontrar el valor de perdonar» (Parolín, Secretario del Estado Vaticano).

Comentario – Martes de la Octava de Pascua

Jn 20, 11-18

Después de la versión de Mateo, he aquí la de Juan. Veremos que el mensaje es el mismo, en su substancia profunda, a pesar de algunos detalles diferentes. ¿Es el mismo relato? ¿Se trata de una segunda visita al sepulcro?

Por la mañana del primer día de la semana, María Magdalena se quedó junto al sepulcro, fuera, llorando.

¡Ama tanto a Jesús! ¡Está tan triste de haberlo perdido!

Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados junto a la cabecera y a otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús.

El cuerpo no está allí. ¡La tumba está vacía!

Desde el origen, en los lugares mismos del acontecimiento, este “hecho” ha sido afirmado por los primeros cristianos de Jerusalén… y no ha sido desmentido jamás. Incluso los jefes judíos, en sus discusiones muy extremadamente duras con los primeros cristianos, no han dicho nunca lo contrario. Sencillamente han buscado otra explicación: («¡los discípulos han robado su cuerpo»!)

El descubrimiento de la tumba vacía no ha sido jamás presentado como una «prueba» de la resurrección: es un hecho establecido. Es también uno de estos «hechos» apremiantes —como todos los hechos— incluso si es inexplicable.

«Mujer, ¿por qué lloras?» —»Se han llevado a mi Señor.»

No, no esperaban la resurrección. No tenían idea de esto. Es también un punto común a todos los relatos.
María Magdalena expresa aquí su primera reacción normal: «Han tomado su cuerpo». Es todo lo que se le ocurre decir.

Diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que estaba allí: pero no conoció que fuese Jesús.

Jesús está vivo. Está allí, incluso cuando no se le ve. Jesús se ha mostrado a algunos para cerciorarles de que está siempre con ellos.

«Mujer, ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Siempre es Jesús quien toma la iniciativa. Es El quien se da a conocer, llamándola, aquí, por su nombre: «¡María!»

Ella volviéndose le dijo: «Raboni!» que quiere decir » ¡Maestro!»

Al llamarla por su nombre, se abrieron sus ojos.

Es necesario que pase del conocimiento que antes tenía de Él a un nuevo conocimiento. Cuando ella se queda en el pasado, quiere volver a encontrar al Jesús de antes, y no le reconoce: Jesús, ahora aparece totalmente otro.

Jesús continúa: «No me toques… Mas, anda ve a mis hermanos…

María quisiera retener a Jesús. Pero Jesús purifica este sentimiento demasiado posesivo: la envía en misión hacia lo demás.

Todo cristiano todavía hoy no puede conocer verdaderamente a Jesús más que en la medida en que lleve su testimonio al mundo, junto a sus hermanos.

¿Es que mi fe me permite reconocer a Jesús tal como Él lo ha dicho?:

— En los acontecimientos de mi vida: «Lo que hacéis al más pequeño, es a mí…»

— en mi propio corazón: «permaneced en mí y Yo en vosotros …

— en la eucaristía: «esto es mi cuerpo»…

— en la evolución del mundo: «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo…»

— en los ministros de la Iglesia: «quién a vosotros escucha, a mime escucha»…

— en los pobres y los pequeños: «Tenía hambre, estaba en la cárcel…»

Noel Quesson
Evangelios 1

Abramos nuestros corazones a la paz, la alegría y la misión

El Papa dijo en su alocución previa al Regina Coeli, que este día “estamos invitados a acercarnos a Cristo con fe, abriendo nuestros corazones a la paz, la alegría y la misión, que es el anuncio de la misericordia divina, testimonio alegre de su amor que se transforma y redime”. Que el Espíritu de Cristo Resucitado, dijo, guíe y sostenga siempre la acción apostólica de la Iglesia, conservando fieles a su vocación a los obispos, sacerdotes, personas consagradas y todos los fieles bautizados. Jesús aparece en el Cenáculo a los apóstoles.

El Papa, recordando el Evangelio de hoy, nos dice que en el día de Pascua, Jesús aparece a sus discípulos en el Cenáculo trayendo tres dones: paz, alegría, la misión apostólica.

El don de la Paz

Las primeras palabras que dice Jesús a los apóstoles son: «La paz sea contigo». El Señor resucitado, dijo Francisco, trae paz auténtica, porque a través de su sacrificio en la cruz ha logrado la reconciliación entre Dios y la humanidad y ha vencido el pecado y la muerte. “Sus discípulos eran los primeros que necesitaban esta paz, porque, después de la captura y la sentencia de muerte contra el Maestro, habían caído en el desconcierto y el miedo. “Jesús se aparece vivo entre ellos y, mostrando sus heridas en el cuerpo glorioso, da la paz como el fruto de su victoria”.

“Pero esa tarde el apóstol Tomás no estuvo presente. Informado de este evento extraordinario, él, incrédulo ante el testimonio de los otros Apóstoles, pretende verificar personalmente la verdad de lo que ellos afirman. Ocho días después, como hoy, se repite la aparición: Jesús se encuentra con la incredulidad de Tomás y lo invita a tocar sus heridas”. Sus heridas, las heridas de Jesús, “son la fuente de paz, porque son el signo del inmenso amor de Jesús que derrotó a las fuerzas hostiles del hombre, es decir, el pecado, el mal y la muerte”.

El don de la Alegría

El segundo don que el Jesús resucitado trae a los discípulos es la alegría. El evangelista informa que «los discípulos se regocijaron al ver al Señor». Francisco afirma que el tiempo de Pascua es un momento de alegría, por lo que la liturgia nos hace repetir continuamente: «Este es el día que hizo el Señor, regocijémonos y alegrémonos». La resurrección de Jesús, dijo el Papa, es la razón más grande de nuestro gozo; Él ha destruido los obstáculos y las fuerzas negativas del mundo, que nos impiden ser felices. Así, nuestra existencia, gracias a su muerte y resurrección, se caracteriza por la positividad y la esperanza, y esto para nosotros es una razón de verdadera alegría.

El don de la Misión

Además de la paz y la alegría, Jesús también presenta la misión a los discípulos. Él les dice: «Como el Padre me envió, también yo os envío». El Papa dijo por último que la resurrección de Jesús es el comienzo de un nuevo dinamismo de amor, capaz de transformar el mundo con el poder del Espíritu Santo.

“Este amor se extendió a través de los apóstoles y sus sucesores, pero también a través de todos los demás fieles. De hecho, el Jesús resucitado confía la tarea de anunciar el maravilloso evento de su resurrección a cada cristiano”. Cada persona bautizada está llamada a transmitir los dones divinos de paz y alegría, dijo, continuando así la misión salvadora de Jesús en el mundo, cada uno de acuerdo con su propia vocación.

Papa Francisco

Música – Domingo II de Pascua

Entrada: Cristo resucitó, Aleluya A-13 (Apéndice) Resucitó, resucitó.CLN. 208
 Nuestra Pascua inmolada . CLN 203Cristo, alegría del mundo, CLN 761
En Latin: Introito: Quasi modo
Aspersión del agua: Vida Aquam. CLN. A82 Canto Gregoriano
Misa de pascua: Lux et origo. O Gloria: De Palazón.
Secuencia: Victimae Paschali. CLN. 233
Salmo: Dad gracias al Señor… (Propio)
Ofertorio: O filii et filiae. CLN. 232   O Música instrumental
Santo: De Palazón  
Comunión: Canta con júbilo CLN. 219.; Aleluya Psallite. (Canto Gregoriano); Cantad al Señor CLN 757 ; Gustad y ved. CLN.0 35;
Final: Regina coeli. CLN. 303

Oración de los fieles – Domingo II de Pascua

En pleno éxtasis, tras la alegría de tu resurrección presentamos con más confianza que nunca nuestras súplicas, sabiendo que serán atendidas, respondemos:

JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS

1. – Por el Papa Francisco, por los obispos, sacerdotes, diáconos y toda la Iglesia, para que como Pedro y los demás apóstoles lleven la vida y la salud que de Cristo emanan a todos los hombres de la tierra. OREMOS

2. – Por los que dirigen las naciones para que estén atentos a las necesidades de su pueblo y las atiendan con la mayor prontitud posible. OREMOS

3. – Por los niños y los jóvenes que experimenten el gozo de la resurrección de Cristo y sea este gozo el que les guíe en su camino. OREMOS

4. – Por los pobres y todos aquellos que pasan necesidad física o espiritual, para que encuentren en los cristianos esa ayuda que les anime a seguir adelante. OREMOS

5. – Por todos los que no han experimentado a Cristo resucitado, para que reciban el don de la fe y compartan la dicha de sentirse nacido de Dios. OREMOS

6. – Por la estabilidad y la paz en Iraq y en toda la zona de Oriente Medio. OREMOS

7.- Por todos nosotros, presentes en la Eucaristía para que nunca nos falte la fe en la Resurrección de Cristo, hecho que movió con enorme fuerza a los primeros cristianos. OREMOS

Señor, acoge en tu infinita bondad estas oraciones que te presenta tu pueblo y atiéndelas así como todas aquellas que llevamos en nuestros corazones. Te lo pedimos por Jesucristo resucitado

Amen.


Señor traemos ante ti todas nuestras increencias, rutinas, miedos y muertes, porque queremos que nos ayudes a resucitar contigo. Y como Santo Tomás repetimos:

¡DIOS MÍO Y SEÑOR MIO!

1. – Por la Iglesia, herida con tanta incoherencia, con tanto egoísmo, con tanta falsedad por parte de los de fuera de ella, pero también de cuantos la formamos; para que viendo las marcas de la pasión de Cristo y la gloria de la Resurrección aceptemos con humildad nuestro camino. OREMOS.

2. – Por el Papa Francisco, los obispos, los sacerdotes, los diáconos; para que su coherencia, su perdón, su entrega… haga que todos los que miramos hacia ellos podamos repetir la oración de Tomás. OREMOS

3. – Por los pobres, los marginados, los que sufren situaciones de injusticia, cuyas heridas producimos con la mayor naturalidad, para que al cruzarnos con ellos nos hagan cambiar y confiar en nuestro Dios y Señor. OREMOS.

4. – Por las naciones, los pueblos, las familias y todos los que de alguna forma viven en guerra y fomentan la guerra y en especial en Iraq y en las tierras de Palestina; para que al ver las heridas que ellos mismos producen en el Cuerpo herido de Cristo se arrepientan. OREMOS.

5.- Por nosotros, para que seamos conscientes de que cuando hacemos daño a un hombre estamos hiriendo al Hijo de Dios y arrepentidos elevemos nuestra plegaria. OREMOS.

Te pedimos Señor que nos ayudes a vivir en plenitud, entendiendo que de tus llagas nace el amor y la misericordia. 

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes de la Octava de Pascua

Esa es la experiencia de María Magdalena. Llevada de su amor se acerca a visitar el sepulcro. Llora. En la narración resuena el eco del Cantar de los Cantares. Jesús resucitado le ha salido al encuentro mediante  los ángeles intérpretes. El punto de partida es el descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús. Jesús se hace presente. Pero ella no lo reconoce; lo confunde con el jardinero. El intercambio de monosílabos es la expresión del reconocimiento; Jesús pronuncia su nombre: “María”; María responde: “Raboni, maestro”. Se reconocen por la forma de pronunciar el nombre del amado. Se trata de un encuentro prototípico. Un reconocimiento y un abrazo de fe. Y como toda cristofanía  incluye la misión: anda y dile a mis hermanos…

El Cristo que se sale al encuentro de María Magdalena es el mismo Jesús  constituido por Dios Señor y Cristo: Ha sido rehabilitado y acreditado por  Dios. Lucas insiste en la contraposición entre la acción condenadora de las autoridades judías y el obrar trasformador y legitimador de Dios. Gracias al constituido Mesías y  Señor estamos en una nueva etapa de la historia de la salvación; gracias a eso es posible la conversión y el bautismo. La promesa se universaliza: es para vosotros y vuestros hijos. El don del Espíritu es la síntesis de esa novedad.

Pedro se dirige a la casa de Israel. Entiende su anuncio de Cristo como un fenómeno dentro del pueblo de Israel. Trata de abrir los ojos de los israelitas, que admitan su culpa, que reconozcan la situación creada por la Pascua. Y se conviertan aceptando la palabra de la predicación.

María Magdalena ha encontrado al resucitado Jesús, a quien había encontrado en la historia. Y ese encuentro la ha  vitalizado: le ha abierto a los ojos. “Resucitó de veras mi amor y esperanza”.

Sólo para los que aman de verdad tiene sentido pleno la resurrección. Sólo se resucita en la medida en que se ama. ¿Tengo experiencia de resurrección? ¿Me siento “amenazado” de resurrección”.

Ciudad Redonda

Meditación – Martes de la Octava de Pascua

Hoy es martes de la Octava de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 20, 11-18):

En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní», que quiere decir “Maestro”». Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

Hoy, y durante la Octava de Pascua, contemplamos los testimonios del Nuevo Testamento que no dejan duda alguna de que en la «resurrección del Hijo del hombre» ha ocurrido algo completamente diferente. 

La resurrección de Jesús ha consistido en un romper las cadenas para ir hacia un tipo de vida totalmente nuevo, a una vida que ya no está sujeta a la ley del devenir y de la muerte, sino que está más allá de eso; una vida que ha inaugurado una nueva dimensión de ser hombre. Por eso, la resurrección de Jesucristo no es un acontecimiento aislado que podríamos pasar por alto y que pertenecería únicamente al pasado, sino que es una especie de «mutación decisiva», un salto cualitativo. 

—En la resurrección de Jesús se ha alcanzado una nueva posibilidad de ser hombre, una posibilidad que interesa a todos y que abre un futuro, un tipo nuevo de futuro para la humanidad: «Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos» (1Co 15,20).

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Martes de la Octava de Pascua

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Misa del martes de la Octava (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Sin Credo. Prefacio Pascual I «en este día», embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».

Leccionario: Vol. II

  • Hch 2, 36-41. Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús.
  • Sal 32.La misericordia del Señor llena la tierra.
  • Secuencia (opcional). Ofrezcan los cristianos.
  • Jn 20, 11-18.He visto al Señor y ha dicho esto.

Antífona de entrada             Cf. Eclo 15, 3-4
Les dio a beber agua de sabiduría; si se apoyan en ella, no vacilarán; los ensalzará para siempre. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
No siempre es fácil reconocer al Señor Resucitado. Esa fue la experiencia de María Magdalena. — A nosotros también se nos pregunta: “¿A quién buscan ustedes?” ¿Estamos buscando realmente al Señor Jesús? Y ¿le reconocemos, no solamente en nuestros momentos de oración y cuando recibimos la eucaristía, sino también cuando él camina a nuestro lado en nuestras alegrías y sufrimientos, en la gente que nos rodea, en las circunstancias y acontecimientos ordinarios de la vida? Jesús es ciertamente nuestro Señor y Mesías. — María Magdalena le reconoció cuando oyó su voz. ¿Le amamos nosotros tanto y estamos tan en sintonía con él que, al oírle, decimos: “Tú eres, Señor, quien me habla”?

• Tú, que has sido constituido Señor y Mesías. Señor, ten piedad.
• Tú, que libras nuestras vidas de la muerte. Cristo, ten piedad.
• Tú, que eres nuestro auxilio y escudo. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria
En este día de gozo y de gloria, recitemos el himno de alabanza, invocando a Jesucristo, nuestro mediador, sentado a la derecha del Padre.

Oración colecta
OH, Dios,
que nos entregaste los auxilios pascuales,
continúa favoreciendo a tu pueblo con estos dones celestes,
para que, habiendo alcanzado la libertad verdadera,
pueda gozar en el cielo de la alegría
que ya ha empezado a gustar en la tierra.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Jesucristo el Señor resucitado, vive para siempre e intercede por nosotros ante el Padre. Dirijámonos a Él con toda confianza.

1.- Para que, por el poder de la resurrección, la Iglesia alcance en todo el mundo la libertad verdadera. Roguemos al Señor.
2.- Para que cuantos hemos sido bautizados en Cristo vivamos la vida nueva según el Espíritu. Roguemos al Señor.
3.- Para que las mujeres cristianas de hoy, a semejanza de María Magdalena, sepan anunciar con la palabra y con las obras que Cristo está vivo entre nosotros Roguemos al Señor.
4.- Para que nosotros, que celebramos alegres la Pascua del Señor vivamos una vida nueva como testigos de la resurrección. Roguemos al Señor.

Todo esto te lo pedimos, Padre, por la intercesión de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
ACOGE, Señor, con bondad
las ofrendas de tu familia,
para que, bajo tu protección,
no pierda los dones ya recibidos
y alcance los eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I

Antífona de comunión          Col 3, 1-2
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba. Aleluya.

Oración después de la comunión
ESCUCHANOS, Dios todopoderoso,
y, para merecer la felicidad eterna,
prepara los corazones de tu familia
a la que otorgaste la gracia incomparable del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
QUE os bendiga Dios todopoderoso

en la solemnidad pascual que hoy celebramos
y, compasivo, os defienda de toda asechanza del pecado.
R/. Amén.

El que os ha renovado para la vida eterna,
en la resurrección de su Unigénito,
os colme con el premio de la inmortalidad.
R/. Amén.

Y quienes, terminados los días de la pasión del Señor,
habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua,
podáis llegar, por su gracia, con espíritu exultante
a aquellas fiestas que se celebran con alegría eterna.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo † y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
R/. Amén.

Despedida
Hermanos, anunciad a todos la alegría del Señor resucitado. Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.